sábado, julio 28, 2007

Por fin es viernes

Ya estaba tardando, yo también, en organizar en mi casa una de esas fiestecitas donde se mezclan la comida, la poesía y el cine. Buko había traído Sacrificio, de Tarkovski, pero Joaquín dijo que por qué no lo veíamos rompiendo las copas y clavándonos los cristales en los ojos. Le dimos la razón. Joaquín además teledirigía el chovendo, un chovendo que hay en mi salón, bueno, puede que a chovendo no llegue porque no lleva paraguas, pero en la peana pone chovendo. Es un cura preconciliar negro y amarillo, enjuto de carnes, violentamente cerúleo... Eso y un monaguillo lampiño de porcelana, tamaño natural, son las únicas cosas de Iglesia que me han dado miedo siempre.
Joaquín le ponía voz al Chovendo. Yo lo volvía de espaldas "para no verlo más", pero él lo giraba poco a poco rechinando como una puerta y llenándome de miedo y risa: ¡Juaquín, que luego duermo sola! Luego quise grabarlo en mi móvil en plan politono, como el gañán o Bocaseca, y entonces él se puso muy serio y dijo: "¿Pues no quiere que hable un cura de madera?" Yo casi lo mato.
Vimos el jovencito Frankestein. La peli de mis ocho, nueve, diez y once años. Buko se durmió debajo de la pantalla, pero los demás no parábamos de reír. Duendes me ayudaba a llevar vasos a la cocina, qué majo. Se había acabado el guacamole que hice yo por primera vez, sabía bien pero no era verde. Bueno, yo creía que sí era verde. Beades me dijo que yo era daltónica, y que no podría nunca nunca pilotar un avión.

viernes, julio 27, 2007

La otra cara de la luna


Adaldrida soy yo. Hoy me apetece dar explicaciones: las explicaciones son, claro, sobre mi persona. Ya hay quien dice que lo que aquí hago es striptease emocional, pero lo que a mí me preocupa no es el striptease sino la fama, se me habrá pegado algo de los caballeros de mi comedia.
Tengo mieeedo: miedo de quedar siempre bien en la foto, como Tintín en los álbumes de Hergé. Qué más quisiera yo que haber salido de la pura fantasía, como dice don Enrique Monesterio. Pero hoy no soy Adaldrida sino Rocío Arana, y no Rocío Arana la poeta, la de las fiestas, los amigos y la magia. Soy Rocío a palo seco. Incapaz de levantarse por las mañanas, incapaz de hacer régimen y controlarse un poco con los helados veraniegos. Incapaz de contar hasta diez antes de lanzar un exabrupto. Como el Capitán Haddock.

domingo, julio 22, 2007

La boda de mi mejor amigo

Ayer se casó Nico. La boda, en Sotogrande, "quizás un poco frívola", me dijo él con tono de niño que espera una reprimenda, fue fantástica. De frívola nada: se casaron en una ermita blanca, con un traje blanco [ella] y velo por la cara, como a mí me gusta. El cura, del Opus, dio bastante caña en la homilía por expreso deseo del novio, y en el momento de la Consagración la banda tocó el himno nacional, momento estelar que le valió a mi amigo el apelativo de facha durante el banquete. "Tío, pero qué facha eres".
Yo diría castizo y cosmopolita a la vez, a la vista del aperitivo, en el que reinaba el jamón ibérico, el sushi y el son de un cubanito. Y un frío aterrador, que se iba incrementado por oleadas de leyenda urbana, se dice se comenta que la cena será también al aire libre. No pude creerlo, pero al fin era verdad. Me compadecí de las espaldas desnudas y escotes generosos, que por una vez no levantaban calor sino frío. Yo sólo llevaba desnudos los brazos y la mitad de las piernas, y mi padre se ofreció a ir al hotel para traerme algo de abrigo. Pero sólo había en mi maleta una cazadora playera de rayas que no combinaba, vaya por Dios, con el vestido de Naf Naf que mi madre me había traído de París.
En la mesa, Beades hablaba hasta debajo del agua con un antiguo amigo de Altair (¿quién no conoce a Beades? ¿Quién es ése de blanco que está con Beades?...) Le oía, como en ráfagas, ir y venir de los anticonceptivos al Concilio Vaticano II y de la libertad a los designios divinos. Las mujeres decían si no podíamos hablar de lo que se habla en las bodas, o sea, trapitos, amigos comunes y menús de boda. Se lleva mucho la vieira gratinada, iba a comentar yo. Pero me venció el torrente Beades y dije: "dónde está, oh muerte, tu victoria".
Hubo música de la B.S.O de Grease, años ochenta, flamenquito. Yo bailé y bailé descalza, llevando los hermosos zapatos de Nicolás (la marca Nicolás, quiero decir), en la mano.

martes, julio 17, 2007

Beatles

Con el tiempo me va gustando más la música de Simon & Garfunkel y los Bee Gees que la de los Beatles, quién iba a decirlo. Con la obsesión que tenía por ellos a los dieciséis. Estuve todo un curso escuchando sólo dos discos, uno de los Beatles y otro de Mamas & Papas, que aunque gritan me siguen entusiasmando. Mi padre, (¡mi padre!), me dijo que la batería de Ringo suena a hojalata, y no quise escucharle. Yo estaba muy orgullosa porque habían empezado a gustarme dos meses antes de que estallase la beatlemanía, que en realidad nunca ha dejado de estallar.
Lo malo de los Beatles, lo que cansa, creo yo, es que quisieron ser algo más que cuatro buenos músicos. Quisieron ser un icono, y los iconos, si no están engarzados en el plano mágico de la realidad, acaban agotándose. Yo a una canción de Lennon & Mccartney le pido lo mismo que a un poema de Mesanza: que despierte mi alegría y mi tristeza a la vez. Por eso me gustan tanto los primeros álbumes, sin sicodelias, tristemente felices, creo que lo dijo Borges. Les pido que levanten en mí un deseo poderoso, y que no lo sacien del todo nunca, lo mismo que a un poema de Miguel d´Ors. Por eso vuelvo siempre.
Todavía hay canciones que consiguen eso conmigo: Girl, Across de universe, Ask me why, For no one. Y me río y me río con esa película tan gamberra, Qué noche la de aquel día. Pero quizás en mi discman, para escuchar un disco entero, elija a los Bee gees, o a Nena Daconte. O a Ella & Louis: Can anyone explain the wonder of love?

domingo, julio 15, 2007

La media naranja

No me gusta la cocacola light, pero es lo que suele haber en casa. Es uno de los restos de una dieta fallida, de la que sólo quedan los veinte largos diarios que nado en la piscina y el triste propósito de no picar entre horas. Es el régimen del fifty fifty: el McDonald prohibido, los helados, imprescindibles. Y de beber, cocacola light, que no me gusta.
Lo que me gusta es la fanta. Y los pastelitos de la pantera rosa, fantástica basura rosa que rescata mis veranos en Maestu, con nueve años y los bolsillos del peto blanco reventando de chuches. Porque cuando yo era niña las porquerías estaban prohibidas durante el invierno. Y durante el verano también, sólo que en Maestu la ley perdía vigencia debido al poco apoyo de mi abuela, que decía: los padres educan, los abuelos deseducan. Y financió un concurso surrealista de helados entre los primos. Ganó C. al zamparse catorce mikolosales de nata y fresa en una tarde, y es un récord recordado en la familia y elevado a la categoría de leyenda.
No me gusta la cocacola light, y por eso he inventado un remedio. Plan A, tirar la ristra de latas a la basura. Plan B: el refresco de la media naranja. Consiste en partir media naranja de zumo en cuatro gajos y dejarlos macerar en en vaso alto, con cubitos de hielo y la insípida cocacola. Diez minutos en la nevera. Así desfoga el useño refresco, se le va el gas sobrante y desprende un aroma de patio de naranjos que emborracha los sentidos. Me estoy aficionando tanto que ya me gusta más aún que la fanta de naranja...

sábado, julio 14, 2007

En El Puerto con EGM y Leonor

I. Enrique nos esperaba en el andén. Una estación puede ser la imagen viva de la soledad o de la alegría. Bajamos del vagón nosotras: Amanda, pequeña y pelirroja; Cristina, con ojos de sorna contenida y ese halo de bullicio sereno que suele acompañarle, y en este caso venía de nuestra conversación en el tren. Y yo, acalorada y envuelta en una bruma de agua termal, y con los labios pintados con el Kisskiss de Guerlain que se me está quedando en las últimas.
II. El Puerto me pareció un lugar salado y ligero, azul, con palmeras que me daban la bienvenida. La casa nueva de EGM y Leonor, un espacio blanco y luminoso, como una burbuja rodeada de árboles. Y en la que habitan ahora vi un desván lleno de libros. Había alquimia. Me sentí como en mi propia casa, sólo que en mi casa no hay escaleras suicidas ni perros que bajan y suben para convertirlo todo en un tiovivo delirante.
III. Hablamos de Alberti y de Rosales frente al mar. Un camarero italiano me dio dos besos, porque adiviné su lugar de procedencia. Las manos del mar acariciaban mi ropa, pero le dije bajito: "con este vestido de H&M no, hombre, ¿no ves que tiene tela fina?"

miércoles, julio 04, 2007

Una de sal y otra de arena

I. En cada ola canta una canción distinta, pero todas dicen lo mismo: "ríndete, entrégate." Y yo me acuerdo de aquella otra canción: "precipitó en el mar caballo y caballero, caballo y caballero..." Porque voy montada en un rulo verde y largo, de poliuretano, y al verlo el mar ha fruncido el ceño, para hacerme saber que no le gustan mis armas. No: a él le gusta tomarme por sorpresa, a la velocidad de la luna, mordiendo mi cuerpo y trazando con él dibujos en la arena... En cada surco ruge, estás en mis manos, estás en mis manos. Túneles y besos blancos se suceden a la velocidad de la luz. Y es un vaivén de alegría suicida, y yo siempre vuelvo.

II. Ha venido al mar mi primo Jots, de doce años, cabalgando en otro rulo. Bailando en el rompeolas parecemos estar en un tiovivo, pero pronto los rulos se trocan en espadas. Empieza el combate. Mejor dicho, el rulo nos sirve de acero y montura, y pronto logro tirarle del caballo. Ah, pero él me hirió en un hombro como un Nazgul. Decidimos unirnos contra el mar, al grito de "esa ola corre mucho, ¡a por ella!" La frase es de Jots, y yo la comparto.

lunes, julio 02, 2007

La votación II: Los resultados

Indiscutiblemente gana la frase 8, la de la vieja solícita: Que topas, que topas, cohones. Es la preferida de EGM, de Batiscafo, de Anacó, de Benita, de Carlos, de mi amigo Pablo... eso suman seis votos.
Mención especial quiero hacer a la escrita por Carlos RM, que en plan serio es la que más ha gustao, y a la que aporta Macarena, fuera de concurso.

domingo, julio 01, 2007

Pelirroja


Un lector anónimo y cariñoso me ha preguntado si soy pelirroja, ¡qué ilusión! Por desgracia no es ése el color de mi pelo, pero si mis palabras me dan un ligero aire pelirrojo, no seré yo quien lo niegue. Uno de los pocos pasajes que de verdad me gustaron de Los Chesterton, de Ada Jones, es aquél en que Mrs Cecil Chesterton comenta que las heroínas de GKC tenían el cabello de un tono rojizo, como símbolo de aventura.
De hecho yo me imagino así a Auristela, protagonista de mi tesis, audaz dama calderoniana, con ese aura medieval y con esos destellos de oro rojo que desprende. Y así imagino también a Olimpia, la princesa prendida en cárcel de amor, "si es que amor prende con hierros". Alguien me pidió que regalara de vez en cuando alguna esquirla de mi comedia, ahí tenéis en canto de Olimpia según Calderón:

Huye pues, huye el peligro;
mas no te olvides, huyendo
de que tú la prisión dejas
y yo en la prisión me quedo.

Si es que Amor prende con hierros. También era pequeña y pelirroja Amanda, la amiga de Cris, y por eso ayer no hacía yo otra cosa que llamarla Olimpia. Olimpia es un nombre muy in, me dijo EGM, empeñado en demostrar mi status de niña pija. Que no, Enrique, que me gusta comer piñones en la placita de la Juncal. Pero, ya que estamos, nuestra visita a El Puerto y nuestra comida con Enrique y Leonor (¡felicidades!) pide otra entrada aparte, pues, como dice un amigo mío portugués, no se puede guardar la belleza en un cajón. Otro día.

viernes, junio 29, 2007

Sugus

Manuel me regala un sugus de color azul. El azul es mi preferido, sabe a piña, a flash de verano. Manu quiere que juguemos a pollito inglés en mi casa, pero está malo y tose, y su madre no quiere que los niños corran, se acaloren o se rían. De vez en cuando vamos a mi habitación para ver mi pez naranja. Descubren tesoros escondidos, la guitarra que me regaló Beades, el palo de lluvia, las cajas de madera tallada... Abren cofres y desbordan pulseras, anillos, tobilleras de las mil y una noche por el suelo, porque somos una banda de piratas y hay que saquear la ciudad perdida, yo soy la jefa, abren cajones, nada importa. Arden las hogueras a lo lejos, y luego el mar: "nos iremos en barco".
A la hora de partir un pañuelo de lágrimas, pero Manu me convence para que duerma en su casa. Este hijo mío va para presidente de gobierno, dice su madre. A la mañana siguiente, enmarañados en la cocina, nos volvemos a encontrar. Manuel me dice, desde sus siete años, que va a traerme "los mejores libros de la biblioteca de su padre". Espero. Vuelve en pocos segundos con tres tomos gordísimos. Son la Odisea de Homero, El Señor de los Anillos y El Quijote.

miércoles, junio 27, 2007

Frases geniales (La votación...)

He seleccionado diez frases geniales, unas en broma y otras en serio (o sea, todas "en brerio", como diría Carmen Martín Gaite...) Prometo, esta vez sí, publicar el resultado de la encuesta. Estas son las candidatas: ¡A votar!

1. El hombre es una explosión de alegría y caos (Paco Vals.)
2. Me suicidaría si no fuese por las agenditas (Prendes.)
3. ¡La cebolla es genial! (Beades.)
4. Este fin de semana voy a Madrid por encima de Carlos V. (Anacó.)
5. ¡Dolo, hija, deja el shocolate que te ansias! (Una vecina mía.)
6. ¡Raulino, bébete el fanta! (Una vecina de Merl.)
7. ¡Ya me has mojado el peine! ¡Como me vuelvas a mojar el peine te vas con tu madre! (Una vecina de mi abuela.)
8. Que topas, que topas, cohones (vieja solícita.)
9. ¡Perraaa! ¡Perra infernaaal! (Cutrefamosa del Cuore.)
10. Dar gloria a Dios sería como aplaudirle eternamente (Carlos RM.)

lunes, junio 25, 2007

Demonios son las mujeres

(...) Pero, ¿cuándo
ellas de nada se duelen,
como a ellas no les falte
almendrucos y pasteles,
chufas, fresas y acerolas,
garrapiñas y sorbetes,
despeñaderos y crines,
perritos y perendengues?


Así ve Calderón a las mujeres, diría algún crítico. Pero no. Así las ve el gracioso de turno de una comedia calderoniana. Y lo que prueba esta pequeña diferencia es que el criado Brunel se equivoca de medio a medio en sus apreciaciones, como buen gracioso. Él descarga su lengua brava contra ellas porque cantaron durante la noche, mientras su amo estaba a punto de ser ejecutado: ¡Demonio son las mujeres! Lo que no sabía es que con ese canto la arrojada dama estaba dando una clave secreta para que el galán pudiera escaparse. Por eso el caballero da un cariñoso tirón de orejas a su lenguaraz lacayo, diciéndole que, si supiera la verdad de las cosas, "acaso no murmurara". Y, de paso, Calderón nos deja una enumeración genial...

jueves, junio 21, 2007

Maquillaje caro (y entrada larga con reflexión sobre el lujo...)

El maquillaje caro nos deslumbra, por supuesto. Aunque, bien mirado, la premisa no es tan evidente. Quiero decir que hay muchas cosas baratas que a mí por lo menos me vuelven loca. El pan y las patatas, comida pobre, la mejor. El agua mineral Fuente primavera de San Benedetto, a pesar del nombre tan pijo y tan tachín sólo cuesta veintisiete céntimos en el Más. Y es una botella de dos litros. (Niña, ¿nunca te dijeron que hablar de dinero era de mala educación...?) Y los yogures de Macedonia marca P.M.I, es difícil encontrarlos, pero son buenísimos y... baratos. Y la ropa de H & M, que además es chic y voluptuosa.

Hablando de potis nada te sale regalado, dirían algunas, pero hay cosas ajustadas de precio, como las cajitas redondas de colorete, el agua termal de la Roche Posay o el fondo de maquillaje de la misma marca, que para ser oil free y sin alcohol y ser taaaan bueno, en mi opinión, sólo te cuesta dieciséis euros. Está bien.
Lo malo y lo bueno del maquillaje es que en seguida se asocia al concepto de lujo. Por eso nos atrae tanto el colorido de firmas como Guerlain y Shiseido, que encima son originales y eficaces. Y ni te cuento Nars, que sólo se vende en Madrid, en Ekseption: una tienda que tiene hasta guardia de seguridad, que por cierto intentó ligar conmigo. Eso fue antes de ver que no iba a comprar nada: tendría que haberlo deducido por mis pintas.
Por lo visto Nars tiene un colorete que es un hit. En tono melocotón con reflejos dorados, mmm... Y resulta que Bourjois tiene un clon del afamado colorete. Y otro clon de Chanel. Ah, pero eso no vale... Perdonen ustedes, pero yo seguiré comprando cajitas redondas de Bourjois por once euros tan ricamente, no faltaría más. Tiene colores geniales.
Lo que ocurre es que todos ansiamos el lujo, pero el lujo es limitado. Como dice Juan Arana, si tocásemos a jamón de Jabugo por persona, si se abarataran los diamantes, la cosa no tendría gracia ya. Por eso las ediciones limitadas causan furor, pero a mí me llenan de rabia. Yo soy una chica sencilla: si algo me funciona quiero repetir. Si éso no es femenino, lo siento mucho. Tiene mucha razón mi padre, cuando habla del lujo en su libro Filosofía de lo cotidiano...

martes, junio 19, 2007

¡Follonen, spilen! (Verano del ochenta y tres)

Escucho incansablemente dos canciones: En qué estrella estará, de Nena Daconte, y Sólo pienso en ti, de Miguel Bosé. Todo da vueltas en torno a una escalera roja de caracol, un poco despintada, que había en Münster cuando yo tenía seis años. Viajamos en barco hasta Bonn durante aquel verano. Nos bañábamos en una piscina olímpica, cubierta. Y fuimos a la casa de Beethoven.
Mi padre me dijo que Beethoven era sordo. Dijo era, pero yo no reparé en el tiempo pasado y pensaba que el tal Beethoven era uno de sus muchos amigos filósofos. Entramos en aquella casa museo y había un par de vitrinas, una con un piano viejísimo y otra con una trompetilla que la gente miraba con veneración, ¿por qué? Y yo mirando por los rincones, buscando juguetes para jugar, o al menos niños para hablar con ellos. Los hijos de Beethoven debían estar escondidos detrás de alguna puerta, qué tímidos. Es increíble lo que pude aburrirme allí, rodeada de partituras amarillas, resquebrajadas como reliquias.
Pero también estaba la escalera roja, y el niño ése holandés y rubio: jugábamos a bicicletas sin hablar casi. Sólo nos decíamos "spilen" o algo así, que significa jugar en alemán. Y yo también decía: "Follonen, spilen". Porque el niño se llamaba Follonen. Eso me dijo. Luego, en España, la gente se reía mucho cuando decía yo su nombre y, como en la tarde aquella del museo, sin pillar ni una me preguntaba incansablemente, ¿por qué?

lunes, junio 18, 2007

Sed de poesía (o cómo apretar el tubo)

Tenía veinte euros en el bolsillo, íbamos a la playa y se me estaba terminando la crema hidratante: tres datos que confluían el sábado por la mañana dentro de mi ser. Decidí bajar a la parafarmacia y comprar allí un tubo de Toleriane, de la Roche, para pieles sensibles: doce con cincuenta. Pero, ya en la calle, brillaba en mis pupilas el escaparate de la librería Beta. Cruzar un semáforo y adiós, mis veinte euros. Adiós, ilusión de crema que hidrata y que suaviza, de textura oil free y con un ligero olor a pera. Bien mirado, me decía yo con la antología de Mariscal en una mano y Soy en mayo de Mesanza en la otra, me queda un resto de Pure A de Garnier, que hidrata, matifica y limpia las imperfecciones cutáneas. Hay que terminarlo, quizás, apretando un poco. Voy a preguntar qué valen estos dos libros.

En el mostrador el chico me sonreía. Ahí viene la que nunca me pregunta por lo nuevo de Dan Brown. Éste (y señalaba), diez euros. Este otro, nueve. El billete dio un brinco en mi bolsillo, silbando que quería convertirse en dos hermosos poemarios. La poesía hidrata, pensé. Y apretar el tubo de Garnier fomenta el ahorro, fortalece los músculos del brazo y favorece el juego de muñeca.

domingo, junio 17, 2007

Fin de semana

El mar estaba gris y llovía en el agua... El viento me empujó a casa y a los libros, a ese apartamento de gran ventanal desde el que veía el mar plomizo y enfadado. Enfermo. Los libros eran dos: la historia del teatro del siglo diecisiete y la antología de Julio Mariscal, comprada al vuelo. La abro y es como abrir una puerta, y detrás mi infancia con sus tardes de brasero y lluvia. El cine exín. Mi muñeca Maite en un carricoche y la portera de mis abuelos diciéndome huy, pensaba que era un bebé de verdad. Y era un bebé de verdad. Y pasan las hojas y el libro nunca se acaba, los poemarios no se terminan nunca: empiezan. Empieza la historia de amor, la historia de exilio... "Rocío, estás como en otra parte". Exacto, estoy doblada en una página. Siempre vuelvo allí. Siempre estoy allí.

jueves, junio 14, 2007

Versos telefónicos

Sevilla me devuelve la voz de Beades por teléfono, como un torrente de chispas. Los versos telefónicos más sabrosos del mundo, a cualquier hora, corren desde su casa a mis oídos, abrigando hilos mágicos. Ya lo dijo otro poeta: Esa llamada tuya/ debería durar toda la vida. Una llamada que tiene mucho de alquimia y de taller, versos en construcción, con la impaciencia del primer descubrimiento. Si escribir es descubrir, con Beades escuchar es prendarse, sentir unos versos como droga dura, suplicar un correo urgente con aquellas palabras que ya forman parte de mi nostalgia, melancolía de futuro.
Ahora Jesús dice que se mete a fotógrafo, y yo le creo. Fotógrafo, poeta, músico, barrendero y espadachín. Un día le dije a su señora que me parecía una mixtura entre Chesterton y Hommer Simpson. El halago llegó a sus orejas, y parece que el segundo término de la ecuación fue el que le gustó más. Él mismo dice que crecer es sentirse niño, y son sus ojos de niño los que alucinan con la barra Kisskiss de Guerlain. Los que escriben como un niño. Los que fotografían un toldo que dice piruletas, con letras rojas que saben a verano despintado.

lunes, junio 11, 2007

Llamada

Como en una cabina telefónica
a la orilla del mar, digo tu nombre.
El mar me dice calla y el silencio
me devuelve las sílabas azules.

sábado, junio 09, 2007

Rebajas

En Sevilla el milagro se llama H&M... Qué falta de poesía, dirán algunos. Pero la tristeza, el muermo y el spleen son las tres formas de sida espiritual, te quitan las defensas para luchar o aún para pensar en otra cosa que no sea tu tristeza, tu muermo o tu spleen. Y contra la depre, rebajas.
El problema llega de la mano de los probadores, o sea, cuando los probadores te rebajan la autoestima. Más aún. Y la ropa te estresa. Y odias Zara y Mango, y no te enamoras de repente de un vestidito de Miu Miu que viste en un escaparate... A estas alturas te ronda la cabecita una duda existencial, que viene a conjurar los tres males anteriores y formar cuarteto: es que yo... ¿no soy femenina?
Entonces llega el milagro cotidiano. Con el equipaje sin deshacer, mi madre me mira a los ojitos y me dice: "Vamos a H&M". Y luego a Adolfo Domínguez, para educar el gusto. De Adolfo Domínguez me entusiasman sus colonias, sus collares étnicos y sus pashminas. Pero H&M ha conseguido lo que parecía imposible: volverme loca por las compras, como Sophie Kinsella y como el resto de las mortales. Tengo ya tres vestidos que me sientan de maravilla y no pasan de la cuarenta y dos (tallaje alemán, pero éso no se dice...)
Hoy he vuelto a casa con un blusón de tonos verdes, sandalias para el verano y un disco de Miguel Bosé. Sevilla la nuit me sonríe a través de una lluvia imprevista. "Para calmar tu saudade", me susurra. Tan bonita, tan gitana, tan morena...

jueves, junio 07, 2007

Ya


¡YA HAY DOS MIL/ VISUALIZACIONES DE MI PERFIL!

(digo, por aquello de la rima. Y como ya tengo más de treinta libros leídos y citados en mi tesis, sumo y sigo: ya son casi las dos,/ he bajado de la biblioteca y voy a comer/ con Anacó.

Brindaré con fanta de naranja, pediré arroz con leche en el Faustino: maderas y recuerdos, aires de taberna, personas que sonríen, huevos fritos con patatas... podrá no haber poetas pero siempre... ¡habrá poesía!