viernes, agosto 01, 2014

La maravilla del Agosto clandestino en Logroño: Julio M. Mesanza y Pepín Mateos

Ayer me resultó facilísimo rellenar la casilla del "Reto #100 happy days" que estoy siguiendo en Twitter, ya que se anunciaba una noche de felicidad absoluta de la mano del Agosto clandestino, ese festival poético que durante todo el verano organizan la editorial 4 de agosto y el gobierno de La Rioja.

Como no puede ser de otra forma, la velada comenzó con una divertida "foto robada" y colgada en las redes sociales por su autor, Enrique Cabezón: yo me acercaba al Instituto Riojano de la Juventud, lugar del evento, cuando descubrí que tenía desconchones en la pintura de mis uñas y decidí entrar en la perfumería Muro, comprar un esmalte  y pintarme sobre uno de los veladores de la calle Muro de la mata... sin sospechar que delante de mí estaban ya Mesanza y Navascués conversando... y detrás, "Cabe" ejercía de fotomatón.

Aparezco en pequeñito, detrás
En plan ¿Dónde está Wally? 

Navascués se enteró por mi Twitter y vino con su hijo Santiago, encantador, y con Antonio Rivero que está estudiando en Pampaluna y fue una gran sorpresa.

El recital fue impresionante. Los dos poetas recitaron poemas que la editorial 4 de agosto había editado cuidadosamente en una codiciada plaquette:


Por cierto, le he pedido a Mesanza permiso y la estoy fotografiando hoja por hoja para subirla a este blog, si mis lectores me lo piden. Se trata de una pequeña antología con un poema inédito,
La poesía de Mesanza es metafísica y épica, poderosa, como de caballero medieval, y así son su voz y sus manos:



Tras ser presentados por José Luis Pérez Pastor, recitó "Lirio en el agua", "Egisto" y otras piezas inmensas. Habló sobre la oscuridad y la luz y sobre su obsesión poética por las torres. Fue brutal y delicado al mismo tiempo.


Pepín Mateos abrió su turno con uno de mis fragmentos favoritos de "La niebla", aquél que habla de amor a pesar del desgaste cotidiano. Habló de misterio y su voz era misterio también. Uno de los momentos más emocionantes fue ver a Mesanza escuchando absorto los poemas de su compañero de recital.


Y al final,  como es ya costumbre, nuestro mítico Luis (ciudadano de Logroño que no falta en ningún acto cultural), pidió permiso para recitar un poema de cada autor.



El acto finalizó con "una cerveza" en la pastelería Viena. Y luego llegó la cena con los poetas invitados. Yo me iba a despedir cuando Enrique y José Luis me dijeron que fuera con ellos. Fue un detalle precioso, ya que no tenían por qué.
Y allí fue la conversación incandescente, entre mejillones diablo, croquetas de bacalao, pisto con chipirones y arroz con leche casero. 

1 comentario:

Enrique García-Máiquez dijo...

Oh. Como si hubiese estado allí. Te debo otra.