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lunes, enero 09, 2012

El Primer Regalo de Reyes

Porque un libro es un regalo...

Este año, los Reyes Magos hicieron su entrada en mi vida el cinco de enero, y no en el salón de mi casa familiar sino en una librería que, por supuesto, era la librería Castroviejo. Repleta de música clásica, madera y sol.

Entré por casualidad, después de ver a Sus Majestades bajando del helicóptero amarillo en las Gaunas. Así es La Rioja: un campo de fútbol repleto de niños agitando pañuelos, villancicos tronando por megafonía y el alcalde (hoy alcaldesa) recibiendo la embajada real. Siempre se me eriza la piel, mitad por el frío mitad por la magia. Vuelvo a creer.

Pero los Reyes magos a veces se despistan, olvidan un último regalo y tengo que acercarme a mi rincón favorito para comprar la novela Grandes esperanzas de Dickens. Y, de paso, Lo que ha llovido de Enrique García-Máiquez.
El mejor librero del mundo envuelve sus libros cuidadosamente. Se detiene. Me mira. Y musita: "espera un momento..." Con el corazón en vilo y cantando, espero.
Y regresa con un librito de los años setenta, de uno de mis poetas más queridos ¿Lo tienes? No, no lo tengo, y es uno de los pocos que me faltan.

El librero es Gaspar. Me ha engañado. Y, con una sencillez regia, me tiende el precioso cuadernillo diciendo: "pues para ti".

sábado, diciembre 24, 2011

El Niño Jesús del Microondas

El Niño del Microondas...

Hace muchos, muchos años compré esta pequeña figura de escayola con la intención de pintarla, porque en mi colegio me habían enseñado a aplicar pátinas que imitaban el marfil, la madera envejecida y hasta el bronce.
Como muchos otros propósitos, éste quedó aparcado, perdiendo su sentido con el pasar del tiempo.
Hace unos pocos años, en uno de mis intentos por ordenar mi vida y mi dormitorio, apareció la figurita al fondo de un cajón, como había aparecido antes el refulgente corazón de ámbar que mis padres me trajeron de Praga y que estuvo perdido y fue hallado.
El Niño Jesús desprendía una luz más íntima y escondida, más verdadera. El tiempo, más cuidadoso que yo, había dejado su pátina en él, y era esa suciedad que ya no podía borrarse la que lo hacía aún más adorable, comestible.
Lo pusimos al lado del Microondas, para verlo al desayunar. Él es humilde y huye de espumillones y mesas de caoba. Sólo quiere que comencemos nuestro desayuno con Él, como reza aquel poema tremendamente humano de Luis Alberto de Cuenca:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

lunes, octubre 31, 2011

Aurora

Por supuesto, dedico la entrada a ARP

Azul brillante, con burbujas de charol en el fondo. Así era el día esta mañana, muy de mañana.
He visto amanecer.
La aurora no era rosa, ni cursi, ni lenta: era rápida y azul. Vertiginosa. soleada. Y la tierra parecía exhalar humo. Crecía el humo blanco en espiral, formando una interrogación sobre el campo azul.
Lo veíamos desde el coche gris, camino del trabajo. Un grito de alegría iba inundando silenciosamente la tierra: una alegría que, como todas, tenía también su secreto escondido, su pregunta repleta de veneno, su pequeña sombra. Una alegría misteriosa.
Y decidí llenar del todo mi vaso: si me das esta mañana tan azul y este lunes en el que nada quiero sino llegar a la oficina... ¿qué otra cosa puedo temer?

lunes, septiembre 26, 2011

Motivos para retomar el blog

He vuelto.

Regreso tras una larga ausencia, un periodo de descanso o de poca inspiración.

Abrí este blog hace ya cinco años, y lo hice porque me encontraba aislada del mundo, embebida en mi casa mientras redactaba una tesis doctoral que parecía no tener fin.

Ahora las razones son muy distintas. Defendí mi tesis, tuve un par de trabajos intermitentes en Sevilla, viajé a La Rioja. Ahora no estoy aislada del mundo sino disfrutando de él, en el más puro centro, un centro bullicioso y enigmático. Trabajo en un proyecto emocionante, porque ver cómo crece día a día una universidad joven lo es.

Pero poco a poco he ido dejando de escribir, y ya casi no me siento poeta.
Me siento profesora de literatura, dueña de un blog de maquillaje, dueña de un pie que se rompió y que se está forjando de nuevo, dueña de una familia de tíos y primos que juegan a naipes...
Pero no poeta.

Y por eso, vuelvo.

Hablaré de mi infancia, que por lo visto se me da bien. Repetiré temas y argumentos que dieron sus frutos antaño, si es necesario me repetiré.
Quiero volver a tener lo que antes era mío.

viernes, diciembre 31, 2010

2010 (entrada llena de enlaces)

Ha sido el año que corona una década.
Hace exactamente diez años conocí a mis amigos poetas, bohemios de misa dominical, hedonistas y católicos. Hace diez años desayuné por vez primera en los Reales Alcázares con Lord Scutum. Comí tarta de manzana en el Trinity con Beades. Desayuné en el balcón de mi casa con Pablo. Visité un humeante puesto de castañas con Merl. Y, un poco después pero en ese mismo año conocí y comencé a leer a los que hoy son mis poetas vivos preferidos, auténticos mitos que de vez en cuando andan por mi casa... Enrique, José Julio, Carmelo Guillén Acosta, Amalia Bautista... YMiguel d´Ors. El tiempo ha sido bueno conmigo: diez años son muy pocos en una historia de admiración que camina,un paso tras otro, hacia la amistad.

Pero el tiempo no se ha detenido. Este fue el año de Mirar el fuego. De Las siete barbies solteras. De Julia, la hija de Fernando do Vale. De Carmen, la hija de Enrique. El año de los recitales en la Casa de libro, con champagne en el ático. El año de mi Renacimiento: Conocer a Marie Christine de Castillo y hablar con ella de poetas y perfumes ha sido una de las cosas más bonitas que me ha sucedido.
Ha sido el año de Siltolá: también he conocido a Javier Sánchez Menéndez, y en su editorial ha publicado mi gran amiga Corina Dávalos su primer libro.

Ha sido el año en el que he tomado en serio mi blog de maquillaje. El año de las ciento diecinueve mil visitas. Gracias a esas visitas he conocido a Kitty, a Cantaloupe, a Gadirroja, a la dulce Claudia y a Morgan, entre otras bloggeras. A Alejandra de Kenzo. A Franc Delgado, maquillador de Nars. A Olmo Longarbo, maquillador de Tous. Todos ellos me han ido inficcionando cada día un poco más con esta pasión por llenar de burbujas doradas la piel.

En definitiva, Dos Mil Diez ha sido el año de los amigos, los libros y las barras de labios. O, como dice mi madre: ¡cuánta vida en una vida!
To be continued, siempre to be continued.

lunes, diciembre 13, 2010

El ego sum empírico (la alegre tropa)

Dentro de 3 días cumpliré 33 años. Me gusta el número tres. Este post está dedicado a tres bellos personajes: Lord Scutum, Fernando do Vale y Témporis.
Anoche organicé en casa una merienda recital con motivo de mi cumpleaños: un recital privado con el "núcleo duro" del grupo Númenor para declamar nuestros últimos poemas, y como estrella invitada, Lord Scutum, que desde el principio de las veladas poéticas en mi casa (marzo del 2000), ha amenizado la noche con sus aforismos geniales.

Desafortunadamente, Beades y Alejandro Martín Navarro no pudieron asistir, y Joaquín Moreno tuvo que marcharse pronto... Pero al final quedó un pequeño cenáculo: Pablo Moreno, Paco Gallardo y Lord Scutum entre ceniceros, papeles y ginebra, el verso chispeante y el tequila centelleando en las copas. Era una botella de color caramelo llamada "corazón partido", con un licor ambarino que pegaba fuerte en la garganta pero luego tenía cierta dulzura y una cogorza suavísima, melopea lírica. La sangre no llegó al río. Fluyeron los poemas: Paco y Pablo tienen sendos libros inéditos, ignotas joyas que fueron parcialmente desveladas esa noche.

Me regalaron una botella azul de Bombay Saphire que presidía la salmodia, unos bombones blancos y unos pendientes celtas, que Lord Scutum me compró en Irlanda, allá por el dos mil cuatro, luego extravió y ahora ha reencontrado. Tienen un triskell sobre dorado: son el símbolo exacto del número 33.
Pero lo mejorcito que trajo Lord Scutum consigo fue un poema de su propiedad, el único que ha escrito, en endecasílabos casi perfectos: "yo es que al leer tu libro me dije: los poemas de Rocío tiene una música, voy a seguirla". Me suelta esa frase genial con aire tímido y entrecortado. Casi me lo como.

El poema Lordescutiano dice así:


VIDA SIN MÍ

El ego sum empírico mi vida
con enamoramientos inconclusos
noctámbulos periodos sin fisuras
multívocos fragmentos irreales
de indecisiones pánicos y bríos

se rasga más completa de puntillas
mirándote de cerca con los brazos
abiertos Cristo identificatorio
por tu misericordia permanente

brillantes excepciones hoy me inician
a ser yo de verdad como yo soy
solo ante ti quizás sin los disfraces
ni los espejos que reflejan nada
sólo artificios de quien quise ser

ausente erradicado un tanto iluso
fragmento de una vida sin sentido
sin ti me anulo desenamorado
dándome igual mi lepra mi camino
mi irregular respeto de mí mismo
mi interpretar a solas este mundo

A mí me parece un poema estupendo, tal vez un tanto sobrecargado de discurso como su propio autor. Lo único que creo que necesita una nota del editor (un asterisco, diría aquí Beades el Torrente) es lo del "Cristo identificatorio". Resulta que Lord Scutum es un bohemio de penumbra litúrgica, un auténtico hedonista cristiano, y piensa que sólo Jesucristo es el que nos puede revelar a cada uno nuestra verdadera identidad. Ahí queda eso. Y el poema fue escrito y leído fervorosamente no bajo los efluvios de sacristía rancia, sino entre brindis sacros de ginebra: ¡Toma ya!

domingo, diciembre 12, 2010

No la muerte, sino los amores

Juan García, in memoriam. Dedico este post a Bárbara
Hace algún tiempo estuve con José Julio, tomando café. De vez en cuando quedamos para hablar de poesía y, si ha habido suerte e inspiración, para corregir poemas. Una de las alegrías de mi vida es esta, mi mayor orgullo: he sabido rodearme de gente grande a la que admiro. A través de los años, aquéllos a quienes considero mis grandes maestros se han convertido también en grandes amigos míos: José Julio Cabanillas, Amalia Bautista, Enrique García-Máiquez, Miguel d´Ors.

Aquel día José Julio me hablaba de Granada, la ciudad que guarda el paraíso de su niñez. Me hablaba de un convento escondido en el que estuvo San Juan de la Cruz, en unas olvidadas navidades del siglo XVI. Me contó que una monja vio al santo rezar ante la misteriosa luz. Creyéndose solo, en un momento el poeta tomó en brazos al Niño y repetía meciéndolo:


Mi dulce y tierno Jesús,
si amores me han de matar
agora tengan lugar.


¿Te das cuenta, Rocío?, me decía José Julio. "Agora tengan lugar". No la muerte, sino los amores.
Estas últimas palaras se me quedaron grabadas, y ahora las repito yo, como una oración para tiempos oscuros. No la muerte, sino los amores.

jueves, diciembre 09, 2010

Juan García

Pienso en Juan, y veo un hombre chispeante vestido de caballero. Filosóficamente vestido de su auténtico y más recóndito ser. Bailando como una peonza en la boda de su hija. Bailando conmigo, con ese gancho irresistible que le hizo arrebatador. Pienso en Juan, y veo simpatía abrasadora. Le veo emocionado en la boda de su último hijo. Bajo una buganvilla, bebiendo jerez en una copa que no terminaba nunca.
De fiesta en fiesta, de boda en boda familiar nos visitábamos. La vida era un carrusel de música rotunda. La vida era un tedeum encendido. Y así será su vida de verdad, ahora que llegó.
Has llegado, por fin, a la Gran Boda.

jueves, octubre 21, 2010

Nube de humo poético: primeras ráfagas

Hace un par de días subí a mi otro blog delirante una reseña sobre unos polvos iluminadores de Mac. Me dejé llevar por la "lírica del color" y acabé plasmando de un tirón este párrafo:
By Candelight: a la luz de la vela. Nombre romántico, inspirador y muy invernal. Lo veis en la foto: se trata de un tono marfil dorado, cálido y con un importante subtono melocotón suave. Aporta un halo de luz dorada y pálida al mismo tiempo. Te regala el look de mejillas navideñas. parece que acabas de abrir los regalos que había bajo el abeto, al lado de la chimenea.

Pocos minutos después, una comentarista me dice: "Que peligro tiene esto de que un poti te lo describa una poetisa. Suena todo tan requetebonito que te dan ganas de correr al stand!" Y, tan sólo porque ella me ha llamado poeta, vuelvo a sentirme poeta otra vez, por encima de la pertinaz sequía.
Estoy en la calle Sierpes. Voy sorteando escaparates llenos de luz, al encuentro de la Belleza. La librería abierta, la gente merodeando impaciente, esperando el comienzo del recital. De repente me envuelve una bruma de casi invierno, promesa de diciembre: el primer puesto de castañas se vislumbra como un fogonazo, una nube blanca de carbón negro. Y, de fondo, suenan violines: una polaca con mejillas rojas hace sonar con fuerza una delicada música. Y va a comenzar la presentación de La memoria frágil, de José María Jurado.
Entramos, y suena la poesía. Esa que, según el autor, es a la vez "el enigma y la llave del enigma".

lunes, septiembre 20, 2010

Ora pro nobis!

Mi alma necesitaba algo así, algo como la imagen televisada del saludo entre este Papa alemán y teólogo, al que le gustan los gatos y que pese a la que está cayendo me cae irremediablemente bien, y una reina madre con sombrerito y sonrisa, acogedora, con el ademán justo de quien invita a tomar una taza de te a un vecino estrafalario.






Me chifla el cardenal Newman. Todo comenzó en marzo del dos mil uno, en una conferencia que impartía Víctor García Ruiz en Navarra. La mano de Dios, cuánto más callada, más poderosa, recuerdo que dijo, y recuerdo muchas cosas más. Me veo bebiendo en algún rincón destartalado sus diarios publicados en Rialp, y luego sus cartas completas en Encuentro, y luego Perder y ganar: una de mis novelas favoritas. La tenéis aquí, aunque recomiendo su compra física, un buen sillón en una tarde lluviosa de domingo y escuchar el suave crujir de las páginas. Y hundirse y empaparse en el Oxford decimonónico: desayunos, debates teológicos, partidos, cotilleos, rencillas, ironías y chanzas hasta el gozo infinito del lector. Y en una página recóndita, oculta, la penumbra litúrgica, llena de poesía: tremenda luz de vela que surge de las palabras de Willis, cuando intenta describir lo que para un converso significa la Eucaristía:

"Allí hay niños pequeños y ancianos, gente ignorante y gente instruida, almas que no han pecado y almas que han pedido perdón; pero de todas esas almas distintas se alza hasta Dios un solo himno eucarístico. Y su medida y su fin son esa Acción Inefable. Y... ¡Oh, Bateman! Querido Bateman... tú me has preguntado si es una ceremonia absurda, formalista... Es... (exclamando y poniéndose en pie) ¡una maravilla! ¡una maravilla!" (Newman J. H., Perder y ganar, ed. V. García Rúiz, Madrid, Encuentro, 1994, p. 279.)

Y Arp desglosa todo el emocionante viaje del Papa aquí,y aquí deja estaa foto deliciosa de este escritor delicioso, y quería compartir mi alegría con vosotros en este lunes luminoso.

lunes, marzo 08, 2010

La Crónica

"Yo he venido a hablar de mi libro, no del libro de este petimetre, y llevamos un montón de líneas y todavía no se ha hablado de mi libro."
- Francisco Umbral, escritor y hablador de su libro.
Me siento un poco como Paco Umbral hablando de mi libro, pero a petición de Carmen, Arp y Espinelete voy a ofrecer una pequeña reseña de la presentación. ¿Qué puedo decir? La sala estaba llena de buenos amigos y de amables desconocidos (Juan Antonio González Romano ha hecho una buena crónica social.) Estaba casi todo Númenor en la primera fila, junto a Toi y Ramón Simón que disparaban flashes magistrales (las fotografías que acompañan esta entrada salieron de las manos de Ramón.) Añoré muchísimo a Carmelo Guillén Acosta, que estaba en Madrid leyendo sus poemas a un maravillado público, y a Enrique Gracía Máiquez, que temblaba en El Puerto ante la misteriosa luz de una ecografía. La ausencia de Fidel Villegas fue por mi culpa: hubo un malentendido.



Jose Julio Cabanillas dijo cosas increíbles, citó un poema de Gastón Baquero, habló de la inocencia, de lo que debe ser un poeta. Hablaba de mí con voz pausada y con largos silencios, y yo le miraba de reojo (en la foto se puede ver) pensando ¿ésa soy yo? Y luego recité.

Terminamos bebiendo champán en la azotea, en medio de una marea azul de libros por firmar. Se terminaron. Y nos fuimos a El Aguador, en la calle Alvareda, a beber fanta de naranja y a comer roscas campesinas. Luz de fiesta, ráfagas de voces encendidas. Abrigos y felicitaciones. Despedidas. Gotas de lluvia sobre el pelo. Me llevaron a casa. No quería que se terminara la noche y, sin embargo, omnia mea mecum porto. Tenía razón Pablo Moreno, en su ya famoso poema: nunca estaremos solos.

miércoles, noviembre 04, 2009

Yo quería escribir un blogg y me salió esto

Ayer me enteré, de chiripa, de cómo funciona eso de poner un contador de visitas en el blog. O blogg. Oiga, no me los toque, ¿me dice la diferencia entre una G de más o de menos? Bueeeno, todo este lío lo comenzó Enrique, y ahí sigue. Catapúm.
Y en general yo sigo aquí gracias a él, que de repente un día me mandó, a mi dirección vieja de yahoo, un enlace de su nuevo blog. Y yo que andaba en crisis por la tesis, bordeando el veneno de la tele, fíjate que nunca fui aficionada, pues catapúm de cabeza. Han pasado tres años y medio, conocí a Carlos en un recital, viví en casa de Sonsoles un mes de septiembre, participé en La bulla durante un tiempo y luego abrí un blog de maquillaje con Benita, aunque esté tan callada qe asusta un poco. Como diría mi madre, cuánta vida en una vida.
Bueno, pues puse el contador el día dos, el de los fieles difuntos, que creo que no tengo ninguno porque todos los que se me fueron son santos, o sea del día uno, para eso se fueron pronto y no para estar esperando en la antesala (diz que montaña de siete peldaños), digo que lo puse pensando "bah, esto está más muerto que vivo", y al día siguiente, o sea tres, veo que hay 319 visitas. Oye tú, me digo, no sé si es algo o nada, pero será cuestión de no poner muchas tonterías en este sitio que lo ve tanta gente, o hay alguien con el dedo tonto dándole ru ru ruuuuú. Acto seguido, me entran unas ganas inmensas de meter una entrada gamberra, diciendo chocolinabo por ejemplo, hala, chocolinabo. Como el día que inventé lo de chupitanga: a day in the life.

*

Vale, lo de arriba no sirve, tendré que borrarlo. Me acuerdo de pronto, en esta espiral de nostalgia festiva (así quiero que sea siempre la nostalgia), de algunos blogs memorables. El de Peter, que entraba en el mío poco antes de nacer. Y el de Arp, cuando se llamaba Arp, que colgaba cosas del tipo "qué dice el folleto: la exposición habla de la eternidad vista desde el subconsciente de la lateralidad de los cuerpos celestes y el puro azar deconstruido. Qué digo yo, después de haber pagado la entrada: una santísima mierda". No son palabras textuales, sólo una recreación. Dios le bendiga.
Y también recuerdo blogs surrealistas, delirantes. Por ejemplo, en el mes de septiembre de 2007 viví en Pampaluna con Sons, ya lo he dicho, y ella, Gemmitú-Pegamoide y yo nos hicimos adictas a los vídeos del Youtube (Martes y Trece, empanadilla de Móstoles) y a un blog catastrófico, Me zampo la zambomba, que no tenía desperdicio. Ni sentido alguno. Eran días de tesis y estrés, (estrés feliz, ahora que lo recuerdo), y aquel brillante blog de Jota nos hizo reír hasta dejarnos atrancadas. Ahora sige aquí.
Cuánta vida en una vida... ¿virtual?

lunes, septiembre 07, 2009

Conversión "ad creaturas"

Cris me acusa de haber abandonado durante el verano la Fanta de naranja por el yanki refresco de Cola. Tampoco es muy española la Fanta, ahora que lo pienso, pero en este blog que se está volviendo viejo tiene una sólida tradición como bebida que congrega todos mis recuerdos: es la bebida fantasma, la máquina del tiempo naranja... un primer sorbo dulce y artificial y ya se aparece ante mis ojos toda mi niñez en el parque. Las palomas comiéndome viva y yo tan feliz.


Pero la Cocacola, en cambio, me devuelve a mi pre-adolescencia, magníficos once, doce y trece años. Tenías muy dentro un run rún: "esto se está acabando". La última vuelta del tiovivo. Pero aún no se había hundido el Titanic y, desde luego, la orquesta tocaba a pleno pulmón. Y había fuegos artificiales, sobre todo en verano. Aquellos vídeos musicales en el antiguo aparato Beta de mi abuelo: Michael Jackson cantando y un Glenn Medeiros supercursi que me fascinaba. Mis primos se partían de risa conmigo y el "nada cambiará mi amor por ti". Y yo shhh, ssshh, y los ojos como farolas. También empezaba a gustarme un chico rubio del grupo A-ha porque al cantar se le ponía un gesto romántico en la cara. Y todo esto regado por el anuncio de Cocacola, versión de 1988: "first time, first love, Cocacola is it"...
Cocacola, la chispa de la vida, decía mi madre. Y yo, que era muy joven aún para detectar la ironía, me sentía mayor a la vista de esos vasos altos, oscuros y chispeantes. Era el color de la alegría, el color de las vacaciones.
Por todo eso, este verano he vuelto a mis orígenes. Me he convertido a mi fe de finales de los años ochenta.

lunes, agosto 03, 2009

De nuevo glad to be unhappy

JUNIO

Acuérdate, Rocío
de cómo sonreían las estrellas.
Recuerda cómo todo su poder
se derramaba en un minuto oscuro,
tristemente feliz, diciendo "nunca",
pero de qué manera tan hermosa.

domingo, junio 28, 2009

Mi abuelo

Mi abuelo ha muerto.
No quiero convertir este blogg en un paño de lágrimas virtual ni en un desagüadero adolescente: lo de escribir con el único y exclusivo fin de encontrar un desagüe emocional en mi vida se me quedó pequeño hace ya mucho tiempo.
Sólo diré que mi abuelo hacía maquetas de trenes, que disfrutaba comiendo y bebiendo buen vino, que le chiflaba la zarzuela y canturreaba Katiuska con un oído horrendo y que tenía una fe enorme, recia, concreta: era un hedonista católico, o sea, según mi amigo Pablo, un tipo chestertoniano.
Y que siempre he pensado lo que acabo de decir: recuerdo ahora este poema, aún inédito, que escribí hace unos cuatro o cinco años cenando en Maestu, en el choco que los albañiles acababan de terminar, ideado por Papote y, como él mismo dijo, su última gran obra.

EN EL CHOKO DE FELIZ MEMORIA, FUNDADO POR MI ABUELO

A Papote

Hay trenes que caminan hacia adentro.
Hay un fuego creciendo en una casa
fundada sobre roca, y al calor
de manos que trabajan y acarician,
arden todas las brasas de la noche.
Hay un hombre que teje sus memorias,
un hombre que vivió la vida buena
y que sabe decirla, celebrar
la dicha con el vino
.
Tiene manos de acero poderoso
que cincelan un monte con la luz
en la cima, tañidos de campanas,
iglesias derruidas, todo un mundo
para viajar en tren.
Hace muros, derriba la tristeza,
sonríe mientras baja con mesura
una legión de rudos escalones,
y a su lado los días se diluyen,
caramelos felices en la boca
de un niño que repite quiero más,
y nunca tiene más, y busca siempre.

martes, mayo 19, 2009

Tres años

Era diecinueve de mayo, hacía calor e iban a estrenar el infausto Código Da Vinci en el cine, por lo que supongo que era viernes. Yo trabajaba en mi tesis y en el Centro Norteamericano, Calle Harinas, Sevilla. Aún no había cumplido los treinta, ni me había vuelto tan sugestivamente mayor. No es cuestión de edad, a cada uno le entra el ataque de abuelismo en tiempos distintos. Así me siento yo ahora: distinta.
Pero en cambio no os conocía. Ni a Carlos Rodríguez Morales, ARP o Batiscafo, los que llegaron al principio y permanecen; ni a Dulci, Nodisparenalpianista o María, que vinieron y se fueron, ni a Néstor y Atiza que aún se asoman a veces por aquí, ni a las chicas del foro: Adegea, Camarona, Koizumi, Sponjita, Hiss, Blanca... ni a Cantaloupe, que ni ella misma sabía que se llamaba Cantaloupe; ni a Yeste Lima, que fue un misterio para mí; ni a Máster en Nubes, Mr Peñalba, el Coco y Chocolate con trocitos; ni a Kitty que acaba de llegar ni a Benita, con la que comparto un blog dormido. Ni a los tropecientos anónimos que me han divertido o enfadado, según su grado de mordacidad.
Tampoco sabía que me gustara tanto el maquillaje. Ni las piruletas, ni las chimeneas, ni la fanta de naranja. Son palabras que componen este blog, que hoy cumple tres años.
Tengo que agradecer a Enrique García Máiquez que me animara a abrir el garito, a Don Enrique Monesterio que me urgiera a escribir, a secas, a Beades que retara en duelo a un desconocido por defenderme de la injuria, a su mujer que siempre haya estado allí,aquí. A Lord Scutum que me llevase a los acantilados y a Toi que se inventara mi nombre, corazón de ámbar. A Ale Martín Navarro le agradezco su entusiasmo filosófico y a merl, su entusiasmo de nina pekena y sabia. Y a las dos Evas, mi tía Eva y Eva B, les agradezco su condición de relámpago d´Orsiano, ya que aparecen y desaparecen. A Trancos le pido que vuelva a aparecer, con ese nombre será bienvenido.
Y, por último, a los que me han premiado y a los que me han llamado cursi para que no cayera en el peligro de serlo. Muchas, muchas gracias.
Detrás de estos tres años veo treinta y tres y trescientos treinta y tres, por algo llamamos a esta red la blogo esfera, y qué mayor esfera que la del cielo. ¡Que se escribe con el alma, y el alma nunca se muere!

viernes, abril 17, 2009

Santo Tomás

Tomás de Aquino es mi santo favorito, junto a San Juan de la Cruz, el santo poeta.
La verdad es que no me han educado en la devoción a los santos: en este tema siempre me ha gobernado una cierta austeridad de sentimientos. Y una voz interior que me decía que, donde haya un Sagrario, que se quiten hornacinas y estampitas. Para colmo de males me asustan las estatuas: prefiero mil veces un cuadro renacentista, una virgen de Rafael o Boticcelli. Siempre me horrorizó la imaginería nacional católica de frailes lampiños y corazones traspasados.
Por eso no puedo hablar de fervor sino de simpatías, y Tomás de Aquino me parece un santo muy simpático. Ya lo dije: gordo, filósofo y autor del Adorote devote, ¿qué más se puede pedir? Ignoro qué hay de realidad en la leyenda que cuenta que tuvieron que hacer para él una mesa a medida, en forma de queso gruyere con un buen agujero que encajase con su tripa como la pieza clave de un gigantesco puzzle. Ojalá sea verdad. Qué tipo tan grande, ¡chestertoniano!
En esta predilección mía hay algo de romanticismo infantil, ya que mi Santo Tomás se corresponde con el Santo Tomás de La luz apacible, la novela que me cautivó allá por mis doce años. Recuerdo que era agosto, que estaba veraneando en casa de mis abuelos y que no hacía otra cosa que no fuera beberme el libro, regateándole a la lectura sólo las comidas reglamentarias y las ocho horas de sueño que nunca he quebrantado. Un invitado que pasaba unos días allí estaba estupefacto al verme devorar semejante ladrillo sobre el santo medieval, pero es que La luz apacible es más un libro de aventuras que una hagiografía al uso... Me imagino que convertirte en santo es ya de por sí toda una aventura. Y, por si necesitaba reafirmar mis simpatías por Tomasso, va Miguel d´Ors y le llama en sus lecciones de historia "el inmenso aventurero".
Tampoco soy de las que engranan día y noche plegarias aprendidas, pero el Adorote devote siempre me ha gustado. Por eso me gustó también que don Enrique se dedicara, jueves tras jueves, a desglosar sus versos en estos comentarios que ahora yo enlazo. Grandes personalidades han comentado esta oración eucarística, pero ninguno por internet y con tanta miga "de diario". Con palabras que intentan vestir de color lo invisible: poesía, maquillaje y vida cotidiana.

viernes, abril 10, 2009

Semana Santa en Sevilla

Dedico esta entrada a Carlos Rodríguez Morales.

De niña era yo una pequeña hereje: no me gustaba la Semana Santa. Tampoco aprendí nunca a bailar las sevillanas correctamente, ni tuve más de dos trajes de flamenca a lo largo de mi vida. Mi tesis era que uno puede ser sevillano hasta los tuétanos sin ser capillitas ni feriante. En lo segundo no he cambiado ni un átomo, pero en lo primero estoy poco a poco en camino de encontrar la verdad.
No me gustaba la Semana Santa por varias razones. La primera era que, si la pasábamos en Sevilla, tenía que privarme de las vacaciones en Logroño, que era y es mi paraíso familiar: una sola tarde con mis tíos valía para mí mucho más que todas las procesiones juntas.
Otro motivo eran las detestables bullas. Me provocaban lipotimias, me desmayaba. Las vírgenes me parecían todas iguales y además tenían cara de folklóricas. Ya digo yo que lo mío era blasfemia, pues qué tendrán que ver la Estrella con la Virgen de los gitanos, bellísimas ambas...
Y luego estaba la manía de estrenar. El Domingo de Ramos había que ir de punta en blanco, y el Jueves Santo, de punta en negro, y yo que lloraba con sólo ver un probador y que aborrecía sacar zapatos nuevos a la calle tenía mi cruz asegurada.
Y esa tristeza impuesta, porque sí. Luego fui sabiendo que no precisamente porque sí, sino porque mi Dios se moría, que es algo que tiene mucha enjundia; pero de niña me fastidiaba tanto silencio y tanta cara de zaguán recóndito.
¿Cuándo empecé a vislumbrar la verdad...? En mis años de carrera me aficioné al Cristo de Los Estudiantes, que se me aparecía como la Belleza absoluta. LLegó el Martes Santo y, tragándome la quina de la bulla, decidí acompañarlo. En algún momento vinieron mis tíos para ver la Semana Santa sevillana y nos lanzamos, la familia entera, a vivir la Madrugá. Nunca lo olvidaré, fue algo mágico. La Macarena iluminada, los balcones florecidos, el Cristo de los Gitanos cargando con su cruz... y con la mía. Terminé radiante de cansancio, llena de cera, con un par de quemazones del incienso, caminando por la Triana profunda en las primeras horas de una mañana llena de sol. Ya nada volvería a ser lo mismo.

viernes, noviembre 28, 2008

El primer chispazo

Una noche decidí sacar un folio blanco del cajón de madera. Quería ordenar mis ideas y emociones. Tenía dieciséis años y me salió algo parecido a un poema, porque las frases eran cortas o más bien entrecortadas, e iban una debajo de la otra como dibujando un río. Se llaman versos, me dijo la voz de mi conciencia. Y son más de las dos de la mañana, me dijo el reloj fluorescente.
Mi primer poema coincidió con el primer abrazo que me dio un hombre. No fue un momento de pasión, ni siquiera de amor, sino más bien un intento de abrigarme, porque hacía frío debajo de la luna y yo sólo llevaba puesto un mínimo jersey. Me dijo, mira que salir así, en mangas de camisa... Y en lo que duran tres puntos suspensivos, me abrazó. Esos tres puntos suspensivos me alejaron definitivamente de mi niñez, de esa nostalgia rara de jugar que a veces me inundaba por las tardes. Cuando cerraba la puerta de mi cuarto y sacaba del armario mis siete barbies solteras. Y sentía luego en todo el cuerpo la vergüenza de tener dieciséis años.
Pero me abrazaron y supe que no volvería a jugar más. Al contacto con esos brazos temblé, palidecí. Se me erizó la nuca y pensé en una ducha de agua caliente, algo a lo que te entregas y que te envuelve, como el mar cuando te enciende la piel.
Al llegar a casa decidí comprarme una barra de labios roja. Me prometí que jamás volvería a verme vestida con el uniforme del colegio. Y emborroné un folio blanco con un torrente de torpes metáforas.

miércoles, octubre 01, 2008

Unas gotas de alcohol

Ayer en la sobremesa me sentí libre, con espíritu aventurero y afán explorador. Este viento un poco hippy que me había invadido, tan rápida y silenciosamente, soplaba en una única dirección: la del mueble bar. Como beber no es mi costumbre, mis familiares me miraban escépticos, pero pronto encontré la botella, al fondo y entre el ruido centelleante de cristales.
Hace siete días, mi tía Ana y yo nos deslizábamos por la calle Amor de Dios, de la que nadie me separará. Me compré un monedero al estilo de las pitilleras lady: un poco alargado, con aire retro, de boquilla metálica y estampado liberty. Amor de Dios guarda tesoros entre discos de vinilo y faldas de algodón orgánico, y guarda también mi tienda favorita de Sevilla: Isbilia, repleta de máscaras y espejos y zapatos sixties y anillos de ámbar.
Ayer acariciaba aquella tarde como una pompa de jabón: el amago de lluvia nos brindaba un aire surrealista de fin de película. También vino a mí aquel sábado en Ronda, la mezcla de lima y hierbabuena. Ese olor verde y ácido que recuerda al alma dormida, aviva el seso y despierta.
Como tenía yo en casa ambos ingredientes, quise decorar con ellos un vaso. Y esa fue la chispa, el tobogán por el que bulle, maliciosa, la imaginación. Con qué llenar el vaso, ahora que chispea la lima y me hace guiños verdes. Sobre la fruta flotaba ya un timorato refresco de limón, pero la tarde pedía unas gotas de algo un poco más fuerte. Y me cosquilleaba en la oreja la voz de un pianista que una vez me dijo: "¡Tanqueray!"