martes, octubre 05, 2010

Los tres estados del alma (II)

Hay un estado del alma que se debe evitar a toda costa. Se recomiendan todo tipo de acrobacias mentales y piruetas psicolíricas para salir de este estado, que unos llaman de nube negra, otros designan con el manido "estar ploff", y yo he bautizado poéticamente como "La Maldición de la Piedra".
No se trata de la típica depresión de baja intensidad que nos acomete en otoño, ni del spleen, bajón o día nublado. La Maldición de la Piedra no es sólo una sensación aguda del alma sino una certeza, una terrible certeza. Tomé el nombre de un poema de Miguel d´Ors titulado "Pues vaya con la divina Providencia":

[...] Imaginad ahora
una piedra salida
de la Mano Divina
cruzando siglos-luz por los que rotan
con música callada las esferas,
una piedra en el vasto
silencio de los mundos.

Pues yo apuesto un millón
a que adivino en qué cabeza cae.

Hay temporadas en que vivimos encogidos, sabiendo fieramente que ahí, en lo más alto, donde tanto brilla el sol, hay una piedra destinada a mí solito, aguardando el momento propicio para caerme encima. De este pensamiento maligno hay que huir por encima de todo: "enemigo a la vista, huyamos despavoridos".
Lo primero que hago es ponerle un nombre poético y ridículo a partes iguales, y de paso leer de nuevo el fantástico poema dorsiano. Y ya que hemos abierto el libro, seguir leyendo al buen tuntún poema tras poema, y cuando ya me he empapado bien de hórreos y vacas en Cotobade, una luz oscura como de lluvia del Norte, con ese brillo negro del charol, se abre paso en mi mente y, aunque resulte paradójico, tanto domingo desaprovechado y lunes lluvioso llena mi alma de una insana alegría.
Si el pérfido estado del alma me ataca en un momento poco cultural, recurro a la ecuación más dulce del mundo: Música + Azúcar = Subidón. Hay que escuchar a toda pastilla la canción Life de Des´ree, o Viva la vida de Cooldplay que también sirve, pero mientras se fatigan mis oídos debo saborear una piruleta roja de corazón, marca "Fiesta". Si no, la receta no acaba de funcionar. Antes de que las dos canciones terminen tengo que contemplar mi cara en un espejo, como la reina de Blancanieves. Veo mi lengua roja, y en claro silogismo recuerdo que para Dios soy, sigo siendo y seré siempre una niña.
Y ya sabemos todos que los niños son de goma: el poder de la Maldición de la Piedra no prevalecerá contra mí.

miércoles, septiembre 29, 2010

Los tres estados del alma (I)

El alma no se queda quieta nunca, atraviesa túneles de vértigo y lagos azulísimos cada día, al alma le suceden quince mil cosas por minuto y nosotros, en la periferia, nos enteramos de muy poco, de casi nada. Pero sí sabemos que hay estados de alerta, concretamente tres. Hay tres estados peligrosísismos en el alma, y para exorcizarlos les he puesto nombres de cómic, de poema, nombres cultos para expresar lo tragicómico.

Hoy hablaré del estado más placentero, que a pesar de su aparente quietud encierra un gran peligro: yo lo he bautizado como "la Tentación de las Tres Tiendas". El nombre viene de un pasaje del Nuevo Testamento: en el instante mismo de la transfiguración de Jesús, en la cumbre del monte y en medio de una nube de eternidad, Pedro medio borracho de Dios balbuce: "qué bien se está aquí: hagamos tres tiendas." Esas tres palabras resumen lo que cualquier otro ser humano hubiera querido decir. No te escapes, no te escapes, susurramos siempre a la felicidad esquiva.
La Tentación de las Tres Tiendas es el momento de máximo placer, de máxima calma, cuando el alma parece no desear otra cosa que seguir sumida en esa burbuja, auténtico spa espiritual que le ha deparado el risueño destino. Ojo, no debemos confundirlo con la mera pereza: estamos hablando de un estado del alma. Lo que sucede cada mañana a las siete y cuarto en mi cuarto no es la Tentación de las Tres Tiendas, sino más bien un ataque brutal de vaguería. Y es ése el peligro latente: como en un espejo oscuro debemos descubrir qué placeres tranquilos merecen el nombre de tentación.

La verdadera Tentación de las Tres Tiendas se desencadena en pleno recital poético de Jose Julio Cabanillas, o en plena lectura del último libro de Miguel d´Ors, o cuando lees con deliciosa lentitud el blog de Enrique García-Máiquez. También ocurre cuando escuchas por decimocuarta vez una vieja canción de Mocedades, o en medio de un concierto de Los Walkman. Sucede cuando nos rodean los buenos amigos, esos seres ante quienes nuestra alma se pone cómoda, en bata y zapatillas. Un café con Lord Scutum. Una tarde en la placita de la Juncal con Merl, entre niños que juegan con monopatines. Unas horas en la terraza del hotel Doña María con Amalia Bautista. Fernando do Vale Salteiro en la cafetería Alcázares, entre ceniceros y vasos de fanta de naranja.




Hoy, de nuevo, me ha sucedido. En el Parque de María Luisa, mientras mi sobrino Manu tiraba piedras al estanque. Y yo hacía esta foto, y la tarde se ensombrecía.

domingo, septiembre 26, 2010

El amador hippy

Yo no ligo mucho, pero cuando lo hago es a lo grande, con mayúsculas y en luces de neón. Y siempre con tipos raros: si no, no tendría gracia. ¿En qué cabeza cabe que un taxista, a la pregunta "qué se debe" me responga: "se me debe ver mañana, quedemos a tomar un café"? Sin embargo, lo más sonado me ocurrió en París, en plenos Campos Elíseos. Corría el año 2008 y mi madre y yo nos dirigíamos a los almacenes Sephora. Yo simplemente flotaba de felicidad, y sí, había notado que había alguien mirando, pero en París la gente mira mucho y no me pareció nada alarmante.
De repente, un chico se nos cruzó, dando dos pasos rápidos y adelantándonos. Se puso a lanzarme una parrafada en arrebatado francés, y yo en la luna. Pensé que me estaba pidiendo la hora, así que le enseñé mi reloj. Él desabrochó el botón de su puño para mostrarme que también tenía reloj. Y, entre muchas otras cosas que no entendí, me dijo: "Je m´apelle Henri, je suis celibataire". Celibataire significa soltero, pero yo lo traduje por célibe. Pero para ser célibe parecía tirar los trastos con gran soltura mezclada con una sonrisa tímida que lo hacía simpático. Y hablaba: yo seguía sin entender nada, aunque más o menos supuse que me estaba cortejando de una extraña manera.
Lo contemplé: tenía pinta de hippy elegante, despistado y gentil. LLevaba el pelo largo y limpísimo, castaño, le brillaba. Iba vestido con ropa de mochilero pero con clase: ya saben, colores bien combinados. Y, sobre todo, tenía una frente despejada, unos ojos risueños y una gran sonrisa de niño grande. Tenía manos grandes también.
Entre el torrente de palabras comprendí que me estaba diciendo que yo era muy dulce y que deseaba verme más. Y de pronto reparó en mi madre, me preguntó "ta mére?", y le dirigió sus respetos. Hola me llamo Henri, soy soltero y me gusta su hija. ¿Da usted su permiso?
Alucinadas, le dijimos que éramos españolas y que no entendíamos nada. Y nos despedimos haciendo adiós, adiós con la mano. LLegamos a Sephora y, entre colorete de Nars y sombra de Stila, yo intenté reponerme.
A veces pienso en Henri. Tenía buena pinta.

miércoles, septiembre 22, 2010

La musa resopla donde quiere

Qué enorme paradoja. Yo me había propuesto aparcar temporalmente mi blog de maquillaje: no cerrarlo, eso nunca, sino más bien entornar las persianas por unos quince días, como si me hubiese tomado vacaciones. ¿Y por qué?

Estuve haciendo cuentas poéticas, y salgo mal parada. LLevo más de dos años bajo mínimos, escribiendo muy poco. Y aunque eso no nos deba preocupar, a mí sí me preocupa. Y no porque pretenda llegar a un cierto número de versos, superar una cifra como Clooney: en esto de la poesía sucede como en lo de "sacar" novio: si no salta la chispa, no hay manera. Y lo que a mí me inquieta precisamente es eso: la ausencia de chispa.

La poesía nace de la contemplación, del silencio que uno mismo guarda para mirar las cosas, iluminadas por dentro, en su maravilla esencial. La poesía está para mirar el mundo, deslumbrarse y dejarse fascinar. Y si duelen las muelas, metáfora amorosa, como Joaquín Sabina.
Hice mi examen de conciencia. Pensé que la pintura me estaba obnubilando. Y entonces comenzaron a afluir a mi mente decenas de buenas ideas para un buen post cosmético. LLámenle tentación, pero de pronto recordé... que no había escrito nunca nada sobre esmaltes, que tenía que hablar de la Cordura, que mi deber estético era rendir honor al Betadine.

Y había desistido de mi idea primera, había renunciado al heroico retiro cuando, escribiendo sobre jabones ¡zas!, vino la musa.


LA SAVONNERIE

El jabón, derritiéndose en mis dedos
con espumosa lentitud, me lleva
como en un cine exín a mi niñez,
y me enardece luego con lujuria
cosmética.


No es gran cosa, cojea por alguna parte que no sé vislumbrar aún, tendré que corregirlo... o tirarlo sin más a la basura, pero mientras me rondaba por dentro me sentía feliz. Y un poco menos frívola, supongo.

lunes, septiembre 20, 2010

Ora pro nobis!

Mi alma necesitaba algo así, algo como la imagen televisada del saludo entre este Papa alemán y teólogo, al que le gustan los gatos y que pese a la que está cayendo me cae irremediablemente bien, y una reina madre con sombrerito y sonrisa, acogedora, con el ademán justo de quien invita a tomar una taza de te a un vecino estrafalario.






Me chifla el cardenal Newman. Todo comenzó en marzo del dos mil uno, en una conferencia que impartía Víctor García Ruiz en Navarra. La mano de Dios, cuánto más callada, más poderosa, recuerdo que dijo, y recuerdo muchas cosas más. Me veo bebiendo en algún rincón destartalado sus diarios publicados en Rialp, y luego sus cartas completas en Encuentro, y luego Perder y ganar: una de mis novelas favoritas. La tenéis aquí, aunque recomiendo su compra física, un buen sillón en una tarde lluviosa de domingo y escuchar el suave crujir de las páginas. Y hundirse y empaparse en el Oxford decimonónico: desayunos, debates teológicos, partidos, cotilleos, rencillas, ironías y chanzas hasta el gozo infinito del lector. Y en una página recóndita, oculta, la penumbra litúrgica, llena de poesía: tremenda luz de vela que surge de las palabras de Willis, cuando intenta describir lo que para un converso significa la Eucaristía:

"Allí hay niños pequeños y ancianos, gente ignorante y gente instruida, almas que no han pecado y almas que han pedido perdón; pero de todas esas almas distintas se alza hasta Dios un solo himno eucarístico. Y su medida y su fin son esa Acción Inefable. Y... ¡Oh, Bateman! Querido Bateman... tú me has preguntado si es una ceremonia absurda, formalista... Es... (exclamando y poniéndose en pie) ¡una maravilla! ¡una maravilla!" (Newman J. H., Perder y ganar, ed. V. García Rúiz, Madrid, Encuentro, 1994, p. 279.)

Y Arp desglosa todo el emocionante viaje del Papa aquí,y aquí deja estaa foto deliciosa de este escritor delicioso, y quería compartir mi alegría con vosotros en este lunes luminoso.

miércoles, septiembre 15, 2010

En el Bazar Belmondo

Hace un par de días me regalé una "tarde de chicas": apacible y aventurera al mismo tiempo, sin reloj ni almanaque, paladeando el deleite de perder los minutos, demorándome... Derrochar una tarde con amigos: un lujo cada vez más inasible, pero que en el reflexivo septiembre aún puede hacerse realidad. Septiembre es un mes de retales, de trozos de sol entre nubes. Un mes de tiendas y calor, helados y rebeca por la noche.

Cris y yo nos adentramos en una calle de Sevilla, la más recóndita y hippie: Amor de Dios (de la que nadie nos separará.) Y ahí, en una esquina despintada y mágica, estaba el bazar Belmondo. Una tienda muy años ochenta, en la que tiritaba nuestra infancia. Camisetas de Chupachups Kojac, vestidos abombados y cajas de lata con estampado beatle. Y, en una vitrina... ¡llaveros de Playmobil!




Cerré los ojos y vi una calle: una frondosa calle de Alemania. Y yo con siete años. Y Nacho, aquel chaval, atropellándome, montado en una bicicleta cruel. Andaba yo jugando con media docena de playmobils, algunos a caballo, y no quedó ni uno. A cámara lenta veo a la madre de Nacho llegar, palparme las piernas, gritar a su hijo...
-¡¡¡Rocío!!!




Despierto en el bazar. Sobre nuestras cabezas infantiles se mecen tres hileras de Playmobil, pegados a una cadenita de metal y una anilla. Bailan despacio girándose en su péndulo metálico, cautivándonos.






Y no eran los únicos llaveros sicodélicos: había una pelota de badminton, una pistola de trapo y un cepillo de los de la ropa, con el mango forrado de cuadritos. Era la cueva de Alí Babá, veinte años después.





Y un perro negro y feo nos miraba.

domingo, septiembre 12, 2010

Me he vuelto roja

Estupefacción.

-Es la última frase que pensé escuchar de tus labios, me dice Carlos desde el otro lado del mar y del hilo telefónico.

- Tranquilo, cariño, que sigo yendo a misa to´los días...

(Risas telefónicas.)

- Vamos, que a la pira de sotanas no llego, pero... como me enganché a Amar en tiempos revueltos...

-Y eso qué tiene que ver...

-Hombre, pues mucho... Es un daño colateral. Ya sabes: tanto va el cántaro a la fuente... Sobremesa tras sobremesa con el corazón en un puño por culpa del escritor comunista encarcelado, primo de su primo... y de su prima...

(A ver, que me desvío. Más risas telefónicas.)

-... Y encima "me" encarcelan también a "mi" Angelito...

(Cielo santo, que alguien pare esto. Empiezo a hablar como una... como una... )

-Pues eso, que he generado una enorme sensibilidad hacia la represión franquista.

(Sí, ahora arréglalo con jerga supuestamente profesional, o sea, relamida, pavisosa, insufrible, lacia y definitivamente lánguida.)

- ¿Pero tú antes eras azul o qué?

- Así a sabiendas ni azul ni roja, yo no era nada, por algo nací en el 77... Peeeero nunca podemos minimizar el riesgo que tantos prejuicios de pequeñoburguesa... proliferando... latentes...

(Hala, yo sigo a lo mío.)

-No sé, mira, creo que hasta ahora, por respeto a mis abuelos, había obviado la cara menos amable del franquismo, y de repente surge, flup, como un gigantesco lirio negro...

Carlos tiene, ante todo, una mente literaria:

-Mmmmmm... ¿Y por qué no lo escribes en el blog? Ya estoy viendo el título de la entrada, "Me He Vuelto Roja", y las visitas disparándose...

-No sé, tú... Igual pierdo el poco público que me queda.

-No creo.

-¿No?

miércoles, septiembre 08, 2010

El Ocho de Septiembre

Hoy es día grande en Haro, La Rioja. Hoy celebran la Virgen de la Vega.






Imagino la plaza llena, los bares llenos, la basílica llena de velas encendidas. Y faroles. Y olor a otoño, viento en la orquestina de la música. Y sombras en los escaparates, vestidos ya de camel y de gris.
Atrás quedó el verano, el soleado vermut y nuestros juegos. Derrochamos las tardes indolentes, en partidas de naipes infinitos; mi primo se abrió un blog,






y entre vídeos de youtube y misas de doce se nos fue el verano.
Aquí termina el idílico post nostálgico festivo y comienza la publicidad descarada, pero el lugar lo vale: Id a Haro. Es el rincón perfecto para perderse en un fin de semana otoñal. Y la Herradura es la mejor zona de pinchos de todo el Norte, porque en La esquina sirven los mejores pimientos rellenos que ha comido el Ser Humano,







y en el Benigno, las patatas más picantes y sabrosas que podáis imaginar.





viernes, agosto 27, 2010

Claroscuro

Hoy es un día raro, especial. Sonámbulo. Mañana regreso al Sur, ayer murió una amiga mía. Una mujer explosiva, vitamínica, un volcán de alegría en erupción. Una mujer feliz: con cáncer y feliz. Tras derramar alguna lágrima, me la imaginé llegando al Cielo. Y pensé que entrar en el Paraíso debe ser como cuando yo, en los largos veranos de mi infancia, llegaba al Norte después de un viaje agotador. Y era agradable y extraño también, porque había dejado atrás mi casa y aterrizaba de pronto en una casa que también era mía. Y había luz dorada y una multitud de caras alegres, abrazándome.

Esta mañana compré el periódico, y saltó la sorpresa, (como una liebre). En el diario La Rioja sale un artículo precioso sobre Mirar el fuego, firmado por Diego Marín A. Mi abuela casi se ahoga de la emoción. Pero lo más importante es que emergen, uno a uno, los recuerdos: de cuando era niña, de los terrores nocturnos que sufría, de cómo milagrosamente fue encauzándose todo. Y de tanto recordar, sale un poema, el primero que escribo en nueve meses, concretamente desde éste.

EL SUSTO


El susto era un dragón de fuego rojo
que venía a comerme. Son terrores
nocturnos, salmodiaban
los médicos: bajadas de glucosa.
Era el terror primero, sordo y mudo:
los muebles se torcían contra mí,
la pared era un potro de tortura
y la luz un ciempiés interminable.

Y yo, con las pupilas dilatadas,
giraba en espiral. Era la guerra
de relámpagos secos. Para mí
era el dragón nocturno, y los demás
no traspasaban nunca mi planeta.

Ahora todo es luz entre las sombras,
he guardado el dragón bajo la cama
y dormir es mi sueño favorito.

martes, agosto 24, 2010

Morriña, murria, saudade

Comprar en el último tercio de agosto una revista de moda y belleza podría ser considerado una actividad de alto riesgo: desencadena en las neuronas de la sufrida lectora una depresión post vacacional anticipada. Las páginas del Telva se tiñen con los colores del otoño, la caída de la hoja, la vuelta al cole. Es cierto lo que dicen los poetas: vivir es irse despidiendo lentamente. Y a cuatro escasos días de mi regreso al sur, yo me despido.
Maestu ya forma parte de mi nostalgia: nos fuimos en una mañana soleada y mi despedida fue un último disparo. Eva retratando la puerta del Paraíso que dejaba atrás:




Más fotos del Locus amoenus que puebla los veranos de mi infancia: nuestro pequeño y frondoso campo a la hora del mediodía, cuando llegamos cargados de niños, bolsas, carretilla, mantel de cuadros y tortilla campesina:








La cascada fría, banda sonora de nuestras tardes:








El juego de luz y sombras a la hora de la siesta:







Ya no estoy allí. Pero en esta semana última disfruto de Haro, de la fila de alegres plátanos que se goza desde nuestro balcón, del tropel de primos y tíos que van entrando, saliendo, pernoctando a racimos en la casa, de las misas vespertinas en La Vega:






Esta basílica es especial: yo, que soy de Sevilla, quisiera casarme en ella. Se respira dentro una paz oscura y luminosa, una mezcla de penumbra litúrgica que nace del altar yviento azul que se cuela por el portón de madera...

Y por la noche, salimos a gastar las indulgencias recibidas. La Herradura es la mejor zona de pinchos de toda la Rioja. Y en el pub Nelson, en la plaza, puedes beber un cóctel japonesa a rtitmo de mariachis si tienes suerte. Y luego te regalan el agitador, en forma de dama desnuda.










viernes, agosto 06, 2010

En Logroño

Era tarde ya cuando decidimos visitar el museo Wurth. De La Glorieta sale un autobús gratuito para Agoncillo, a las seis de la tarde. Yo no conocía este gran local blanco, tan moderno por dentro y tan encantador por fuera, con un lago y mazos de espliego y flores moradas y un grupo de estatuas de bronce firmadas por Felo, el genial escultor canario afincado en la Rioja y amigo de mi tío Javier. Fuimos a visitar una exposición donde se ofrecen sus obras más míticas, más bellas. Pasamos primero por otra exposición de arte contemporáneo, que reúne sobre todo nombres alemanes desconocidos para nosotras, aunque también había un Picasso y un Barceló. Lo que más me atrajo y horrorizó al mismo tiempo fue este montaje:




Eran tres huevos de algo parecido al alabastro, asentados sobre el suelo en un rincón oscuro. Sobre ellos se proyectaba un haz de luz que conseguía plasmar rostros cambiantes y mortíferos, mientras los tres huevos macabros lanzaban al aire palabras terribles como "dolor", "tristeza", "muerte" o "fábrica". No recuerdo quién era el autor del invento. Allí permanecimos fascinadas, musitando "horrible, horrible", pero sin poder despegar nuestros ojos de la fantástica visión.
Las esculturas de Félix Reyes, en cambio, irradian serenidad.




Me entusiasmó ver a Pancho potaje, el cura de su niñez, que yo conocí en su taller como quien dice recién salido del horno:





Y pude ver por fin su famoso homenaje a las víctimas del 11 M, "solidaridad".





A la mañana siguiente, antes de regresar a la paz del campo, pude disfrutar de unos minutos en Castroviejo, esa librería donde puedo perderme y encontrarme en las páginas de cualquier libro, aunque sea el mío...


Y ver el mundo de dentro afuera: los libros, la ventana, las piedras, la calle bañada por la luz... y sumegirme de nuevo en la penumbra.






A las dos del mediodía aterricé en la calle Laurel: Juan y Pinchamé estaban esperándome.





Y, bajo sus vigas de taberna antigua, la mejor brocheta del mundo: langostinos con piña caramelizada.






P.S.: Pido disculpas por las erratas ortográficas que contenía este post. Han sido ya corregidas.

sábado, julio 31, 2010

Una semana en el cielo

Ya puedo ofreceros la crónica completa de nuestra semana en Maestu...
Esta es la llave de nuestra casa: una llave grande, recia, algo tosca, como la alegría que nos une bajo los árboles. La llave de un mundo mágico que se llama Verano en el campo.



En el pueblo, un sol embridado por el viento y una hilera de escudos de piedra. Yventanas con flores...





En el monte, el hayedo mágico... en Santa Teodosia... con el grupo de montañeros.





También disparé un flash solitario...



Fuimos una tarde a Estella. A la sombra de San Miguel, tras la misa del peregrino, nos esperaba una arboleda y las moras en penumbra, listas para ser gozadas. Sabían a dulce veneno, a tarde larga y suave de julio generoso. Al principio, Juanra se ofreció a alcanzar la fruta para mí.






Luego encontré una rama a mi altura, la altura de una hobbit, y fue Charo quien disparó la foto.





En el suelo se cruzaban las sombras, como las bóvedas de una catedral. Y recordé los versos sencillos de José Martí.
"Busca el obispo de España
pilares para su altar:
¡En mi teplo, en la montaña
el álamo es el pilar!
Y la alfombra es puro helecho
y los muros abedul,
y la luz viene del techo
del techo de cielo azul"









sábado, julio 24, 2010

Primeros días en el Norte

Montes. Caminos de cuentos de hadas. La Casa de los Siete Enanos, en medio del bosque. Moras. Juanra, Tere, Charo y yo cogiendo fruta del árbol, manchándonos los dedos, frente a una iglesia gótica. Frío. Fuego. Leche caliente, mantel a cuadros.







Mis primeras fotos, disparando flashes sin control, entre risas. El camino de Leorza, con su recodo idílico y lleno de misterio, como la manzana primera.

miércoles, julio 14, 2010

Rebajas

Como la inspiración no acompaña, he decidido llenar un post de imágenes, realizadas por mí o no... Últimamente me divierto con la cámara del móvil, que es la única que tengo y no resulta nada mal.

En primer lugar, sigo amando a Iker Casillas, a pesar del beso o quizás debido a él, ¡qué mono! Qué grande es este Capitán... Me cuenta Enrique García Máiquez que, en Madrid, había un balcón a reventar de chicas con un inspirado letrero: "¡Iker, sube, que Sara somos todas!" Me apunto al plan. Aunque, como es un demasiado utópico, mi amiga Cris me rescató ayer de la rutina veraniega y el suicidio lento por amor para llevarme a las rebajas de H&M en una plácida y risueña Tarde de Chicas, como mandan los cánones.




Salí de allí con unos zapatos de cuña de esparto (diez centímetros de cuña, ¡moriré! Eso sí, moriré con los tacones puestos, sintíendome muy poderosa. Y ya que estamos, ¿alguien sabe decirme qué hilos misteriosos relacionan la altura femenina con el poder? La otra alternativa es una barra de labios roja, que no duele tanto. Y en el otro extremo, lo que despoja a una fémina de todo su poder y su autoestima es la hora de la báscula, los lunes al sol: ¡drama!)





Encontré esta joya de chiste en el blog de Morgan, que además cuenta con gracia infinita cómo a los hombres no hay quien los entienda (hace unos días leí que sí, son menos complicados que nosotras... pero es esa sencillez la que en el fondo esconde una complicación sibilina...)
Los zapatos me costaron cinco euros y son el colmo de la comodidad. Y encontré también un bolsito con flecos de falso cuero en un delicioso color topo.






En menos de una semana volaré a Maestu dispuesta a leer, a respirar montaña, a bañarme en el río. Para el pelo tengo un artilugio fenomenal que consiste en un spray del Body Shop. Huele a arándanos y protege la cabellera del sol, la sal, el cloro y el calor artificial que nos atizamos las mujeres en nuestra brutal coquetería.




¡Esta es la imagen de la felicidad!

martes, junio 29, 2010

Una chica normal

Blanca y Daniela eran amigas. Muy amigas. Su historia era como la de Romeo y Julieta, pero en versión niñas de ocho años luchando contra viento y marea por su amistad. Blanca era hija de un catedrático, que no era poco. Pero es que Daniela era hija de todo un conde. Y claro, detrás del conde había una condesa, clamando furiosa contra las malas compañías. Una plebeya no era el ideal de amiga que había soñado para su pequeña. Los padres de Blanca pertenecían a la clase media, y eran firmes partidarios de la clase media. No querían sueños de cenicienta antigua para su hija.

Las profesoras del colegio, atendiendo el deseo de ambas familias, intentaron apartar a Daniela de Blanca. Y eso hizo que ambas se buscasen con mayor empeño. Tenían la misma imaginación ardorosa: les gustaba jugar con las palabras, construir un mundo de ciencia ficción. Habían creado lo que pomposamente llamaban "una sociedad secreta", y la habían bautizado con dos letras, I.F. Las siglas de Imagen de Fátima. No es que fueran muy devotas, eran más bien dos fantásticas, y se reunían debajo de un precioso olivo que, en palabras de Daniela, "era muy apropiado para que la Virgen se apareciese encima". Allí hablaban de príncipes azules, inventaban alfabetos en clave y coleccionaban piedras. Piedras raras como el oro, como raras eran ellas mismas.

Pasó el tiempo y llegaron a cumplir los doce años. Es una edad peligrosa: las chicas miran hacia atrás y se avergüenzan de haber disfrutado tanto jugando juntas. Lo que desean ahora es robar la laca de uñas a sus madres, cardarse el pelo y admirar la esbelta figura de Patrick Swayze mientras tararean Be my baby. Daniela tiene la posibilidad de viajar a París junto a Laura, la chica más mona y rica de la clase. Le promete a Blanca que cuando regresen... Ya no recuerda qué sucederá cuando regresen. Ya no importa. Ha transcurrido un curso entero y ahora tienen trece años. Velozmente se acerca el mundo de las puestas de largo, y Laura y Daniela se entretienen hablando de tierras y viejos títulos. Nobleza obliga.

Blanca tiene más de treinta años y está cenando en un bar algo pijo con su madre y unos amigos, a la luz de las velas. Én la mesa de al lado hay un hombre perfecto, vestido con una corbata y una sonrisa. Derrocha elegancia. Tiene toda la pinta de tener dinero, de venir de una buena familia y de seguir siendo aún así un tipo normal. Blanca no puede ver a la mujer que lo acompaña, sólo intuye que es andaluza y cosmopolita. Gírate con cuidado, susurra su madre. Y se encuentra frente a frente con ella.

Guapísima, llena de distinción. Su pelo es un rayo negro lleno de fiereza, y ella recuerda cómo bullía desordenado. Ahora brilla. Y sobre todo, brilla en Daniela la ilusión del primer momento, esa que no miente nunca. Y hablan, recuerdan, se ríen. Él interviene de vez en cuando. Mi marido, Javier. Yo no tengo marido. Ya vendrá. Boda y mortaja, del cielo baja...

Dicen muchas otras cosas. Todo a cámara lenta. Blanca entiende de pronto por qué en el cine se oscurecen e iluminan de pronto algunos fotogramas, por qué se ralentiza el tempo. No escucha, no respira, sólo contempla. Y lo que está contemplando es el más asombroso de los espectáculos: una chica salvajemente normal.

domingo, junio 20, 2010

La última cima


Estoy conmovida. Conmocionada. Emocionada. Me pregunto si una película puede despertarme, despertarnos. Si eso es posible, la película es esta.

Era sábado por la noche en Los Arcos. Compré, para mis primos, un cucurucho de cartón lleno de palomitas de maíz, con ese punto de sal picante y crujiente que engatusa a algunos y espanta a otros. Compré una centelleante botella de agua mineral para mí. Nos sentamos en la fila siete. Cerré los ojos. Abrí los oídos. No hubo trailers. La música in crescendo, los primeros planos, los poros de la piel tan a la vista, los ojos líquidos y alegres de los entrevistados.
Me habían dicho que iba a ver un documental. Pero lo que vi tiene guión de película de misterio, de amor. De terror del bueno. Tenéis que ir.

viernes, junio 04, 2010

Sorteo + 30.000 visitas

Ya tengo más de treinta mil visitas en el contador. Eso, desde noviembre, mes en el que di con la tecla exacta, dando un pequeño paso desde mi incompetencia informática. Treinta mil doscientas visitas en este justo minuto. Gracias a todos vosotros. Quería agradeceros vuestra constancia, vuestra fidelidad lectora, vuestros comentarios. Vuestros ánimos, por vuestras críticas, a las duras y a las maduras.

En la esfera beauty es corriente realizar un sorteo entre lectores cuando se alcanza una cima relativamente redonda, como esta. Yo no voy a sortear barras de labias entre vosotros, pero un lote de libros recomendados desde este cuarto de estar con chimenea... eso sí que pega, ¿verdad?

Las normas de los sorteos suelen estar ya establecidad, e incluyen:
- Hacerme un comentario en este post, con vuestro nombre real o al menos con el pseudónimo que habéis estado utilizando durante todo este tiempo. En el comentario podéis contarme cuál es vuestro libro favorito y por qué.
- Seguir este blog.y enlazarlo si tenéis vuestra propia página.

Y el premio... consiste en tres libros deslumbrantes y en un "regalo de la casa".
- Sociedad limitada, de Miguel d´Ors.
- El hacha y la rosa, de Luis Alberto de Cuenca.
- El último número de la revista Renacimiento, que lamentablemente se clausura.
- Las siete barbies solteras, de Paco Umbral (Nooo, es bromita.)

El ganador será elegido mediante el tradicional método de "la Mano Inocente": mi sobrino Manu escogerá al azar un papel bien doblado, introducido en un saco junto al resto de nombres participantes.

Este sorteo tiene, como todo sorteo que se precie, un patrocinador: la editorial Renacimiento y, concretando un poco más, Marie Christine del Castillo.

¡Suerte!

lunes, mayo 31, 2010

Libros y ron

Todos los lunes llego al colegio somnolienta, como si fuera una alumna más. Los ojos se me cierran y, en ese justo momento, una compañera de trabajo pregunta con zumba: "¿Has tenido un fin de semana loco?"

Por una vez acertó. Comenzó la locura el viernes en la estación de trenes, recogiendo a la poeta Amalia Bautista de un ave tumultuoso. En el balcón de mi casa guacamole, cigarros y diálogo, mucho diálogo. Y luego el calor extraño de Sevilla, con nubes, frío en la sombra y un sol picajoso. El hotel Doña María: su terraza a los pies de la Giralda. Tenemos a un palmo de nuestros ojos el pacharán con hielo que ha pedido Amalia y la filigrana medieval. Mientras ella descansa, se ducha y yo la espero, me recorre un río por las piernas, llego hasta la Casa de Libro y compro, electrizada, el nuevo poemario de Miguel d´Ors. En la facultad presento a Amalia y ella nos envuelve con su voz suave, de prodigio lento, de tristeza cálida. Le pido que recite el poema del puente, y el de los pies de sus niñas. Ovación cerrada. Cena con ella y con Cabanillas, Baltanás y Marie Christine del Castillo. Cotilleo poético. Jose Julio nos cuenta un cuento surrealista. LLego a casa a las doce, como Cenicienta. Cansadísima. Feliz.

El sábado me bebo los poemas de Miguel d´Ors. Primero de un trago, luego a pequeños sorbos. Saben a niñez y a vacas, a exabrupto lírico, a guasa épica, a epigrama genial. Saben a siempre y a nunca, a otro Miguel d´Ors, a felicidad imperfecta, a rimas libres. Saben a maravilla de nuevo y nunca acaba, a qué bien otro libro, otro río, otra fuente en la que beber, aquí su acólita.

Por la noche, juerga en casa de L. De nuevo guacamole: no había tabasco y le puse cilantro y crema de vinagre balsámico. De postre copas de caipirinha, lima verde invadiéndolo todo. Juegos de cartas y ron, mucho ron. Ron que sabe a matarratas, a me voy a intoxicar, y todos riendo y acusándome con el dedo índice, "has perdido, ¡bebes!" Así que bebo, grito, aúllo. Y me duermo en la chaise longe, entre almohadones. Ya en casa, dando vueltas a las cuatro menos cuarto, medio dormida busco Omeprazol. Mañana arde París, digo mi estómago, si no encuentro la pastilla bicolor que todo lo cura.

Y el domingo me despierto flotando, en medio de una resaca benigna de color champán. Nubes soleadas. Encuentro el librito Blogueína, de José Miguel Ridao, y me lo enchufo en vena hasta la noche, misa de ocho y cine en casa.
Pedazo de fin de semana loco: libros y ron.

jueves, mayo 27, 2010

One fine day

El lunes al mediodía, flash, mensaje en el móvil: "¡Sorpresa! ¡Estamos en Sevilla!" Y sí que fue una sorpresa: la oscura tarde de un lunes se llenó de luz, entre pitufos de plástico y botellas de aloe vera, con mis amigos Teresuca y Hervé, de Pampaluna.

Quedamos en la calle Sierpes y les sometí a uno de esos recorridos literarios que hacía yo antes con bachilleres de distintos puntos de España: ahora Cervantes, ahora Cernuda, ahora el Ateneo, ahora Gertrudis Gómez de Avellaneda y siempre los hermanos Bécquer y Machado... El camino coincide con otro itinerario más fashion, de tiendas especiales, secretas o vox populi (vox dei.) Comenzaron extasiándose con el antiguo teatro imperial convertido en librería: les conduje a la misma boca del escenario, donde han istalado las secciones de poesía, teatro y cine. Te giras un poco y puedes ver el paraíso convertido en libros, gran metáfora.

Una vez en la acera divisamos el arco efímero que han levantado para la celebración del Corpus Christi ("esto era así en todas las ciudades, en la sacrosanta España barroca...") Por un momento regreso a mis clases, a mis rubias alumnas que deben leer junto a Clarín y Valle Inclán las aventuras del Capitán Alatriste... "¿esto es literatura?", pregunta Katherine con curiosidad reprobatoria.





Después, en Los tres reyes magos, nos volvimos como niños a la vista de patos de goma, biberones mágicos y muñecos vintage. Y acabaron regalándome, por mi santo, un bebé asombrado (totalmente poético, decían), al que bautizamos con el nombre de Tomasso en honor al santo de Aquino, y porque la filosofía nace del asombro, dijo Jostein Gaarder. Lo he bautizado con agua Evian, nada menos. A Jostein Gaarder no, al muñeco vintage. Tomasso Evian Adaldrido del Lirio Mojado. Bueno, se me está yendo la olla, después tendré que corregir.





Luego fuimos en directo a la calle Amor de Dios, de la que nadie me separará. Entre chupas moteras en amarillo eléctrico, bolsos en forma de radio antigua y camisetas de Tintín nos anocheció. Al filo de las nueve nos dejamos caer, perezosamente, en Isbilia, donde en una vitrina había una recua de muñequitas playmobil vestidas de Bélle époque, con sombrilla y todo. Y otra con hábitos de monja. Pero "no están a la venta", nos dijeron. Yo me llevé un anillo de plata de aires élficos en forma de hoja. Y Teresuca lo fotografió en el Patio de San Eloy, no con fondo de azulejos y botellín de Kass sino flotando sobre un salmorejo bendito que vino a poner broche final a los festejos de mi santo.

domingo, mayo 23, 2010

Acariciar corderos

Los corderos huelen a leche, boñigas y calor materno. Un aroma ancestral nos rodea. El campo amarillo despierta con nubes de azúcar a lo lejos y un sol gigante, más amarillo cuanto más azul cielo. En torno al laurel del patio ruedan bicicletas rosas, niños con patines. Y un perro color chocolate que ladra con ojos mansos.
La cocina con suelo de guijarros huele a nata quemada, a postres de dulce rabia sobre los montes. Por el camino vimos cerdos y gallinas, "los huevos de aquí nada tienen que ver con los de la ciudad". Imagino un mundo idílico de grandes tortillas francesas, espojosas, jarras de leche tibia y quesos redondos, blancos. Panes dorados como muchachas acunan la tarde y la adormecen.

martes, mayo 18, 2010

Médico, cúrate a ti mismo

Estuve en la Feria del Libro con Merl, una tarde de sábado que se demoraba al sol. Arrastré literalmente a mi amiga hasta la caseta de Renacimiento, como siempre. Pudimos dar más vueltas que un tiovivo hasta descubrirla en el pórtico de la Plaza de San Francisco, dando la espalda al ayuntamiento. Al entrar por la puerta de cartón recordamos el auto sacramental que vimos en la plaza coronada de flores, guirnaldas de papel, hace ya años. En pleno mes de junio y en pleno furor calderoniano, la invité a ver El veneno y la triaca, nadando sobre un calor nada alegórico.

En esta tarde, cinco años después, nos dispusimos a escudriñar el baúl de cartón repleto de poemarios-joya, como siempre. Brillaban Las trincheras de Mesanza, "pero ya tengo Soy en mayo", me dice Merl. Ah no, afirmo, categórica. Tienes que tener las trincheras. Bueno, voy a mirar un poco por aquí, responde escabulléndose. Yo sigo mirando también, pero cada cinco minutos le recuerdo cuál es su deber. Lo necesitas, lo necesitas y lo sabes. Sabes que tienes que tenerlas. Necesitas las trincheras. Las trincheras necesitas. Nece... ¡¡¡Ya!!!, ruge mi amiga, tomando el libro en la mano y dirigiéndose a la vendedora. En el camino, sus ojos tropiezan con el delicioso volumen de los Chestertons, de Ada Jones. Ah, pero ¿no lo tienes?, pregunto inocentemente. Pues es algo increíble, deberías...

Pero no me dejan terminar la frase, y me acuerdo en un flash rapidísimo aquella historia que contaba mi abuelo sobre un general desesperado que grita: "¡Matad a mi hijo, tomad la plaza, pero por favor dejad de tocar el maldito cornetín!" La vendedora, en cambio, me mira fascinada. "¡Oye!", me dice. "¿No quieres recomendar algún otro libro? ¿No te quedarías aquí conmigo...?" Pero era tarde ya.

Han pasado siete días, y estoy sola en la feria, en la eterna caseta de Renacimiento. Y encuentro, en un destello de sol, El hacha y la rosa, de Luis Alberto de Cuenca. El libro fantasma que amé siempre y nunca tuve entre las manos. Recuento las monedas que tengo en el bolsillo, como hice entonces. Pasaré luego por el mercado medieval y esto supone quedarme sin el sérum artesano para el contorno de los ojos, a base de aloe vera, manteca de karité y aceites esenciales de tilo, jazmín y granada, pero sea. Médico, cúrate a ti mismo, susurra en mi oído mi gemela transparente. Yo también necesito El hacha y la rosa, y también lo sé.

P.S.: mañana este blog cumple cuatro años. Fue el 19 de mayo de 2006 cuando decidí encender la chimenea. Por mucho tiempo más, espero.

sábado, mayo 15, 2010

Espera, corazón, vendrá la lluvia.

Es viernes, no, ya es sábado, son casi las dos y no puedo dormir... porque tengo en los oídos el extraño silencio que sigue a la hermosura. Siempre que oigo recitar a mis amigos poetas tengo la impresión de estar asistiendo a un pequeños milagro. Un milagro breve, felíz, lleno de música. Cuando publique Toi las fotos del recital cuelgo alguna, esa mesa llena de poetas, concurrida, y todos recitando poemas inéditos de libros inéditos que se demoran en publicarse.

Presentó la revista Pablo Moreno, tras las palabras preliminares del Director de la Fundación Madariaga (que nos deja el salón) y del director de la Fundación de Cultura Andaluza (que nos financia los libros y revistas.) Pablo habló con palabras de humo, "de las cinco de la tarde", solemne y cercano a la vez.

Habló de la Revista Númenor y de cómo también es un milagro en equilibrio. Y luego fue presentando a los poetas. Recitó en primer lugar José María Jurado, que participaba por vez primera en uno de nuestros encuentros y que nos deslumbró con sus poemas de cuaresma y su proema sobre José Tomás, cegador. Me pareció admirable su forma de mezclar lenguaje preciosista con motivos cercanos, de tal modo que sus palabras llegan al mismo tiempo al corazón y a la cabeza. Eso no es fácil. Luego leyó Alberto Carpio su terrible poema de Sylvia Plath. Terrible hermosura. Estoy segura de que esos versos atravesarán los años. Buko (Juan José Cerero) recitó poemas de infancia, de su padre, de naranjos. En sus labios sonaban a nuevo y a fresco: eran los mismos temas que aparecían en Oro, su primer libro, pero madurados y evolucionados.

Paco Gallardo se merece párrafo aparte. Este poeta que sólo tiene un libro, editado hace diez años ya, es autor de versos que han fecundado todo el grupo y nos repetimos a modo de conjuro mágico y han servido de inspiración a muchos otros poemas:

cuando no sé qué hacer, estudio mapas

o

la amable arquitectura de tus manos
le gana la partida a la tristeza


o

escucha, corazón, vendrá la lluvia

esos versos que me acompañaron como la lluvia en pampaluna durante diez años, los diez años de mi amistad con los poetas de Númenor, los diez años que me han convertido a mí también en poeta de Númenor, que nos han visto crecer. Ver de nuevo a Paco recitando poemas tan sabios me ha hecho saber que no somos tan niños, ya no somos promesa. Que esto es de verdad. Y los dos últimos poemas recitados por Pablo Moreno han sido confirmación y acción de Gracias. "En ellos está mi casa".

P. S.: Varios me habéis preguntado "cómo fue lo mío". No lo he contado por aquello de no convertir este espacio en una permanente auto crónica, así que os remito al blog de Ramón Simón, que hace una perfecta crónica de la presentación de Las Barbies, hace justo una semana. Y aquí están las preciosas fotos que hizo Toi del Junco. Y aquí, un apunte "pictórico"...

domingo, mayo 09, 2010

Blues del domingo

La pereza es cálida, suave, un dulce vicio de fin de semana. El domingo es el día para ejercer la pereza, porque no hay librerías, los amigos se han ido ya y estás en el limbo, un limbo de sillón y mantas que resbalan. Disfrutas del domingo como si de un fantasma se tratase, con música en sordina, sotto voce, acordes que subliman tu pereza. Leyendo un libro a ratos, con lámpara modernista de flash melocotón sobre tus ojos.
Hasta enamorarte te da pereza ahora. No podrías quemarte a fuego lento, con banda sonora de lluvia, con ríos en la ciudad. Te da pereza el ridículo,te la dan los relojes. Te da pereza bajar a la calle soleada y volver a casa con doce huevos en la cesta bucólica. Los vas colocando uno a uno en la nevera. Redondos. Blancos. Tan redondos y blancos que duermes, te derramas. Tu pequeña pereza.
Rezar te da pereza, también, pero la vences. Rezar es dialogar, y con voz lánguida hablas a Dios de tu pereza. Dios mío, qué pereza. Y sientes sus dedos en tus ojos, "duerme, te lo mereces". Estoy soñando, dices, lo estoy imaginando. Pero Dios habla siempre entre sueños. También a Dios le gusta tu pereza.

martes, abril 27, 2010

El colgante en forma de galleta

Cuando empecé a trabajar en mi antiguo colegio, hace casi un año, una de mis mejores amigas me dijo: "tendrás que comprarte más ropa chula, porque las adolescentes se fijan en todo". Recuerdo que íbamos por la calle y que me detuve para responder: "oye, que no voy a trabajar de mono de feria". Ella hizo un gesto muy visual con las manos, "tú misma". Así que comencé por abrir mi armario y dedicarme a combinar lo que ya tenía añadiéndole algún toque especial.

Tengo un chaquetón azul noche de Adolfo Domínguez y miles de preciosos vestidos de H & M. Y una chaqueta de lana deliciosa color verde hierba que parece un campo de Irlanda. Tengo un abrigo negro y elegante, que me recordaría a Audrey Herburn si no fuera porque lo que hay debajo soy yo.

Tengo un par de trajes de lino, seriecitos y como de princesa pero sin ñoñerías, o eso espero... Tengo una chaqueta fina de picos, evasé, color berenjena que creo que es de Zara, y una corbata para mujer azul con abalorios fucsias y naranjas hecha a mano por una chica de Nueva York, que me regaló mi prima Cecilia hace dos o tres navidades. No tengo ni un zapato de tacón para diario, ni uno solo, y mido metro y medio, pero es que no puedo evitar odiarlos. No tengo medias, las aborrezco también: cuando voy a una boda en invierno me compro unas para la ocasión y luego procuro tirarlas a la basura.

Pero, después de varios meses de pavor secreto, descubrí aliviada que las adolescentes se fijan, sobre todo, en los complementos y en el maquillaje. Y en eso soy el rey del Mambo. Me lo paso pipa: llevo pulseras estrambóticas, las uñas pintadas de plata o los labios rojos. Todo para rematar un sosolook de camiseta negra y pantalones. Tenía razón mi amiga: es chulísimo.

Y, desde que conozco y amo la tienda Azul de mar de Madrid, el tobogán de genialidades ha sido imparable. Un anillo que parece de carey o de caramelo, según se mire. Una bolsita de plástico con ilustracciones naif de la torre Eiffel. Un brazalete de madera con rosas estampadas en negro, blanco y gris, haciendo juego con un pichi blanco y negro que compramos, mi madre y yo, en Mit Mat Mamá... Ahora leo esta enumeración caótica e improvisada y me recuerda al poema "Mitología casera" de Miguel d´Ors: un llavero, una fecha, una matriuska, unas callejas rancias — balcones con bombonas de butano y bicicletas de montaña —...

Lo último y la mayor locura ha sido un colgante en forma de galleta María. Me la he colgado hoy al cuello, sin pensar, y todas las lecciones han empezado de la misma forma. Es refrescante hablar de Salinger, de las perífrasis verbales o de las virtudes cardinales con una galleta flotando sobre una sencilla blusa blanca.

lunes, abril 19, 2010

Las Siete Barbies solteras


Umbral cabalga de nuevo: otra vez hablo de un libro mío que acaba de salir a la luz.
Pero es que este libro es especial: sin vosotros nunca hubiera sido escrito. Es una recopilación de los post más proéticos que haya garabateado alguna vez en este cuarto de estar con chimenea.
Y viene muy bien arropado por gente importante, deslumbrante: Julio Martínez Mesanza lo prologa, Ángel Ruiz lo reseña con generosidad y, el día siete de mayo, Enrique García Máiquez lo presentará.
Y Javier Caballero Wangüemert disparó la foto.

miércoles, abril 14, 2010

La Felicidad

Uno de los síntomas de la felicidad es es que vayas caminando por la calle, sean las dos del mediodía y te acompañe la música de los walkman. Y, de repente, empieces a cantar a grito pelado. A voz en cuello. Los walkman, el viento y tú: un triunvirato mágico*. Cantas y cantas, y no tienes ni idea de cantar, y la gente te mira. Pero no te importa, porque si fueras desgraciada la gente te miraría con aprensión, pero no: te miran sonriendo. La locura bulliciosa, feliz, plena, no asusta. No molesta. Quizás provoque un poco de envidia, pero entonces cualquiera puede pensar que las borracheras no duran y la caída es en picado, sin piedad. Y puede que tengan razón. O no.
Otro síntoma de la felicidad es que un lunes lleguen las seis de la tarde y tras todo un día en el colegio tengas que acercarte al Centro para dar una última clase, y que de pronto Cervantes te parezca tan absolutamente alucinante que te dé igual el cansancio. El cansancio es una isla brumosa, y de repente, la bruma lo eclipsa. Te encuentras en una ciudad irreal, nueva, donde Lope de Vega renace y te emborrona los dedos de tiza.

(*) Lo del triunvirato es propiedad de Pablo Buentes, pedazo de poeta.

lunes, abril 12, 2010

Chucherías

Tenía yo nueve años y no había en el mundo otra cosa más atractiva para mí que las nubes de azúcar y el regaliz rojo. También estaban los columpios, las piscinas azules en verano, la navidad en Vitoria, Asterix y Obélix y los libros de Puck, pero ninguna de esas cosas estaba prohibida. La prohibición dotaba a la química dulce de un legendario halo de deseo. La felicidad tenía el color de las piruletas, un rojo dulce que coloreaba mis labios como si fuera ya mayor. Pero esto no solía ocurrir a menudo.

Tampoco es que viviéramos en la posguerra: había dinero para libros, para tebeos de Tintín, para coleccionar minerales y pasear en barca por el río, para campamentos de verano y hasta para helados. El regaliz, en cambio, era visto como un capricho sin razón, y por lo tanto estaba proscrito y yacía ignorado hasta el largo verano, en Maestu, donde mi abuela se dedicaba a deseducar a sus nietos. El mes de septiembre era durísimo entonces: volvía a Sevilla, volvía al colegio y sobre todo volvía a la ley seca.

Cuando cumplí doce años, un vecinito de grandes ojos verdes y nombre romántico comenzó a convidarme a chucherías todas las tardes. Se gastaba cinco duros en regalarme nubes y regaliz rojo, y yo caí bajo sus encantos. Era guapísimo, ayudaba a mi madre con las bolsas de la compra y mi padre le llamaba “el caballero andante”. Yo empecé a sentir cierto pellizco y a escuchar las canciones de los Bee Gees pensando en él, lo que me parecía el colmo del enamoramiento.

Así pasó todo un año y llegó un nuevo septiembre. El chico acabó conociendo mi pasión y comenzó a presumir. En la fiesta de final de verano le vi bailando con otra: bailaba y me miraba, bailaba y me miraba con desdén. Las nubes se volvieron amargas en mi boca.

jueves, abril 08, 2010

(Ganas de cerrar el blog)

Cuando una persona mantiene dos blogs, tarde o temprano uno acaba comiéndose al otro.
Yo no conocía esta verdad universal, pero ahora he caído en ella de golpe. Como las cerezas. Publico muchas más entradas en Makimarujeos de una hobbit pija, siempre tengo inspiración cuando de maquillaje se trata, y cuando llego aquí me parece que nada queda por decir. Había pensado en despedida y cierre, pero me quedo en blanco sólo de pensar en apagar la chimenea de este blogg.
La poesía sale en mi ayuda. Estoy leyendo por tercera vez "Temporada de fresas" (Siltolá), de Pilar Pardo, que me tiene fascinada. Espero sacar tiempo para ofreceros una crítica, y cuando se presente el poemario, el 30 nde abril en la casa del libro de Sevilla, suplicaré a las musas un pedacito de genio para poder hacer una buena crónica. Y tengo que recoger un paquete de correos, cuyo remitente es nada más y nada menos que Miguel d´Ors. Qué emoción. Ha llegado el mismo día que un paquete de ultramar cargado de maquillaje, es mi sino esta desatinada conjunción de versos y barras de labios.
Y luego llega la feria del libro de Sevilla, la de Madrid, Mayo y los encuentros poéticos de Númenor... y a lo mejor me encuentro a mí misma. Por si la espera es larga os dejo un poema inédito que escribí hace ya un año, creo.

LA ESPADA

Por rendijas de nieve
por agujeros lentos se me cuelan
sin pedirme permiso mil imágenes
revelan una foto en mi memoria
y sales tú perfecto sonriendo
atravesando lluvias para venir a mí

la luz rasgando el aire tan oscuro
el sol como una espada combatiendo
la lluvia

y la luz era un dardo
y una espada tu imagen en la lluvia.

jueves, abril 01, 2010

Nosotros, los raros

Mis alumnas y yo hemos llegado al final del siglo XIX, y allí estamos, hablando del mal du siécle y de Baudelaire, toma ya. Tras lanzarles un speech nada pedagógico, a la altura de Verlaine y su magnífico ensayo alzo la vista para ver si hay manos alzadas. B., con sus ojos de mujer clarividente, pregunta: "Y, ¿por qué se llaman poetas malditos?" Que por qué se llaman poetas malditos: pues porque sus versos eran irracionales, visionarios, oníricos... porque hablaban de temas un poco escabrosos, como la relación entre drogas y creatividad...Y, ya un poco más relajada, termino: en realidad porque eran raros.
Pero, me dice B., en realidad todos los poetas son raros...
Silencio. Veo como le llueven codazos a B., me parece muy divertido. Y M., con su buena intención de siempre, intenta arreglarlo:
En realidad, en realidad todos somos raros.

jueves, marzo 25, 2010

Vida

Hoy he amanecido escuchando esa preciosa canción de Efecto mariposa, "Flotando voy". Esta canción, dice su autora cuando nacen los primeros acordes, habla de la vida, de esos nueve primeros meses de vida. Es una visión de lo externo, visto desde dentro.


Siempre me ha parecido una canción preciosa. Desde el comienzo tan original y mágico, que combina el latir de un corazón con una tonadilla de tiovivo infantil, hasta los primeros versos tan inciertos muchas veces, desgraciadamente:


"El tiempo pasa y todo sigue igual,
navegando en la tranquilidad.
Flotando en esta miel que tú me das (...)
Nada puede herirme alrededor,
nada hay que haga que me sienta mejor,
flotando voy."

Hace sólo setenta y dos horas celebrábamos el Día Mundial del Agua, que en Sevilla hemos celebrado con una buena noticia: tenemos garantizados tres años de maravilla líquida. Y hoy que es el Día Mundial de la Vida, ¡cómo me gustaría que lo celebráramos con la buena noticia de que en tres, treinta, tres mil años no iba a morir un sólo niño en la guerra, un sólo anciano en el hospital, un sólo bebé en la cueva materna, donde más arropado y tranquilo debería estar!

lunes, marzo 15, 2010

Botox

Las tías estamos como cabras.
Resulta que se casa una amiga mía del alma, y se casa en pampaluna. Y se casa con un chico que debe ser un santo y tiene, además, nueve o diez hermanos solteros. Mi amiga, ni corta ni perezosa, se ha puesto ya (despacito y buena letra) a hacer el cálculo de probabilidades y el horóscopo para saber con cuál de sus cuñados voy a tener yo una historia de ensueño, porque eso es así, nosotras que somos amigas del alma tenemos que devenir en hermanas de hecho y de derecho canónico, y esto va a salir y si no sale mecagüentodolofucsiaconrayasrojas.
Ya me imagino comprando un vestido ideaaaaaal: miraré primero en Adolfo Domínguez para educar el gusto, y después, directa a H&M. Me veo, cómo no, planeando maratón madrileña con recorrido fijo, Nars Goya-Mac Fencarral, con la excusa del "y yo con estos pelos", qué menos que comprar un colorete bronce rosado que haga juego con el brocado de oro rosa del trajecito en cuestión. Luego sobrevienen las dudas existenciales, no será todo supercursi, este vestido ¿no parece un colgajo de tocador de alcoba? ¿Tendría que haber tirado la casa por la ventana? ¿Adolfo Domínguez será siempre Adolfdo Domínguez, mientras que "esto"...? Pfffffxxxxtttt.
Por no hablar del tema joyas, años para procesar que lo que se lleva entre la gente joven es la austeridad y la bisutería, y de repente cambian los arquetipos, lo oscuro se vuelve claro y el barroco triunfa. Para eso lo mejor es tener una pulsera fija, decidir que el broche de tu abuela es necesario, y llueva lo que llueva la moda todos saben que al menos con pulsera y broche vas a aparecer. No hay dolor.
Mi amiga cree que las lágrimas de San Lorenzo van a servirnos de poción mágica. Y me ha pedido que haga voto de no enamorarme de aquí a la boda, que es en agosto. Claro que sí, mujer: tengo la agenda repleta de amoríos pero me los voy a saltar todos por respeto a lo que me depare la Divina Providencia. Con esta vida de profesoressa que llevo tengo difícil lo de ligar, pero si tú quieres que haga botox de no enamorarme, los hago. Pongo por testigos a todos los lectores de mi blog: leyendo espero a mi fantasma azul.

jueves, marzo 11, 2010

Islas

Javier Sánchez me hace llegar el número uno de la revista que ha creado, "Isla de Siltolá, revista de poesía", con un consejo editorial envidiable: nada menos que Abel Feu, José Mateos, Luis Alberto de Cuenca y Julio Martínez Mesanza. Lo abro a la mitad, donde las hojas me lleven, como abro los libros que me gustan. Y lo primero que ven mis ojos es un poema de Jose Julio Cabanillas mágico y misterioso, de embrujo.

EL SOL DEL UNICORNIO

Este sol de diciembre,
de plata, casi a oscuras como el ojo
de un único unicornio que aún queda en el planeta

y busca su refugio mientras vive ¿hasta cuándo?
Y cuándo la Doncella que le aplacó la sed,
cuándo el árbol hermoso,
cuándo la rama verde en que vibró la luz.
Este sol de diciembre que mira un unicornio,
este sol de diciembre que miro mientras viene

Ella, hermosa, a llevarme.

II

Sentí pasos del viento que venía
de lejos y muy lejos me llevaba.
Muerte, pues has entrado, ¿ya es la hora?
Y su voz sonó a plata cuando oí:
- La Muerte no; soy el Amor que aguardas.

Luego comienzo por la primera página, y encuentro dos poemas nuevecitos de Miguel d´Ors, ¡qué maravilla! Uno de ellos, llamado 1938, habla de su padre, supongo, en plena guerra y en el frente de los que Rafael Alberti llama enemigos. Se lo leo a mis padres por la mañana, en el desayuno, en medio de un racimo de plátanos y una tostada de jamón dulce. Y entonces me cuenta mi padre una anécdota gloriosa: relata Laín Entralgo en sus memorias que, al filo de la contienda española, se encontró con Eugenio d´Ors y con su hijo. El que años después llegaría a ser Don Álvaro contaba con unos veinte años y se iba a la guerra, pero antes su padre quería nada menos que armarle caballero. Y lo tuvo toda una noche en la catedral de Pamplona velando armas, y a la mañana siguiento lo armó caballero y lo mandó al frente.
Por toda la cocina suenan los chisporroteos de mis carcajadas. Me bailan los ojos. ¡¡¡Eso es una familia verdaderamente genial!!!

p.s.: He estado hablando con Miguel d´Ors y me ha dicho que el qe veló armas era su abuelo, Eugenio d´Ors. No sé cómo rehacer la entrada para no faltar a la verdad, así que lo añado aquói como posdata.

lunes, marzo 08, 2010

La Crónica

"Yo he venido a hablar de mi libro, no del libro de este petimetre, y llevamos un montón de líneas y todavía no se ha hablado de mi libro."
- Francisco Umbral, escritor y hablador de su libro.
Me siento un poco como Paco Umbral hablando de mi libro, pero a petición de Carmen, Arp y Espinelete voy a ofrecer una pequeña reseña de la presentación. ¿Qué puedo decir? La sala estaba llena de buenos amigos y de amables desconocidos (Juan Antonio González Romano ha hecho una buena crónica social.) Estaba casi todo Númenor en la primera fila, junto a Toi y Ramón Simón que disparaban flashes magistrales (las fotografías que acompañan esta entrada salieron de las manos de Ramón.) Añoré muchísimo a Carmelo Guillén Acosta, que estaba en Madrid leyendo sus poemas a un maravillado público, y a Enrique Gracía Máiquez, que temblaba en El Puerto ante la misteriosa luz de una ecografía. La ausencia de Fidel Villegas fue por mi culpa: hubo un malentendido.



Jose Julio Cabanillas dijo cosas increíbles, citó un poema de Gastón Baquero, habló de la inocencia, de lo que debe ser un poeta. Hablaba de mí con voz pausada y con largos silencios, y yo le miraba de reojo (en la foto se puede ver) pensando ¿ésa soy yo? Y luego recité.

Terminamos bebiendo champán en la azotea, en medio de una marea azul de libros por firmar. Se terminaron. Y nos fuimos a El Aguador, en la calle Alvareda, a beber fanta de naranja y a comer roscas campesinas. Luz de fiesta, ráfagas de voces encendidas. Abrigos y felicitaciones. Despedidas. Gotas de lluvia sobre el pelo. Me llevaron a casa. No quería que se terminara la noche y, sin embargo, omnia mea mecum porto. Tenía razón Pablo Moreno, en su ya famoso poema: nunca estaremos solos.

lunes, marzo 01, 2010

Volviendo

En Madrid había nubes. Y museos. Y nubes dentro de los museos: nubes borradas, diluidas, impresionistas. Y también iglesias neogóticas, blancas como merengues y altas como muchachas. Con una caja dorada llena de luz donde el silencio es la gran revolución.
Y cerca, había un despacho de abogados con un cuarto para fumar con Teresa. En ese gesto raro de las mujeres, que vuelan desde Zara a Chile y a Haití, mi amiga me decía que su padre fue un señor. "El alzheimer no le borró la sonrisa. Quería tanto a mi madre que nunca la olvidó del todo."

En Madrid había calles repletas de tiendas encendidas. Había mascarillas de avena para la cara, que olían a desayuno irlandés. Había amigas que querían comprar bailarinas en Esfera. Había tiendas que se llamaban Azul de Mar, y en ella neceseres de algodón forrado con tonos tropicales, turquesa, chocolate y fucsia, que costaban cinco euros con cincuenta. Y bolsas ideales con dibujos naif de la torre Eiffel. Había barras de labios color fresa y color miel en Nars, y había también una tarde llena de diálogos efervescentes con la poeta Amalia Bautista.

Había, por último, tardes de lluvia para leer en casa, y había un manuscrito de una de mis amigas de Pampaluna, y el libro de Goethe que tenía que estudiar, brutalmente delicado. Había un coche que me traía de vuelta. Había que dormir y recordar mañana.

lunes, febrero 22, 2010

Miraremos el fuego


Ya tenemos fecha de presentación de mi libro: estáis todos invitados.

El cuatro de marzo, jueves, a las siete y media de la tarde, en la Casa del Libro de Sevilla, lo presentará Jose Julio Cabanillas (vaya lujo y menuda suerte...) Y luego se servirá una copita de cava.
Tendré que pasarme por H&M para la ocasión, tendré que estrenar alguna de las compras beauty que haga en este largo puente madrileño... Esa noche convertirá un secillo lápiz de labios en un trozo de eternidad.

Os espero.

viernes, febrero 19, 2010

Bueno conocido

En Navidad estuve leyendo La edad de la inocencia, de Edith Wharton. La película que hizo Martin Scorsese basándose en ella fue una revelación para mí, allá en el año noventa y tres, y gustándome tanto como me gustan ese tipo de novelas no sé cómo he podido tardar tanto en caer bajo su hechizo.
Será que soy una rancia y una pequeño burguesa con mis costumbres de lectura reposada, y en el fondo me sacan de Jane Austen, Chesterton y Wilkie Collins y ya no estoy a gusto, y si es posible leerme hasta la saciedad un viejo conocido, lo hago con el máximo deleite... Perder y Ganar, de J.H. Newman, por ejemplo. Los libros son para mí como una prenda cómoda que usamos, y volvemos a ella una y otra vez hasta dejarla inservible... Y, del mismo modo que se rompen las costuras, al lomo de cartón le van saliendo astillas, y buscamos el papel celo y empezamos a hacer labores de carpintería.
Me lo dijo mi padre, al ver en mi mesa llena de papelotes el trajinado ejemplar de La luz apacible. Yo lo había escogido como parte del taller de lectura para mis alumnas, pero no tuve cuidado y lo presenté como "una apasionante novela sobre Santo Tomás de Aquino"... y las niñas, que ya sufren al santo en clase de filosofía, me hicieron saber que no deseaban una segunda entrega. Lo dejé en mi mesa, como al descuido, y una noche de cansancio se deslizó por mis manos y quedé enganchada de nuevo, como esos viejos esposos que se dejan seducir por sus mujeres sólo porque un día la ven bajo una luz antigua y nueva.
- ¿Cuántas veces has leído ese libro?
- Mmmmm... Lo descubrí cuando tenía doce años...
Aquel verano. Logroño. Calor sofocante y uñas postizas. El cuarto de jugar. El telediario. La lámpara con su luz derrochando sombras alrededor. Y yo leyendo un libro que me había regalado mi padre.
- Me lo compraste tú... Y bueno, desde entonces, una vez por año, como una cita de amor.
Tengo treinta y dos años. He leído el libro veinte veces. Y todavía me apetece volver a leerlo: lo malo es que ayer alcancé la última página. Y no puedo volver a La edad de la inocencia porque lo regalé en la noche de Reyes.
Es otro de mis vicios raros: regalar libros ya leídos por mí, algo rugosos, que el destinatario sepa que fueron arrancados de mi librería "como la uña de la carne". Y, además, en este fin de semana tengo que leerme Las penas del joven Werther, de Goethe. Me pregunto si sonará en mis oídos la marcha nupcial cuando cruce sus primeras páginas.

sábado, febrero 13, 2010

Conversaciones con La Otra

- ¿En qué se parecen George Clooney y el pudding de frutas del cortinglés?
- Mmmmm. ¿En que un poquito gusta, pero mucho empalaga?
- Nooo. Nunca me he cansado del pudding, y me temo que tampoco me hartaría George.
- Pero si acabas de descubrirlo...
- Pero esas cosas se saben. Lo intuyo.
- Vale. ¿En qué se parecen...? ¿En que ambos gustan mucho pero suben el colesterol?
- En sentido espiritual, sí, es una metáfora... Yo quería decir que ambos me atraen poderosamente, pero en el fondo me caen mal.
- ¿Te caen mal?
- Sí, bueno... El pudding me cae mal al estómego, o me lo acrecienta que es peor. Y George me cae mal todo él. Así que esta atracción súbita me está cayendo como un tiro...

Esta es una conversación inconsciente entre yo y "la otra". De pequeña le llamaba "la gemela transparente" y hablaba con ella sin parar. Y ahora ha vuelto. El runrún empezó con la película: que salía George Clooney vestido con traje de chaqueta despidiendo al personal, y yo pensando, "será cerdo..." Que te crees tú eso, ruge La Otra dentro de mí. Sí, mira es idiota, respondo yo sin ser aún consciente de la balumba que me caía encima. El amor de su vida es un cerdo, dicho por él. Que va y se le muere. Me cae mal, no puedo evitarlo.
Pero se puso a sonreír. Gorge Clooney, digo. LLenaba la pantalla su sonrisa. Soy débil. Y encima cuando sonreía en primer plano me recordaba mucho un chico que me gustó. "Sonríe como X", le dije a La Otra. La Otra, renacida después de tantos años y disfrazada de Gollum, me repuso: mi tesoro, nos ciega el amor retrospectivo. Amenaza flashback. Puede ser, concedí, porque hay antecedentes, me temo. Yo era la que pensaba que Tom Cruise era clavadito a un X anterior.

Vale, no me negarás que a quien se parece es al pudding del cortinglés que nos zampamos los tres, o sea tú, Chinto Chabola y yo hace un ratito. Vale, dijo La Otra, plantéamelo como una adivinanza.

(Para una entrada taaaan surrealista lo mejor es un vídeo de Esclarecidos.)

jueves, febrero 11, 2010

Mirar el fuego


Foto hecha por mí en la Avenida de la palmera, Sevilla


Ya tengo en mis manos mi tercer poemario, Mirar el fuego, publicado en Pre-Textos y largamente esperado... ¡Laus Deo!
Ayer me llamaron para decirme que ya estaba, recién sacado a la luz, y que me lo mandaban. Lo celebramos, mi madre y yo, en un recóndito bar gallego de barrio que nos encanta. Pedimos pulpo a feira, empanada y vino de Rybeiro, que nos lo sirvieron en una jarra de barro cocido y dos cuencos de loza blanca. LLené mi cuenco, pese a que bebo muy poco alcohol normalmente, y el vino de color dorado me obnubiló.
Hoy lo tengo físicamente aquí, y he comido en mi casa con Chinto Chabola, mano a mano, un arroz con guacamole de mi invención que sabía a cielo infinito. Y luego, pudding de frutas del Cortinglés, que es el paraíso glucémico. Acto seguido he maquillado a una serie de señoras de una asociación cultural y he llegado a los cines a tiempo para ver, con mi madre, Up in the air. Madre mía qué pedazo de George Clooney. Qué ciega he estado. Cuando sonríe creo que hasta los ángeles dejan de respirar.
Termino el día recitando la oración de mi abuela para expresar conformidad con la Voluntad Divina: Señor, como hoy siempre. Mejor cuando quieras. Peor, ¡ni se te ocurra!

lunes, febrero 08, 2010

Desfile de modelos

He comenzado con mis alumnas de Proyecto Integrado (Primero de Bachillerato, entre dieciséis y diecisiete, edad ideal), una actividad preciosa llamada "taller de lectura".

Consiste en que por una hora a la semana se enfrasquen en la atmósfera de un libro elegido por ellas y por mí, al alimón. Tiene que ser una lectura activa, en la que pongan atención a unas pautas marcadas de antemano, haz un análisis de personajes, descubre el mensaje oculto etcétera... El invento terminará en una reseña-exposición-libro fórum, donde el corazón les lleve, lo mínimo es una crítica de dos páginas y lo máximo un debate en la pizarra con argumentos poderosos para enganchar al público en la lectura del libro preferido. Lo ideal es que cada obra tenga dos lectoras y podamos hacer una verdadera serie de "duelos en la cumbre" durante el tercer trimestre.

Hoy era el momento de colocar la primera piedra, de que cada una escogiera el libro en cuestión. He llevado nueve o diez en mi portafolios color topo-falso guatiné, y los iba presentando en plan desfile de modelos, pregonando sus virtudes y generando una pintoresca puja con valores al alza y a la baja.

Decía yo:

- La Pobre señorita Finch, de Wilkie Collins. Siglo Diecinueve, romántico perdido, amor, suspense, dama ciega que recupera la vista y ve que su enamorado tiene un hermano gemelo y entre los dos han armado un buen barullo...

El grosor las había amilanado, pero les atraía el argumento. Allí estaban, debatiéndose entre el corazón y el pragmatismo. Vale, lo leeré yo, dijo una mano solitaria. Adjudicado.

- Persuasión de Jane Austen. Austen, no tengo más que decir. Costumbrismo, ligera ironía, amor y personajes masculinos altamente atractivos y perfectamente perfilados...

Hubo dos o tres posibles lectoras y comenzó la rifa. Y también estuvo muy disputado el libro que Miguel Aranguren publicó en Belacqua y que yo había presentado como "un canto a la amistad, historia de dos amigos que se encuentran al cabo de los años y..." El padre Brown de Chesterton quedó desierto (lo intentaré mañana con el otro Primero), y les divirtió bastante un ejemplar algo raído de Celia lo que dice de Elena Fortún. "Una niña con rizos rubios que salía en la tele, mi madre lo leía", comentó una espontánea. Y varias alzaron ambos brazos a la vez.

La clase terminó con "el cuarto de hora poético", una especie de premio que me he sacado de la manga: si trabajan bien, en los últimos diez minutos les leo un par de poemas de un autor actual que me guste, algo bonito y sencillo que se entienda, que haga reír o llorar. Les encanta. La poesía amansa a las fieras.