jueves, agosto 28, 2008

Los adioses

Pronto dejaré Maestu, y son muchos los detalles que añoraré.
El olor a leña que desprenden ciertos rincones del pueblo, incluso en verano. El fondo de montes azules. El silencio tranquilo de las noches. El gesto ancestral de buscar agua en la fuente, con botellas de cristal antiguo, como de lechería.
Nieves despiezando magistralmente un conejo, entre olores de sangre, fruta y dulce de membrillo. Las ermitas perdidas en el valle, "mañana domingo misa en Apellániz." Hay cien angelitos en este retablo, dice mi tía Maite.
La hierba, el heno, los polvos de talco, el jabón Dove.
Septiembre traerá sus propios aromas nuevos.

7 comentarios:

Dulcinea dijo...

Qué bonito, Rocío. Qué vacaciones.

Pero vuelve ya que tienes la Bulla desatendida y revolucionada.

koizumi dijo...

Oh! que pena que se acaben las vaciones. Aunque cuesta volver siempre queda el regustillo del veranito. Ahora a afrontar el otoño con suficiente energía que quién sabe lo que nos deparará: ver a los amigos, hacer planes, preparar las próximas vacaciones, ... todo vale. Incluso cotillear las próximas poti-coles.

Dulcinea dijo...

Pues yo estoy de los nervios. El próximo lunes empiezo a trabajar.
Ay, que yuyu sólo pensarlo...

Néstor Aparicio dijo...

Cada frase es un mundo, un pequeño cuentecillo en cuatro palabras. Con luz y aromas propios.

José María JURADO dijo...

Estas prosas tan sensoriales, tan perfumadas, tan inocentemente elegíacas ¡qué emocionantes son!
Gracias, Rocío.

Juan Luis de Soria dijo...

Y llegará el otoño, y el invierno, y las fiestas en casa de Adaldrida, con olor a castañas en el abrigo oscuro, con poemas en los bolsillos grandes, con jarras de cerveza en el corazón dispuesto.

Rocío Arana dijo...

Gracias, Juan Luis. Eres mi héroe.
Y gracias a todos: me emociona que os gusten mis proemas: no sé nunca si son tonterías o no...