martes, abril 17, 2012

Comienzo hipotético de novela (II)

TODA LA CULPA ES DE BLANCA

Hace tres días cumplí dieciséis años.
Como regalo, mis padres me llevaron a comer a Casa Moli, un asador con mantel de cuadros y olor a comida en la trastienda. Comimos en el patio, bajo la parra: hacía ya calor. Pedimos carne barata asada en fogón y una montaña enorme de patatas fritas. Mi padre bebió un licor oscuro y yo me zampé todo un litro de Cocacola. Hay que aprovechar las oportunidades.
Por la noche, mis padres me anunciaron que habían decidido separarse.  Yo alucinaba, claro. Podían haber esperado unas horas, digo yo.
Estoy segura de que Blanca ha tenido toda la culpa. Mis padres eran uña y carne hasta que ella volvió a aparecer por aquí, que nadie la había llamado, digo yo.
En mi casa nunca hubo muchas alegrías económicas, mi padre tenía un despacho de pan y mi madre, una portería en la calle Goya. Tener un padre panadero es la cima del chabolismo social: toda tu casa huele a dulce y comes pan tierno todos los días, es cierto… pero queda fatal cuando lo dices por ahí.
Afortunadamente, mamá y papá tienen también una historia de película. Y a mí me chifla contarla. A cualquiera.
Se habían conocido al final de la posguerra, pero se casaron a principio de los ochenta.
Cuando se conocieron, mi padre estaba ya casado y tenía una hija, la sin sustancia de Blanca. Se enamoraron al estilo antiguo y se veían de forma intermitente, porque mi madre no quería convertirse en  la amante estable de ningún señor casado, por muy enajenada de amor que estuviera. Había además otro hombre que la cortejaba proponiéndole un noviazgo formal. Por culpa de este otro hombre mi padre acabó riñendo con mi madre, y dejaron de verse durante una larga década.
En ese tiempo, mi madre se casó, tuvo dos hijos y enviudó.  Al poco de enterrar a su marido, fue a buscar a mi padre. En una tarde se encontraron, y decidieron marchar juntos a Alemania buscando un buen trabajo y huyendo de la mujer de mi padre.
Supongo que Blanca siempre nos odió a mi madre y a mí. Destrozamos su hogar de hija única. Yo fui concebida en esa misma tarde en que mis padres se encontraron: siempre he pensado en ellos como dos marionetas arrastradas por un amor descomunal. El amor es algo terrible, yo no me pienso enamorar nunca.
Cuando mis padres pudieron casarse, porque ya había divorcio en España, ella tenía ya los cuarenta y él sobrepasaba la cincuentena, pero se les veía jóvenes y felices aquella mañana en el ayuntamiento de Cardoñuera. Mamá vestía un traje color lavanda a juego con el mío: a mis cinco años largos me tocó el trago de ser dama de honor de mis propios padres, y supongo que aún no me he repuesto.
Y diez años después…
“A tu madre le duran los maridos una década”, me ha ladrado hoy la Melu, una vecina meticona y lenguaraz. 
Yo sé que mi padre aún nos quiere, y que toda la culpa es de Blanca.

9 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

Me gusta mucho, especialmente porque abres ahí otra línea de escritura, sin adjetivos, sin colores: narración, atención al detalle, personajes con fondo. No puedo estar más interesado.

Adaldrida dijo...

ARP, muchísimas gracias...

Balaverde dijo...

Oye, si se casan a finales de los sesenta, se casan a finales de los sesenta. Si se casan cuando hay divorcio en España, se casan a partir de 1981.
Todo por poner a la gente a enamorarse, cómo no, "en plena posguerra".

Adaldrida dijo...

Toma ya, es verdad. Lo cambio gracias.

Anónimo dijo...

Sigue por ahí, Rocío. Duro.

Balaverde dijo...

Estupendo! gracias a ti por estas cosas con que nos obsequias!

cb dijo...

Qué bueno, Rocío, me recuerda a la Rodoreda.
Y mejor con ese cambio de fechas y que sea una niña de 16 en el 91, aunque se conocieran cuando empezaba el despegue (es que no es nada fácil hablar como una adolescente de finales de los setenta, ni siquiera para mí que andaba por ahí. Por ejemplo me parece que cuando algo nos alucinaba es que era una maravilla... eso creo, eramos un poco cursis).
Sigue, por favor, me muero de curiosidad.

Adaldrida dijo...

No quiero engañar a nadie: esto No va a seguir. Es un comienzo, voy a comenzar a escribir comienzo hipotéticos de novela. Solo eso, comienzos. La idea me la dio Beades en un comment antiguo, creo.

No soy novelista, pero se me da bien inventar personajes a comienzo de una historia o in medias res. Por eso, estos comienzos hipotéticos de novela. A ver cómo se me da.

Anónimo dijo...

PUES SIGUE CON TUS COMIENZOS, E INUNDA DE PRINCIPIOS, DE PROLOGOS, TU PAGINA... NOS HAS ENGANCHADO!!!
ANONIMO CON MAYUSCULAS