jueves, octubre 19, 2006

Rincón

Una entrada de Enrique García Máiquez me ha recordado la pasión que desencadenó el haiku en la boggosfera, allá por el mes de abril. Incluso yo hice experimentos y lo que salió más o menos fue esto:

Tarde en Madrid:
este sol que florece
sobre tu pelo.

(En Madrid, con mi madre. Sí, el pelo era el de mi madre, no el de un dulce amado.) Luego, jugando con mis primos, me nació otro haiku:

Niños jugando
con barro en las rodillas
y piruletas.

Hasta ahí nuestra historia. La entrada de E. G-M volvió a desatar el gusanillo, aunque un poco menos porque el genial Fernando do Vale sigue en su forzoso retiro, y él es el especialista. Ayer paseaba yo por Sevilla: lluvia, atascos y boquetes. De pronto, un sauce y dos palmeras. Y de pronto, la inspiración, en forma de haiku endecasílabo y alejandrino, o sea, de no haiku.

RINCÓN

Por fuera todo es fango, ruido, prisas.
Aquí, mi sauce y yo bailamos lentamente,
las palmeras se abrazan a la lluvia.

5 comentarios:

Jesús Beades dijo...

¡¡Grandísimo pequeño poema!!! No lo pienses ya más, que así es la rosa.

E. G-Máiquez dijo...

Eso; no es un haiku, y ni falta que hace, es un poema con la emoción por las nubes. Últimamente coincido siempre con el buen Beades: no le toques ya más, que así es el sauce.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Habría que poner de moda las soleares, que son más castizas.

piliap dijo...

¿Qué decir cuando hay tanto dicho?
Precioso, sin más

Pablo Buentes dijo...

Espectacular como siempre Rocío!!!