miércoles, enero 23, 2008

La barbera del rey süevo lee Emma, de Jane Austen

La barbera del rey süevo lleva siglos leyendo a Jane Austen. Concretamente lleva disfrutando con sus novelas doce años, desde que en 1995 viera en el cine Sentido y sensibilidad, de Ang Lee. Jane Austen es lo suyo, dice, y se casaría sin pensarlo dos veces con Mr. Knightley o con Jeremy Northam. Sus simpatías por Gwyneth Paltrow datan de cuando actuaba en Emma, de Douglas McGrath (1996), una película deliciosa.

Mr. Knigthley compite en su corazón como mito masculino con el Aragorn de Tolkien, y han venido con el tiempo a fundirse en una sola cosa: un caballero oscuro y reñidor que de repente se muestra a nuestros ojos como alguien perfecto, radiante. "La primavera ha venido/ nadie sabe cómo ha sido."
En el caso de Aragorn, el milagro sucede cuando sonríe por vez primera, y dice aquellas palabras, "te pido una vez más que me permitas ser tu compañero", que convertirían en un Adonis a cualquier mortal sonriente, cuánto más al Heredero de Isildur. Mr. Knigthley es un galán más de andar por casa, sin esos aires de leyenda y ese porte de rey pordiosero, pero no es menos atractivo y sí mucho más accesible como ideal. Su luz va abriéndose camino entre la lluvia de sus silencios y brusquedades, como debe ser, luz oscura e incluso áspera que se va tiñendo de matices cálidos en cada página leída.

La barbera confiesa que su visión austeniana es puramente romántica y subjetiva, y no puede entresacar ningún párrafo superior a otro, porque la novela entera es un todo lleno de ironía tenue, intenso costumbrismo rural y honda introspección sicológica.

9 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

¡Pero qué bien citado
don Antonio Machado!

Antonio Azuaga dijo...

Falta esto: "la barbera es un encanto a flor de piel".

Rocío Arana dijo...

La barbera te da las gracias y se pone roja, lo que le faltaba...

macarena dijo...

En fin, gracias a esta insigne poeta descubrí a Jane Austen y este para mi ha sido su año porque me he bebido su obra entera y ya siempre sus personajes serán amigos entrañables con los que puedo encontrarme cuando lo deseo ( si el curro me lo permite).Yo, me quedocon Darcy por ese aire frio y orgulloso pero que gracias a LIzzy descubre el mundo.

Pero en realidad me quedo con Austen al completo, con Enma y Lizzy, con Anna y la terrible lady Susan porque parece mentira que novelas con dos siglos (uy casi tres, se me olvida el perverso siglo XXI) puedan enseñar tanto a las mujeres de hoy día. ME quedo con su fina ironia y su sentido del humor y con esta frase genial dque he leido hoy en Emma:

"La mitad de los placeres de la humanidad no son entendidos por la otra mitad"

Y esta que no sé de donde la saque pero la copie de alguno de sus libros:

" la sabiduría es mejor que el ingenio, y a la larga tendrá sin duda la risa de su parte"

Y gracias Ro, por regalarme a Jane Austen.

Y me reitero: Viva Colin Firth!!!

adaldrida dijo...

Colin Firth y Jeremy Northam son mis dos actores actuales favoritos, mis dos hombres... ambos protagonizaron películas basadas en novelas de Austen, ¿por qué será...?

batiscafo dijo...

¡Qué regalo de entrada! Gracias. Te debo una llamada. Lo sé.

Anónimo dijo...

Después de conocerte en persona me apetecía mandarte algo personal y real.

ANGELES Y DEMONIOS

El miércoles pasado operaron a mi hija Sara.
La pequeña tiene seis años. Las pasé bien putas. Gracias a Dios todo salió bien. Bueno, todo no….; alguien tiene que ir urgentemente al taller. Urgentemente.
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Nunca he creído en los ángeles. Esos seres asexuados, con careto de querubines, emplumadas alas y corporeidad antigravitatoria, no son de este mundo. Ni nadie los ha visto.
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Miércoles cuatro de la tarde. Entro con Sarita y su madre al hospital Nuestra Señora de América, en los madriles. Para operarla hay que firmar un documento que te viene a decir, que si la niña se va de este mundo, tu único derecho es enterrarla. Así de crudo.
Como no tienes otra opción, firmas el papel. El anestesista te pregunta el peso de la niña. Intentas entrar en el quirófano, y te dicen que nones. Así que se llevan a tu hija del alma, y tú te quedas bien jodido en un pasillo. Esperando y rezando.
Bajas a la cafetería y los ves a la primera. En esos momentos de la vida, en que cada minuto es un año, tu atención se dispara y no se te escapa ni una.
Son cuatro, ocupan la mesa del fondo, junto a la salida de emergencia.
Son los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. A saber: la muerte, el hambre, la peste y la guerra. Hoy se han disfrazado de conductores de coches fúnebres. Están en el hospital porque es su trabajo. Transportar fiambres.
Me acojono más de lo que ya estoy. Subo corriendo siete pisos. Pregunto por la doctora Alonso. Se está preparando para la operación. Me salto el control y consigo hablar con ella.
-¡Doctora, están ahí, son cuatro!
-Lo sé, siempre están ahí.
-¿Pero qué puedo hacer?
-Señor, no puede usted hacer nada.

Y te vas, y vuelves al pasillo, y lloras como un niño, y deseas que la doctora Alonso sea un ser humano feliz, y que anoche haya hecho el amor con su pareja hasta la extenuación, y que hoy sea un día muy lúcido para ella, y que no le tiemble el pulso, y que el anestesista no la cague.

Y te quedas, de pie, en un pasillo. Con cara de gilipichis.

Así que no puedo hacer nada…, de eso nada monada.
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Me bajo al parking. Desengancho la cabeza tractora de mi trailer. Maniobro marcha atrás hacia la salida del mortuorio. Saco todas las cadenas que tengo para conducir con nieve. Las armo, una tras otra, hasta formar un tirante de diez metros. Engancho un punta al eje trasero de mi Volvo. El otro extremo al eje delantero del mercedes del servicio funerario. Bien sujeto.
Arranco el motor. Sin moverme subo revoluciones. Llego a las cinco mil. Piso embrague. Engrano segunda con reductora.
Respiro, pienso en mi hija y levanto bruscamente el pie del embrague.
Los neumáticos de mi Volvo rasgan el alquitrán. Se forma un nube azul. Salgo disparado. Me siguen mis cadenas y el eje delantero de un mercedes.
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Hoy ese coche no se mueve ni de coña.

Aparco donde puedo. Subo a planta. Espero y desespero.

A las ocho de la tarde sale la doctora Alonso. Está sudando. No sé lo que cobrará la señora, pero hoy me parece que se ha ganado el sueldo.
Me dice que la niña está bien, que no me preocupe.
Yo la abrazo, le doy dos besos y rompo a llorar como un magdaleno
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Nunca he creído en los ángeles. Esos seres asexuados, con careto de querubines, emplumadas alas y corporeidad antigravitatoria, no son de este mundo.
Pero se que al menos existe uno.
La doctora Alonso.

Con unas alas blancas, rasgando el horizonte.

ATENTAMENTE. DRIVER.

Benita Pérez-Pardo dijo...

Me encanta Jane Austen!. Viste la peli de la joven Jane Austen?. La verdad es que no es muy buena pero me gustó-

Orgullo y Prejucio que buena!!!

Néstor Aparicio dijo...

No sé si me leeré Emma, porque -por ahora- me quedo con tu entrada.