lunes, septiembre 07, 2026

En Roma (I)

En Roma yo iba a misa a las brígidas de la Piazza Farnese, al lado del hermoso y sobrio palacio. Y al lado de una pastelería ecológica con supermercado bío que se llamaba Naturasi, donde solía comprar jabón de tocador y unas galletitas en forma de estrella antes de volver a casa y zambullirme de nuevo en mi artículo sobre el personaje de Auristela en Cervantes y Calderón.






Adjunto esta preciosa imagen de la azotea de mi casera en Vía Gulia, junto a una fuente casi secreta que durante tres meses de 2017 fue el bendito pan de cada día para mí.

A misa solía ir al Trastevere, a la espléndida Santa María, o a Monserrato en el colegio de España, con un cura que oficiaba en español y unas monjas peruanas que salmodiaban en varias armonías aquello de "la bondad y el amor del Señor duran por siempre"... O a las brígidas, que era mi opción favorita cuando tenía la tarde perezosa.

La misa donde las brígidas era a las cinco, o sea, bastante tarde para Roma, y me fascinaba primero porque el techo de la iglesia estaba pintado de azul (de Prusia) con estrellas, y rezar allí era como estar inserta en un cuadro renacentista o en un cuento maravilloso.

Y segundo porque las monjas llevaban un casquete como de guerreras místicas, y eran todas africanas, asiáticas o eslavas, y tenían una pinta de fumadas divinas formidable. Flotaban todas por la iglesia como en éxtasis.


También tengo foto de la fuente 


Un día, volviendo de comulgar, tropecé y me di un tremendo golpe contra un altarcito cubierto por una pérfida alfombra, y dieron todas un respingo y salieron de su arrobamiento al unísono para interesarse por mi salud corporal.

Yo decidí que "lo que no se nombra, no existe", les dije que nada, nada, y conseguí llegar a mi apartamento situado en la primera planta de un Palazzo, logré subir los veinte peldaños de piedra y me puse un buen paquete de guisantes congelados sobre la magullada rodilla, a la que había salido un inquietante bulto, rojo y caliente.

A la sazón era doce de octubre y mientras me aplicaba el único remedio medico que se me ocurrió, me dediqué a insultar con fervor a la Virgen María en su advocación del Pilar. Insultar, sí, pues no otra cosa fue ese torrente de reproches a futuro tenebroso: que no me puedes hacer esto, que estamos en tu día, que mira que eres mi madre, que estoy sola en Roma, que tengo que subir y bajar cada día una majestuosa escalera... Y, sobre todo, que no puede ser que yo me lesiones alguna parte de mi cuerpo o me ocurra algo malo estando rodeada de semejante belleza.


Pude volver a Roma 


... Y funcionó.

lunes, agosto 31, 2026

Lecturas de verano: Dante & More...

Mañana comienza septiembre y yo, por supuesto, no me he terminado aún la Divina Comedia...




Porque no sólo me compré este libro para leer en agosto, sino que también me he bebido a Simone Weill y sus Intuiciones precristianas en una nueva edición de Alianza Editorial que comprende los textos originales en griego y las deliciosas traducciones que hizo la genial filósofa, aunque al fin y a la postre mi fragmento favorito del libro no trata de mitos griegos sino que es aquel del cuento escocés del duque de Noruega... Resulta apasionante cómo desgrana Weill la presencia divina en la preciosísima literatura popular.




A mí la forma de buscar al amado que narra al desgranar la historia me recuerda al Cantar de los cantares o al Cántico espiritual de San Juan. Y me parece preciosa la idea de que la princesa estuviera disfrazada de moza de cocina... Porque nuestra alma es exactamente así, una gran señora vestida de criada.

Luego, antes de meterme en Dante todavía, me dediqué a este arrebatador poemario de Mario Míguez, La cabeza de Tomás Moro (y otros poemas católicos), con prólogo de José Mateos. Sin desmerecer a los otros poemas, -por ejemplo tiene muchísima fuerza la forma de narrar el bendito sacrificio de Edith Stein o la magnífica locura de Juan "el loco de Dios"-, es absolutamente arrollador el poema que da nombre al libro.  Hipnotiza el discurso de la dulce Meg que viaja en un crescendo, desde la tristeza hasta la santa cólera...

"¿Qué sois mil sabios ante un hombre santo? Un santo vale más que cien mil sabios…”




Por fin llegué a la Comedia traducida por Mico en El acantilado, y estoy tomándomela con calma, porque es un libro que hay que disfrutar sorbo a sorbo. No hay prisa ninguna, solamente hay que gozar de los tercetos dantescos uno por uno, demorándose en su gran belleza. La música de la que los ha dotado José María Micó, plenamente fiel a Dante y a la vez plenamente poético en castellano. 




No me extraña que haya ganado premios ni que varias personas entendidas me hayan recomendado esta edición. Estoy aún al principio del infierno y no me siento con autoridad para decir gran cosa sobre un autor que han estudiado tantos sabios, pero simplemente quería recomendaros con viveza esta lectura, para lo que resta del verano (¡ay, septiembre!, L'eté indien!) y para el comienzo del otoño. 

¡Y para iluminar el invierno entero!

jueves, agosto 20, 2026

Manifesto: mi ocio lo decido yo

Tengo una norma casi inquebrantable en mi vida, que yo misma me impuse en mi adolescencia y poquísimas veces he querido trasgredir: no leo, no veo y no escucho nada desagradable en mis ratos de ocio, por muy gran obra de arte que sea. 


Oración familiar de "conformidad"
con la Voluntad Divina 


No disfruto ni pizca al sumergirme en depresiones ajenas, ni al demorarme en profundos pesares o desesperanzas. Yo me enfrento a diario a la vida real: he atravesado interminables noches de hospital con familiares, pago mis impuestos y una hipoteca, pongo un hombro sobre el que llorar a todas mis amigas (y amigos)... Pero la ficción que llena mi ocio la decido yo.

Recuerdo una de nuestras alegres veladas Númenor en mi casa, treinta años teníamos, y tras la poesía y la música, solíamos coronar con un poco de cine. Todavía puedo ver a un entusiasta Juanjo Cerero que nos dijo: ¡podemos ver Sacrificio, de Tarkovsky! A lo que Joaquín Moreno repuso: ¡Sí, y luego nos clavamos en los ojos las copas de vino, que ya estarán vacías! Joaquín resumió en una frase irónica toda mi cosmovisión.

Me rebelo contra quienes ostentan la insufrible superioridad moral de considerar que el amor y el lujo o el Happy end no son algo suficientemente serio, maduro, ético, para ocupar nuestro tiempo libre y protagonizar nuestras pasiones. 

Eso que tú desprecias por demasiado oscuro también es belleza, me dirás. Pero yo a los famosísimos trascendentales de la filosofía sumo un cuarto trascendental, y para cultivarme y para disfrutar mis ratos de ocio, he elegido la belleza buena, verdadera... y feliz.

martes, agosto 04, 2026

Lecturas de verano: Reino de Estrellas, de Juan Ramón Trotter

 


Pasé la primera quincena de julio entre la minuciosa corrección de exámenes y la absoluta delicia de leer poesía por la tarde, en el jardín o junto a la ventana. Y qué poesía. Nada menos que Reino de Estrellas de Juan Ramón Trotter, publicado en Númenor a finales del año pasado.

De Mal que bien, el fabuloso poemario de Enrique García-Máiquez, dije cuando me llegó que su lectura me alegraba tanto como la Navidad: en este caso he vuelto a sentir lo mismo y con motivo, porque Reino de Estrellas (Númenor, 2025) fue una publicación navideña de un autor que siente en lo más vivo la Alegría de esos días... Pero me llegó en pleno mes de abril, y en esta segunda lectura vuelvo a tener mi ración de gozo navideño fuera de fecha.






Como éste es un blog de andar por casa, de chimenea encendida, mesa camilla y cuatro amigos leyendo, no voy a tratar aquí la variedad estrófica ni a fatigar influencias, algo que hace perfectamente Enrique en su reseña en El debate, que llamó con acierto "Todo es don, todo es misterio", uno de mis versos favoritos del libro, que además da nombre a una poderosa sección.

Sí que hablaré de la emoción y el magnetismo que emanan los poemas. Virtudes que van in crescendo, de menos a más, del principio al final del poemario. Al comienzo puede parecer un libro culturalista que respira Grecia y bebe del mundo del arte, algo totalmente lícito pero que si se quedara ahí, sería pobre... Sin embargo, ya entonces hay versos absolutamente cautivadores como: 


"el alma resplandece, insobornable",


O


"Mira mi corazón hecho de niebla,

se queda hecho jirones a tu lado,

a tu lado defiende la Belleza".


Esta primera parte alcanza su clímax en el poema que da título al conjunto, Reino de Estrellas, que transmite una idea persistente en el libro: la firme voluntad de responder a una vocación, a un camino que a la vez es regalo. Es una pieza hipnótica, para usar una palabra de García-Máiquez, gracias a las repeticiones obsesivas que van creciendo en intensidad y nos introducen en una determinada atmósfera, algo que Trotter ha aprendido bien de Julio Martínez Mesanza.






Y llegamos, creo, a la razón por la cual este libro me ha subyugado tanto: desde que empecé a leerlo me di cuenta de que su autor y yo hablábamos el mismo idioma, de que Juan Ramón Trotter era "uno de los nuestros": en su universo brillan Tolkien, Chesterton, Dante, Mesanza y hasta John Henry Newman, nada podía salir mal. 


De ahí, hacia arriba, hasta las estrellas. 

En "Uno de los nuestros" los homenajes literarios traslucen la emoción, no la enturbian sino que la revelan. Y en "Esto perpetua!" hay una alegría himnica, épica, una verdadera alegría: la clara tendencia hacia el bien y la belleza derivan en un disfrute que hace brindar a los caballeros, con García-Máiquez a la cabeza.





En muchos otros poemas hay, por contra, un dolor callado y humilde, tímido, y un deseo de trascenderlo mediante, precisamente, los trascendentales. Un afán de nobleza que ennoblece, un deseo de inocencia que es también exigencia.


Hay también un amor por el silencio y la lentitud que se transparenta en la sección La luz entra a raudales. Y es que el libro cierra con luz, una luz chispeante que acaba por hacernos suyos. Esa mezcla de don y misterio que realmente son una sola cosa se apodera de los poemas más navideños, pero late también en las páginas anteriores. Esa intuición de que los Reyes Magos son chestertonianos, y esa oración sotto voce, absolutamente confiada y humilde en la cual el poeta pide a Dios que nunca le ofusque la mirada son conmovedoras y tienen la fuerza de la buena literatura unida al arrollador atractivo de la verdad.






sábado, junio 20, 2026

El nombre

Descubres de pronto lo mucho que estás empezando a querer a una persona porque sientes deseos irrefrenables de rezar pensando en su nombre.

Delante del Sagrario lo murmuras, lo deletreas. Paladeas el nombre delante de Dios y ya sólo decirlo es una oración, es incluso un chiste secreto. Porque sientes que Dios te responde: ya, ya, ya te conozco, no hace falta que me digas más. 

Y sabes que diciendo el nombre delante de Él no vas a equivocarte, no vas a caer, porque será Él quien guíe tu corazón.

sábado, febrero 21, 2026

Primavera, ¿eres tú?

 Por fin salió el sol... 


Mi tocador, by Merl 


La inspiración 

Me encanta ver mi tocador y mi ventana al amanecer, y más aún si tengo una mejor amiga artista que lo retrata con pinceladas llenas de luz.

En Sevilla me consta que ha estallado el primer azahar, afortunados ellos, los sevillanos a mediados de febrero, pero para el resto de los mortales españoles hace mucho frío y se agradece tener una amiga artista que aprisione los pocos rayos de sol que nos regaló el carnaval, y que ahora nos ofrece la Cuaresma.


Por cierto, hoy hace exactamente quince años que vivo en Logroño y que trabajó en UNIR...


sábado, enero 10, 2026

¿Veinte años no es nada?

En 2026 este espacio cumple veinte años. 

No me sé la fecha exacta, pero sé que comencé a escribir después de las Navidades.

Imbuida de nostalgia, pero a la vez agradecida por la inminente existencia de mis amigos poetas sevillanos, y con el acicate del glorioso blog de Enrique García Máiquez, Rayos y truenos. Pues fue su continuada lectura la que me salvó de caer en la tentación de aficionarme a series de chik TV como Sexo en Nueva York, ¡anatema!




Hace veinte años yo era una niña, estaba aún por hacer..., y el mundo era muy diferente, Internet no más asomaba la patita por debajo de la puerta, y si querías asomarte tú a esta gigantesca ventana, tenías que abrir la centelleante pantalla de un ordenador, en la soledad de tu mesa de trabajo o en la vibración del locutorio.

No había móviles inteligentes, no había red en el teléfono, la gente se enamoraba en los bares o en las salas de conferencias, no había este concepto tan difuso y catastrófico de "el chico que me habla". Palabras como ghosting y love bombing eran ciencia ficción.

Teníamos un PC, eran los 2000 y por eso nos sentíamos tremendamente modernos. Y no sé si es que entonces andábamos por los veinte años y ahora casi araño los cincuenta, pero todo me parecía mucho más de verdad. 

Yo estaba escribiendo mi tesis y ya tenía menos tiempo para quedar vis a vis con Nico, Beades, Pablo... mis desaforados amigos poetas, y atravesaba una de mis famosas y breves sequías de versos, por lo que Fidel Villegas nuestro mentor, mi querida María Eugenia, los mencionados poetas y el mismo Enrique me animaron a explorar la prosa. Aquí. 

Cuatro lustros después..., aquí sigo. Siempre digo que este blog parece muerto, pero en realidad solo está dormido, a veces de parranda. El año pasado escribí seis entradas; el anterior, unas ocho... Para dos mil veintiséis me he propuesto al menos doce, una por mes. Me apetece renacer pero no prometo nada, como siempre: ya conocéis mi torpe aliño indumentario. De repente habrá un ligero destello, un oasis en un yermo, y mis cuatro gatos lectores, los que aún permanecen, me leerán. ¡Seguimos!