viernes, diciembre 31, 2010

2010 (entrada llena de enlaces)

Ha sido el año que corona una década.
Hace exactamente diez años conocí a mis amigos poetas, bohemios de misa dominical, hedonistas y católicos. Hace diez años desayuné por vez primera en los Reales Alcázares con Lord Scutum. Comí tarta de manzana en el Trinity con Beades. Desayuné en el balcón de mi casa con Pablo. Visité un humeante puesto de castañas con Merl. Y, un poco después pero en ese mismo año conocí y comencé a leer a los que hoy son mis poetas vivos preferidos, auténticos mitos que de vez en cuando andan por mi casa... Enrique, José Julio, Carmelo Guillén Acosta, Amalia Bautista... YMiguel d´Ors. El tiempo ha sido bueno conmigo: diez años son muy pocos en una historia de admiración que camina,un paso tras otro, hacia la amistad.

Pero el tiempo no se ha detenido. Este fue el año de Mirar el fuego. De Las siete barbies solteras. De Julia, la hija de Fernando do Vale. De Carmen, la hija de Enrique. El año de los recitales en la Casa de libro, con champagne en el ático. El año de mi Renacimiento: Conocer a Marie Christine de Castillo y hablar con ella de poetas y perfumes ha sido una de las cosas más bonitas que me ha sucedido.
Ha sido el año de Siltolá: también he conocido a Javier Sánchez Menéndez, y en su editorial ha publicado mi gran amiga Corina Dávalos su primer libro.

Ha sido el año en el que he tomado en serio mi blog de maquillaje. El año de las ciento diecinueve mil visitas. Gracias a esas visitas he conocido a Kitty, a Cantaloupe, a Gadirroja, a la dulce Claudia y a Morgan, entre otras bloggeras. A Alejandra de Kenzo. A Franc Delgado, maquillador de Nars. A Olmo Longarbo, maquillador de Tous. Todos ellos me han ido inficcionando cada día un poco más con esta pasión por llenar de burbujas doradas la piel.

En definitiva, Dos Mil Diez ha sido el año de los amigos, los libros y las barras de labios. O, como dice mi madre: ¡cuánta vida en una vida!
To be continued, siempre to be continued.

jueves, diciembre 23, 2010

FELIZ NAVIDAD


Este año os felicito la Navidad con palabras que no son mías sino de un genial poeta, Carmelo Guillén Acosta, que en un mensaje de felicitación me envió una emocionante escena navideña:


¿Qué suerte tenemos con la llegada de la Navidad! ¡Es nuestra fiesta! Yo acabo de hacer pestiños y mi casa huele a anís sobre todo. Por lo demás, el Belén, con una enorme tinaja que he incorporado este año, el árbol, con el brillo intermintente de la alegría, mi pájaro (se llama Halo), cantando sin parar, este Sol... ¡cómo se llena el alma de Vida! Ya solo falta el Niño, que viene mañana, ay... Muchas, pero que muchas felicidades en estos días, para ti y los tuyos. Son nuestros (los días).



¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

domingo, diciembre 19, 2010

Crónica de una tragedia largamente anunciada

Mi vida como drama por capítulos comenzó el día en que mis padres y yo decidimos vagamente pertenecer al equipo sevillista: el estadio del Sevilla Fútbol Club quedaba algo más cercano a nuestro hogar que el mítico Benito Villamarín, y eso sirvió para decantar nuestras simpatías, porque el fútbol como deporte nos daba bastante igual. En mi casa los domingos nunca fueron hipotecados delante del fuego televisivo.

Con el tiempo yo me hice futbolera pero sólo cuando jugaba España. Aprendí a amar a Casillas como todas y, aunque nunca lo haya dicho, a Pep Guardiola como ninguna. Qué hombre, qué maneras. Qué distinción, cuánta elegancia, vaya un modo de combinar un traje con barba de tres días. Creo que me estoy desviando de mi objetivo, pero es que lo que tengo que relatar es una tragedia inconclusa en la que ando metida en estos días tan entrañables, y el final inhappy se ve llegar y claro, a nadie gusta narrar una tragedia. Pero vamos alla.

Segundo capítulo del drama: corría el año dos mil tres cuando mis amigos me convencieron para hacerme del Betis. Hay que recordar que mis amigos son poetas y tienen tremendas dotes de persuasión. Me pintaron el beticismo como una filosofía de vida, y como mi padre es filósofo no pude resistirme. La pasión por el Betis se tatuó en mi alma y desde ese mágico momento me dispuse a sufrir. Y fue precisamente mi padre quien, en son de chanza pero más pertinaz que una sequía, comenzó a motejarme de traidora. ¡Traidora, yo!

Tercer capítulo: en la Nochebuena del año dos mil nueve mi madrina me regala un magno libro: la nueva Gramática de la Lengua Española, editada en dos gruesos tomos amarillos con tapas duras por la DRAE. En un momento de exaltación afirmo, prometo y creo que hasta juro leer de cabo a rabo lo que a todas luces fue concebido sólo como libro de consulta. Pónganse en situación: acababa de apurar la tradicional copa de Oporto que bebe toda mi familia en esa noche, y como yo no bebo alcohol, sólo ginebra azul y tequila con mis amigos..., se me subió el Oporto. Ocasión aprovechada por mi padre para firmar conmigo una apuesta, por la cual si en el plazo de un año yo no había llegado a mi fin tendría que abrenunciar y abjurar de mi beticismo.

Cuarto capítulo y fatal desenlace: se ha cumplido el año. Se va acercando la fecha, y huelga decir que ni siquiera he hecho ademán de abrir alguno de los dos pesados tomos amarillos. Mi padre me recuerda mi promesa y yo lloro de rodillas pidiendo remisión. Pero él me la niega, y disfruta muchísimo. Me hallo ante el abismo de mi propia libertad, en vías de elegir entre faltar a mi palabra o cambiar de equipo. Me temo que de ambas acciones se concluye un absoluto deshonor. En el fermoso panorama que diviso veo sólo una luz: he encontrado a dos insignes sevillistas que, en el caso de que lo peor suceda, aporten fundamentos metafísicos a mi regreso al equipo del Sánchez Pizjuán. Uno es el genial filósofo José María Prieto, y otro el ingeniero Rafa Valdés.

Estoy acongojada, y por eso pido el comodín del público, o sea de todos ustedes.

lunes, diciembre 13, 2010

El ego sum empírico (la alegre tropa)

Dentro de 3 días cumpliré 33 años. Me gusta el número tres. Este post está dedicado a tres bellos personajes: Lord Scutum, Fernando do Vale y Témporis.
Anoche organicé en casa una merienda recital con motivo de mi cumpleaños: un recital privado con el "núcleo duro" del grupo Númenor para declamar nuestros últimos poemas, y como estrella invitada, Lord Scutum, que desde el principio de las veladas poéticas en mi casa (marzo del 2000), ha amenizado la noche con sus aforismos geniales.

Desafortunadamente, Beades y Alejandro Martín Navarro no pudieron asistir, y Joaquín Moreno tuvo que marcharse pronto... Pero al final quedó un pequeño cenáculo: Pablo Moreno, Paco Gallardo y Lord Scutum entre ceniceros, papeles y ginebra, el verso chispeante y el tequila centelleando en las copas. Era una botella de color caramelo llamada "corazón partido", con un licor ambarino que pegaba fuerte en la garganta pero luego tenía cierta dulzura y una cogorza suavísima, melopea lírica. La sangre no llegó al río. Fluyeron los poemas: Paco y Pablo tienen sendos libros inéditos, ignotas joyas que fueron parcialmente desveladas esa noche.

Me regalaron una botella azul de Bombay Saphire que presidía la salmodia, unos bombones blancos y unos pendientes celtas, que Lord Scutum me compró en Irlanda, allá por el dos mil cuatro, luego extravió y ahora ha reencontrado. Tienen un triskell sobre dorado: son el símbolo exacto del número 33.
Pero lo mejorcito que trajo Lord Scutum consigo fue un poema de su propiedad, el único que ha escrito, en endecasílabos casi perfectos: "yo es que al leer tu libro me dije: los poemas de Rocío tiene una música, voy a seguirla". Me suelta esa frase genial con aire tímido y entrecortado. Casi me lo como.

El poema Lordescutiano dice así:


VIDA SIN MÍ

El ego sum empírico mi vida
con enamoramientos inconclusos
noctámbulos periodos sin fisuras
multívocos fragmentos irreales
de indecisiones pánicos y bríos

se rasga más completa de puntillas
mirándote de cerca con los brazos
abiertos Cristo identificatorio
por tu misericordia permanente

brillantes excepciones hoy me inician
a ser yo de verdad como yo soy
solo ante ti quizás sin los disfraces
ni los espejos que reflejan nada
sólo artificios de quien quise ser

ausente erradicado un tanto iluso
fragmento de una vida sin sentido
sin ti me anulo desenamorado
dándome igual mi lepra mi camino
mi irregular respeto de mí mismo
mi interpretar a solas este mundo

A mí me parece un poema estupendo, tal vez un tanto sobrecargado de discurso como su propio autor. Lo único que creo que necesita una nota del editor (un asterisco, diría aquí Beades el Torrente) es lo del "Cristo identificatorio". Resulta que Lord Scutum es un bohemio de penumbra litúrgica, un auténtico hedonista cristiano, y piensa que sólo Jesucristo es el que nos puede revelar a cada uno nuestra verdadera identidad. Ahí queda eso. Y el poema fue escrito y leído fervorosamente no bajo los efluvios de sacristía rancia, sino entre brindis sacros de ginebra: ¡Toma ya!

domingo, diciembre 12, 2010

No la muerte, sino los amores

Juan García, in memoriam. Dedico este post a Bárbara
Hace algún tiempo estuve con José Julio, tomando café. De vez en cuando quedamos para hablar de poesía y, si ha habido suerte e inspiración, para corregir poemas. Una de las alegrías de mi vida es esta, mi mayor orgullo: he sabido rodearme de gente grande a la que admiro. A través de los años, aquéllos a quienes considero mis grandes maestros se han convertido también en grandes amigos míos: José Julio Cabanillas, Amalia Bautista, Enrique García-Máiquez, Miguel d´Ors.

Aquel día José Julio me hablaba de Granada, la ciudad que guarda el paraíso de su niñez. Me hablaba de un convento escondido en el que estuvo San Juan de la Cruz, en unas olvidadas navidades del siglo XVI. Me contó que una monja vio al santo rezar ante la misteriosa luz. Creyéndose solo, en un momento el poeta tomó en brazos al Niño y repetía meciéndolo:


Mi dulce y tierno Jesús,
si amores me han de matar
agora tengan lugar.


¿Te das cuenta, Rocío?, me decía José Julio. "Agora tengan lugar". No la muerte, sino los amores.
Estas últimas palaras se me quedaron grabadas, y ahora las repito yo, como una oración para tiempos oscuros. No la muerte, sino los amores.

jueves, diciembre 09, 2010

Juan García

Pienso en Juan, y veo un hombre chispeante vestido de caballero. Filosóficamente vestido de su auténtico y más recóndito ser. Bailando como una peonza en la boda de su hija. Bailando conmigo, con ese gancho irresistible que le hizo arrebatador. Pienso en Juan, y veo simpatía abrasadora. Le veo emocionado en la boda de su último hijo. Bajo una buganvilla, bebiendo jerez en una copa que no terminaba nunca.
De fiesta en fiesta, de boda en boda familiar nos visitábamos. La vida era un carrusel de música rotunda. La vida era un tedeum encendido. Y así será su vida de verdad, ahora que llegó.
Has llegado, por fin, a la Gran Boda.

sábado, diciembre 04, 2010

Crónica Cabanillas/ García-Máiquez



Como no tengo una buena foto del pasado recital, cuelgo esta de las hojas en la lluvia, aquella tarde, un poco antes de meternos todos en el Aula Luis Cernuda para escuchar la luz. Disparó el flash mi amiga Merl, que entre el público sonreía con sus ojos de duende.

Primero recitó Jose Julio Cabanillas. Es peculiar lo que sucede con este hombre: traje gris, voz de penumbra y tono pretendidamente otoñal, todo parece ceniza cuando empieza... y de repente la luz. El mundo de la poesía se divide en dos: los poetas que brillan y las que ni a fuerza de malabares consiguen un mísero chispazo. Jose Julio pertenece al primer grupo, a pesar de esa humildad tan extrema que parece apagarle en el comenzo. Un brillo que se abre paso entre la lluvia, que nace de palabras musitadas. Había que aguzar el oído para escucharle, y así, con el cuerpo en tensión y el alma prendida, te llegaban los poemas inéditos para desarmarte y destrozarte la vida a base de pura belleza. Versos en romance, versos de arte menor con sabor a infancia, endecasílabos que huelen a vestido de domingo. Versos de "mucho misterio", como diría él. Poemas casi místicos. Asistimos al nacimiento de un nuevo tema en la poesía de Jose Julio: la muerte de la madre. Yo había oído hace tiempo ya un poema dedicado a su abuela muerta, que tocaba el piano en la casa familiar, y el nieto regresa y junto a piano mudo recuerda. Pero los poemas a una madre son hondísimos: recuerdo ahora los de La vida es lo secreto de Carmelo Guillén-Acosta.




Luego recitó Enrique García-Máiquez, que también acaba de perder a su madre y cuyo libro, recién salido del horno, se divide entre una ausencia tan grande y la maravilla de haber tenido una hija "por sorpresa". El poemario es un auténtico tesoro, cuya flamante portada no acierta a vislumbrar los aciertos que hay entres sus páginas. Sin epítetos altisonantes, sin renunciar al juego de palabras ni a la lírica de cuarto de estar que tan sabiamente maneja Enrique, terminó dejándonos embobados. Y un poco escépticos. En un par de ocasiones durante su lectura dijo el autor que sus poemas son ahora más elegiacos que antes. Puede ser, pero hay tanto de himno, de acción de gracias en su poesía, que incluso entre las penas rebosa la canción. Yo no dudo de sus propias palabras, puede que como él asegura esté inmerso en la temida crisis de los cuarenta, pero lo que se ve por fuera es una alegría tamizada por la ironía y un guiño de nostalgia aderezado con sorbos de metaliteratura. Y los versos que dedica a su hija son absolutamente deliciosos. No se puede devorar sólo uno, como sucede con las patatas Lay.

Por cierto, que "salgo" en el libro: ¡me ha dedicado un poema! No voy a fardar poco, de ahora en adelante...

sábado, noviembre 27, 2010

También la lluvia

LLueve. Redoble de tambores en mi ventana. Ha sido una semana llena de emociones y aventuras: comenzó con una fiesta de Navidad de lo más glamourosa en Sephora, siguió con una increíble sesión de cine dirigida por Alberto Fijo y acabó en un memorable recital de Cabanillas y García-Máiquez, mano a mano, el uno deslumbrando con poemas inéditos y el otro presentando su portentoso nuevo libro. Pronto, fotos y crónicas en este cuatro de estar con chimenea.

LLueve. El jueves también llovía. LLovían llamas desde el panorámico home cinema del Aula Magna en Filología. Alberto Fijo, crítico de cine y director de FilaSiete, nos bombardeaba un año más con la belleza en bruto. Habló de la versión de Emma para la BBC, que ya está disponible (dada mi pasión por Emma sobra decir que ¡la quieroooo!), y de por lo menos treinta películas que merecen la pena porque nos dejaron o nos dejarán el alma en vilo. Muchas de ellas las había visto ya: An education, Once, Lars y una chica de verdad, 500 días juntos. Las mejores películas que desfilaron el año pasado por la cartelera. De dioses y hombres: triunfó en el festival europeo de Sevilla y yo estuve allí, dando gracias por el maravilloso don de ver lo que veía. El patio entero de butacas se vino abajo en un aplauso unánime.

Yo iba apuntando algunas joyas que vendrán en enero, y que Alberto Fijo ya ha visto. Mi forma de apuntar, totalmente antediluviana, consiste en enviarme mensajitos de móvil a mí misma. Icíar Bollaín: También la lluvia. Tenéis que verla, silabeaba Alberto en medio de su propio esplendor, en el escenario. Y, obediente, me envié el mensaje... a mí y a cuatro o cinco personas más por error.
Media hora después vuelvo a mirar mi teléfono. Aluvión de respuestas: Rocío, ¿estás bien...?
No, no estoy bien. He perdido pie, un año más.

domingo, noviembre 21, 2010

Recitaaaaal

¿Os gusta Les Luthiers?
El viernes 26, a las siete y media, los geniales poetas Enrique García-Máiquez y José Julio Cabanillas recitarán en la Facultad de Filología de Sevilla.

Lugar: Aula Luis Cernuda (junto a la Conserjería.)
Hora: 19,30.
Día: Viernes, 26 de Noviembre.
Organiza: Rocío Arana.
Colabora: Decanato de Filología.

¡Os esperamos!

jueves, noviembre 18, 2010

Los cuatro estados del alma: el Buen Rollo

Pero... ¿no eran tres?
A mí no me gusta la expresión buen rollo. La combinación del adjetivo buen unido al sustantivo rollo no me suele agradar, me parece una frase hecha... de vacíos. Pero es un hecho que hay estados del alma que sólo podemos denominar así: El Buen Rollo.

Esos momentos de hermandad total, de conocimiento y flechazo ético o estético... ¿qué son sino una enorme burbuja de Buen Rollo? Ocurre cuando alguien te llega por vía de un amigo común: si el amigo que compartes con ese desconocido es una persona muy querida y admirada por ti..., entonces el Buen Rollo te invade y te rindes sin condiciones ante el nuevo ser que se te presenta.
A mí me ocurre mucho. Más aún: cuando me escribe o saluda alguien que es amigo de otro alguien que es "La-leche-en-bote-y-el-pijama-a-cuadros", sólo por ser amigo de quien es ya le he vestido en mi imaginación con todos los dones y virtudes que posee nuestro estimado eslabón común. Se ha dicho y repetido aquello de "somos lo que comemos", también "somos lo que leemos"... Yo digo que somos, sobre todo, los amigos que elegimos.

El Buen Rollo también te sacude cuando, en una situación que debería ser de alto riesgo, una intuición genial te susurra poderosamente que en realidad no hay peligro alguno. Sucede por ejemplo cuando en una discoteca conoces a un chico y, tras media hora de conversación, sabes con certeza absoluta que seréis como hermanos, que no puedes tentarle ni puede tentarte él a ti... Y bailas, sonríes, te sonrojas, piropeas y hasta pones tu cabeza en su hombro con total impunidad, sin que ninguno de estos actos sean (ni sean vistos como) peldaños previos hacia ninguna parte.

El Buen Rollo no decepciona nunca. No suele fallar. No hay nada erróneo en él... salvo su propio nombre.

sábado, noviembre 13, 2010

Teletransportadores supersónicos

El chocolate tiene ritmo lento: el tempo de los dedos manchados sobre el traje, de abetos navideños y tardes en Madrid. Escalones con sangre y barro negro, la búsqueda del sapo más verde de la charca, parques en primavera, no me sé la lección.
La cocacola en cambio tiene ritmo de vértigo: Tina Turner, su gesto de superwoman negra. Voy a comerme el mundo. Te metía en las venas la alegría del sol. Ya tengo doce años y el verano es lo más del universo: pelo frito, pijamas de Mafalda. Y cien gaviotas dónde irán.
La Cocacola light es un verano y un anuncio de fábula, con varias señoritas, un camión y un guaperas. El muchacho de brazos poderosos, bebiendo cocacola sin azúcar y derritiendo el tiempo. Y el calor cada vez más sofocante.
El negro pan de molde de Silueta, integral con semillas, me lleva a mis seis años alemanes. Lagos y chimeneas, ardillas, casas rojas. Era el pan de la tarde y la mujer de Otto con su pastel de nueces y manzanas.
El guacamole tuvo su momento también, y vuelve siempre: la Cantina del Carmen, mis primos en racimo, Vitoria soleada. Y siempre estoy allí: sólo cerrar los ojos y abrirlos en el verde plato nuevo.

P.S.: Hacía mucho tiempo que no escribía un proema de mi infancia, como cuando abrí el blog. Temo repetirme, pero no he podido evitarlo. En la próxima entrada, receta del guacamole sentimental.

jueves, noviembre 11, 2010

LLegaron libros

Estoy en deuda de gratitud con Javier Sánchez Menéndez, director de la Fundación Ecoem y editor de Siltolá. Siempre me envía sus libros y siempre los recibo con la misma ilusión de colegiala: el paquete marrón cruje en mis manos, al rasgarlo, y del interior oscuro sale a la luz un aroma de papel recién hecho, de tinta fresca aún.


LLegaron a mi casa tres libros como tres caramelos: alegres y coloridos por dentro y por fuera. El de Corina Dávalos tuve el placer de ver cómo nacía, de impulsarlo y hasta de corregirlo, y ahora que lo veo ya vestido de cuadros verdes, un verde esmeralda que enamora, hallo un nuevo poemario... más sereno, más brillante, más irónico y a la vez intimista que cuando lo conocí.



El sincretismo gobiena mi escritorio en estos días, ya lo veis: a los poemarios de Siltolá se suman Perder y ganar del beato Newman (sí, de nuevo estoy leyéndolo, ¡no me canso!), el beauty book de la revista Elle (maravilloso), el suplemento de belleza del Vogue que no me ha gustado nada y terminó en "el cubo de los papeles", El cuarto de hora de Oración, de San Enrique, y Sociedad limitada de Miguel D´Ors.
Todo se superpone ante mis ojos, en una sinfonía frívola y profunda.

domingo, noviembre 07, 2010

Lujuria correcta, lujuria incorrecta

En el cinefórum de Filología, en la penumbra flotábamos. Le escuché una vez a Alberto Fijo decir que toda película romántica sigue más o menos este guión: "chico conoce a chica, chico quiere a chica pero..." Y en ese pero y en los puntos suspensivos que le siguen se concentra todo el quid narrativo de la historia. El meollo.

La película "iba de" un hombre y una mujer que se encuentran, se acuestan y comienzan una relación informal. Ambos han traspasado el umbral espléndido de los cuarenta: están en la edad peligrosa. Peligrosa por lo que tiene de atractiva, aclaro. A lo largo de los ciento veinte minutos de metraje, el cazador cazado va dejando su corazoncito en la relación y termina más enganchado que un mantoncillo de flecos en plena feria. Cuando se arroja al balcón de su amada dispuesto a salmodiar la serenata de "milagro, el amor por fin", descubre que ella... ¡tiene marido e hijos1 De hecho considera lo que hay entre ellos como un paréntesis en su vida cotidiana.

Cuando las llamas en color se apagan y los focos del aula se encienden, las chicas de la primera fila están en éxtasis. Esto sí que es una mujer liberada: por fin hemos aprendido. Una mujer que hace lo que quiere, o sea, lo que le pide el cuerpo. Bien, bien y muy requetebién.
Al fondo, un chico alza la mano, pide la palabra y les pide a las de la primera fila un poco de seriedad. "Si el infiel hubiera sido un hombre", comenta, "no habría perdón. Le estaríais despellejando vivo, llamándole cretino y canalla."

Bien dicho, pensé entonces: ¡acabemos con la doble moral!

martes, noviembre 02, 2010

Hojas amarillas y pompas de jabón

En Madrid llovía. Y no pudimos visitar el convento de las Descalzas, ni ver el cuadro de la Virgen del Milagro que allí duerme, sin saber que es culpable de que tres generaciones de mujeres en mi familia se llamen así, como un milagro solitario. Pero estuvimos paseando debajo de la lluvia, caminando por la calle del Arenal, con todas las tiendas abiertas pese a que era domingo. Y al fondo de la calle, cerca ya del convento, había una feria de artesanía auténtica: cuero, cerámica, cristal de murano. Y un dulce hombre argentino que vendía pulseras de macramé y se llamaba Damián Blosztein. Me dijo que vivía en Aranjuez, y que hacía anillos artesanos con resina y perlas de cristal translúcido que pintaba por debajo, con esmaltes para uñas.

Y, puesto ya en el dedo, parecía una pompa de jabón irisada, de color rosa muy suave, casi malva, casi aire.

jueves, octubre 28, 2010

Rechazo político, flechazo poético

Comenzaba el recital. El presentador tenía cara de saberlo todo y, a la vez, cara de guasa infinita. Así, sin anestesia, se declaró izquierdista y progre, y agnóstico creo aunque no recuerdo bien. Luego se declaró devoto de Chesterton, lector empedernido de su Ortodoxia y admirador de Gómez Dávila. Este hombre me encanta, pensé, ¡qué hombre! Disfrutaba leyendo los blogs de Enrique García-Máiquez y Aquilino Duque, y arremetió contra Juan Manuel de Prada, pero se lo perdoné: a mí tampoco me acaba de convencer del todo.
En la copa que ofrecían después, hablamos de C.S. Lewis y de las memorias de Chesterton. De ese mundo de teatrillos de cartón, el vaso de leche y el caballo dorado. Comentó que detrás de todo aquello se vislumbraba una auténtica alegría, y que despertaba en él verdadera nostalgia.

- ¿Has leído a Newman? -, le pregunté.
- No, pero me apetece leerlo ¿Qué me recomiendas?
- ¿Te gusta Oxford?
- Muchísimo.
- ¿Y las discusiones teológicas de fines del XIX?
- También.
- ¿Aunque terminen en conversión al catolicismo?
- Me da igual.
- ¿Puedo casarme contigo?

La última pregunta sólo me la imaginé. De viva voz me limité a recomendarle Perder y ganar, publicado en Encuentro. Y, en el autobús de vuelta a casa, le pedí a Dios que sembrara España de progres como él. Después dee todo, no importa tanto a quién votas: lo que de verdad interesa es a quién lees.

martes, octubre 26, 2010

Olor a tortilla francesa

OMELETTE

Como un ciclón invade los salones,
la casa, las alcobas, el vestíbulo,
un aroma de huevos cocinándose.

Era primero el eco de la loza
contra el rojo metal del tenedor:
ruido de castañuelas y cansancio,
el pijama de pies, las gotas de Nenuco.
Los deberes que nunca se acababan,
la lámpara flotando sobre el lunes.

Luego la lumbre se encendía, y era
el amor sin cansancio del aceite: fundirse, crepitar.

Y mi madre logrando
la redondez exacta, amarilla y brillante.
Una felicidad redonda y de diario.



(* Existe también la posibilidad (que me ha silbado Pablo Moreno), de dejar caer el último verso ("Y las barbies muriéndose de envidia") y terminar con la felicidad de diario.) P.S.: Tras todos los comentarios, he decidido hacer caso a Pablo Moreno (y a Carlos RM, ¡gracias!), y dejar caer a las barbies. Os agradezco mucho a todos vuestra ayuda en este cyber taller poético.

sábado, octubre 23, 2010

La piedra de la fertilidad

El colgante me lo regalaron mis padres al regresar de un viaje. Mi amigo fotógrafo me dijo que parecía una lata medio rota y repleta de gominolas. A mí me evocó el fulgor milenario de algunas grutas centelleantes, por lo que pensé que era un ágata. No, mira (me dijo mi madre), aquí traemos una tarjetita donde dice lo que es y qué propiedades tiene. Tras leerla, se me puso cara de colegial en vacaciones.



-Pero ¿tú la has leído?
- No, me confesó ella.
Le indiqué, subrayando con los dedos: "Calcedonia" (¡como nuestra tienda de calcetines!) "Induce a la fertilidad, la lactancia. La maternidad".
No me la he quitado del cuello. La Piedra de la Fertilidad ha comenzado a hechizarme.
En el trabajo hay una madre que suele traer, en un capazo, a su bebé de tres meses. Ha debido acabársele la baja de maternidad y encontró esta solución: su tarea es tranquila y su hijo también. Nada más verlo, la piedra comenzó a brillar. Tómalo en brazos si quieres, me dijo ella, al ver cómo nos mirábamos: olía a leche y a mimos, a piel recién hecha. A polvos de talco, a jabón. A milagro diminuto. Lo puse sobre mi hombro, dándole palmaditas, y él solo decidió recostarse en mi cuello. Fueron cuatro minutos infinitos.
En el recreo de Primaria encontré a una niña preciosa: pelirroja, feliz y con síndrome de Down. Le acaricié el pelo y ella se volvió hacia mí, abrió unos brazos enormes y me rodeó, riendo. Por detrás venían sus compañeras, una me preguntó: "¿eres su madre?"
De todas las cruces que Dios pudiera mandarme, pensé, tú serías la más dulce.

jueves, octubre 21, 2010

Nube de humo poético: primeras ráfagas

Hace un par de días subí a mi otro blog delirante una reseña sobre unos polvos iluminadores de Mac. Me dejé llevar por la "lírica del color" y acabé plasmando de un tirón este párrafo:
By Candelight: a la luz de la vela. Nombre romántico, inspirador y muy invernal. Lo veis en la foto: se trata de un tono marfil dorado, cálido y con un importante subtono melocotón suave. Aporta un halo de luz dorada y pálida al mismo tiempo. Te regala el look de mejillas navideñas. parece que acabas de abrir los regalos que había bajo el abeto, al lado de la chimenea.

Pocos minutos después, una comentarista me dice: "Que peligro tiene esto de que un poti te lo describa una poetisa. Suena todo tan requetebonito que te dan ganas de correr al stand!" Y, tan sólo porque ella me ha llamado poeta, vuelvo a sentirme poeta otra vez, por encima de la pertinaz sequía.
Estoy en la calle Sierpes. Voy sorteando escaparates llenos de luz, al encuentro de la Belleza. La librería abierta, la gente merodeando impaciente, esperando el comienzo del recital. De repente me envuelve una bruma de casi invierno, promesa de diciembre: el primer puesto de castañas se vislumbra como un fogonazo, una nube blanca de carbón negro. Y, de fondo, suenan violines: una polaca con mejillas rojas hace sonar con fuerza una delicada música. Y va a comenzar la presentación de La memoria frágil, de José María Jurado.
Entramos, y suena la poesía. Esa que, según el autor, es a la vez "el enigma y la llave del enigma".

jueves, octubre 07, 2010

Los tres estados del alma (III)

“Dificilmente pudiera
conseguir, señora, el Sol
que la flor del girasol
su resplandor no siguiera:
Dificilmente quisiera
el Norte, fija luz clara,
que el imán no le mirara;
y el imán difícilmente
intentara que obediente
el acero le dejara.

Si el sol es vuestro esplendor,
girasol la dicha mía;
si Norte vuestra porfía
piedra imán es mi dolor;
si es imán vuestro rigor,
acero mi ardor severo;
pues ¿cómo quedarme espero,
cuando veo que se van
mi Sol, mi Norte, mi Imán,
siendo flor, piedra y acero?”


Así comienza Calderón de la Barca una de sus comedias más enredadas y líricas, Casa con dos puertas mala es de guardar. Una mujer tapada que camina por la calle. Un hombre que la sigue. Ella se vuelve, con sonrojo y apuro, y le ruega que no la siga más. Él declama unos versos que han trascendido el tiempo con Mano de música; recita la declaración amorosa más bella del mundo, y formula el tercer estado del alma: La Atracción de la Piedra Imán.

Ese estado de obsesión por la belleza que gira en un crescendo y nunca termina de llegar al anticlímax. Ese desvelo del alma humana que es capaz de prenderse en un reflejo de luz, una vez intuido y nunca visto del todo. Basta un segundo para encender nuestro corazón e iluminarlo, para llenarlo de magia, de sueños, de obsesiones. Podemos vivir toda una vida de humo, de polvo estelar, de una ráfaga que un día nos deslumbró y regresa, siempre, agazapada en la esquina más gris y cotidiana.

Un día descubrí que a esto llama la gente "fantasías", y a veces "mito erótico". Y me parece un crimen: el pulso de una vida condenado en una gota de sudor. La Atracción de la Piedra Imán puede sucedernos con un hombre imposible, sí, pero también con cierta poesía y con cierta música. Robert Redford rodando en mi cintura, vestido de los pies a la cabeza, tiene el mismo poder que cuatro versos de Eloy Sánchez Rosillo para mí.

La Piedra Imán es un peligro, también una revelación. Nos puede deslizar por un volcán maldito, hacernos desear lo que nos hace daño, pero para un poeta es algo imprescindible. Lo mismo que te abisma puede darte la luz. Ese dardo feroz y luminoso es lo que mueve el mundo de un poeta: escribir muchas veces es desear ardientemente algo, algo que brilla al fondo inaccesible, una nostalgia que te transfigura.

Lo que se recomienda en estos casos es convertir las obsesiones en pura inspiración, como dijo uin poeta. A mí me ha sucedido: el poema que cierra mi libro "Mirar el fuego" nace de un ataque agudo de Atracción de la Piedta Imán:


VIAJES

Mi corazón doméstico y descalzo,
de andar por casa, de mirar el fuego
con su magia primera, de paisajes
interiores; ventanas y ventanas,
mi corazón que duerme por el día,
que siente la llamada de las tres
tiendas, que no se quiere levantar
y vuelve cada noche al escenario,

mirándote mirar se quedaría
toda la vida, si dijeras dónde.

martes, octubre 05, 2010

Los tres estados del alma (II)

Hay un estado del alma que se debe evitar a toda costa. Se recomiendan todo tipo de acrobacias mentales y piruetas psicolíricas para salir de este estado, que unos llaman de nube negra, otros designan con el manido "estar ploff", y yo he bautizado poéticamente como "La Maldición de la Piedra".
No se trata de la típica depresión de baja intensidad que nos acomete en otoño, ni del spleen, bajón o día nublado. La Maldición de la Piedra no es sólo una sensación aguda del alma sino una certeza, una terrible certeza. Tomé el nombre de un poema de Miguel d´Ors titulado "Pues vaya con la divina Providencia":

[...] Imaginad ahora
una piedra salida
de la Mano Divina
cruzando siglos-luz por los que rotan
con música callada las esferas,
una piedra en el vasto
silencio de los mundos.

Pues yo apuesto un millón
a que adivino en qué cabeza cae.

Hay temporadas en que vivimos encogidos, sabiendo fieramente que ahí, en lo más alto, donde tanto brilla el sol, hay una piedra destinada a mí solito, aguardando el momento propicio para caerme encima. De este pensamiento maligno hay que huir por encima de todo: "enemigo a la vista, huyamos despavoridos".
Lo primero que hago es ponerle un nombre poético y ridículo a partes iguales, y de paso leer de nuevo el fantástico poema dorsiano. Y ya que hemos abierto el libro, seguir leyendo al buen tuntún poema tras poema, y cuando ya me he empapado bien de hórreos y vacas en Cotobade, una luz oscura como de lluvia del Norte, con ese brillo negro del charol, se abre paso en mi mente y, aunque resulte paradójico, tanto domingo desaprovechado y lunes lluvioso llena mi alma de una insana alegría.
Si el pérfido estado del alma me ataca en un momento poco cultural, recurro a la ecuación más dulce del mundo: Música + Azúcar = Subidón. Hay que escuchar a toda pastilla la canción Life de Des´ree, o Viva la vida de Cooldplay que también sirve, pero mientras se fatigan mis oídos debo saborear una piruleta roja de corazón, marca "Fiesta". Si no, la receta no acaba de funcionar. Antes de que las dos canciones terminen tengo que contemplar mi cara en un espejo, como la reina de Blancanieves. Veo mi lengua roja, y en claro silogismo recuerdo que para Dios soy, sigo siendo y seré siempre una niña.
Y ya sabemos todos que los niños son de goma: el poder de la Maldición de la Piedra no prevalecerá contra mí.

miércoles, septiembre 29, 2010

Los tres estados del alma (I)

El alma no se queda quieta nunca, atraviesa túneles de vértigo y lagos azulísimos cada día, al alma le suceden quince mil cosas por minuto y nosotros, en la periferia, nos enteramos de muy poco, de casi nada. Pero sí sabemos que hay estados de alerta, concretamente tres. Hay tres estados peligrosísismos en el alma, y para exorcizarlos les he puesto nombres de cómic, de poema, nombres cultos para expresar lo tragicómico.

Hoy hablaré del estado más placentero, que a pesar de su aparente quietud encierra un gran peligro: yo lo he bautizado como "la Tentación de las Tres Tiendas". El nombre viene de un pasaje del Nuevo Testamento: en el instante mismo de la transfiguración de Jesús, en la cumbre del monte y en medio de una nube de eternidad, Pedro medio borracho de Dios balbuce: "qué bien se está aquí: hagamos tres tiendas." Esas tres palabras resumen lo que cualquier otro ser humano hubiera querido decir. No te escapes, no te escapes, susurramos siempre a la felicidad esquiva.
La Tentación de las Tres Tiendas es el momento de máximo placer, de máxima calma, cuando el alma parece no desear otra cosa que seguir sumida en esa burbuja, auténtico spa espiritual que le ha deparado el risueño destino. Ojo, no debemos confundirlo con la mera pereza: estamos hablando de un estado del alma. Lo que sucede cada mañana a las siete y cuarto en mi cuarto no es la Tentación de las Tres Tiendas, sino más bien un ataque brutal de vaguería. Y es ése el peligro latente: como en un espejo oscuro debemos descubrir qué placeres tranquilos merecen el nombre de tentación.

La verdadera Tentación de las Tres Tiendas se desencadena en pleno recital poético de Jose Julio Cabanillas, o en plena lectura del último libro de Miguel d´Ors, o cuando lees con deliciosa lentitud el blog de Enrique García-Máiquez. También ocurre cuando escuchas por decimocuarta vez una vieja canción de Mocedades, o en medio de un concierto de Los Walkman. Sucede cuando nos rodean los buenos amigos, esos seres ante quienes nuestra alma se pone cómoda, en bata y zapatillas. Un café con Lord Scutum. Una tarde en la placita de la Juncal con Merl, entre niños que juegan con monopatines. Unas horas en la terraza del hotel Doña María con Amalia Bautista. Fernando do Vale Salteiro en la cafetería Alcázares, entre ceniceros y vasos de fanta de naranja.




Hoy, de nuevo, me ha sucedido. En el Parque de María Luisa, mientras mi sobrino Manu tiraba piedras al estanque. Y yo hacía esta foto, y la tarde se ensombrecía.

domingo, septiembre 26, 2010

El amador hippy

Yo no ligo mucho, pero cuando lo hago es a lo grande, con mayúsculas y en luces de neón. Y siempre con tipos raros: si no, no tendría gracia. ¿En qué cabeza cabe que un taxista, a la pregunta "qué se debe" me responga: "se me debe ver mañana, quedemos a tomar un café"? Sin embargo, lo más sonado me ocurrió en París, en plenos Campos Elíseos. Corría el año 2008 y mi madre y yo nos dirigíamos a los almacenes Sephora. Yo simplemente flotaba de felicidad, y sí, había notado que había alguien mirando, pero en París la gente mira mucho y no me pareció nada alarmante.
De repente, un chico se nos cruzó, dando dos pasos rápidos y adelantándonos. Se puso a lanzarme una parrafada en arrebatado francés, y yo en la luna. Pensé que me estaba pidiendo la hora, así que le enseñé mi reloj. Él desabrochó el botón de su puño para mostrarme que también tenía reloj. Y, entre muchas otras cosas que no entendí, me dijo: "Je m´apelle Henri, je suis celibataire". Celibataire significa soltero, pero yo lo traduje por célibe. Pero para ser célibe parecía tirar los trastos con gran soltura mezclada con una sonrisa tímida que lo hacía simpático. Y hablaba: yo seguía sin entender nada, aunque más o menos supuse que me estaba cortejando de una extraña manera.
Lo contemplé: tenía pinta de hippy elegante, despistado y gentil. LLevaba el pelo largo y limpísimo, castaño, le brillaba. Iba vestido con ropa de mochilero pero con clase: ya saben, colores bien combinados. Y, sobre todo, tenía una frente despejada, unos ojos risueños y una gran sonrisa de niño grande. Tenía manos grandes también.
Entre el torrente de palabras comprendí que me estaba diciendo que yo era muy dulce y que deseaba verme más. Y de pronto reparó en mi madre, me preguntó "ta mére?", y le dirigió sus respetos. Hola me llamo Henri, soy soltero y me gusta su hija. ¿Da usted su permiso?
Alucinadas, le dijimos que éramos españolas y que no entendíamos nada. Y nos despedimos haciendo adiós, adiós con la mano. LLegamos a Sephora y, entre colorete de Nars y sombra de Stila, yo intenté reponerme.
A veces pienso en Henri. Tenía buena pinta.

miércoles, septiembre 22, 2010

La musa resopla donde quiere

Qué enorme paradoja. Yo me había propuesto aparcar temporalmente mi blog de maquillaje: no cerrarlo, eso nunca, sino más bien entornar las persianas por unos quince días, como si me hubiese tomado vacaciones. ¿Y por qué?

Estuve haciendo cuentas poéticas, y salgo mal parada. LLevo más de dos años bajo mínimos, escribiendo muy poco. Y aunque eso no nos deba preocupar, a mí sí me preocupa. Y no porque pretenda llegar a un cierto número de versos, superar una cifra como Clooney: en esto de la poesía sucede como en lo de "sacar" novio: si no salta la chispa, no hay manera. Y lo que a mí me inquieta precisamente es eso: la ausencia de chispa.

La poesía nace de la contemplación, del silencio que uno mismo guarda para mirar las cosas, iluminadas por dentro, en su maravilla esencial. La poesía está para mirar el mundo, deslumbrarse y dejarse fascinar. Y si duelen las muelas, metáfora amorosa, como Joaquín Sabina.
Hice mi examen de conciencia. Pensé que la pintura me estaba obnubilando. Y entonces comenzaron a afluir a mi mente decenas de buenas ideas para un buen post cosmético. LLámenle tentación, pero de pronto recordé... que no había escrito nunca nada sobre esmaltes, que tenía que hablar de la Cordura, que mi deber estético era rendir honor al Betadine.

Y había desistido de mi idea primera, había renunciado al heroico retiro cuando, escribiendo sobre jabones ¡zas!, vino la musa.


LA SAVONNERIE

El jabón, derritiéndose en mis dedos
con espumosa lentitud, me lleva
como en un cine exín a mi niñez,
y me enardece luego con lujuria
cosmética.


No es gran cosa, cojea por alguna parte que no sé vislumbrar aún, tendré que corregirlo... o tirarlo sin más a la basura, pero mientras me rondaba por dentro me sentía feliz. Y un poco menos frívola, supongo.

lunes, septiembre 20, 2010

Ora pro nobis!

Mi alma necesitaba algo así, algo como la imagen televisada del saludo entre este Papa alemán y teólogo, al que le gustan los gatos y que pese a la que está cayendo me cae irremediablemente bien, y una reina madre con sombrerito y sonrisa, acogedora, con el ademán justo de quien invita a tomar una taza de te a un vecino estrafalario.






Me chifla el cardenal Newman. Todo comenzó en marzo del dos mil uno, en una conferencia que impartía Víctor García Ruiz en Navarra. La mano de Dios, cuánto más callada, más poderosa, recuerdo que dijo, y recuerdo muchas cosas más. Me veo bebiendo en algún rincón destartalado sus diarios publicados en Rialp, y luego sus cartas completas en Encuentro, y luego Perder y ganar: una de mis novelas favoritas. La tenéis aquí, aunque recomiendo su compra física, un buen sillón en una tarde lluviosa de domingo y escuchar el suave crujir de las páginas. Y hundirse y empaparse en el Oxford decimonónico: desayunos, debates teológicos, partidos, cotilleos, rencillas, ironías y chanzas hasta el gozo infinito del lector. Y en una página recóndita, oculta, la penumbra litúrgica, llena de poesía: tremenda luz de vela que surge de las palabras de Willis, cuando intenta describir lo que para un converso significa la Eucaristía:

"Allí hay niños pequeños y ancianos, gente ignorante y gente instruida, almas que no han pecado y almas que han pedido perdón; pero de todas esas almas distintas se alza hasta Dios un solo himno eucarístico. Y su medida y su fin son esa Acción Inefable. Y... ¡Oh, Bateman! Querido Bateman... tú me has preguntado si es una ceremonia absurda, formalista... Es... (exclamando y poniéndose en pie) ¡una maravilla! ¡una maravilla!" (Newman J. H., Perder y ganar, ed. V. García Rúiz, Madrid, Encuentro, 1994, p. 279.)

Y Arp desglosa todo el emocionante viaje del Papa aquí,y aquí deja estaa foto deliciosa de este escritor delicioso, y quería compartir mi alegría con vosotros en este lunes luminoso.

miércoles, septiembre 15, 2010

En el Bazar Belmondo

Hace un par de días me regalé una "tarde de chicas": apacible y aventurera al mismo tiempo, sin reloj ni almanaque, paladeando el deleite de perder los minutos, demorándome... Derrochar una tarde con amigos: un lujo cada vez más inasible, pero que en el reflexivo septiembre aún puede hacerse realidad. Septiembre es un mes de retales, de trozos de sol entre nubes. Un mes de tiendas y calor, helados y rebeca por la noche.

Cris y yo nos adentramos en una calle de Sevilla, la más recóndita y hippie: Amor de Dios (de la que nadie nos separará.) Y ahí, en una esquina despintada y mágica, estaba el bazar Belmondo. Una tienda muy años ochenta, en la que tiritaba nuestra infancia. Camisetas de Chupachups Kojac, vestidos abombados y cajas de lata con estampado beatle. Y, en una vitrina... ¡llaveros de Playmobil!




Cerré los ojos y vi una calle: una frondosa calle de Alemania. Y yo con siete años. Y Nacho, aquel chaval, atropellándome, montado en una bicicleta cruel. Andaba yo jugando con media docena de playmobils, algunos a caballo, y no quedó ni uno. A cámara lenta veo a la madre de Nacho llegar, palparme las piernas, gritar a su hijo...
-¡¡¡Rocío!!!




Despierto en el bazar. Sobre nuestras cabezas infantiles se mecen tres hileras de Playmobil, pegados a una cadenita de metal y una anilla. Bailan despacio girándose en su péndulo metálico, cautivándonos.






Y no eran los únicos llaveros sicodélicos: había una pelota de badminton, una pistola de trapo y un cepillo de los de la ropa, con el mango forrado de cuadritos. Era la cueva de Alí Babá, veinte años después.





Y un perro negro y feo nos miraba.

domingo, septiembre 12, 2010

Me he vuelto roja

Estupefacción.

-Es la última frase que pensé escuchar de tus labios, me dice Carlos desde el otro lado del mar y del hilo telefónico.

- Tranquilo, cariño, que sigo yendo a misa to´los días...

(Risas telefónicas.)

- Vamos, que a la pira de sotanas no llego, pero... como me enganché a Amar en tiempos revueltos...

-Y eso qué tiene que ver...

-Hombre, pues mucho... Es un daño colateral. Ya sabes: tanto va el cántaro a la fuente... Sobremesa tras sobremesa con el corazón en un puño por culpa del escritor comunista encarcelado, primo de su primo... y de su prima...

(A ver, que me desvío. Más risas telefónicas.)

-... Y encima "me" encarcelan también a "mi" Angelito...

(Cielo santo, que alguien pare esto. Empiezo a hablar como una... como una... )

-Pues eso, que he generado una enorme sensibilidad hacia la represión franquista.

(Sí, ahora arréglalo con jerga supuestamente profesional, o sea, relamida, pavisosa, insufrible, lacia y definitivamente lánguida.)

- ¿Pero tú antes eras azul o qué?

- Así a sabiendas ni azul ni roja, yo no era nada, por algo nací en el 77... Peeeero nunca podemos minimizar el riesgo que tantos prejuicios de pequeñoburguesa... proliferando... latentes...

(Hala, yo sigo a lo mío.)

-No sé, mira, creo que hasta ahora, por respeto a mis abuelos, había obviado la cara menos amable del franquismo, y de repente surge, flup, como un gigantesco lirio negro...

Carlos tiene, ante todo, una mente literaria:

-Mmmmmm... ¿Y por qué no lo escribes en el blog? Ya estoy viendo el título de la entrada, "Me He Vuelto Roja", y las visitas disparándose...

-No sé, tú... Igual pierdo el poco público que me queda.

-No creo.

-¿No?

miércoles, septiembre 08, 2010

El Ocho de Septiembre

Hoy es día grande en Haro, La Rioja. Hoy celebran la Virgen de la Vega.






Imagino la plaza llena, los bares llenos, la basílica llena de velas encendidas. Y faroles. Y olor a otoño, viento en la orquestina de la música. Y sombras en los escaparates, vestidos ya de camel y de gris.
Atrás quedó el verano, el soleado vermut y nuestros juegos. Derrochamos las tardes indolentes, en partidas de naipes infinitos; mi primo se abrió un blog,






y entre vídeos de youtube y misas de doce se nos fue el verano.
Aquí termina el idílico post nostálgico festivo y comienza la publicidad descarada, pero el lugar lo vale: Id a Haro. Es el rincón perfecto para perderse en un fin de semana otoñal. Y la Herradura es la mejor zona de pinchos de todo el Norte, porque en La esquina sirven los mejores pimientos rellenos que ha comido el Ser Humano,







y en el Benigno, las patatas más picantes y sabrosas que podáis imaginar.





viernes, agosto 27, 2010

Claroscuro

Hoy es un día raro, especial. Sonámbulo. Mañana regreso al Sur, ayer murió una amiga mía. Una mujer explosiva, vitamínica, un volcán de alegría en erupción. Una mujer feliz: con cáncer y feliz. Tras derramar alguna lágrima, me la imaginé llegando al Cielo. Y pensé que entrar en el Paraíso debe ser como cuando yo, en los largos veranos de mi infancia, llegaba al Norte después de un viaje agotador. Y era agradable y extraño también, porque había dejado atrás mi casa y aterrizaba de pronto en una casa que también era mía. Y había luz dorada y una multitud de caras alegres, abrazándome.

Esta mañana compré el periódico, y saltó la sorpresa, (como una liebre). En el diario La Rioja sale un artículo precioso sobre Mirar el fuego, firmado por Diego Marín A. Mi abuela casi se ahoga de la emoción. Pero lo más importante es que emergen, uno a uno, los recuerdos: de cuando era niña, de los terrores nocturnos que sufría, de cómo milagrosamente fue encauzándose todo. Y de tanto recordar, sale un poema, el primero que escribo en nueve meses, concretamente desde éste.

EL SUSTO


El susto era un dragón de fuego rojo
que venía a comerme. Son terrores
nocturnos, salmodiaban
los médicos: bajadas de glucosa.
Era el terror primero, sordo y mudo:
los muebles se torcían contra mí,
la pared era un potro de tortura
y la luz un ciempiés interminable.

Y yo, con las pupilas dilatadas,
giraba en espiral. Era la guerra
de relámpagos secos. Para mí
era el dragón nocturno, y los demás
no traspasaban nunca mi planeta.

Ahora todo es luz entre las sombras,
he guardado el dragón bajo la cama
y dormir es mi sueño favorito.

martes, agosto 24, 2010

Morriña, murria, saudade

Comprar en el último tercio de agosto una revista de moda y belleza podría ser considerado una actividad de alto riesgo: desencadena en las neuronas de la sufrida lectora una depresión post vacacional anticipada. Las páginas del Telva se tiñen con los colores del otoño, la caída de la hoja, la vuelta al cole. Es cierto lo que dicen los poetas: vivir es irse despidiendo lentamente. Y a cuatro escasos días de mi regreso al sur, yo me despido.
Maestu ya forma parte de mi nostalgia: nos fuimos en una mañana soleada y mi despedida fue un último disparo. Eva retratando la puerta del Paraíso que dejaba atrás:




Más fotos del Locus amoenus que puebla los veranos de mi infancia: nuestro pequeño y frondoso campo a la hora del mediodía, cuando llegamos cargados de niños, bolsas, carretilla, mantel de cuadros y tortilla campesina:








La cascada fría, banda sonora de nuestras tardes:








El juego de luz y sombras a la hora de la siesta:







Ya no estoy allí. Pero en esta semana última disfruto de Haro, de la fila de alegres plátanos que se goza desde nuestro balcón, del tropel de primos y tíos que van entrando, saliendo, pernoctando a racimos en la casa, de las misas vespertinas en La Vega:






Esta basílica es especial: yo, que soy de Sevilla, quisiera casarme en ella. Se respira dentro una paz oscura y luminosa, una mezcla de penumbra litúrgica que nace del altar yviento azul que se cuela por el portón de madera...

Y por la noche, salimos a gastar las indulgencias recibidas. La Herradura es la mejor zona de pinchos de toda la Rioja. Y en el pub Nelson, en la plaza, puedes beber un cóctel japonesa a rtitmo de mariachis si tienes suerte. Y luego te regalan el agitador, en forma de dama desnuda.










viernes, agosto 06, 2010

En Logroño

Era tarde ya cuando decidimos visitar el museo Wurth. De La Glorieta sale un autobús gratuito para Agoncillo, a las seis de la tarde. Yo no conocía este gran local blanco, tan moderno por dentro y tan encantador por fuera, con un lago y mazos de espliego y flores moradas y un grupo de estatuas de bronce firmadas por Felo, el genial escultor canario afincado en la Rioja y amigo de mi tío Javier. Fuimos a visitar una exposición donde se ofrecen sus obras más míticas, más bellas. Pasamos primero por otra exposición de arte contemporáneo, que reúne sobre todo nombres alemanes desconocidos para nosotras, aunque también había un Picasso y un Barceló. Lo que más me atrajo y horrorizó al mismo tiempo fue este montaje:




Eran tres huevos de algo parecido al alabastro, asentados sobre el suelo en un rincón oscuro. Sobre ellos se proyectaba un haz de luz que conseguía plasmar rostros cambiantes y mortíferos, mientras los tres huevos macabros lanzaban al aire palabras terribles como "dolor", "tristeza", "muerte" o "fábrica". No recuerdo quién era el autor del invento. Allí permanecimos fascinadas, musitando "horrible, horrible", pero sin poder despegar nuestros ojos de la fantástica visión.
Las esculturas de Félix Reyes, en cambio, irradian serenidad.




Me entusiasmó ver a Pancho potaje, el cura de su niñez, que yo conocí en su taller como quien dice recién salido del horno:





Y pude ver por fin su famoso homenaje a las víctimas del 11 M, "solidaridad".





A la mañana siguiente, antes de regresar a la paz del campo, pude disfrutar de unos minutos en Castroviejo, esa librería donde puedo perderme y encontrarme en las páginas de cualquier libro, aunque sea el mío...


Y ver el mundo de dentro afuera: los libros, la ventana, las piedras, la calle bañada por la luz... y sumegirme de nuevo en la penumbra.






A las dos del mediodía aterricé en la calle Laurel: Juan y Pinchamé estaban esperándome.





Y, bajo sus vigas de taberna antigua, la mejor brocheta del mundo: langostinos con piña caramelizada.






P.S.: Pido disculpas por las erratas ortográficas que contenía este post. Han sido ya corregidas.

sábado, julio 31, 2010

Una semana en el cielo

Ya puedo ofreceros la crónica completa de nuestra semana en Maestu...
Esta es la llave de nuestra casa: una llave grande, recia, algo tosca, como la alegría que nos une bajo los árboles. La llave de un mundo mágico que se llama Verano en el campo.



En el pueblo, un sol embridado por el viento y una hilera de escudos de piedra. Yventanas con flores...





En el monte, el hayedo mágico... en Santa Teodosia... con el grupo de montañeros.





También disparé un flash solitario...



Fuimos una tarde a Estella. A la sombra de San Miguel, tras la misa del peregrino, nos esperaba una arboleda y las moras en penumbra, listas para ser gozadas. Sabían a dulce veneno, a tarde larga y suave de julio generoso. Al principio, Juanra se ofreció a alcanzar la fruta para mí.






Luego encontré una rama a mi altura, la altura de una hobbit, y fue Charo quien disparó la foto.





En el suelo se cruzaban las sombras, como las bóvedas de una catedral. Y recordé los versos sencillos de José Martí.
"Busca el obispo de España
pilares para su altar:
¡En mi teplo, en la montaña
el álamo es el pilar!
Y la alfombra es puro helecho
y los muros abedul,
y la luz viene del techo
del techo de cielo azul"









sábado, julio 24, 2010

Primeros días en el Norte

Montes. Caminos de cuentos de hadas. La Casa de los Siete Enanos, en medio del bosque. Moras. Juanra, Tere, Charo y yo cogiendo fruta del árbol, manchándonos los dedos, frente a una iglesia gótica. Frío. Fuego. Leche caliente, mantel a cuadros.







Mis primeras fotos, disparando flashes sin control, entre risas. El camino de Leorza, con su recodo idílico y lleno de misterio, como la manzana primera.

miércoles, julio 14, 2010

Rebajas

Como la inspiración no acompaña, he decidido llenar un post de imágenes, realizadas por mí o no... Últimamente me divierto con la cámara del móvil, que es la única que tengo y no resulta nada mal.

En primer lugar, sigo amando a Iker Casillas, a pesar del beso o quizás debido a él, ¡qué mono! Qué grande es este Capitán... Me cuenta Enrique García Máiquez que, en Madrid, había un balcón a reventar de chicas con un inspirado letrero: "¡Iker, sube, que Sara somos todas!" Me apunto al plan. Aunque, como es un demasiado utópico, mi amiga Cris me rescató ayer de la rutina veraniega y el suicidio lento por amor para llevarme a las rebajas de H&M en una plácida y risueña Tarde de Chicas, como mandan los cánones.




Salí de allí con unos zapatos de cuña de esparto (diez centímetros de cuña, ¡moriré! Eso sí, moriré con los tacones puestos, sintíendome muy poderosa. Y ya que estamos, ¿alguien sabe decirme qué hilos misteriosos relacionan la altura femenina con el poder? La otra alternativa es una barra de labios roja, que no duele tanto. Y en el otro extremo, lo que despoja a una fémina de todo su poder y su autoestima es la hora de la báscula, los lunes al sol: ¡drama!)





Encontré esta joya de chiste en el blog de Morgan, que además cuenta con gracia infinita cómo a los hombres no hay quien los entienda (hace unos días leí que sí, son menos complicados que nosotras... pero es esa sencillez la que en el fondo esconde una complicación sibilina...)
Los zapatos me costaron cinco euros y son el colmo de la comodidad. Y encontré también un bolsito con flecos de falso cuero en un delicioso color topo.






En menos de una semana volaré a Maestu dispuesta a leer, a respirar montaña, a bañarme en el río. Para el pelo tengo un artilugio fenomenal que consiste en un spray del Body Shop. Huele a arándanos y protege la cabellera del sol, la sal, el cloro y el calor artificial que nos atizamos las mujeres en nuestra brutal coquetería.




¡Esta es la imagen de la felicidad!

martes, junio 29, 2010

Una chica normal

Blanca y Daniela eran amigas. Muy amigas. Su historia era como la de Romeo y Julieta, pero en versión niñas de ocho años luchando contra viento y marea por su amistad. Blanca era hija de un catedrático, que no era poco. Pero es que Daniela era hija de todo un conde. Y claro, detrás del conde había una condesa, clamando furiosa contra las malas compañías. Una plebeya no era el ideal de amiga que había soñado para su pequeña. Los padres de Blanca pertenecían a la clase media, y eran firmes partidarios de la clase media. No querían sueños de cenicienta antigua para su hija.

Las profesoras del colegio, atendiendo el deseo de ambas familias, intentaron apartar a Daniela de Blanca. Y eso hizo que ambas se buscasen con mayor empeño. Tenían la misma imaginación ardorosa: les gustaba jugar con las palabras, construir un mundo de ciencia ficción. Habían creado lo que pomposamente llamaban "una sociedad secreta", y la habían bautizado con dos letras, I.F. Las siglas de Imagen de Fátima. No es que fueran muy devotas, eran más bien dos fantásticas, y se reunían debajo de un precioso olivo que, en palabras de Daniela, "era muy apropiado para que la Virgen se apareciese encima". Allí hablaban de príncipes azules, inventaban alfabetos en clave y coleccionaban piedras. Piedras raras como el oro, como raras eran ellas mismas.

Pasó el tiempo y llegaron a cumplir los doce años. Es una edad peligrosa: las chicas miran hacia atrás y se avergüenzan de haber disfrutado tanto jugando juntas. Lo que desean ahora es robar la laca de uñas a sus madres, cardarse el pelo y admirar la esbelta figura de Patrick Swayze mientras tararean Be my baby. Daniela tiene la posibilidad de viajar a París junto a Laura, la chica más mona y rica de la clase. Le promete a Blanca que cuando regresen... Ya no recuerda qué sucederá cuando regresen. Ya no importa. Ha transcurrido un curso entero y ahora tienen trece años. Velozmente se acerca el mundo de las puestas de largo, y Laura y Daniela se entretienen hablando de tierras y viejos títulos. Nobleza obliga.

Blanca tiene más de treinta años y está cenando en un bar algo pijo con su madre y unos amigos, a la luz de las velas. Én la mesa de al lado hay un hombre perfecto, vestido con una corbata y una sonrisa. Derrocha elegancia. Tiene toda la pinta de tener dinero, de venir de una buena familia y de seguir siendo aún así un tipo normal. Blanca no puede ver a la mujer que lo acompaña, sólo intuye que es andaluza y cosmopolita. Gírate con cuidado, susurra su madre. Y se encuentra frente a frente con ella.

Guapísima, llena de distinción. Su pelo es un rayo negro lleno de fiereza, y ella recuerda cómo bullía desordenado. Ahora brilla. Y sobre todo, brilla en Daniela la ilusión del primer momento, esa que no miente nunca. Y hablan, recuerdan, se ríen. Él interviene de vez en cuando. Mi marido, Javier. Yo no tengo marido. Ya vendrá. Boda y mortaja, del cielo baja...

Dicen muchas otras cosas. Todo a cámara lenta. Blanca entiende de pronto por qué en el cine se oscurecen e iluminan de pronto algunos fotogramas, por qué se ralentiza el tempo. No escucha, no respira, sólo contempla. Y lo que está contemplando es el más asombroso de los espectáculos: una chica salvajemente normal.

domingo, junio 20, 2010

La última cima


Estoy conmovida. Conmocionada. Emocionada. Me pregunto si una película puede despertarme, despertarnos. Si eso es posible, la película es esta.

Era sábado por la noche en Los Arcos. Compré, para mis primos, un cucurucho de cartón lleno de palomitas de maíz, con ese punto de sal picante y crujiente que engatusa a algunos y espanta a otros. Compré una centelleante botella de agua mineral para mí. Nos sentamos en la fila siete. Cerré los ojos. Abrí los oídos. No hubo trailers. La música in crescendo, los primeros planos, los poros de la piel tan a la vista, los ojos líquidos y alegres de los entrevistados.
Me habían dicho que iba a ver un documental. Pero lo que vi tiene guión de película de misterio, de amor. De terror del bueno. Tenéis que ir.

viernes, junio 04, 2010

Sorteo + 30.000 visitas

Ya tengo más de treinta mil visitas en el contador. Eso, desde noviembre, mes en el que di con la tecla exacta, dando un pequeño paso desde mi incompetencia informática. Treinta mil doscientas visitas en este justo minuto. Gracias a todos vosotros. Quería agradeceros vuestra constancia, vuestra fidelidad lectora, vuestros comentarios. Vuestros ánimos, por vuestras críticas, a las duras y a las maduras.

En la esfera beauty es corriente realizar un sorteo entre lectores cuando se alcanza una cima relativamente redonda, como esta. Yo no voy a sortear barras de labias entre vosotros, pero un lote de libros recomendados desde este cuarto de estar con chimenea... eso sí que pega, ¿verdad?

Las normas de los sorteos suelen estar ya establecidad, e incluyen:
- Hacerme un comentario en este post, con vuestro nombre real o al menos con el pseudónimo que habéis estado utilizando durante todo este tiempo. En el comentario podéis contarme cuál es vuestro libro favorito y por qué.
- Seguir este blog.y enlazarlo si tenéis vuestra propia página.

Y el premio... consiste en tres libros deslumbrantes y en un "regalo de la casa".
- Sociedad limitada, de Miguel d´Ors.
- El hacha y la rosa, de Luis Alberto de Cuenca.
- El último número de la revista Renacimiento, que lamentablemente se clausura.
- Las siete barbies solteras, de Paco Umbral (Nooo, es bromita.)

El ganador será elegido mediante el tradicional método de "la Mano Inocente": mi sobrino Manu escogerá al azar un papel bien doblado, introducido en un saco junto al resto de nombres participantes.

Este sorteo tiene, como todo sorteo que se precie, un patrocinador: la editorial Renacimiento y, concretando un poco más, Marie Christine del Castillo.

¡Suerte!

lunes, mayo 31, 2010

Libros y ron

Todos los lunes llego al colegio somnolienta, como si fuera una alumna más. Los ojos se me cierran y, en ese justo momento, una compañera de trabajo pregunta con zumba: "¿Has tenido un fin de semana loco?"

Por una vez acertó. Comenzó la locura el viernes en la estación de trenes, recogiendo a la poeta Amalia Bautista de un ave tumultuoso. En el balcón de mi casa guacamole, cigarros y diálogo, mucho diálogo. Y luego el calor extraño de Sevilla, con nubes, frío en la sombra y un sol picajoso. El hotel Doña María: su terraza a los pies de la Giralda. Tenemos a un palmo de nuestros ojos el pacharán con hielo que ha pedido Amalia y la filigrana medieval. Mientras ella descansa, se ducha y yo la espero, me recorre un río por las piernas, llego hasta la Casa de Libro y compro, electrizada, el nuevo poemario de Miguel d´Ors. En la facultad presento a Amalia y ella nos envuelve con su voz suave, de prodigio lento, de tristeza cálida. Le pido que recite el poema del puente, y el de los pies de sus niñas. Ovación cerrada. Cena con ella y con Cabanillas, Baltanás y Marie Christine del Castillo. Cotilleo poético. Jose Julio nos cuenta un cuento surrealista. LLego a casa a las doce, como Cenicienta. Cansadísima. Feliz.

El sábado me bebo los poemas de Miguel d´Ors. Primero de un trago, luego a pequeños sorbos. Saben a niñez y a vacas, a exabrupto lírico, a guasa épica, a epigrama genial. Saben a siempre y a nunca, a otro Miguel d´Ors, a felicidad imperfecta, a rimas libres. Saben a maravilla de nuevo y nunca acaba, a qué bien otro libro, otro río, otra fuente en la que beber, aquí su acólita.

Por la noche, juerga en casa de L. De nuevo guacamole: no había tabasco y le puse cilantro y crema de vinagre balsámico. De postre copas de caipirinha, lima verde invadiéndolo todo. Juegos de cartas y ron, mucho ron. Ron que sabe a matarratas, a me voy a intoxicar, y todos riendo y acusándome con el dedo índice, "has perdido, ¡bebes!" Así que bebo, grito, aúllo. Y me duermo en la chaise longe, entre almohadones. Ya en casa, dando vueltas a las cuatro menos cuarto, medio dormida busco Omeprazol. Mañana arde París, digo mi estómago, si no encuentro la pastilla bicolor que todo lo cura.

Y el domingo me despierto flotando, en medio de una resaca benigna de color champán. Nubes soleadas. Encuentro el librito Blogueína, de José Miguel Ridao, y me lo enchufo en vena hasta la noche, misa de ocho y cine en casa.
Pedazo de fin de semana loco: libros y ron.

jueves, mayo 27, 2010

One fine day

El lunes al mediodía, flash, mensaje en el móvil: "¡Sorpresa! ¡Estamos en Sevilla!" Y sí que fue una sorpresa: la oscura tarde de un lunes se llenó de luz, entre pitufos de plástico y botellas de aloe vera, con mis amigos Teresuca y Hervé, de Pampaluna.

Quedamos en la calle Sierpes y les sometí a uno de esos recorridos literarios que hacía yo antes con bachilleres de distintos puntos de España: ahora Cervantes, ahora Cernuda, ahora el Ateneo, ahora Gertrudis Gómez de Avellaneda y siempre los hermanos Bécquer y Machado... El camino coincide con otro itinerario más fashion, de tiendas especiales, secretas o vox populi (vox dei.) Comenzaron extasiándose con el antiguo teatro imperial convertido en librería: les conduje a la misma boca del escenario, donde han istalado las secciones de poesía, teatro y cine. Te giras un poco y puedes ver el paraíso convertido en libros, gran metáfora.

Una vez en la acera divisamos el arco efímero que han levantado para la celebración del Corpus Christi ("esto era así en todas las ciudades, en la sacrosanta España barroca...") Por un momento regreso a mis clases, a mis rubias alumnas que deben leer junto a Clarín y Valle Inclán las aventuras del Capitán Alatriste... "¿esto es literatura?", pregunta Katherine con curiosidad reprobatoria.





Después, en Los tres reyes magos, nos volvimos como niños a la vista de patos de goma, biberones mágicos y muñecos vintage. Y acabaron regalándome, por mi santo, un bebé asombrado (totalmente poético, decían), al que bautizamos con el nombre de Tomasso en honor al santo de Aquino, y porque la filosofía nace del asombro, dijo Jostein Gaarder. Lo he bautizado con agua Evian, nada menos. A Jostein Gaarder no, al muñeco vintage. Tomasso Evian Adaldrido del Lirio Mojado. Bueno, se me está yendo la olla, después tendré que corregir.





Luego fuimos en directo a la calle Amor de Dios, de la que nadie me separará. Entre chupas moteras en amarillo eléctrico, bolsos en forma de radio antigua y camisetas de Tintín nos anocheció. Al filo de las nueve nos dejamos caer, perezosamente, en Isbilia, donde en una vitrina había una recua de muñequitas playmobil vestidas de Bélle époque, con sombrilla y todo. Y otra con hábitos de monja. Pero "no están a la venta", nos dijeron. Yo me llevé un anillo de plata de aires élficos en forma de hoja. Y Teresuca lo fotografió en el Patio de San Eloy, no con fondo de azulejos y botellín de Kass sino flotando sobre un salmorejo bendito que vino a poner broche final a los festejos de mi santo.

domingo, mayo 23, 2010

Acariciar corderos

Los corderos huelen a leche, boñigas y calor materno. Un aroma ancestral nos rodea. El campo amarillo despierta con nubes de azúcar a lo lejos y un sol gigante, más amarillo cuanto más azul cielo. En torno al laurel del patio ruedan bicicletas rosas, niños con patines. Y un perro color chocolate que ladra con ojos mansos.
La cocina con suelo de guijarros huele a nata quemada, a postres de dulce rabia sobre los montes. Por el camino vimos cerdos y gallinas, "los huevos de aquí nada tienen que ver con los de la ciudad". Imagino un mundo idílico de grandes tortillas francesas, espojosas, jarras de leche tibia y quesos redondos, blancos. Panes dorados como muchachas acunan la tarde y la adormecen.

martes, mayo 18, 2010

Médico, cúrate a ti mismo

Estuve en la Feria del Libro con Merl, una tarde de sábado que se demoraba al sol. Arrastré literalmente a mi amiga hasta la caseta de Renacimiento, como siempre. Pudimos dar más vueltas que un tiovivo hasta descubrirla en el pórtico de la Plaza de San Francisco, dando la espalda al ayuntamiento. Al entrar por la puerta de cartón recordamos el auto sacramental que vimos en la plaza coronada de flores, guirnaldas de papel, hace ya años. En pleno mes de junio y en pleno furor calderoniano, la invité a ver El veneno y la triaca, nadando sobre un calor nada alegórico.

En esta tarde, cinco años después, nos dispusimos a escudriñar el baúl de cartón repleto de poemarios-joya, como siempre. Brillaban Las trincheras de Mesanza, "pero ya tengo Soy en mayo", me dice Merl. Ah no, afirmo, categórica. Tienes que tener las trincheras. Bueno, voy a mirar un poco por aquí, responde escabulléndose. Yo sigo mirando también, pero cada cinco minutos le recuerdo cuál es su deber. Lo necesitas, lo necesitas y lo sabes. Sabes que tienes que tenerlas. Necesitas las trincheras. Las trincheras necesitas. Nece... ¡¡¡Ya!!!, ruge mi amiga, tomando el libro en la mano y dirigiéndose a la vendedora. En el camino, sus ojos tropiezan con el delicioso volumen de los Chestertons, de Ada Jones. Ah, pero ¿no lo tienes?, pregunto inocentemente. Pues es algo increíble, deberías...

Pero no me dejan terminar la frase, y me acuerdo en un flash rapidísimo aquella historia que contaba mi abuelo sobre un general desesperado que grita: "¡Matad a mi hijo, tomad la plaza, pero por favor dejad de tocar el maldito cornetín!" La vendedora, en cambio, me mira fascinada. "¡Oye!", me dice. "¿No quieres recomendar algún otro libro? ¿No te quedarías aquí conmigo...?" Pero era tarde ya.

Han pasado siete días, y estoy sola en la feria, en la eterna caseta de Renacimiento. Y encuentro, en un destello de sol, El hacha y la rosa, de Luis Alberto de Cuenca. El libro fantasma que amé siempre y nunca tuve entre las manos. Recuento las monedas que tengo en el bolsillo, como hice entonces. Pasaré luego por el mercado medieval y esto supone quedarme sin el sérum artesano para el contorno de los ojos, a base de aloe vera, manteca de karité y aceites esenciales de tilo, jazmín y granada, pero sea. Médico, cúrate a ti mismo, susurra en mi oído mi gemela transparente. Yo también necesito El hacha y la rosa, y también lo sé.

P.S.: mañana este blog cumple cuatro años. Fue el 19 de mayo de 2006 cuando decidí encender la chimenea. Por mucho tiempo más, espero.

sábado, mayo 15, 2010

Espera, corazón, vendrá la lluvia.

Es viernes, no, ya es sábado, son casi las dos y no puedo dormir... porque tengo en los oídos el extraño silencio que sigue a la hermosura. Siempre que oigo recitar a mis amigos poetas tengo la impresión de estar asistiendo a un pequeños milagro. Un milagro breve, felíz, lleno de música. Cuando publique Toi las fotos del recital cuelgo alguna, esa mesa llena de poetas, concurrida, y todos recitando poemas inéditos de libros inéditos que se demoran en publicarse.

Presentó la revista Pablo Moreno, tras las palabras preliminares del Director de la Fundación Madariaga (que nos deja el salón) y del director de la Fundación de Cultura Andaluza (que nos financia los libros y revistas.) Pablo habló con palabras de humo, "de las cinco de la tarde", solemne y cercano a la vez.

Habló de la Revista Númenor y de cómo también es un milagro en equilibrio. Y luego fue presentando a los poetas. Recitó en primer lugar José María Jurado, que participaba por vez primera en uno de nuestros encuentros y que nos deslumbró con sus poemas de cuaresma y su proema sobre José Tomás, cegador. Me pareció admirable su forma de mezclar lenguaje preciosista con motivos cercanos, de tal modo que sus palabras llegan al mismo tiempo al corazón y a la cabeza. Eso no es fácil. Luego leyó Alberto Carpio su terrible poema de Sylvia Plath. Terrible hermosura. Estoy segura de que esos versos atravesarán los años. Buko (Juan José Cerero) recitó poemas de infancia, de su padre, de naranjos. En sus labios sonaban a nuevo y a fresco: eran los mismos temas que aparecían en Oro, su primer libro, pero madurados y evolucionados.

Paco Gallardo se merece párrafo aparte. Este poeta que sólo tiene un libro, editado hace diez años ya, es autor de versos que han fecundado todo el grupo y nos repetimos a modo de conjuro mágico y han servido de inspiración a muchos otros poemas:

cuando no sé qué hacer, estudio mapas

o

la amable arquitectura de tus manos
le gana la partida a la tristeza


o

escucha, corazón, vendrá la lluvia

esos versos que me acompañaron como la lluvia en pampaluna durante diez años, los diez años de mi amistad con los poetas de Númenor, los diez años que me han convertido a mí también en poeta de Númenor, que nos han visto crecer. Ver de nuevo a Paco recitando poemas tan sabios me ha hecho saber que no somos tan niños, ya no somos promesa. Que esto es de verdad. Y los dos últimos poemas recitados por Pablo Moreno han sido confirmación y acción de Gracias. "En ellos está mi casa".

P. S.: Varios me habéis preguntado "cómo fue lo mío". No lo he contado por aquello de no convertir este espacio en una permanente auto crónica, así que os remito al blog de Ramón Simón, que hace una perfecta crónica de la presentación de Las Barbies, hace justo una semana. Y aquí están las preciosas fotos que hizo Toi del Junco. Y aquí, un apunte "pictórico"...