domingo, diciembre 12, 2010

No la muerte, sino los amores

Juan García, in memoriam. Dedico este post a Bárbara
Hace algún tiempo estuve con José Julio, tomando café. De vez en cuando quedamos para hablar de poesía y, si ha habido suerte e inspiración, para corregir poemas. Una de las alegrías de mi vida es esta, mi mayor orgullo: he sabido rodearme de gente grande a la que admiro. A través de los años, aquéllos a quienes considero mis grandes maestros se han convertido también en grandes amigos míos: José Julio Cabanillas, Amalia Bautista, Enrique García-Máiquez, Miguel d´Ors.

Aquel día José Julio me hablaba de Granada, la ciudad que guarda el paraíso de su niñez. Me hablaba de un convento escondido en el que estuvo San Juan de la Cruz, en unas olvidadas navidades del siglo XVI. Me contó que una monja vio al santo rezar ante la misteriosa luz. Creyéndose solo, en un momento el poeta tomó en brazos al Niño y repetía meciéndolo:


Mi dulce y tierno Jesús,
si amores me han de matar
agora tengan lugar.


¿Te das cuenta, Rocío?, me decía José Julio. "Agora tengan lugar". No la muerte, sino los amores.
Estas últimas palaras se me quedaron grabadas, y ahora las repito yo, como una oración para tiempos oscuros. No la muerte, sino los amores.

3 comentarios:

Gadirroja dijo...

Qué bonito. El verso y que hayas sabido, como dices, rodearte de personas admirables. Besos!

E. G-Máiquez dijo...

Gracias por la buena compañía. Y por esa maravilla de copla y de glosa.

AFD dijo...

Grandes los amigos, grande la copla y grandes los amores.