miércoles, junio 24, 2009

La primera vez

Tarde lenta de esquinas en penumbra. Las horas en una librería transcurren sin sentirse, muy rápidas, y por eso mismo tienen toda la lentitud del mundo. Íbamos, Cristina y yo, sacando uno a uno los poemarios de las estanterías: Pedro Sevilla, Carlos Marzal, Rudyard Kipling.
Elena Medel: Mi primer bikini.
- ¿Qué te parece?
- Pues nunca he leído nada de ella, pero Buko no tiene muy buena opinión...
Revuelvo las primeras páginas como si hubiera viento, o como si estuviera aún medio dormida y las hojas del libro se mezclaran con las sábanas...

Tengo una enorme colección de amantes.
Me consuelan y me aman y con ellos mi ego
se expande y extramuros alcanza la azotea.


- Vale, ya he visto todo lo que quería ver.
Es injusto, me dice una alarma interior, juzgar a un poeta sólo por los primeros tres versos hallados al azar. Me pregunto qué diran de mí, si en una librería como esta abren uno de mis libros y pillan uno de esos poemas tontos, escritos en un día tonto. Pero no puedo evitarlo: de la misma forma caótica he llegado a amar para siempre a muchos autores, cuando mis ojos se cruzaron con un centelleo rápido en un poema casual. Empiezo a preguntarme cuál fue el primer verso que leí de Miguel d´Ors, el primero de Mesanza o de Eloy Sánchez Rosillo. Pero veo que eso es hacer trampa, porque los tres me deslumbraron en tres recitales, y luego, ya vencida y seducida, fui a buscar sus libros con nombre bien concreto.
Recuerdo que, cuando me regaló Miguel el precioso librito azul de Joaquín Antonio Peñalosa, tuve la suerte de leer en primer lugar la "Receta para hacer una naranja", que quedó en mi memoria como poema favorito de un poeta favorito.
Y que con Claudio Rodríguez fui de lo más formal: leí el primer verso del libro,

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don.


Y no hizo falta nada más.
Y que de la fuerza de unos versos de José Julio Cabanillas, bebidos literalmente en un taxi cuando ya anochecía, nacieron al menos dos poemas de Magia, mi primer poemario. Los versos eran estos:

Tercos nombres sonando. Tercos nombres de qué.
Subrayados, de oro, de islas, de mujeres.
Tercos nombres sonando con un siseo de bala,
susurrando posibles e imposibles,
quemando como un lacre, sellando cada vida.


Compré Para siempre, de Rafael Juárez, y leí, en medio de la lluvia, aquello tan bonito de Hogueras en la vega,/ dragones en el cielo. Y luego:

Como una llave dulce me trajo tu desnudo
el sueño, aquella casa de habitaciones claras.
Siempre hay niños que encuentran en la noche cerrada
pasadizos ocultos.


Y de Abel Feu: Crecen mis uñas, crecen/ por más que me las como. Verso prosaico como una calle desierta, y por eso mismo hermosísimo.

Y por último Ana Ajmátova me salvó, en una mañana de lágrimas, con este delicioso poema:

Él amaba tres cosas en el mundo:
los cantos de vísperas,los pavos reales blancos
y los desgastados mapas de América.
No le gustaba el llanto de los niños,
ni el té de frambuesa,
ni la historia femenina.
... Pero yo era su esposa.

7 comentarios:

Jesús Beades dijo...

Y eso otro de:

"Cómo callarme cuando el mundo grita
que hay extraños jardines debajo de la nieve".

Bukowski dijo...

¡Ole y ole el peaso de entrada! Ya se echaba de menos a la Rocío poeta más que maquilladora. Y cumples, y de qué forma. Los versos escogidos de Cabanillas son tremendos; pero yo soy fan. Los que menciona Beades tampoco están nada mal.

¿Ves como al final tenía razón con lo de la Medel? Ésa no vale ni pa estar acostá. Y eso que no leíste el primer verso de su libro Tara: "Dios está escupiendo sobre mi ventana". Pero qué dices, chiquilla.

batiscafo dijo...

No veas lo que me acuerdo del verso en cuestión, "nuestro" verso. "¡Estos días son un cuenco!". Qué gran verdad.

AFD dijo...

Yo con Buko: Olé y olé por la entrada sobre poesía. (Aunque Tatiana aún espera noticias tuyas sobre cómo desvanecer las pequeñas manchas en la cara...)

Saludos

Alfredo

Anónimo dijo...

¿Y de Ángel González...?

Buentes dijo...

Recuerdo el primer verso que leí de Claudio Rodríguez y es el mismo que tú colocas. Lo que vino después fue uno de los libros que más me han marcado. "Si tú la luz te la has llevado toda..."

También recuerdo el primero de Carmelo, que lo pasó Fidel en clase y era: "De amigos ando bien y me gusta enseñarlos".

Y el de Miguel d'Ors que creo que comparto con Juanjo porque también lo dio Fidel en clase: "Os dejo el río Almofrey..."

Y el de Eliot: "Vamos, entonces, tú y yo..."

Yo sí creo que los primeros versos son decisivos. No es una máxima, pero tengo entendido que los primeros poemas son siempre los mejores... no sé por qué (sé que no es así en algunos casos) pero es eso lo que me lleva a leerlos siempre. Un poeta decide la posición de cada poema, pero el primero es el que más claramente está elegido para estar ahí. Por eso, el primer verso y el primer poema suelen ser determinantes para poder ver las intenciones del autor.

Annabel M. Z. dijo...

Ha sido un placer leer esta entrada.
Saludos.