jueves, noviembre 11, 2010

LLegaron libros

Estoy en deuda de gratitud con Javier Sánchez Menéndez, director de la Fundación Ecoem y editor de Siltolá. Siempre me envía sus libros y siempre los recibo con la misma ilusión de colegiala: el paquete marrón cruje en mis manos, al rasgarlo, y del interior oscuro sale a la luz un aroma de papel recién hecho, de tinta fresca aún.


LLegaron a mi casa tres libros como tres caramelos: alegres y coloridos por dentro y por fuera. El de Corina Dávalos tuve el placer de ver cómo nacía, de impulsarlo y hasta de corregirlo, y ahora que lo veo ya vestido de cuadros verdes, un verde esmeralda que enamora, hallo un nuevo poemario... más sereno, más brillante, más irónico y a la vez intimista que cuando lo conocí.



El sincretismo gobiena mi escritorio en estos días, ya lo veis: a los poemarios de Siltolá se suman Perder y ganar del beato Newman (sí, de nuevo estoy leyéndolo, ¡no me canso!), el beauty book de la revista Elle (maravilloso), el suplemento de belleza del Vogue que no me ha gustado nada y terminó en "el cubo de los papeles", El cuarto de hora de Oración, de San Enrique, y Sociedad limitada de Miguel D´Ors.
Todo se superpone ante mis ojos, en una sinfonía frívola y profunda.

7 comentarios:

Gadirroja dijo...

Como nos tienes acostumbrados la última frase de este post es totalmente poética. Este tipo de sincronías duermen juntas, también, en mi mesita de noche.Besos!

Anónimo dijo...

Adaldrida, creo que "El cuarto de hora de oración" es del P. Enrique de Ossó, ya san Enrique, fundador de las teresianas (las religiosas, no las del P. Poveda); no era carmelita. Soy antigua alumna de las teresianas en Madrid. Es una costumbre de los colegios de Santa Teresa empezar el día con el cuarto de hora. Hermosísima y útil costumbre, que recuerdo con gran cariño.

Adaldrida dijo...

Toma. ¡es verdad! Gracias...

Carlos RM dijo...

Acabo de gozar( que no sufrir) un episodio de dislexia bloguera. Leía esa entrada tuya y, no sé por qué, la leía como si fuera de EGM. Lo primero que me chocó fue la ilusión de colegiala; pensé, los colegiales también sentíamos/sentimos ilusión. Y seguí adelante. Todo encajaba: los libros de Siltolá, el libro de Anacó y su acompañamiento embrionario, el de Newman... Y en esto, oh cielos, el "maravilloso" beauty book de Elle, primer mosqueo, y luego el despreciado suplemento de Vogue; remosqueo. Lo que es estar cansado y no leer sólo con los ojos: seguí, y todo volvía a la normalidad: D'Ors. Pero qué cosa más rara, pensé de nuevo. Será que Leonor compra las revistas y lo quiere meter en vereda, como la suegra con las cremas y tal. Sólo al pasar a leer la siguiente entrada me di cuenta de que estaba Chez Arana...

E. G-Máiquez dijo...

Muchas gracias, CRM, por la desternillante confusión.

Adaldrida dijo...

¡Qué risas me has causado con tu confusión, Carlos! Y... cuánto honor para mí.

Adaldrida dijo...

Inefable tu comentario, carlos...