domingo, diciembre 24, 2023
¡Feliz Navidad 🎄!
martes, diciembre 19, 2023
Navidad en Maestu
viernes, diciembre 01, 2023
Uno de diciembre
domingo, noviembre 26, 2023
Lo que más me gusta del sol es la sombra
viernes, noviembre 17, 2023
POQUITAMENTE
Cunde la opinión de que un filólogo tiene que estar hablando siempre bien, casi en endecasílabos y de forma correctísima, vamos, que si estudiaste filología debes dar la impresión de haberte tragado el diccionario de la Real Academia Española en su versión más actualizada. Ni un desliz se te permite..., ¡y yo amo la creatividad!
Pues me rebelo, y me revelo como inventora de palabras. Y además, cuando menos te lo esperas.
En los últimos tribunales de TFM, ya nos habíamos quedado solas entre alumno y alumno mi compañera y yo, hay bastante "buen rollo" entre ambas, y quería decirle que podíamos esperar un poco a la siguiente sesión, tomarnos un pequeño descanso, que había tiempo. Ella me preguntó ¿cómo vamos?, y yo respondí casi sin pensármelo: poquitamente.
Poquitamente: me entendió a la perfección. Poquitamente es un estado mental y físico. Lo patento. Poquitamente se vive mejor...
Poquitamente, tra tra.
martes, noviembre 14, 2023
De pequeña me gustaban los robots
En invierno vuelvo a mi niñez, como si una puerta entreabierta me tentara con los primeros fulgores de una chimenea que se vislumbra al fondo.
Cuando menos lo espero, vienen a mi memoria retazos, retales de mi infancia. Los juegos en el jardín de mi urbanización, con tablones de madera. El despliegue de ejércitos de pitufos, cinco buenos y cinco malos, que montábamos Antoñito y yo para luchar toda la tarde: te ves a Papá Pitufo de malvado sencillamente porque tenía barba... azul. O espera, no: azul era el gorro.
Y hoy, "radiante de cansancio" tras un montón de tribunales de TFM, he recordado que hubo una época, en torno a los diez años, en la que me dio fuerte por los robots y los Transformers, influida por Antoñito también.
Los pedía por mi cumpleaños y Navidad: eran feos pero brillaban y se podían poner en mil posiciones. Fantaseaba un par de horas con el coche de montaña que si le volvías una pieza del revés era un dragón con dientes infernales ,y luego, antes del baño y la cena, me dedicaba a acunar con dulzura a mi muñeca Maite.
lunes, noviembre 06, 2023
El largo invierno (odio eterno al mes de noviembre)
miércoles, noviembre 01, 2023
Sevilla en Noviembre
martes, octubre 31, 2023
Eres Casa
Eres casa.
Nos reímos, lloramos, nos decimos adiós. Bailamos, bailamos siempre.
¿Por qué vives en el Norte?, me preguntas, con ojos de castañas asadas en una chimenea.
Porque soy Norte, respondo, con ojos de columpios dorados en el parque..., pero también soy Sur.
Por eso vengo al Sur, para que me regales mitones en diciembre, y susurres ¡qué frío!, mientras yo ocupo un abrigo fino de entretiempo.
Por eso vuelves al Norte, por primavera, cuando se abren pequeñas margaritas en mi jardín de Maestu.
Y así se construye una amistad de veintitrés años, en ia que tú conoces mis tremendos resfriados de garganta y yo adivino tus pellizcos insondables en el estómago.
Conocernos por dentro y seguir siendo casa, la una para la otra: el reto, la maravilla.
sábado, diciembre 31, 2022
2022, un año de efemérides poéticas (20 años de poesía)
"Que veinte años no es nada", y que el último día de dos mil veintidós, como quien dice, me he dado cuenta de que hace exactamente dos décadas publiqué mi primer libro de poesía...
Efectivamente, el muy querido Fidel Villegas tuvo a bien publicar mi primer librito, Magia, en la sevillana editorial Númenor, en 2002.
Del mismo modo, hace exactamente diez años se falló el premio Adonáis 2012 y yo gané el accesit que me permitió publicar mi cuarto libro de poemas, La llave dorada...
Cuánto tengo que agradecer: hoy es el bendito día en el cual estoy poniendo la última piedra casi, también como quien dice, de mi último libro de poemas, Víspera de todo. "Hoy es el primer día del resto de mi vida"...
domingo, diciembre 25, 2022
Un soneto me manda hacer mi madre (para felicitar la Navidad)
martes, diciembre 13, 2022
La vida es tan bonita...
sábado, diciembre 03, 2022
El cuaderno de Iker
Me acaban de pedir, (por Twitter nada menos, y un desconocido), que no abandone este blog..., así que aquí estoy para contaros otra historia surrealista de mi infancia.
Ayer os ofrecí un proema (poema en prosa, nomenclatura de Jesús Beades, de cuando se hablaba del blog como nuevo género literario), que glosaba mi, digamos, despertar al enamoramiento adolescente... Pero la primera experiencia que tuve, más o menos fingida, sucedió en Maestu, lugar bucólico por antonomasia para estos menesteres.
Éramos dos crías, pero de repente mi prima Cecilia dijo que le gustaba muchísimo un vecino que se llamaba, pongamos, Julen. Julen era rubio y guapo hasta morir, como como buen vasco. Mi despierta primita no se quedó contenta con eso, sino que intentó convencerme de que a mí me gustaba su hermano, así, por solidaridad.
Muchos años después, cuando nació mi vocación al Siglo de Oro, descubrí que este era el argumento exacto de una comedia Calderón, No hay burlas con el amor.
El hermano del susodicho se llamaba pongamos que Iker. Era canijo, dos años menor que yo y tenía pecas, pero también unos ojos bonitos y una gran simpatía así que dije: pues vale. Como yo aún jugaba con muñecas, lo incorporé en mi imaginación al juego y decidí que Iker era el padre de mi hija Maite.
Pero de repente caí en la cuenta de que el amor tenía que ser creativo... Ésta es una intuición que tuve a los diez años y que no me ha abandonado nunca.
Así que me compré un cuaderno en el estanco y me dediqué a pasar las tardes sentada a una mesa de piedra en medio de nuestra finca, dibujando a "mi amado".
Abro paréntesis para confesar que yo con diez años dibujaba fatal, pues tenía problemas motrices y en primero de EGB me suspendieron trabajos manuales..., pero Omnia vincit amor.
Dibujé a Iker jugando a pelota (vasca), saliendo de su casa que era un palacio, bañándose en el río, bajo la cascada, vestido de Superman... y vestido de romano, (sic). ¿Por qué? No existen porqués en esta historia...
Luego me dije que el amor tenía que ser generoso, así que dibujé las cosas que le regalaría a Iker, yo, que no recibía ni siquiera paga por entonces.
Así que tracé con torpeza las finas líneas de una pelota (vasca), una bicicleta de montaña, (rumbosa yo), y un cartabón y una escuadra, igual de surrealistas que el traje de soldado romano.
Por supuesto, nunca intercambié más que un hola y un adiós con Iker, cuando nos veíamos por las calles del pueblo, y el cuaderno me lo confiscó mi padre, vencido entre el orgullo y las risas, y se lo enseñaba a todas las visitas, ante mi creciente enfado.
Así que una noche, provista de nocturnidad y alevosía, (y de una linterna), recuperé lo que era mío..., y por supuesto con el correr de los tiempos, lo perdí.
Pero, inspirada en uno de los mejores poemas de Miguel d'Ors, puedo decir que acabo de rescatarlo, y que me estará esperando siempre, deslumbrante, en estas pocas líneas.
viernes, diciembre 02, 2022
La puerta dorada
He soñado con nieve y con trineos.
Parecía una película americana, pero era un sueño. Un grupo de niños y niñas, con trenzas y gorros de pon pon, te rodeaban con canciones preguntándote por tu primer amor. Preguntaban a una vieja con carrito, a un señor con periódico, me preguntaban a mí.
Sonaban los Bee Gees, tenía yo once años y recuerdo que pensé: enamorarse debe ser fantástico... Y pasó un vecinito de nombre italiano y ojos verdes, abriéndome la puerta cual caballero medieval.
Me abría la puerta, recuerdo, porque estaba yo cargada de bolsas de la compra. Lo que no sabía él es que me estaba abriendo la puerta de las dudas, del insomnio, del sufrimiento luminoso. La puerta temprana de la adolescencia.
lunes, octubre 17, 2022
Un recital poético por el Día Mundial de las Escritoras
viernes, octubre 07, 2022
Un señor con abrigo
En otoño vuelven los abrigos. Los abrigos de hombre.
No sé por qué me fascinan tanto los abrigos de caballero. Me parece una prenda tan recia, tan de chimenea, tan del Norte... Un hombre con abrigo deslumbra, un señor con abrigo es un señor.
No es lo mismo un abrigo que una parka o que un chubasquero, aunque todos tienen su momento y su emoción. Toda la ropa masculina, si es elegante, me parece atractiva, ¿por qué será? Será, como dice Mark Twain en El diario de Adán y Eva, por eso mismo, por ser vos quien sois, por ser relativa al hombre y porque yo soy una mujer. Qué desfasado y políticamente incorrecto, Mark Twain.
Todo tiene su momento, sí, pero el abrigo permanece en el podio, aguarda en la cima. Recuerdo un abrigo de loden inglés, verde botella, tan lleno de misterio que daba ganas de colgarse del cuello que albergaban sus altas solapas. Recuerdo un abrigo negro, ondeando al viento, que brillaba más que las estrellas en la alta noche. Pienso en abrigos de caballero en pasado, pero también en futuro: quién sabe qué noches de invierno me deparará el destino?
martes, septiembre 27, 2022
Cris Abad, in memoriam
Dos años he necesitado para hablar sobre ti.
Eras sofisticación y calidez, eras luz de vela y esa aguda sensación de estar en casa, pero a la vez eras esos planes total y absolutamente repletos de glamour que te marcabas a veces, "quedamos en la cafetería Nhube", " te llevo al chino de Carlos Telmo en el Soho Benita".
Eras la exposición de Balenciaga y luego merendar bocata de calamares en cualquier tasca de Madrid. Hablábamos de nuestros amores (con minúscula y mayúscula), y acto seguido comentábamos la última noticia chic de la temporada. Estabas al día. Tenías mirada de fotógrafa.
Te gustaba la barra de labios número 77, Asia, de Rimmel London, y te la regalé. Un rosa desnudo pero algo quemado y marrón que te sentaba divinamente. Y te veo en el cielo pintándote los labios frente a Dios, compartíamos ese gesto. Imagino a Dios riéndose a carcajadas contigo, se merece tu compañía.
Pudo elegir, y eligió. Hace dos años que disfrutan de tu risa de chimenea en el Cielo.
domingo, septiembre 25, 2022
Otoño, vuelta
sábado, enero 01, 2022
Vitoria, diciembre
Vitoria, diciembre. El brasero de la casa de mis abuelos, donde me pegué un calambrón y me salieron dos botones de sangre en el dedo pulgar por enredar donde no debía.
La calle Vicente Goicoechea, a espaldas de la catedral nueva y con varios bares al fondo que gustaban a mi abuelo para tomar el vermú.
Aquel Boulevard con columpios, una ruleta con barrotes de hierro azul que giraban, giraban a velocidad de vértigo y me hicieron salir disparada. Mis primos acudiendo horrorizados a ver qué había quedado de mí, y yo en el suelo totalmente cautivada, exclamando ¡he volado como Superman!
Aquella casa que tenía dos puertas y una alarma. La puerta blanca de la cocina era llegar y que Montse nos diera turrón de nieve, abrir la nevera y coger un kas de naranja.
La puerta noble, principal, era entrar y ver la Navidad en el árbol verde, eran los abrigos en el perchero y ¡qué frío hace fuera!, mejillas arreboladas y sin embargo, ¡qué bien se está aquí!
La casa de mis abuelos en Vitoria, aquel pasillo largo con un salón en un extremo y un cuarto de estar en el otro, mesas camillas con fotografías bajo el cristal, madera oscura, muñecas y mis abuelos con los brazos abiertos siempre, recibiéndonos.
sábado, octubre 23, 2021
Un poco de surrealismo
Me fascinan los cuentos surrealistas de Julián Ayesta en los que hay un perfecto sentido sintáctico pero no hay sentido semántico. Es altamente liberador, voy a intentarlo:
Título: “Soy Elisenda del mar”
Coge un tofu de esos: Soy Elisenda del mar, nado por jardines sin fin, vuelo sobre delfines... Tiro papelitos que la vida me devuelve, rojos y azules, rojos y azules.
Anda, come tofu, túmbate en el diván y te contaré la historia de Nenfrú. No, ni que te pongas delicioso ni que te pongas verde: Nenfrú duerme hoy bajo mi cama.
No en los edredones, no. Ay, Nenfrú: es un gato muy meloso y se coge el edredón enterito para él. No he de permitirlo, no. He creado un lobby anti nenfrúes, claro está que choca frontalmente contra el lobby animalista. Pero es mi gato, ¿o no es mi gato? La razón me sostiene y me asiste.
La vida sería mejor si las letras flotaran por el aire, a su libre albedrío. Una B diminuta, una A gigante. Me desvivo, entro en combate, en singular batalla con la A para cazarla y ponerla en la puerta de nuestra casa, como una nube, para que no te olvides de que te llames Ana. Yo no me llamo Berta, lo sé, pero me gusta: una hilera de diminutas bes en el pasillo. Concédeme este capricho, soy Elisenda del mar.
Bueno, hasta aquí llego, pero podría seguir. Juro que es altamente liberador.



