viernes, marzo 06, 2026

Viajes en autobús

Últimamente viajo mucho en autobús. 

Trayectos breves, rurales, de carreteritas de cuento entre árboles o viñas.  O viajes largos, interminables, de seis horas con veinte minutos libres entre medias en una zona de servicios con burger King en Bailén. Donde pido unas patatas fritas pequeñas y fanta zero de limón, porque es viernes de cuaresma, y a la abstinencia he unido el ayuno... Tengo dos tristes zanahorias en el bolso, envueltas en papel albal. 

Mirando por la ventana, pienso en un viaje de Pamplona a Logroño que hice hace una semana, con unas ganas increíbles de llegar a casa y un cansancio de siglos, y diecisiete por ciento de batería en el móvil. Y me lancé a la loca aventura de escribir un poema. 




Por último, recuerdo un viaje inmenso, infinito, nada menos que de Cádiz a Irún iba el autobús aunque nosotras, mi madre y yo, lo cogimos en Sevilla. Íbamos a viajar toda la noche y hacía frío aunque ya era primavera. Dijimos, vamos a dormir. Y mi madre desplegó su abrigo, que era de esos de plumas, ligero pero caliente y color chocolate, sobre nuestros dos cuerpos acurrucados. Y supe que mientras ella viviera en este mundo yo nunca pasaría frío, ni me sentiría sola.

sábado, febrero 21, 2026

Primavera, ¿eres tú?

 Por fin salió el sol... 


Mi tocador, by Merl 


La inspiración 

Me encanta ver mi tocador y mi ventana al amanecer, y más aún si tengo una mejor amiga artista que lo retrata con pinceladas llenas de luz.

En Sevilla me consta que ha estallado el primer azahar, afortunados ellos, los sevillanos a mediados de febrero, pero para el resto de los mortales españoles hace mucho frío y se agradece tener una amiga artista que aprisione los pocos rayos de sol que nos regaló el carnaval, y que ahora nos ofrece la Cuaresma.


Por cierto, hoy hace exactamente quince años que vivo en Logroño y que trabajó en UNIR...


sábado, enero 10, 2026

¿Veinte años no es nada?

En 2026 este espacio cumple veinte años. 

No me sé la fecha exacta, pero sé que comencé a escribir después de las Navidades.

Imbuida de nostalgia, pero a la vez agradecida por la inminente existencia de mis amigos poetas sevillanos, y con el acicate del glorioso blog de Enrique García Máiquez, Rayos y truenos. Pues fue su continuada lectura la que me salvó de caer en la tentación de aficionarme a series de chik TV como Sexo en Nueva York, ¡anatema!




Hace veinte años yo era una niña, estaba aún por hacer..., y el mundo era muy diferente, Internet no más asomaba la patita por debajo de la puerta, y si querías asomarte tú a esta gigantesca ventana, tenías que abrir la centelleante pantalla de un ordenador, en la soledad de tu mesa de trabajo o en la vibración del locutorio.

No había móviles inteligentes, no había red en el teléfono, la gente se enamoraba en los bares o en las salas de conferencias, no había este concepto tan difuso y catastrófico de "el chico que me habla". Palabras como ghosting y love bombing eran ciencia ficción.

Teníamos un PC, eran los 2000 y por eso nos sentíamos tremendamente modernos. Y no sé si es que entonces andábamos por los veinte años y ahora casi araño los cincuenta, pero todo me parecía mucho más de verdad. 

Yo estaba escribiendo mi tesis y ya tenía menos tiempo para quedar vis a vis con Nico, Beades, Pablo... mis desaforados amigos poetas, y atravesaba una de mis famosas y breves sequías de versos, por lo que Fidel Villegas nuestro mentor, mi querida María Eugenia, los mencionados poetas y el mismo Enrique me animaron a explorar la prosa. Aquí. 

Cuatro lustros después..., aquí sigo. Siempre digo que este blog parece muerto, pero en realidad solo está dormido, a veces de parranda. El año pasado escribí seis entradas; el anterior, unas ocho... Para dos mil veintiséis me he propuesto al menos doce, una por mes. Me apetece renacer pero no prometo nada, como siempre: ya conocéis mi torpe aliño indumentario. De repente habrá un ligero destello, un oasis en un yermo, y mis cuatro gatos lectores, los que aún permanecen, me leerán. ¡Seguimos!