martes, mayo 03, 2011

Historia de la anodina y el hombre cañón

He tenido un sueño.
Un sueño como de película, rodado en blanco y negro.
Yo vivía en París, y quería alquilar uno de esos apartamentos ultramodernos que se ocultan tras una fachada antigua de piedra gris, portón con arco de medio punto y tejado de pizarra, en pleno barrio diplomático. Iba a visitar la casa que pretendía poseer y me la enseñaba un matrimonio, conduciéndome a lo largo de pasillos blancos, con techos entelados y cortinas inmensas. Pero yo sólo tenía ojos para mis anfitriones.
Ella me cayó mal desde el principio. Se parecía a Andie McDowell y era completamente anodina. Mi opinión, de todas maneras, era muy poco objetiva, porque me gustaba él.
Era todo lo que debe ser un hombre: elegante, alto, con manos poderosas y cierto aire intelectual. Olía a tierra húmeda. Sonreía poco y muy bien, con ráfagas de luz que iluminaban lo oscuro. Su mirada era también oscura y luminosa, de lluvia con sol deshilachado.
Me encandilaba abriendo puertas con sus manos de pianista victorioso. Sus ojos ejercían sobre mí la atracción de la piedra imán.
Terminé de ver el apartamento y bajé al zaguán por las estrechas escaleras con él acompañándome, porque debía abrir la puerta con su llave dorada. Al trasluz me giré para mirarle, con la puerta ya entreabierta, y bajando los ojos le dije que sentía hacia él la atracción de la piedra imán. Él se inclinó sobre mí sonriendo y me dio las gracias. Se alejó para subir las escaleras y yo me quedé en el ángulo de sombra, en el zaguán, esperándole. Se detuvo en el rellano, con el pelo alborotado por un rayo de luz.
Volvió hacia mí para besarme. Fue lluvia, fue viento. Sus manos caminaban por mi pelo hacia su patria última.
Nos fuimos de la mano hacia un lugar que ignoro. Sonaban los acordes de jazz de un disco antiguo, pero tras un segundo, ya despierta, supe que lo que sonaba en mi cabeza era los acordes de mi despertador.

7 comentarios:

Pilar dijo...

"de lluvia con sol deshilachado"

"sus manos caminaban por mi pelo"

¡Tus sueños son cautivadores!


P.D. ¿Qué pasó con tu entrada sobre tu novela perdida?

Adaldrida dijo...

¡Que la perdí! Jajajajaj en serio, la borré sin querer.

Pilar dijo...

Toma, por si la quieres recuperar. Mi reader no tira nada!


Una vez perdí una novela.
Una vez perdí una novela en un tren. Era un enorme libro de Wilkie Collins, y yo viajaba en un sencillo invierno, con frío azul de postal navideña y mantas de cuadros. Y libros que se olvidaban en el lejano vagón.
Pero no quería hablar de Wilkie Collins.

Yo he venido aquí para hablar de mi libro, si a diez escasas páginas en word se les puede llamar así. Al menos eran un comienzo, ahora no son nada. Un recuerdo que brilla, con el profundo destello que no tuvieron nunca y ahora poseen porque ya no existen.
Guardaba con negligencia mi preciado tesoro en un diskette. Disco de tres y media lo llamaba mi ordenador al reconocerlo. Por no sé qué ignoradas razones nunca hice el trasvase a mi PC: confiaba misteriosamente en ese rectángulo de plástico negro con horquilla metálica y pegatina donde había escrito las palabras "Paula Abreu".

Paula Abreu era rubia, joven y pintora. Pese a su juventud acababa de triunfar con una exposición ultramoderna y una periodista llamada Myriam Cardona estaba escribiendo un reportaje sobre ella. La novela estaba escrita a retales, combinando el género periodístico con cartas y correos electrónicos que dirigía Myriam Cardona a su jefe, Ignacio María Ferrer, comentándole cómo iba todo.
Hasta aquí llega el argumento. De repente un día el disco de tres y media se quedó atascado en mi PC. La disquetera se había tragado la parte metálica y mi ordenador estuvo en la enfermería durante toda una semana. La redación de mi tesina se retrasó y perdí mi novela para siempre.

Lo tuyo es la poesía, me dijo mi padre para consolarme. Comenzar una novela cuando se comienza la tesis es una idea muy mala. Y además los novelistas se odian unos a otros porque ganan dinero. Los poetas no sacan tajada de lo que escriben y por eso no se detestan ni desprecian tanto como los novelistas.

Yo pensé que mi padre no conocía mucho el mundo de la crítica poética, pero acepté su pésame.

Durante mucho tiempo he pensado en Paula Abreu, en Myriam Cardona y en Ignacio Ferrer. Siento por ellos una pasión extraña, inacabada, un cariño etéreo donde flotan restos de culpabilidad.

Gadirroja dijo...

Me ha gustado desde la anodina al beso culminante, roto por el mal agüero del despertador McDowell (en realidad, eran los celos de ella quienes te gritaban) jajaja BESOS!

PD: ¿Y decías que no estabas inspirada? ¡Anda y que le den a Erato!

Anónimo dijo...

¿Cuál es tu palabra favorita? me encantaría que hicieras un post sobre eso.
Mi palabra favorita es alharaca, me evoca el alboroto de mil gallinas corriendo sin ton ni son por un corral armando escándalo.

Merl dijo...

Cómo me gusta todo lo que leo por aquí últimamente, de eso no habíamos hablado...y por cierto, si supieras en qué página oficial he encontrado un enlace con tu nombre...me apuesto lo que quieras a que no tienes ni idea.
ja, ja, ya te contaré.

el Coco dijo...

Esto es lo que se dice una buena vuelta, mmmmmm...