viernes, diciembre 02, 2022

La puerta dorada

He soñado con nieve y con trineos. 

Parecía una película americana, pero era un sueño. Un grupo de niños y niñas, con trenzas y gorros de pon pon, te rodeaban con canciones preguntándote por tu primer amor. Preguntaban a una vieja con carrito, a un señor con periódico, me preguntaban a mí.

Sonaban los Bee Gees, tenía yo once años y recuerdo que pensé: enamorarse debe ser fantástico... Y pasó un vecinito de nombre italiano y ojos verdes, abriéndome la puerta cual caballero medieval. 

Me abría la puerta, recuerdo, porque estaba yo cargada de bolsas de la compra. Lo que no sabía él es que me estaba abriendo la puerta de las dudas, del insomnio, del sufrimiento luminoso. La puerta temprana de la adolescencia.

lunes, octubre 17, 2022

Un recital poético por el Día Mundial de las Escritoras

Llego un poco tarde, pero, ¡Feliz Día Mundial de las Escritoras!



Y ya que nos ponemos a celebrar efemérides, os regalo este recital que grabé para el décimo octavo Encuentro Internacional Poetas y Narradores de Las Dos Orillas que se celebró el pasado siete de septiembre en Uruguay. Ea.

viernes, octubre 07, 2022

Un señor con abrigo

 En otoño vuelven los abrigos. Los abrigos de hombre.

No sé por qué me fascinan tanto los abrigos de caballero. Me parece una prenda tan recia, tan de chimenea, tan del Norte... Un hombre con abrigo deslumbra, un señor con abrigo es un señor.

No es lo mismo un abrigo que una parka o que un chubasquero, aunque todos tienen su momento y su emoción. Toda la ropa masculina, si es elegante, me parece atractiva, ¿por qué será? Será, como dice Mark Twain en El diario de Adán y Eva, por eso mismo, por ser vos quien sois, por ser relativa al hombre y porque yo soy una mujer. Qué desfasado y políticamente incorrecto, Mark Twain.

Todo tiene su momento, sí, pero el abrigo permanece en el podio, aguarda en la cima. Recuerdo un abrigo de loden inglés, verde botella, tan lleno de misterio que  daba ganas de colgarse del cuello que albergaban sus altas solapas. Recuerdo un abrigo negro, ondeando al viento, que brillaba más que las estrellas en la alta noche. Pienso en abrigos de caballero en pasado, pero también en futuro: quién sabe qué noches de invierno me deparará el destino?

martes, septiembre 27, 2022

Cris Abad, in memoriam

Dos años he necesitado para hablar sobre ti.


Eras sofisticación y calidez, eras luz de vela y esa aguda sensación de estar en casa, pero a la vez eras esos planes total y absolutamente repletos de glamour que te marcabas a veces, "quedamos en la cafetería Nhube", " te llevo al chino de Carlos Telmo en el Soho Benita".

Eras la exposición de Balenciaga y luego merendar bocata de calamares en cualquier tasca de Madrid. Hablábamos de nuestros amores (con minúscula y mayúscula), y acto seguido comentábamos la última noticia chic de la temporada. Estabas al día. Tenías mirada de fotógrafa.

Te gustaba la barra de labios número 77, Asia, de Rimmel London, y te la regalé. Un rosa desnudo pero algo quemado y marrón que te sentaba divinamente. Y te veo en el cielo pintándote los labios frente a Dios, compartíamos ese gesto. Imagino a Dios riéndose a carcajadas contigo, se merece tu compañía.

Pudo elegir, y eligió. Hace dos años que disfrutan de tu risa de chimenea en el Cielo.


domingo, septiembre 25, 2022

Otoño, vuelta

¿Hola? 
¿Hooooola?
¿Hay alguien ahí? ¿Todavía?
Ha comenzado el otoño, me muero de pena de que los días se acorten y la luz palidezca, me apetece escribir y he terminado un nuevo libro de poemas.

Algunas personas, una o dos, me han preguntado por este espacio, este islote dormido, y he pensado, como dice Iz Diamond en El señor Wilder y yo, ¿por qué no?
¿Lo intentamos? ¿Os apetece? ¿Vuelvo?

sábado, enero 01, 2022

Vitoria, diciembre

 Vitoria, diciembre. El brasero de la casa de mis abuelos, donde me pegué un calambrón y me salieron dos botones de sangre en el dedo pulgar por enredar donde no debía.

La calle Vicente Goicoechea, a espaldas de la catedral nueva y con varios bares al fondo que gustaban a mi abuelo para tomar el vermú. 

Aquel Boulevard con columpios, una ruleta con barrotes de hierro azul que giraban, giraban a velocidad de vértigo y me hicieron salir disparada. Mis primos acudiendo horrorizados a ver qué había quedado de mí, y yo en el suelo totalmente cautivada, exclamando ¡he volado como Superman!

Aquella casa que tenía dos puertas y una alarma. La puerta blanca de la cocina era llegar y que Montse nos diera turrón de nieve, abrir la nevera y coger un kas de naranja.

La puerta noble, principal, era entrar y ver la Navidad en el árbol verde, eran los abrigos en el perchero y ¡qué frío hace fuera!, mejillas arreboladas y sin embargo, ¡qué bien se está aquí!

La casa de mis abuelos en Vitoria, aquel pasillo largo con un salón en un extremo y un cuarto de estar en el otro, mesas camillas con fotografías bajo el cristal, madera oscura, muñecas y mis abuelos con los brazos abiertos siempre, recibiéndonos.


sábado, octubre 23, 2021

Un poco de surrealismo

Me fascinan los cuentos surrealistas de Julián Ayesta  en los que hay un perfecto sentido sintáctico pero no hay sentido semántico. Es altamente liberador, voy a intentarlo:


Título: “Soy Elisenda del mar”


Coge un tofu de esos: Soy Elisenda del mar, nado por jardines sin fin, vuelo sobre delfines... Tiro papelitos que la vida me devuelve, rojos y azules, rojos y azules.

Anda, come tofu, túmbate en el diván y te contaré la historia de Nenfrú. No, ni que te pongas delicioso ni que te pongas verde: Nenfrú duerme hoy bajo mi cama.

No en los edredones, no. Ay, Nenfrú: es un gato muy meloso y se coge el edredón enterito para él. No he de permitirlo, no. He creado un lobby anti nenfrúes, claro está que choca frontalmente contra el lobby animalista. Pero es mi gato, ¿o no es mi gato? La razón me sostiene y me asiste.

La vida sería mejor si las letras flotaran por el aire, a su libre albedrío. Una B diminuta, una A gigante. Me desvivo, entro en combate, en singular batalla  con la A para cazarla y ponerla en la puerta de nuestra casa, como una nube, para que no te olvides de que te llames Ana. Yo no me llamo Berta, lo sé, pero me gusta: una hilera de diminutas bes en el pasillo. Concédeme este capricho, soy Elisenda del mar.


Bueno, hasta aquí llego, pero podría seguir. Juro que es altamente liberador.

viernes, agosto 13, 2021

Haiku del petirrojo (Teoría literaria en pleno campo)

 ¡Un pajarito!, me avisa mi prima, señalando a un petirrojo. Llamémosle petirrojo. Tiene el pecho rojito, colorado, diría mi madre. Salta en la valla, gorjea.

Seguimos caminando, hablamos de haikus. Que no se dice así, en plural se dice de otra forma. ¿Qué es un haiku?, me pregunta. Es algo japonés, ¿verdad?

Sí, es un pequeño poema de tres versos, respondo. Cinco-siete-cinco sílabas. Pero lo más importante es el contenido, que tiene que captar con intensidad una imagen. Tiene que captar el momento. 

Un ejemplo me pide a mí mi prima. Y, pensando en el petirrojo, le digo:


Un petirrojo
salta y salta en la valla
con el sol dentro.


¿Te lo acabas de inventar? Sí, claro, es un ejemplo. Y pensando un poco más, deseando explicarme, termino: un haiku en una fotografía en palabras.

domingo, abril 25, 2021

Todos me lo han regalado todo

Parece que no se estilan ni la gratitud ni la humildad.

Para una vez que un rayo de clarividencia te inunda y proclamas que tus colegas y jefes te han tratado bien, que te invitaron a tal o cual congreso cuando menos currículum tenías, que un renombrado pope de tu área de conocimiento te ha dado oportunidades y que un crítico literario te ha mirado con cariño, viene un indignado y te bendice con la frase de moda: "no te abajes tanto, que nadie te ha regalado nada".

Y encima se lo tienes que agradecer, pues a su manera ¡te está piropeando! Sólo que a mí se me antoja un piropo bien triste.

"Nadie me ha regalado nada": el mantra de nuestra generación, el Nirvana, el estado ideal. La lista de favores en blanco, no deber nada a nadie y los méritos propios creciendo cual tumor vociferante, pero benigno y ansiado.

Pues en esta cultura de la meritocracia, reivindico. Y digo que lo que más me enorgullece es lo que me han querido, la amistad de mis maestros, lo que me cayó cual lotería. Y digo que lo que mejor sabe es aquello que te dan porque sólo había un germen y a alguien le gustó esa semilla y quiso dedicarse a regarla. 

Así  quiero llegar a la plena madurez; orgullosa de todo lo que me han regalado.

jueves, marzo 25, 2021

Semáforos en rojo dando avisos

 Ayer, inmersas en un gran atasco, un volvo gris pugnaba por adelantar..., pero lo vimos detenido al fin, como nosotras, ante uno de los muchos semáforos en rojo. Ah el poder igualador del semáforo, pensé. 

Y en seguida se me vino a la mente la imagen del mar de Jorge Manrique, donde iban a morir los ríos "grandes e chicos", terrible democracia.

Últimamente pienso en la muerte, y es que a la fuerza ahorcan. Caen a mi lado mil y diez mil: ayer, un gran amigo de mi mayor amigo. Varada en el coche recité del tirón, de memoria, la última copla de Manrique, tan consoladora, con tanto señorío. "Y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera es locura.".

Así quiero irme, sin violencia, pero más difícil es ver marchar a los demás sin rebeldía. Manrique nos ayuda, no a resignarnos, que yo por naturaleza no soy estoica, sino hedonista... Las coplas nos enseñan a aceptar que la muerte no es una injusticia sino otro gran misterio, y que tampoco la vida de las personas que más queremos nos pertenece.

domingo, enero 31, 2021

Carmen Martín Gaite

Acabo de recordar cuánto debo a Martín Gaite: en mis clases de Didáctica de la Literatura, en el temario que estoy ultimando para un máster de creatividad, en el pie de las fotos que subo a mis redes sociales..., siempre se cuela alguna de esas frases suyas que tanto me impactaron cuando devoraba sus novelas.

Y mira que ha pasado el tiempo. Corría el año 2000 y Lord Scutum y yo nos hicimos amigos entretejiendo citas suyas. Luego llegó el verano y nuestra Carmina murió, y a nuestro modo le hicimos un homenaje. Luego se publicaron sus poemas en un libro póstumo y como poeta no me gustó tanto. Y luego empecé a leer a otros autores y parecía que la llama se apagaba, pero no. 

En mi opinión, uno de los rasgos predominantes en las novelas de Carmen Martín Gaite es cómo juegan sus personajes con las palabras, (Leonardo en La reina de las nieves, Baltasar en Los parentescos...) Cómo reflexiona ella a través de los protagonistas de suslibros  sobre el lenguaje como juego, ¡es una autora muy metaliteraria!

Mis recomendaciones son, curiosamente, sus últimas novelas: 

Lo raro es vivir (Anagrama 1996)

Nubosidad variable (Anagrama 2006, aunque no es la primera edición)

Irse de casa (Anagrama 1998)


Y, a modo de El barbero del rey de Suecia, copiando al gran EGM, comento o entresaco algunas j0yas de la autora que continuamente me vienen a la cabeza:

El motivo de esta entrada: "El secreto de la felicidad está en no insistir", de Lo raro es vivir. Lo mejor es que lo dice un personaje así como estoico y resignado, pero yo le he dado la vuelta y le veo el sentido luminoso: agradece lo que tienes y haz fiesta con ello, porque lo cotidiano deslumbra.

"La sorpresa es una liebre": lo dice Mariana León, el personaje que menos me gusta de Nubosidad variable (mi favorita es Sofía, claro). Pero la frase es tremenda por lo que tiene la sorpresa de saltarina, de imprevista y de cotidiana también, vamos, vuelvo a que lo cotidiano deslumbra y ya lo predijo Carmen Martín Gaite.

"Mayo me echa de menos", dice Sofía Montalvo, la deliciosa protagonista de Nubosidad variable.  Y añade que el uno de mayo es el aniversario de "mis bodas con el mes de Mayo". Cuando años más tarde me hice adicta a la poesía de Martínez Mesanza y compré su antología Soy en mayo..., también recordé a Carmina.

sábado, diciembre 26, 2020

Las mejores Navidades de mi vida

Hace muchos, muchos años, cuando yo era niña, luego chiquilla, y al final adolescente, vivía las Navidades en Vitoria, con mis tres primas, mi primo Edu, mis tíos, mis padres y, sobre todo, mis abuelos.




Solía coincidir con mis primos en el piso de Goya el fin de semana anterior a Nochebuena, el de la lotería, y en Madrid pasábamos lo que yo llamaba la pequeña Navidad: Una especie de ensayo ilusionado en el cual gozábamos de las luces madrileñas, del espectáculo de Cortilandia y del escaparate con sabor a tradición americana de la tienda Musgo. 

Nuestros padres ultimaban sus compras y nosotras soñábamos bajo mantas mullidas, nos bañábamos entre pompas de jabón Moussel y visitábamos la juguetería Thomas sin parar de hablar, esperar, hacer planes. Era ese momento radiante en el cual casi había llegado el objeto de nuestro anhelo pero aún no, y nosotros sin saberlo disfrutábamos de ese “todavía”...

Enseguida llegaba el 23 y aterrizábamos en Vitoria, y entonces eran los grandes abrazos de nuestros abuelos en el zaguán o en la cocina, depende de por dónde  entrábamos porque había dos puertas en aquel bendito piso de Vicente Goicoechea. 

Lo primero era rezar dando gracias por nuestra venida a la virgen, que era pálida como la porcelana porque era de porcelana, y tenía un manto de color merengue con puntilla y creo que un rosario rodeándola, como cordel que terminara de atar el regalo. 

Luego, colgar nuestros abrigos y asentarnos cada pequeño nucleo familiar en un cuarto. Y las urgencias de acabar de ordenarlo todo porque ¡teníamos que jugar!  Y adornar toda la casa con motivos navideños. 

Mi abuelo era un artista o mejor dicho un artesano, palabra que a él le gustaría más, y hacía trenes e imitaba el sonido de campanas por medio de palancas y poleas: Había un esforzado Belén encendido, con alguna nueva novedad a cada año que pasaba. 

Corríamos a contemplarlo asombrados, pero no era algo  para admirar sino para vivir. Bailábamos alrededor, colando algún playmobil o dinosaurio de goma que quería adorar, él también.  Siempre había algún pitufo en el portal, puesto allí por mi propia abuela, más niña que todos nosotros.




La tarde del 24 íbamos los primos a los cines Guridi, frente a una portentosa librería,a ver la nueva, la última película de Disney. Así recuerdo haber visto con ellos la sirenita, la bella y la bestia y Aladdín, en la víspera de todo, equipados con grandes bolsas de chucherías de la tienda Gretel, que solo en Navidad me estaban permitidas.

La noche de Nochebuena cantábamos villancicos mientras rodeábamos el Belén encendido de mi abuelo, villancicos normales y otros delirantes que hablaban de resplandores y de San José, sí, pero también de escaleras, frailes y chiguitos que corrían sin solución de continuidad. 

Y antes de cenar venían los regalos. Y, por supuesto, el favorito siempre era el regalo de nuestros abuelos. Nos daban dinero sí, mucho dinero a veces para escándalo de nuestros padres y júbilo nuestro, que esperamos el día 26 para salir en estampida, hacia la juguetería Kolkai  cuando éramos pequeñas y hacia For, Levis, Lola o la perfumería Ibarrondo cuando fuimos ya mayores.

Pero mis abuelos siempre envolvían ese dinero en algún detalle, un calcetín de Papá Noel, un muñequito o pequeño peluche dentro del sobre. Y no regalaban dinero ni fomentaban el consumismo: alimentaban nuestra ilusión y su increíble generosidad. 

***


En esta nochebuena tan rara, en Sevilla y solo nosotros tres, después de ver juntos la película Fantasía de Disney, cantar villancicos y rezar al niño Jesús, antes de la cena mis padres terminaron de resucitar ese espíritu regalándome una cruz de Jerusalén, un cuadro, un par de libros  y, sobre todo, algo de dinerito en un precioso calcetín de Papá Noel. 



viernes, noviembre 20, 2020

Pacheco, el amigo: in memoriam


La infancia, ese lugar al que siempre se vuelve. Es como una casa dorada. Buceo en mi interior y veo risas implosivas, debates filosóficos, misas en Triana. Y tú siempre estás ahí, en el centro.
A lo largo de estos días saldrán, ya han salido a la luz, escritos que hablarán de ti como el insigne filósofo, como el finísimo escritor. Yo solo quiero recordar al gran amigo que fuiste, que eres.

Y son más de cien imágenes: mi madre diciéndote: ven a casa y nos tomamos la última. Y tú: no, que me emborracho. Mi madre: pues no te ofrezco alcohol. Y tú, sonrisa pícara: ¡es que entonces no voy a tu casa!
Tal vez debería borrar este primer recuerdo que ha venido al papel, que no es honorable ni serio... Pero no quitaré una coma: sabías rezar y sabías beber, Chesterton aplaude.





El día en que os encontramos por la calle, a Inma y a ti, justo después de la petición de mano. Cómo sonríe a ella y cómo la abrazas tú. Ya es mía, dijiste, con un mohín de gozo admirado que en realidad gritaba a los cuatro vientos “soy suyo”...

Fuimos a despediros al aeropuerto porque os ibais un año a Inglaterra, y tú ibas a dejar de fumar, y tu hijo Edu te dijo: ya está, papá, tira la pipa. Miré su sonrisa y pensé, es tan especial porque es una mezcla perfecta de las de sus padres.

Cómo hablabas y cómo te reías cuando estabas en mi casa, en las tertulias de amigos. Escuchar voz era entrar en calor. Tu voz era casa, pero no una casa en calma sino una ruidosa, encendida: que incluso cuando yo era muy pequeña me sobresaltaba.
Eran los tiempos de mis terrores nocturnos. También me asustaba el ruido del aspirador, y de forma ingenua empecé a llamar al aspirador “Pacheco”...
Cuando te lo contaron mis padres, -qué vergüenza pasamos a veces los hijos-, te lo tomaste muy a bien, con risa incluida y esta vez algo más suave. Supusiste desde el primer momento que era porque te lo comías y bebías todo en mi casa, como un huésped agradecido.
Con el tiempo, cuando crecí, supe quererte más y más por esa humildad tuya, la de quien tiene frente a él su pecado siempre, como el rey David.

Cómo jaleabas mis poemas, cómo supiste consolarme las pocas veces que en tu hombro lloré. Lo bueno se va siempre, me dijiste. Y yo, optimista hasta el fin: pero entonces lo malo también se irá igual de rápido. Y tú: no, lo malo en nuestra percepción dura bastante. Y mi madre: no le hagas caso a Pacheco que es demasiado romántico.
Pero también eras vital, profundo y tenías profundas creencias. Y eras la viva estampa de la hombría de bien.

Recuerdo el último verano por el monte, hace tan poco, y cómo te veía yo, presintiendo toda una vida lograda. Ni por un momento sospeché que Dios recoge la fruta cuando está dorada y tan madura, en su mejor momento.


lunes, junio 08, 2020

Al son de trompetas

Ayer el cura dijo en misa que Dios es puro baile, porque en su origen la palabra Trinidad evoca una danza en círculo. Me imaginé a las Tres Personas bailando extasiadas, la Una de la Otra y las Dos de la Tercera. Y se me alegró el domingo por la tarde, la semana, el mes y el año entero.

Y no quiero ser irreverente pero los niños nunca lo son, solo imaginativos, y esto que voy a contar lo recreaba yo en mi mente de niña, como un mágico cine exín. Tengo que parar de usar esta metáfora, que parece ya una prenda veja y muy querida, pero es que de pequeña me montaba unas películas emocionantes imaginando a Dios.

Todo partía de la fiesta de la Ascensión, cuando el salmo responsorial dice: "Dios asciende entre exclamaciones, el Señor al son de trompetas." En realidad es aclamaciones pero en mi cabeza de ocho años me imaginaba a un coro de ángeles haciendo ahs y ohs muy admirativos, mientras Dios Padre inflaba los carrillos e impulsado por su propio aire se elevaba por los ídems.

Pero como para mí Dios siempre ha sido Dios Padre y el Señor es Nuestro Señor Jesucristo, pues me imaginaba al Hijo mirándole desde el suelo, sonriendo, y diciendo de repente, en un rapto de duelo juguetón: ¿sí? Pues yo subo más alto. Y se alzaba y subía supersónico, verdadero superMan y verdadero superGod, y su coro de ángeles no sólo exclamaba sino que se convertía en orquesta de jazz, ¡con trompetas y todo, el más chulo del universo!

Y me enorgullecía pensar que mi Dios era un Dios tan familiar que jugaba consigo mismo.

domingo, marzo 10, 2019

La chispa de la vida

Me preguntas cómo nace, cómo se me ocurre a mí de repente, sin pedir permiso, un poema.
Hay que utilizar cincel, hay que trabajar, quitando de aquí y de allí lo que sobra y lo que no suena bien. Pero el núcleo me lo dan entero, en un fogonazo de luz. Es como un relámpago, una música que me baila dentro, un flechazo de amor.

Viene cuando quiere, sin horarios ni calendarios, no tiene reloj. Tampoco discrimina lugares ni sabe de atrezzo: me recuerdo por la calle buscando con urgencia febril una servilleta para apuntar unas líneas. Claro que eso fue hace mucho tiempo, ahora con la aplicación de Notas de mi teléfono inteligente lo tengo todo a un clic de batería. Ay de mi móvil cuando duerme.

Y luego viene la serenidad, la profundidad, las horas oscuras pero necesarias de corte y confección. Horas, días, semanas de corregir y probar acabados, brillantes o ásperos, lo que convenga. Hasta que la prenda está terminada, y pasa a colocarse en su percha, que es la ilusionada página de un futuro libro, esperando su momento.

sábado, marzo 02, 2019

Vuelve El blog de Adaldrida

Hoy hace la friolera de dieciocho años que decidí tomarme en serio mi vocación de poeta, tras disfrutar de un  inolvidable recital de poesía dorsiana en Pampaluna.
Esto significa que cumplo mi mayoría de edad poética, y para celebrarlo, retomo con temblor este blog, porque me he dado cuenta de que necesito un sorbito de prosa poética en mi vida.
No prometo constancia, no prometo nada más que volver a intentarlo. Cuántas veces he tenido, volviendo a casa a través de las calles invernales o en el mismo autobús, intuiciones de ésas que merecen ser  plasmadas en alguna parte. Este es el lugar, este es mi lugar.
Y sé que al menos dos o tres, me estabais esperando.

domingo, noviembre 15, 2015

La teoría del fulgor

Me gustan las estrellas. Me gustan los cielos estrellados:los de verdad, pero más aún los de los cuadros encendidos, o las ilustraciones de literatura infantil, los planetarios para niños con filo dorado, los cuentos rusos con fondo de color azul noche.
Me gustan los relámpagos. El relámpago d´orsiano, ése que aparece, un instante, y que desaparece, gran descripción de la magia de un momento que refulge.
La teoría del fulgor afirma que hay personas que brillan, que son como un relámpago. Y queremos ese destello para nosotros, casi sin saberlo deseamos estar cerca de ese fulgor. Esta es una tesis que me inventé hace unos años, cuando de repente irrumpieron en mi vida varias personas que eran la encarnación empírica de mi incipiente teoría.
Y, por eso, hace unos días me quedé helada de calor durante la misa, cuando el sacerdote recitó unos versículos del Evangelio en los que Cristo dice de Sí mismo que es, o será, como el fulgor de un relámpago, brillando de un horizonte a otro. Emoción, emoción a raudales.
Dios siempre sabe llenar nuestro día con un minuto de belleza inaudita.

miércoles, noviembre 04, 2015

Vuelven los encuentros poéticos de otoño

... Y yo a mil kilómetros. Había, ya lo dije,una canción del cantautor Fernando Arduán, hermano de mi amigo Lord Scutum, que comenzaba así: "A mil kilómetros..." Pues asi estoy yo, así estoy yo, así estoy yo... sin ellos: mis compañeros, los poetas de Númenor que cabalgan de nuevo en noviembre al olor de las castañas asadas y el humo de leña que invade las calles de Sevilla.

El evento del otoño sevillano, oigan

Mañana se inaugura una nueva edición de nuestros queridos encuentros otoñales, gracias al trabajo del infatigable Fidel Villegas y a la ayuda de mis amigos poetas que tanto admiro. Recitarán Pablo Moreno, Paco Gallardo y Maria Eugenia Reyes, que por si no lo saben, es mi mejor amiga, Merl. Si estuviera allí, resucitaría este blog con la crónica más fervorosa y entusiasta que pudiera ofrecer a mi público lector.
Aquí en el Norte sólo puedo morirme un poco de envidia y recomendar la deleitable lectura que yo me voy a regalar a mí misma para consolarme otro poco: nada más y nada menos que las infinitas páginas de Lauda, el último libro de Pablo, de Años de piedra, el único poemario de Paco, y de El fabricante de ruinas, el libro con el que Merl ganó un accésit del Premio Adonáis. Pero supongo que lo mejor de la velada estará, como siempre, en los poemas inéditos recitados por cada autor, y eso me lo voy a perder... o casi.
Como primicia, y con el permiso de mi amiga Merl, les ofrezco una de las piezas inédita de la poeta María Eugenia Reyes Lindo que he tenido el honor de leer y seleccionar:

Un poema de Merl

Qué suerte tenéis... si vivís cerca de sur en este mágico mes de noviembre.

viernes, octubre 09, 2015

Regreso... hablando de Luis Alberto de Cuenca


Necesitamos poesía

Hace no mucho, paseando por el bucólico Parque del Ebro, tropecé con uno de esos feos y sucios garabatos que emborronan paredes agrediendo el paisaje y lanzando (habitualmente)  mensajes de borrasca a deshora. Mi reacción, que hubiera sido airada, se suavizó como por arte de magia, -la magia de las palabras-, al ver lo que rezaba el grafiti en cuestión: “Falta poesía, sobra miedo”.

Foto mía
Ni más, ni menos: una radiografía de nuestra sociedad pintada con trazos negros en un muro invadido por la hiedra. La he recordado en estos últimos días de septiembre, con el nombramiento de Luis Alberto de Cuenca como Premio Nacional de Poesía aún fresco en mis oídos.
Es una gran noticia, precisamente porque falta poesía y sobra miedo. Y la voz de Luis Alberto de Cuenca, el poeta que fuera director de la Biblioteca Nacional entre 1996 y 2000 y Secretario de Estado de Cultura bajo el gobierno de José María Aznar, ahuyenta los temores y alegra el corazón al crear belleza, esa belleza que tanto estamos necesitando.

Porque si la misión de un poeta es crear todo un mundo imaginario, un universo mágico en el que pueda esconderse y descansar el lector al leer cada uno de sus poemas, el nombramiento de Luis Alberto de Cuenca no puede ser más oportuno, un soplo de aire fresco, “una ducha en el infierno” como  silba uno de sus versos. Abrimos El hacha y la rosa, libro que recomiendo encarecidamente, y nos sumergimos en un planeta dorado repleto de sangre y fuego, hermosura y amor carnal: un viaje a la Edad Media con licencias contemporáneas que nos hace soñar. Y falta poesía que nos haga soñar en estos tiempos.
Una belleza épica y de tintes erótico-festivos, hecha de invocaciones a diosas blancas, vírgenes y heroínas de cómics:

 “Y sobre todo ella,
la que viene de lejos para velar tu sueño,
la que triunfa y se marcha,
Sonja la roja, la rival de Conan”.

Una belleza hecha de registros muy diversos, a modo de pléyade y retrato del hombre contemporáneo y clásico a la vez, en la que paganismo y cristianismo conviven precisamente para crear hermosura, una música que toca cuerdas distintas para despertar numerosas emociones a veces contradictorias en el lector: desfilan por sus páginas diosas y heroínas como acabo de nombrar, pero también hay lugar para una fervorosa oda a la Virgen del Carmen, “ reina de los espacios infinitos”, y conviven palabras como pudor y culpa junto a cierta persistencia en la imagen de una mujer desnuda bajo un impermeable, siempre rodeada de un halo legendario:

“Llueve como si fuera a morir alguien
por pecar con las hijas de los hombre […]
Dice, y del impermeable se despoja,
incendiando mis ojos , como siempre,
y prendiéndole fuego al universo”.

Una belleza  con un fondo de ironía que no hace otra cosa que agrandarla. La ironía que flota en el poema “El desayuno”, por ejemplo, suavizando la pasión y convirtiéndola en ternura:

“Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
“tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno”.

O como sucede en el poema “Eterno femenino”, en el que recrea una fantasía donde una serie de mujeres bellísimas le psicoanalizan y cuando se van a despojar de las ropas, se le ocurre pensar al protagonista del poema que tanta suerte no puede ser cierta,

“[…] De manera
que opté por escapar. Cerré los ojos,
me encomendé a mi madre y a mi novia
y, dejando el diván, salté al vacío”.

Y, por último, una belleza clara, que aunque no abandona el culturalismo, se lee con facilidad y agiganta la idea de adentrarnos, con sus páginas, en un universo maravilloso como de cómic. No en vano la línea clara, corriente poética en la que se suele encuadrar a De Cuenca, nace del cómic y fue abanderada por autores como Hergé. Para el creador de Tintín, la ilustración debía ponerse al servicio del la narración, y está al servicio del lector. Los versos de Luis Alberto de Cuenca también parecen estar al servicio de una narración lírica, y nos llegan con claridad luminosa aunque hablen de seres mitológicos, de guerras y de amores algo turbios. En el libro abundan los adjetivos que giran en torno a esta idea (diosa blanca, flor blanca), pero aparecen siempre como paradoja, una blancura que encubre la zozobra o el deseo culpable. Por eso encuentran eco en el lector del siglo XXI y llenan ese hueco que denunciaba la pintada del parque.
Y esta luz que nace de versos oscuros provoca también una pregunta en los lectores: ¿la poesía sirve para aportar luz (claridad) o misterio (oscuridad) a nuestra vida? Un poco de cada: en una reciente entrevista al periódico El País, el poeta afirmaba: “soy un poeta de línea clara que se está volviendo oscuro.”

domingo, julio 19, 2015

Adaldrida recita nueve poemas de Rocío Arana

Lo prometido es duda, me dijo en una ocasión mi amiga Merl, porque nunca se sabe si lo cumplirás..., pero aquí estoy de nuevo y con un vídeo recital:


Lo mejor es el momento en el que demuestro mis ineptitudes matemáticas y hablo de seis versos en un poema que en realidad tiene sólo cinco..., y el monentazo en el que digo que los árboles de Pampaluna cuando llueve se mojan... ¡como los demás!
Si queréis más... lo podéis pedir en comentarios.