Acabo de recitar poemas en Sevilla, dentro del club de lectura del centro cívico de Las Columnas en Triana, y además de leer en voz alta piezas que acabo de escribir, hice un recorrido por poemas dedicados a Aragorn, desde Pampaluna hasta El último minuto y algún inédito que otro.
Aragorn, ya sabéis, el personaje tolkieniano, ideal de caballero que al principio parece oscuro pero sonríe e ilumina toda la ciudad y batalla junto a Frodo y es el compañero perfecto y por supuesto se casa con una elfa que renuncia a la inmortalidad por él, y cómo no hacerlo.
Pues no estaba yo preparada para la reacción de una de mis lectoras, que me dijo muy claramente que yo estaba cometiendo una injusticia al tener como ideal masculino a Aragorn. Uy, lo que me ha dicho.
- Pero, pero..., injusto, ¿para quién?
- Para los hombres. Porque ningún hombre real es Aragorn, respondió ella. Tremendas declaraciones.
- ¡Es un arquetipo! ¡Es un ideal!, me defendí, pensando que me han acusado de cosas muy peregrinas en la vida, pero de que me guste Aragorn, nunca jamás.
Y por argumentar le dije que entonces la donna angelicata era injustísima.
- ¿Quién?
- Beatriz, Beatriz, la amada de Dante.
Como por esas señas tampoco caía, añadí: la dama petrarquista, esta dama tan rubia y tan clara y toda virtudes, pues tampoco existe..., y sin embargo enfervorizó a los hombres durante siglos, y es que si en el corazón no se manda, en los arquetipos mucho menos...
En ese momento recordé que una vez una alumna mía me dijo que la dama petrarquista era pura xenofobia. Porque así estamos, lo de las virtudes lo dejamos para otro día, pero mi alumna se quedó con la rubicundez y le pareció una injusticia supina.
Bajando a un territorio un poco más ameno pensé en argumentar que yo también podía cabrearme porque en los 90 triunfó la delgadez extrema femenina, y ya podrían Rubens o Botero seguir siendo el canon de belleza...
Pero, de perdidos al río, terminé diciendo que Aragorn sí que existe, o al menos he conocido caballeros que siguen ese ideal en su vida, y que querer parecerse a Aragorn un poquito a mí ya me parece algo bastante atractivo.
- ¡Tú eres una optimista!, zanjó mi lectora.
La poeta feliz, otro arquetipo.
















