Mañana comienza septiembre y yo, por supuesto, no me he terminado aún la Divina Comedia...
Porque no sólo me compré este libro para leer en agosto, sino que también me he bebido a Simone Weill y sus Intuiciones precristianas en una nueva edición de Alianza Editorial que comprende los textos originales en griego y las deliciosas traducciones que hizo la genial filósofa, aunque al fin y a la postre mi fragmento favorito del libro no trata de mitos griegos sino que es aquel del cuento escocés del duque de Noruega... Resulta apasionante cómo desgrana Weill la presencia divina en la preciosísima literatura popular.
A mí la forma de buscar al amado que narra al desgranar la historia me recuerda al Cantar de los cantares o al Cántico espiritual de San Juan. Y me parece preciosa la idea de que la princesa estuviera disfrazada de moza de cocina... Porque nuestra alma es exactamente así, una gran señora vestida de criada.
Luego, antes de meterme en Dante todavía, me dediqué a este arrebatador poemario de Mario Míguez, La cabeza de Tomás Moro (y otros poemas católicos), con prólogo de José Mateos. Sin desmerecer a los otros poemas, -por ejemplo tiene muchísima fuerza la forma de narrar el bendito sacrificio de Edith Stein o la magnífica locura de Juan "el loco de Dios"-, es absolutamente arrollador el poema que da nombre al libro. Hipnotiza el discurso de la dulce Meg que viaja en un crescendo, desde la tristeza hasta la santa cólera...
"¿Qué sois mil sabios ante un hombre santo? Un santo vale más que cien mil sabios…”
Por fin llegué a la Comedia traducida por Mico en El acantilado, y estoy tomándomela con calma, porque es un libro que hay que disfrutar sorbo a sorbo. No hay prisa ninguna, solamente hay que gozar de los tercetos dantescos uno por uno, demorándose en su gran belleza. La música de la que los ha dotado José María Micó, plenamente fiel a Dante y a la vez plenamente poético en castellano.
No me extraña que haya ganado premios ni que varias personas entendidas me hayan recomendado esta edición. Estoy aún al principio del infierno y no me siento con autoridad para decir gran cosa sobre un autor que han estudiado tantos sabios, pero simplemente quería recomendaros con viveza esta lectura, para lo que resta del verano (¡ay, septiembre!, L'eté indien!) y para el comienzo del otoño.
¡Y para iluminar el invierno entero!














