
El título de este post coincide con el título de una comedia calderoniana, y parte del "Gustos y disgustos" de Sonsoles, que me parece un titulazo. Y me parece bien eso de decir siete cosas que me gustan y cinco que no me gustan, porque los gustos siempre deberían sobrepasar a los disgustos: allí voy.
Lo que me vuelve loca:
1) El maquillaje. -¿De verdad, chica? -Mmmm... Bueno, voy a decir algo que no sepáis. Me entusiasma revolver y encontrar cosas nuevas, o cosas perdidas que de pronto vuelven. Que mis amigos pongan cara de marciano diciendo ¿Mac... no es lo de los ordenadores? (Y mientras, mi colección de sombras crece... To be continued.)
2) Los recitales poéticos. Me gustan los meses de Noviembre y Mayo, porque vuelve la poesía. Me encanta ver las novedades en el stand de novedades... y comprar tres o cuatro poemarios y asistir a tres o cuatro recitales, como el de Pablo Moreno hoy (miércoles 14) en la Casa del Libro de Sevilla.
3) Los bebés. Entre tres meses y dos años, la edad mágica. Me encandila hablar con ellos en su lenguaje de alegría porque sí... y me encantaría enfurruñarme como ellos.
4) Los amigos. Queda moñas decirlo pero... adoro verlos, hablar con ellos por teléfono y etcétera etcétera.
5) Viajar a Algeciras un fin de semana. Y caminar por la calle ancha con María Eugenia mientras digo... ¡esta ciudad tiene un encanto oculto!
6) Viajar a Pampaluna. Sé que siempre hay una botella azul esperándome.
7) Las piscinas. Sueño con ellas...
Lo que me produce urticaria:
1) El alcohol. Nodisparenalpianista me está levantando fama de borrachuza, pero en realidad soy medioabstemia. Odio el descontrol y el desfase, los comas etílicos...
2) Los abstemios totales: son unos sosos. El vino se hizo para celebrar el mundo.
3) Las críticas y polémicas. No puedo con ellas.
4) Los que van de guais dejando tirado a medio mundo por el camino.
5) El aborto. El chantaje terrorista. Los insultos indiscriminados a la iglesia católica. Esto me suena de algo, lo he dicho ya...
Nomino a todos. Poned lo que queráis...
martes, mayo 13, 2008
Gustos y disgustos son no más que imaginación
viernes, mayo 09, 2008
Siempre llueve cuando compro un poemario
En la feria del libro de Sevilla sólo busco una cosa: la caseta de la librería Renacimiento. Y, en ella, el cajoncito de cartón repleto de poemarios que compro por cuatro cincuenta, cinco o seis euros, no más. Me siento como un mendigo revolviendo en un contenedor, pero lo que yo me llevo a casa son auténticos tesoros. Así conseguí hace años las Canciones del alba.
Este año se me fueron los ojos a las portadas con rombos de colores. No sé por qué, pero me alegran la vida. La felicidad es algo extraño, y a veces se concentra en un vaso de cocacola, con los hielos cantando su canción. En Pampaluna la vista de los autobuses urbanos me llenaban de una felicidad intensa e inexplicable. Y la lluvia puede producir tristeza o júbilo dependiendo de qué. Nadie lo sabe.
Compré la antología de Rudyard Kipling traducida por Benítez Ariza: es importante el detalle de quién traduce, porque leyendo Lepanto, una puede disfrutar alternativamente (páginas pares o impares) de Chesterton o de las versiones en español. "La novedad", por ejemplo, tiene el toque Máiquez, de alegría con sol, mientras que "El último disfraz" tiene el toque Cabanillas, de alegría reflexiva, noche y embrujo.
Ayer decidí buscar en el baúl de cartón el poemario de Salvago, Volver-lo a intentar. Y me puse a leerlo en el tranvía, acordándome de Girondo. En la calle abrí el libro de nuevo. Llovía. Un par de gotas salpicaron el verso "y me la fue vistiendo de hermosura". Llovía como en navidad, como en las páginas de Para siempre.
martes, mayo 06, 2008
Tres rabiosos rouges

Vale, sí, lo confieso: he dicho por activa y por pasiva que el mejor rojo de labios es el Russian red de Mac; nuestra historia es un extraño caso de amor en la distancia. Aunque nunca me lo he comprado lo probé en varias ocasiones (en una de ellas me maquilló una de las profesionales del stand) y, como dijo Silvio, "no se me quita de las ganas". El problema es que, en el fondo, dudo que a mí me quede realmente bien, por eso nunca lo compro. También el Passion, de Chanel Rouge Allure es uno de esos rojos unoversales, un Rojo con mayúsculas. Pero para las que lo quieren un poco más rebajado hay otras opciones, y de ellas voy a hablar hoy.
La primera es uno de los nuevos labiales So rouge de Bourjois llamado Rouge Dress Code. Bueno, bonito y barato. Me lo compré en el Corte Inglés de Pamplona y, aunque pueda parecer un poco de cabaret ya que es poderoso (abstenerse tímidas), es satinado y resulta muy alegre, primaveral y "ponible" para ser un carmín. Combinado con un babydoll rojo y bailarinas es perfecto npara el día. Tiene base azulada of course, pero no tira a granate ni es tan mate y oscuro como el Russian Red. Si la aplicas con los dedos y difuminas emborronando puedes lograr el acabado de boca mordida o el efecto piruleta: el aliado perfecto es un poco de bálsamo labial. Recomiendo el de Olivar de Segura, que es orgánico, bío y español: tiene aceite de oliva virgen extra de Jaén y manteca de carité.
Existe una barra casi roja que da buena cara y es apta para todos los gustos y bolsillos: el Copper frost de Revlon. Un rojo cobrizo perlado que, a pesar de tener un matiz cálido, sienta muy bien incluso a las pieles claras. Sirve de comodín porque, si no tienes tiempo para base, polvos, coloretes y sombras, con un poco de corrector y este rojo tu rostro se ilumina.
Y, por último, el más rotundo y desde luego más exclusivo, el Christina de Nars. Ideal para una fiesta nocturna, acompañado por un little black dress, taconazos y sólo base y rímel en ojos y mejillas. En la página web de Nars lo describen como Golden Raspberry, y es tan bonito que duele mirarlo. Eso sí, tendrás que desembolsar treinta euros y viajar a Madrid para comprarlo, pero esto último es más bien un aliciente: así podrás visitar la casa museo de Sorolla, perderte en la librería del Círculo de Bellas artes y descubrir una orquesta sinfónica de cosméticos en la calle Fuencarral.
domingo, mayo 04, 2008
Roma bien vale un poema
EN UNA IGLESIA DE ROMA
En el claro zaguán
el frescor de las calles siempre en sombra,
el fuego de tus ojos aguardando,
el silencio de siglos esperándome.
lunes, abril 28, 2008
Planto cibernético
He borrado de un plumazo, sin darme cuenta, todos los mensajes que atesoraba en mi móvil. Ya sé que es una tontería, pero me cuesta mucho desprenderme de ese saco de palabras digitales que, desde la pequeña pantalla, gritaba que era mío. Mío.
Tú no lo entiendes, y me dices que sueles borrar cada mensaje que lees como si fuera a autodestruirse en cuatro tres dos uno*. Pero si Bécquer pensaba que un poema era la memoria viva de lo que se ha sentido, yo creo que cada sms era un pedazo vivo de mi historia.
En uno de ellos, Pablo me daba la gran noticia: era finalista del Adonáis. Enrique me amonestaba, ¿vienes al Puerto o no vienes?, y Cris susurraba aquello de "sólo tienes que tirarte del balcón". La señora de Beades me invitaba a comer en su nueva casa. Nico me anunciaba que estaba esperando un hijo.
Sonsoles me dijo "ven al Policarpo, se me está ocurriendo una idea", y aquella noche cemanos bajo las estrellas un cuarto de libra con queso. Una muchedumbre de amigos me felicitaron por mi tesis recién defendida, alguno incluso entonó el Gaudeamus igitur. Y Merl me felicitó por mi cumpleaños a las cero cero cinco del día quince con un "quería ser la primera"...
-No sigas, no sigas, que me deprimo.
-¿Lo entiendes ahora...?
(*) Esto lo he copiado de una entrada en algún blog, pero no recuerdo cuál.
viernes, abril 25, 2008
Creación

Dios crea cada margarita separadamente, pero nunca se cansa de crearlas. Puede ser que Él tenga el apetito eterno de la infancia. Porque nosotros hemos pecado y envejecemos, pero nuestro Padre es más joven que nosotros."
-GKC-
La vida está hecha de postales, de tazas de café y servilletas que resbalan al suelo, y en el hilo de un segundo entre la mesa y las baldosas blancas, si captas el flash de una sonrisa te puedes enamorar. Ése es el juego, y ayer decidí aceptarlo.
El protagonista de mi tarde fue un niño rubio, de dos años, que miraba una silla como si fuera la primera silla en el mundo. Tal vez para él lo era. Y luego levantó la vista y me vio.
Para un niño todo es nuevo, un niño tiene siempre un poco de filósofo y otro poco de poeta. Por eso me hace pensar y me agrada el entusiasmo que algunos de mis amigos sienten por los muñecos que exhiben en sus salones. Una espada con láser infrarrojo en manos de un poeta es un símbolo: es igual a un columpio o un vaso de fanta de naranja para mí. No sólo nos devuelven una vida primera en que fuimos felices y desconocíamos palabras como Hipoteca y Atasco. Nos lleva también al origen del misterio, al primer asombro.
He dicho algunas veces que lo peor de mi vida estuvo en mi adolescencia: de los quince a los ventidos años no fui feliz, pero antes lo había sido mucho y después lo sería aún más. Ahora pienso que a los quince encerré mis muñecas en el armario y dejé de jugar por pudor, tal vez por puro sentimiento del deber. Me perdí por un camino de persona mayor y no encontré la salida del túnel hasta que comencé a tomarme en serio mi vocación de poeta. Jugar con las palabras fue mi salvación.
P.S.: La muñeca de la foto es de La boutique de Lupita.
miércoles, abril 23, 2008
I per Sant Jordi ell li compra una rosa...
Me gusta Serrat, pero me pone triste. Y no quiero estar triste. Sin embargo, Serrat me recuerda que hoy es el día de Sant Jordi, el día de las rosas y los libros. Me gustan las rosas amarillas y los libros de poemas, de crítica literaria, de teatro.
Hoy pensaba recomendar algunos libros; es el día. Y comienzo con la antología de Miguel D´Ors publicada en Númenor, que es un libro increíble. Aunque si alguien consigue la antología de La Veleta, Punto y aparte, ¡debe comprarla!
"Poesía la de siempre", es mi consigna, y no me canso de recomendar poemarios como Casa propia de EGM y Europa de Julio M. Mesanza, ambos de Renacimiento... Pero también os sugiero dos libros recientes, ambos de la coleción Adonais: Un poemario, de Teresa Soto, y Discurso de la Ceniza, de Pablo Moreno.
¿Qué libro estoy disfrutando últimamente? Para entender el Quijote, de Ciriaco Morón. Es una auténtica delicia, una joya científica y divulgativa al mismo tiempo.
¿Un libro para leer en un lento sábado de lluvia? Sin duda Benzelá, de Jose Julio Cabanillas, (Pre-Textos), mientras escuchamos la preciosa canción "sábado por la tarde", versionada por Sole Gimenez.
Más libros imprescindibles: Por supuesto, Perder y ganar de John Henry Newman (Encuentro.) Y Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta (Acantilado.) Son aún más geniales sus cuentos, publicados en Pre-Textos.
"Hoy es el día del libro. - Sí, ya lo he quemado". Es un chiste ya mítico en mi familia, procedente de Eugenio o del Roto, no lo sé a ciencia cierta, pero el único libro que yo rompí (y pasé a mechero sus tapas) fue el libro de Matemáticas de tercero de BUP... Mucho tiempo después escribí un poema sobre aquel glorioso momento, tras recordarlo y tras leer los tres o cuatro primeros versos de En lugar del mundo.