viernes, abril 10, 2009

Semana Santa en Sevilla

Dedico esta entrada a Carlos Rodríguez Morales.

De niña era yo una pequeña hereje: no me gustaba la Semana Santa. Tampoco aprendí nunca a bailar las sevillanas correctamente, ni tuve más de dos trajes de flamenca a lo largo de mi vida. Mi tesis era que uno puede ser sevillano hasta los tuétanos sin ser capillitas ni feriante. En lo segundo no he cambiado ni un átomo, pero en lo primero estoy poco a poco en camino de encontrar la verdad.
No me gustaba la Semana Santa por varias razones. La primera era que, si la pasábamos en Sevilla, tenía que privarme de las vacaciones en Logroño, que era y es mi paraíso familiar: una sola tarde con mis tíos valía para mí mucho más que todas las procesiones juntas.
Otro motivo eran las detestables bullas. Me provocaban lipotimias, me desmayaba. Las vírgenes me parecían todas iguales y además tenían cara de folklóricas. Ya digo yo que lo mío era blasfemia, pues qué tendrán que ver la Estrella con la Virgen de los gitanos, bellísimas ambas...
Y luego estaba la manía de estrenar. El Domingo de Ramos había que ir de punta en blanco, y el Jueves Santo, de punta en negro, y yo que lloraba con sólo ver un probador y que aborrecía sacar zapatos nuevos a la calle tenía mi cruz asegurada.
Y esa tristeza impuesta, porque sí. Luego fui sabiendo que no precisamente porque sí, sino porque mi Dios se moría, que es algo que tiene mucha enjundia; pero de niña me fastidiaba tanto silencio y tanta cara de zaguán recóndito.
¿Cuándo empecé a vislumbrar la verdad...? En mis años de carrera me aficioné al Cristo de Los Estudiantes, que se me aparecía como la Belleza absoluta. LLegó el Martes Santo y, tragándome la quina de la bulla, decidí acompañarlo. En algún momento vinieron mis tíos para ver la Semana Santa sevillana y nos lanzamos, la familia entera, a vivir la Madrugá. Nunca lo olvidaré, fue algo mágico. La Macarena iluminada, los balcones florecidos, el Cristo de los Gitanos cargando con su cruz... y con la mía. Terminé radiante de cansancio, llena de cera, con un par de quemazones del incienso, caminando por la Triana profunda en las primeras horas de una mañana llena de sol. Ya nada volvería a ser lo mismo.

9 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

¡Muy bien!

enrique baltanás dijo...

¡Ay, Rocío, la SS de Sevilla! Tan ambigua y tan ambivalente, con lo sagrado y lo profano mano a mano, como la vida misma.

Alejandro Martín Navarro dijo...

A mí me pasa lo mismo, sólo que de manera cíclica: cada año detesto las bullas y el cansancio de la Semana Santa, y cada año también hay algún momento sublime y sobrenatural que me reconcilia con ella. Sevilla ha inventado la obra de arte total. ¡Aprende, Wagner!

Carlos RM dijo...

Muchísimas gracias, Rocío, por la dedicatoria. Y por la entrada. Yo también comprendo ese punto de no retorno: ya nada volverá a ser lo mismo. Y gracias por recordarme que el Cristo de los gitanos no sólo carga su Cruz...

Anónimo dijo...

La Semana Santa es diferente en cada comunidad. Me gusta esa variedad pero creo que no podría soportar (dicho con todo el cariño), la Pasión sevillana. Yo me quedo con mi Jesús de Medinaceli.
Me alegro de que te gustase el Cantaloupe. El corrector de Nars es siliconado y tiene vitamina E pero no se especifica en el envase si es o no oil-free. No recuerdo los ingredientes pero creo que no lleva aceites. Yo lo uso como si fuese maquillaje en barra y queda mejor que la face fabric, de verdad. Estoy contenta.
Yo voy a cerrar el grifo. Me apetecían un par de labiales mates en lápiz y el Gilda pero tengo que ahorrar.

rosa dijo...

vaya! otra cosa en la que coincidimos,sevillana y además tb renegaba de la semana santa,a ello contribuyó un ex novio capillita que me llevaba a rastras por toda la ciudad para ver las procesiones en los sitios idóneos y yo hasta el moño de su indiferencia hacia mi,con el tiempo y la distancia,(ahora ya no vivo en sevilla),me he dado cuenta de que es lo más bonito del mundo,te das cuenta de lo que te pierdes cuando no lo tienes.

MacGregor dijo...

Esta catalana se “enamoró” de la SS sevillana el primer año que tuvo la ocasión de vivirla "in situ". Desde entonces, si puedo, no me pierdo una y si no puedo, ¡me quedo con las ganas!
Como muy bien ha comentado Alejandro "...cada año hay algún momento sublime y sobrenatural..." Es más, añadiria, ¡cada "levantá" responde a esa afirmación!.
¡Buena entrada Rocio!

Gonzalo dijo...

Hola... He llegado a tu blog desde "Pensar por libre"... y mirándolo por encima me he encontrado este post, y me ha sacudido el que yo soy sevillano y mis vacaciones las pasaba en Logroño, paraiso familiar de mi madre...

Saludos. Volveré con más tiempo a leerte.

Adaldrida dijo...

Bienvenido Gonzalo, a mí también me viene Logroño por mi madre. Creo que tenemos que formar el club de sevillanos-riojanos, ¿no...?