De Roma me gusta todo.
Via Giulia y su cabalgavía con hiedra. Las estancias de Rafael en el Vaticano. El trastevere y sus tiendas de perfumes y anillos de Las mil y una noches romanas. Pasear por el puente, mirar el río y ver las cúpulas eternas.
Pero también la Sapienza en medio de un scalextric neorrealista posee su aquél, sobre todo por el viaje que te ha llevado hasta allí, tomando un bus en Largo Argentina y luego tranvía o taxi. Esa estación Tiburtina donde un diecinueve de octubre, Día Mundial contra el cáncer de Mama, encontraste una pop up de Mac y compraste una barra de labios de un rosa neón, y te llenaron de globos por comprar en esa fecha precisa...
Y apareciste en el despacho del profesor que te invitaba y te firmaba la estancia con labios refulgentes, un par de globos rosas y muchas ideas frescas sobre Calderón.

