lunes, abril 07, 2014

La dama duende, representada en Logroño... o cómo destrozar tres personajes calderonianos

El sábado fui al teatro.
Me arrebata el teatro, por eso soy calderoniana pura. Me gusta leerlo y verlo. Me gusta Almagro, me gusta la Compañía Nacional de Teatro Clásico, me gusta el tenderete de libros que montaba Mar Zubieta en el festival, me gustan los congresos del Griso y me gusta recordar mis años mozos... y seguir leyendo a Calderón.



En Logroño acaban de representar La dama duende, a cargo de la compañía de Miguel Narros que es un director genial al que creo haber visto en Almagro alguna vez. Pero la representación no me gustó del todo, y voy a explicar la razones.
El vestuario y atrezzo fueron impecables, como lo demuestra el libreto que muestro en la imagen. La puesta en escena fue espectacular, la música maravillosa. Algunos actores no vocalizaban bien y por ejemplo mi abuela y mis tías que no conocían la obra como yo se perdieron muchos parlamentos.

Pero no es eso lo que me apena. Me dolió ver maltratados a algunos personajes, convertidos en bufones a todos los protagonistas masculinos.
En las comedias áureas hay un personaje cómico que es el Gracioso, que piensa "de tejas para abajo",  que siempre está hablando de comida y del otro aspecto de la carne más festivo, que a veces recibe mojicones, se cae, es cobarde, etc..., y todo entra dentro del mundo dramático del Siglo de Oro.
Pero es que en este caso todos los galanes eran graciosos. Los hermanos de la dama daban saltitos de rabia, se enfadaban en plan "pues no respiro", daban pellizcos en el trasero a la criada y hasta a su misma hermana... lo cual está fuera de lugar o al menos a mí me lo parece.
El galán principal, Don Manuel, teniendo a la dama subyugada viendo si es mujer o duente, de repente se quiere aprovechar de ella y hace un gesto como de bajarse la bragueta (bragueta que no existía en aquella época), y cinco minutos después le declama un soneto bajo una luz tornasolada.

Me dolió escuchar a mi abuela diciendo "no sabía que los personajes de Calderón fueran tan tontos".  Y salté con toda el alma, ¡es que no son así! Sin embargo, queriendo hacer justicia alabé la música, la puesta en escena, la genial caracterización del gracioso y de la dama y criada..., y el final tan lírico.
"Sí, repuso mi tía, pero no pega ni con cola con las tonterías que han hecho los protagonistas antes". Quise decirle que en las comedias del Siglo de Oro todo sucede así, hay mil enredos que se desatan solo al final..., pero me temo que se refería a lo mismo que yo pensaba: no es verosímil que un galán declare su amor en versos a una dama... a la que poco antes ha tratado poco menos que como una yegua.

lunes, marzo 17, 2014

poesía bucólica: pintadas

El sábado fuimos a pasear por el Parque del Ebro. Un pulmón verde, como se suele decir ahora..., que yo bautizaría como un pulmón muy bucólico.



Normalmente no me gustan las pintadas, aunque me recuerden la poesía de Miguel D´Ors, ("ni la menor pintada en ningún muro")... pero hay algunas que merece la pena contemplar.





Y, de vuelta a casa, encontramos esto debajo de un puente:


Por una vez, la tiza hacía juego con los árboles que le rodeaban:


Esto sí que es poesía urbana... y no algunos  cansautores (Beades dixit) que ladran en la radio farfullando sobre coitos y cañerías.

sábado, marzo 08, 2014

Lunes, nueve a m

Las calles azules. Por la mañana se me vienen encima, cortando mis bostezos. Las aceras bailan, todo se va encendiendo poco a poco. Una canción comienza a sonar en mi cabeza y se dispersa por el aire encantado. Los minutos, pocos minutos antes de llegar a la oficina, se agigantan y ruedan ante mí, brillantes.
Si subo a un autobús y te veo, el cielo parece fundirse con el cristal y los árboles se vuelven azules también. Si llueve, las gotas son de nieve, frías y blancas. Radiantes, con otro tipo de fulgor.

Los  primeros minutos del lunes son de un azul estrellado en una bola de cristal.

domingo, marzo 02, 2014

Ni de ciencias, ni de letras

Dicen que hay un libro que se llama así. Dicen que la distinción entre Humanidades y Ciencias es obsoleta y cansina, por no decir discriminatoria, y que todos deberíamos tener el ideal renacentista en nuestra mente, saber de todo y en profundidad y...
Pero la realidad es más terca y sigue produciendo seres absolutamente humanistas o absolutamente científicos, así, porque sí.

En este fin de semana, entre pincho de patas bravas y pincho de pimiento relleno, mi primo Rodrigo me pregunta:
- Si no hubieras hecho filología... ¿qué habrías elegido?
Me detengo a pensarlo. Yo de pequeña no paraba de elucubrar lo que quería ser de mayor. Y desde los once años quería ser: secretaria de mi padre, escritora porque por aquella época empecé a llenar cuadernos, y profesora de universidad.
Sonreí pensando en lo generosa que ha sido la vida conmigo. Mis sueños de los once y doce años se han cumplido. Pero mi primo seguía esperando.

- Decidí estudiar Filología con catorce años, aunque yo hubiera preferido un poco más de literatura y un poco menos de lengua en la carrera. No están ni al cincuenta por ciento, en los planes que yo hice la lengua ocupaba un sesenta por ciento más o menos.
- ¿Habrías preferido una carrera solo de literatura?
- No, eso no es posible. Necesitamos tener una base sólida en nuestro idioma, pero para mí, las asignaturas de morfosintaxis, lingüística etc, significan solo eso, es como la base de la pizza... yo me quedaría con un 25% de lengua y un 75% de literatura...
- Pero, ¿y si no la hubieras elegido, entonces qué?
- Supongo que Historia del Arte.
- ¿Y si no?

Filosofía en Navarra, dije convencida. Y vi la decepción pintada en el rostro de mi interlocutor:
- Pero pero pero... ¿nunca pensaste en una carrera de ciencias? ¿Ni siquiera un poco?

viernes, febrero 21, 2014

Tres años en Logroño y en UNIR... y un poema para celebrarlo

21 de febrero de 2011: una doctora en Ciencias del espectáculo algo despistada aterriza en el Norte para trabajar en una universidad que está naciendo, para ver crecer un proyecto impresionante, para llenarse de ilusión y esfuerzo.
Hace tres años que vine a vivir a esta ciudad de piedra y vino.
Y lo voy a celebrar con un poema que no publicaré en mi libro próximo porque es menor pero que escribí en una de esas noches pensando en asuntos de oficina: Oda negra al Turnitin.

El Turnitin es una herramienta de pago que debemos usar los profesores que dirigimos trabajos de fin de grado: dictamina el porcentaje de plagio de cualquier documento que introduzcas, y además "chiva" las fuentes. El turnitin es el terror de los alumnos, pero lo que ellos ni vislumbran es el sudor frío que acomete al pobre director cuando se encuentra con un porcentaje al rojo vivo...

Por eso, y porque mis compañeros de oficina son el noventa por ciento de mi felicidad en la Rioja... aquí dejo el poema.

ODA NEGRA AL TURNITIN
(Dedicada a Mónica Clavel
y a todos los profesores de la Universidad Internacional de la Rioja que dirigen TFGs)

¡Oh, captador de plagios rutilantes!
Terror de las pantallas enemigas,
cuantitativo, inexorable, gris,
el dedo acusador de todo "paper".

El mundo era más fácil sin tu sombra
pero menos exacto, lo confieso.
Los alumnos te temen, pero menos
que yo, deshojador de margaritas.

Pues abro mi PC tan confiada,
pensando: "será todo blanco, limpio",
y sin piedad me ruges: "treinta y tres
por ciento". Di, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Eres la solución, dicen algunos
y no el problema, pero los sudores
acuden a mi frente por tu culpa,
chivato cejijunto  y cibernético.

viernes, febrero 14, 2014

Bajo la lluvia, en la estación de autobús... y sin un solo libro

Las estaciones de autobús son funestas. Te lo digo yo, que me he tragado unas cuantas. Saben mal, a rancio.
Recuerdo la antigua estación de autobuses de Pampaluna: paredes pintadas de amarillo pollo con desconchones. Rincones oscuros y jeringuillas. Señor con boina y nariz larga que me declara su amor infernal. Yo haciéndome la sueca y él, detrás. Y esta conversación:

- ¿Estás casada?
- No. (Pazguata de mí, por responder y por responder la verdad.)
- Entonces, ¡te casas conmigo?
- No.
- Mujer, entonces solo como amigos...
¿Como amigos nos casamos?, pensé. No dije nada más. Pero diez años después, revivo el ambiente de desconchón y decorado color yema de huevo.

Es domingo, salgo zumbada del hotel donde he pasado setenta y dos horas trabajando con breves intervalos de sueño y partidas de Monopoly con mis primos. Salgo pensando: por encima de Carlos Quinto me voy a Algeciras a ver a mi amiga Merl. La ciclo génesis explosiva me estalla en plena cara. El viento se me lleva el paraguas, que vuela volteado y yo agarrada a él. Lágrimas heladas y aparición de un viejecito que me grita:

- ¡De frente, de frente!

Y al cielo con ella, digo con él, mascullo.  Pongo el paraguas de frente mientras pienso que aquello también es un símbolo.
Pillo un taxi pero aún así llego a la estación de autobús calada, el abrigo hace chop chop y mis botas que en el Norte son impermeables, en Sevilla se ríen de mí.
Directa a la ventanilla. Compro un billete para Algeciras y veo que tengo nada mas y nada menos que una hora para disfrutar antes de mi viaje. Una deliciosa hora en el infierno. Fuera la lluvia golpea enloquecida.  Dentro hay un catálogo de miserias por los rincones.
Hay una gotera, y un hombre que tiene un ojo más grande que otro. Y claro, mira mal.

No sé dónde ir. Al fondo veo un cuartito guarecido bajo el cartel de "cafetería", y no hay casi nadie.
Entro y veo a una camarera joven, una pizarra donde pone "tenemos menudo" y un policía con porra.
- ¿Me puedo sentar aquí?
- ¿Quieres menudo?
- No, solo una botella de agua grande.

Al final pido también un trozo de tarta de manzana de plástico. Sabe a goma con gelatina y una lámina de manzana de verdad pegada, como un espejismo.
La camarera pone la radio. Suena una música de jazz, los cristales están empañados. De pronto me siento en casa, protegida. No tengo nada para leer, el móvil está casi muerto. Solo puedo pensar y escuchar la música para entretenerme.
Pienso en la lluvia, pienso en el viaje. Rezo un poco. Canto canciones de Dani Martín en mi interior cuando se acaba la música de Jazz. Me imagino a la camarera vestida con cofia y delantal almidonado. Y me imagino que el guardia de la porra es su novio cuando se despide de ella diciendo. "adiós, chiqui".


Subo al autobús entre cortinas de agua y mareas de viento. Le pregunto al chauffeur por el cinturón de seguridad, no lo hay. Me siento, tarareo los primeros acordes de Peter Pan de El canto del Loco y susurro: "Dios mío, Tú eres mi cinturón de seguridad". Arrancamos.

viernes, febrero 07, 2014

Cosas que no recordaba de Sevilla... o tal vez sí

En Sevilla los paraguas no se abren: se encienden.  Porque la lluvia ataca tan gris y diagonal que debajo del paraguas te sientes a salvo, como en casa. Una casa encendida.

En Sevilla hay taxis por la calle. La luz verde grita puedes, podemos, alegría feroz. Ver un taxi libre es ver mil mundos, mil viajes por hacer. Es ver tu día que comienza, saber que tiene mil pasajeros y luz verde, las puertas infinitas en un solo minuto de trabajo.

En Sevilla hay naranjos que sonríen. Son árboles de sol, bailando siempre.

Los taxis, los naranjos y la lluvia han sido siempre motivos recurrentes en mi poesía.  Y ahora me doy cuenta de que mis últimos poemas escritos en Logroño vuelven a reincidir en ellos: son un símbolo de plenitud, han trascendido. Los árboles y taxis sevillanos se mudan al Norte... en unos pocos versos.