martes, junio 13, 2006

Chesterton y Peñalosa

Ambos hablan del mundo como algo mágico, fresco y recién creado.


LA NOVEDAD


¿Por qué me tiene que importar la Historia
por vieja y arrugada?
Para mí, las estrellas son tan frescas
como una carcajada
y el mundo es una narración fantástica
recién finalizada.

¿Por qué debo inclinarme ante la Historia
por seca y aburrida?
Los lentos árboles, los prados frescos
son una sacudida,
el ansia firme por trepar al cielo,
la fuerza de la vida.

Y los planetas y los soles del
silencio sideral,
para mí son los brillos de un instante:
el fuego artificial
que va lanzando Dios en esta loca
noche de carnaval.


C.K.CHESTERTON,
Traducción de Enrique García-Máiquez,
Lepanto.


***


RECETA PARA HACER UNA NARANJA


Contrátese a la primavera
para que diseñe los azahares,
es tan imaginativa la modista en velos nupciales,
sólo que trabaja unos días al año.
Los dedos de la lluvia
esparzan dos cucharaditas de azúcar,
esponje el aire los gajos de la cúpula,
se desentienda el sol de todo el universo
para teñirle la piel con sus pinceles
especializados en rojos,
añádase el barniz del otoño para sellar los poros,
qué envidia del pop-art y de las naturalezas muertas.
No toques aún esta naranja,
ponte primero de rodillas y adora como los ángeles,
fue hecha para ti en exclusiva,
para nadie más,
como un pequeño inmenso amor
que se cae de maduro,
que se entrega redondo.


JOAQUÍN ANTONIO PEÑELOSA,
Un pequeño inmenso amor.

4 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Preciosos ambos poemas. Y una curiosidad: el mismo Gilberto que aquí desdeña a la historia escribió muchísimo de ella, lo que demuestra que a los poetas se nos permite contradecirnos al ritmo de los latidos del corazón.

Jesús Beades dijo...

¡Este comentario lo tienes que poner en tu blog como una mini-entrada, Gran Enrique! ¡Vaya aforismo metapoético!

Enrique Baltanás dijo...

Siento curiosidad por saber que te decían de los Quintero en la carrera... aunque me lo imagino. Ya sabes que a Cernuda, quién lo diría, le gustaban mucho los Quintero. A mí también.

Rocio Arana dijo...

Pues ya sabes: apolillados, carcas, irrealistas en cuanto al lenguaje andaluz, faltos de méritos literarios...