jueves, julio 24, 2008

Retorno a Castroviejo

Siempre que vuelvo a Logroño sigo un ritual de caminos, una ruta iniciática que me hace ahondar en los mismos pasos. Me gusta escuchar Misa en la Iglesia de San Bartolomé, románica y silenciosa, y caminar luego por Portales, entre comercios de los años veinte y tiendas nuevas, árboles, violines, palomas y la Redonda al fondo. Las plazas de provincias del Norte tienen un aire de ciudad atemporal de puro vieja y conocida, entre vintage y de postguerra, ciudad de invierno a pesar de Julio. Esa bruma que presagia tormenta, al doblar la tienda de los sombreros, me trae el olor de las piedras más antiguas.
El tercer punto sagrado de este cuadrilátero lo forma la perfumería Idoia, en la calle San Antón. Las perfumerías del Norte son tiendas todoterreno y elegantes a la vez, y venden una mezcla de colonias, maquillaje y bisutería buena. Entran dos señoras pidiendo un pastillero o un dosificador de perfume, y luego una chica de quince años que viene a comprar una cinta para el pelo. Y yo, que vengo buscando los labiales mate de T. Leclerc. Porque en Idoia se pueden comprar productos de esta marca francesa, de envases retros y olor a polveras de la abuela, "productos de tocador". Sus polvos sueltos son los más finos del mercdo y un must have de muchas famosas, su barra líquida mate en tono "secret" tiene el matiz rosa apagado que yo buscaba.
A eso de la una llego a la librería Castroviejo. Huele a madera. Repaso en las estanterías la colección de El Acantilado, los poemarios de Pre-textos. Leo al azar trozos de novelas de Carmen Martín Gaite. El dueño me sonríe y dice, "las novedades de La Veleta están en ese rincón". Y yo pienso, "qué bueno es haber llegado".

sábado, julio 19, 2008

Una peseta de Promesa

Me voy al Norte. Gracias a Dios, existen los cíbers. Intentaré no dejarme mucho, aunque la crisis acecha... en todos los sentidos.
Por si acaso, por si arrecia el temporal, os dejo una anécdota. Mamen, cincuenta y siete años. Me cuenta con ojos de chiquilla cómo empezó "lo suyo" con el que hoy es su marido. Tenía catorce años, y el muchacho dieciséis, y la madre no veía el asunto con buenos ojos, "¡tan jovencillos...!" El padre de él tenía una bodega, y al lado había una perfumería. Ella iba cada tres o cuatro días con un frasquito, "mamá, voy a por colonia".
Aquí Mamen se detiene y me dice tú no conociste esos tiempos, pero entonces se podía ir con un bote vacío a la droguería y pedir: "Me da una peseta de Promesa". Vuelve a pensarlo un poco y acaba: "Mi padre entonces me decía Niña, más jabón y menos colonia".
Os dejo una peseta de promesa: en unos días, volveré.

domingo, julio 13, 2008

Lo prometido: entrada frívola sobre cosmética. Cremas para el verano

Necesito una crema que cuide mis pobres codos, resecos de tanto estudiar. También quiero que huela bien y perdure, porque la mayoría de perfumes tienen alcohol y es cierta la ecuación Sol + Alcohol = Fuego.
Con estas dos premisas comencé mis investigaciones.
Primer escalón: La Leche hidratante de Avena de los supermercados Más. ¿Cuál es el veredicto? Bueno, cuesta tres euros y huele realmente bien, entre vainilla y almendra, es decir que como "colonia" de verano funciona, pero... no hidrata lo suficiente las zonas difíciles (codos, rodillas, talones.)
Segundo escalón: Me dieron en el stand de Revlon una muestra generosa de la crema perfumada de la fragancia Weekend, de Burberrys. ¿Resultados? Esta cremita color natilla es una gozada: hidrata, suaviza y nutre la piel, dejándola aterciopelada. Además puede comprarse independientemente del perfume, vale veinte euros un tubo más bien grande. Peeero... no me gusta el aroma, huele a viejuna. Así que estiraré la muestra, ya que me la aplico sólo en codos y luego incluso ¡me lavo las manos!
Emprendo ahora la conquista del tercer escalón. Creo que me decidiré por la Manteca corporal de coco de The Body Shop, que huele maravillosamente a verano y es tan densa que debe nutrir bien.
Cada vez me gusta más The body shop: sus sombras nada tienen que envidiarle a Mac, (excepto la variedad y originalidad, claro) y cuestan cinco euros menos. Recomiendo la 32, color chocolate, y la 35, color lavanda. Ambas tienen acabado como de terciopelo, que las hace muy manejables. Incluso puedes ponértelas con los dedos y jugar a tizas de colores...
Las fanáticas de Mercadona me recomendarán la leche de almendras de Deliplús. He llegado a cogerle un poco de manía a esta marca: casi todo lo que venden es feo y deprimente. En Mercadona todo lo arregan a base de Paraffinum liquidum. Tuve el aceite de Aloe vera y pringaba mucho, pero mis codos siguen igual de resecos.
Son los eefectos colaterales de la tesis, me dices, sonriendo.

P.S.: La foto de productos de tbs es de Adegea, la he tomado de su blog "Macedonia vital"

jueves, julio 03, 2008

El amor

Charito, ocho años, en mi casa, rodeada de filósofos, flores y botellas de vino del bueno: "El amor es una cochinada y se estudia en cuarto". Tras un breve silencio: "En conocimiento del medio, una asignatura sobre lo humano". Lo piensa un poco más, y remata: "Gracias a Dios, me queda mucho tiempo para éso".

viernes, junio 27, 2008

Espaguetis a la gallinara

En mi casa existe una discusión casi centenaria que se reaviva dos veces por semana aproximadamente, es decir, siempre que mi madre o yo nos disponemos a cocinar pasta.
El diálogo bipolar gira en torno al tomate frito o al aceite de oliva para acompañar los lazos, plumas o tallarines que agitan los hervores del agua en el fuego. Sé que hay más posibilidades, pero la nata y la mantequilla quedan descartadas por insanas. Y luego están las recetas surrealistas, como los espaguetis criollos al huevo y medio que inventamos Beades y yo en una cálida tarde de julio.
Ese plato consistía en cocer la pasta y luego darle el último toque en una sartén donde previamente hemos sofrito unas cebollas, tres huevos (uno y medio por cabeza), y adobo criollo, que es una mezcla de sal, ajo y orégano que compramos en Puerto Rico.
Pero, para diario, en casa hay dos opciones: tomate frito o aceite de oliva. Sin embargo, hace una semana descubrimos una forma más o menos saludable de salir del tablero de ajedrez que gobernaba nuestros platos de macarrones desde el año de Adán niño: los espaguetis a la gallinara.
Para disfrutar de esta gran receta hay que haber comido pollo el día anterior. El pollo se rellena con medio limón y se cuece en la olla con aceite, sal, un chorretón de vino y mucha, mucha, mucha cebolla. La salsa se pasa por la minipimer y siempre sobra en abundancia, esa es la maravilla.
Al día siguiente preparas tus modestos macarrones, abres la nevera y oteas el horizonte en busca del tupper con la salsa del pollo. Estará en estado sólido. Pones un cucharón sobre la pasta, y al microondas. El resultado es inefable: tus macarrones, mediterráneos a más no poder, saben a limón, a pollo y a cebolla, a guiso de la mamma.

Aclaro: soy lega en esto de la cocina. Hasta ahora "tocaba una sartén y me daba un calambre", como dice el cuñado de EGM. Pero me estoy convirtiendo: a la cocina, a la pasión del fútbol... Lo aclaro porque quizás, a lo mejor, estoy descubriendo el Mediterráneo con esta recetilla.

El día que me hice futbolera

Salíamos de Misa en la Catedral y rodamos bajo el calor hasta el bar más cercano, que estaba lleno de gente gritona y emocionada. Había una mesa libre arramblada bajo la televisión plana, panorámica, que hacía guiños verdes de campo de fútbol. Al principio, cuando pedíamos cervezas y cocacolas, mantuvimos nuestra pose de "a nosotros qué el fútbol". Pero por una casualidad presencié en directo el primer gol, el del cero a uno, el de la esperanza. Fue tan bonito que se me llenaron los ojos de lágrimas, "si vieras tu cara ahora mismo", me decía Charo.
Todos gritaban y yo también: nunca volveré a llamar panda de desequilibrados a los que gritan viendo un partido. Con los brazos en alto, la melena recién limpia y revuelta, las mejillas rojas y la tortícolis incipiente, seguí el resto del partido minuto a minuto. Ya nadie me podía apartar de la hoguera televisiva. Me enorgullecí por lo bien que jugaban los nuestros. Sufrí con cada "¡uuuuy!", me indigné con cada falta, vibré con los dos goles que vinieron después. Un hombre borracho, entre tacos y lagrimones, bendecía con dedos temblorosos a la selección y exclamaba: "¡Que Dios sus bendiga!"

jueves, junio 26, 2008

Súper Galleta


Siempre me han dado un poco de pena esos niños que desayunan donuts, bollicaos o palmeritas de chocolate. En cambio, me dan envidia las personas que toman por la mañana algo distinto: tortitas con huevos revueltos en el vips, o fruta fresca y troceada, embutido y queso en un hotel de la costa.
De pequeña, en Maestu, desayunaba con mis primos un zumito de naranja y colacao con un sinfin de galletas redondas y pobres. Antes del desayuno escenificábamos un capítulo más de la grandiosa serie, "Súper Galleta". Nuestra invencible heroína se peleaba con las galletas malvadas en un duelo cósmico sobre el tazón humeante. Una a una eran derrotadas las galletas villanas, que caían en un abismo de leche y eran trituradas por la máquina del Glópita-glópita, o sea, nosotros.
Era verano. El tiempo nos pertenecía. Y Super Galleta siempre quedaba vencedora: seca y ajada, la guardábamos en el pupitre para la batalla del día siguiente. Niña, cómete la galleta. No puedo, es la protagonista de mi serie favorita.
Pero los protagonistas éramos nosotros, y no nos dábamos cuenta.

lunes, junio 23, 2008

Hormonas

"Estoy apática", digo. "Serán las hormonas", me respondes. "Las hormonas lo son todo". Las hormonas juegan malas pasadas a las mujeres. Y a los hombres, me respondes. Hormonas y hormonos.
Un anónimo o anónima me pregunta que dónde me meto. Ay. Un poco de paciencia con mis hormonas, Anónimo. ¿Dónde me meto? Ay, eso quisiera saber yo. Si me encontráis por alguna parte, llamadme al instante para decírmelo.
Y no: lo peor, peor es que no es ningún chiste de Gila.

martes, junio 17, 2008

El Podio


He decidido que voy a apartar el tema "maquillaje" de este blogg por un tiempo: es mi granito de arena para sobrevivir a la crisis. Dejaré de tentaros y dejaré de tentarme. Puedo encarar el verano sin pisar las rebajas, pues tengo protectores solares a granel, gel de aloe vera casi entero, tres cuartos de gel limpiador Cleanance, un bote de agua de rosas de Carla de Bulgaria: (son quince euros pero merecen la pena...), maquillaje en polvo Colorstay de Revlon, bronzer mosaico de Avene, un favorecedor gloss de Deborah en tono Cherry y la maravillosa barra naranja dorada de Mac.

La poesía es algo que no se compra... por más de siete euros: es el precio de las Cuatro estaciones de Cabanillas, o del Discurso de la ceniza de Pablo Moreno. Ayer me entretuve pensando en cuántas veces he nombrado aquí a mis grandes, mis maestros, mis poetas vivos preferidos. Aquellos que sin saberlo, o sabiéndolo ya, me enseñaron a escribir decentemente allá por el año dosmiluno, y siguen enseñándome.
He hecho un recuento y un ránking: aquí están los resultados. Excluyo a poetas muertos (Chesterton, Garcilaso, Machado, Lope, San Juan de la Cruz...) o a amigos de mi edad, porque de otra manera la lista sería demasiado larga.

Miguel d´Ors: 15.
Enrique García Máiquez: 9.
Jose Julio Cabanillas: 5.
Amalia Bautista: 4.
Julio Martínez Mesanza: 3.
Carmelo Guillén Acosta: 3.
José Mateos: 3.
Rafael Adolfo Téllez: 2.

Gana por goleada Miguel d´Ors: una nueva oportunidad para que los críticos saquen conclusiones. Me he dado cuenta de que no nombro en absoluto a Eloy Sánchez Rosillo: esto es un error que estoy reparando ahora, ya que su poesía me cautivó y me influyó de algún modo, sobre todo a partir de La certeza.

P.S.: La preciosa foto es del gran Toi, artista capaz de sacar brillos plateados de una piedra cualquiera (o una piel con rosácea).

jueves, junio 12, 2008

Recital en la casa del libro

Ayer, vestido con un traje gris y con sus manos de poeta, Jose Julio Cabanillas nos leyó varios fragmentos de su quinto poemario, publicado en Adonáis.
Qué elegante está Jose Julio, me dijeron cuando lo vimos llegar, y era cierto. Ya conocéis mi debilidad por los hombres con pantalón de raya, chaqueta y corbata, aunque creo que ésta última faltaba en el conjunto. El color gris sentaba muy bien a un hombre que siempre ha hablado y recitado en voz baja, que presume de peinar canas y nos muestra sus versos con pudor, ajeno a la luz tan alta que va naciendo de sus palabras en sotto voce. Ese ma non tropo que se va convirtiendo en un allegro molto vivace por obra de arte, por obra de Gracia, ya que en la poesía de Cabanillas la Gracia y el arte se dan la mano de forma tan misteriosa y bella.
Abrió el acto Carmelo Guillén Acosta, que habló de la génesis del libro y presentó con calidad y calidez al poeta. Es una maravilla ver cómo ambas virtudes se pueden conciliar, cómo estábamos congregados allí bajo un mismo fuego, lo dijo Jose Julio en el comienzo, una pequeña muchedumbre de poetas hermanos, poetas amigos, incapaces de mentirnos una sílaba.
Ana Acevedo presentó el libro y dijo con palabras sencillas lo que todos pensábamos. Yo se lo agradecí. Hablar de lo profunda y sincera que es la poesía de Cabanillas es como decir que dos y dos son cuatro, pero corremos el peligro de que nadie diga nunca en voz alta, por temor al perogrullo, que dos y dos son cuatro.
Luego recitó él. Recitó pocos poemas para mi gusto. Abrí al azar el libro y encontré un poema que recreaba el tapiz de La dama y el unicornio, tan inolvidable para mí. París, siempre al fondo. La niñez como una película que se repite y se inventa. El Cabanillas de siempre, pero dando un paso más, añadiendo tres ocuatro revelaciones a su mundo de hadas y domingos de fiesta en Benzelá.

viernes, junio 06, 2008

Pop + Bronce = Verano

En los años ochenta, los de mi niñez, estaba muy de moda Don Algodón entre las niñas pijas y se estilaba un maquillaje "de nubes", con sombras en azul cielo, rosa bebé y amarillo pop. En los minimalistas noventa crecimos y todas juramos que aquello era una ñoñería muy hortera, pero los colores flúor vuelven y la estética pop se tiñe de nostalgia. Se convierte en un grito de alegría, una llamarada naranja en los labios y amarilla en los ojos.
Somos las que usábamos walkman, las que escuchábamos a Michael Jackson cuando era el amo de la pista. Somos las que veíamos Fragel Rock, las mismas que suspirábamos por el rubio de A-ha o el castaño de Wet wet wet. Las que contemplábamos los vídeos aquellos en los que Jason Donovan buscaba a Kylie Minogue en un paisaje de palmeras.
Quizás comprarse una sombra amarilla hoy sea como entonar un himno. Por eso hago mi peculiar homenaje a los ochenta proponiendo un look para el verano, por supuesto de Mac.
En los ojos, podemos aplicar en todo el párpado la sombra Goldmine (dorada amarilla), y combinarla con Sumptuose olive (verde dorada) a ras de pestañas y en la esquina externa del párpado móvil. Como estamos en verano, aplicaremos un colorete melocotón-bronce, el Sunbasque.
En los labios, las más atrevidas pueden encarnar el flúor power con la barra CB96, naranja con reflejos dorados. Si no te atreves, si no te parece natural, te doy otra opción: el gloss Pink Grapefruit de la colección de verano. Como su nombre indica, es entre rosa y naranja, alegre pero correcto.
Así preparo yo el escenario de un verano pop: bolsa de playa color naranja ácido, fanta de naranja Zero y tank tops llamativos para sudar un poco con el método Curves.

jueves, junio 05, 2008

Flores amarillas



Comienza el calor en Sevilla y hay obras en mi jardín, que parece el Líbano en tiempos de guerra, con cascotes y césped quemado por un amago de incendio. También recuerda a la luna, en su vertiente menos romántica, de paisaje desolado.
Antes, en mi jardín, había rosas. El portero regaba las rosas rojas cada mañana, y crecían con ese lustre y ese aspecto de terciopelo que da el agua abundante. Muy rojas, soberbias, con altivez real.
Debajo de los arriates de rosas estaba el garaje, que empezó a poblarse de goteras y amenazaba ruina. Así que los porteros dejaron de regar y las rosas murieron. Durante veinte días, en las parcelas del jardín hubo sólo tierra, hierbajos y sol.
Con las últimas lluvias, crecieron porque sí diez o doce flores amarillas, completamente salvajes.
Entonces empezaron las obras, y el Líbano se instauró tras la cancela verde. Como Rafael Adolfo Téllez puedo decir: todos han muerto. Murieron las rosas rojas, murieron las flores amarillas, murió mi juventud y estoy velándola.

domingo, junio 01, 2008

Compacto con ginebra azul

Se rompió en mil pedazos mi sombra de Mac preferida: Satin taupe, marrón grisácea, la justa medida entre una mirada limpia y unos ojos ahumados...
Resbaló al impecable suelo de vinilo blanco de la biblioteca. Pensé cantarle un réquiem y reunir dieciséis euros para conseguir una sombra nueva, pero de pronto recordé unas instrucciones para compactar sombras rotas que había leído en el blog de Paupe, Beauté a porter..
Se necesita un palito, alcohol, un pedazo de cleenex y una moneda. En casa de sons, reunidas en la cocina en torno a la sombra, íbamos recolectando los ingredientes cuando nos dimos cuenta de que no teníamos alcohol de noventayséis grados. La botella de Bombay Saphire nos presidía desde la alacena...
La sombra ha queddo bien. Una heroica grieta la surca, y un ligero aroma a ginebra habla de nuestra andanza nocturna. "Huele a fiebre de sábado noche", nos dice Chus: "alcohol y maquillaje."

jueves, mayo 29, 2008

Por fin, otro poema

Pampaluna te inspirará, me dijo Sonsoles. Y tenía razón.

MIEDO

Con tus ojos oscuros encendías
el mundo, con tus ojos arrojados
como piedras al río de mis ojos
donde las ondas iban destejiéndose.
En la primera onda tu silencio
provocaba lejanos cataclismos
y la serenidad de tu sonrisa
despertaba caballos en la nieve.

Del salón en el ángulo oscurísimo
desde donde te miro, tengo miedo.
Tus ojos abren una puerta gris
y es el invierno todo, con sus brazos
de sombra.
Han crecido los años y los árboles,
pero en Mayo me sigues dando miedo.

martes, mayo 27, 2008

Hombres

Que no mienta ninguna de nosotras diciendo aquello de "los hombres cuando se quedan solos no saben hablar más que de mujeres, mientras las chicas tenemos tantos temas de conversación..." Porque podemos comenzar el diálogo sobre Aristóteles o H&M, pero siempre acabaremos hablando de ellos, velada o descaradamente. Es igual que nos lo propongamos o que no.
Con dieciséis años sí que nos lo proponíamos, y la más lanzada del grupo lanzaba aquella frase horrible: "hablemos de la virilidad masculina"... Y luego risas, piropos, anécdotas, gramos de atractivo aquí o allá... virilidad masculina manoseada y expuesta a granel. Daba un poco de pena.
Pero también puede hacerse bien, y resulta divertido. Ayer, en Pampaluna, caímos en un momento adolescente y decidimos compartir en voz alta nuestros sueños. Ojos verdes, nariz larga. Que te abra la puerta, no es antiguo, no: es genial. Pelo en pecho, no por Dios un bosque, hay que navegarlo, pues se navega oye. Calvo y con gafas de pasta, ¿en serio que te gusta? Que sí, que sí.
Nos estábamos desviando, y zanjó la cuestión mi amiga con un rotundo "Si yo no pido tanto..." Se conforma con un chico, uno solo para ella. Y remató la sentencia con un "yo quiero uno, grande y libre".
Como España, le dije yo.

lunes, mayo 26, 2008

El rito de los tres algodones

Llueve. Con la humedad, el pelo se hincha y alborota, rebelándose y haciéndome añorar un corte a lo garçon. La visita al peluquero incluiría, ya que tanto atrevimiento necesité para cortarlo, un tinte cobrizo pelirrojo, y un set de pecas artificiales para distribuir sobre mi cara. Pero no es el momento.
Para qué engañarnos, me favorece más el pelo largo y rubio. Intento domarlo recogiéndolo en una coleta, porque aborrezco los bálsamos, ceras de peinado y demás enjuages que sólo sirven para ensuciarlo más y más. Mi política es champú dos en uno, o tres en uno o cuatro en uno, pero champú a fin de cuentas, vamos, un bote por lavado. Y luego, aire libre.
La piel es otra cosa. Como soy la contradicción en persona, para la piel no me importa usar cuatro cremas diferentes, cada una con su función bien definida. Al gel de aloe vera y la pantalla solar, viejos conocidos, añado ahora el descubrimiento del año: la línea de agua de rosas búlgara de Carla Rollo Villanova. Es sencillamente buenísima para pieles sensibles o problemáticas. Yo tengo el tónico multifunción y el hidragel calmante, y son droga dura. Calman, hidratan y miman la piel sin aditivos raros, olores fuertes o texturas grasas, que hoy por hoy son mis tres enemigos cosméticos.
Por la noche empiezo ante el espejo el rito de los tres algodones, haciendo masajes en el rostro primero con un desmaquillante (la loción micelar de Vichy, por ejemplo), luego con el tónico de rosa búlgara y luego con "una nuez" de gel de aloe. Tras el rito, mi cara está limpia y puedo aplicar el hidragel calmante, unas gotas de colonia en el cuello y a dormir, a ver si soñando se me ocurre algo poético para resucitar este pobre blogg.

viernes, mayo 16, 2008

Y van bien vestidas

Sofía y yo, en medio de la nieve del Norte, disfrutábamos de una semana blanca. Teníamos veinte años y estrenábamos chalet, el chalet nuevo de sus tíos. Desde el mirador de cristal veías la nieve, y por detrás había una calle normal, con carretera, otras casas y un estanco. Y dos contenedores de basuras: uno verde y otro azul.
Solía tirar la basura José, el tío de mi amiga. Tarde tras tarde, a las seis, se calzaba unas botas y se colgaba las bolsas al hombro con gesto antiguo.
José había cumplido su tarea hacía, por lo menos, media hora. Sofía empezó a ponerse nerviosa buscando tres billetes de cinco mil pesetas. Tres hermosos billetes azules que se perdieron en la basura. Como un flash doloroso recordó el gesto, la bolsa blanca, la mano furtiva.
Salimos a la calle con un taburete del cuarto de baño y un palo larguísimo. Yo sostuve la tapa del contenedor y ella, subida al banco (y vestida con vaqueros de Zara y chaquetita roja de Carolina Herrera), metió medio cuerpo para revolver las bolsas con el enorme palo, que crecía por segundos.
Anochecía. La nuestra era una calle alegre y colorista: pasaba gente. Puede oír cómo una chica murmuraba "cómo anda el patio". Y un hombre guapísimo, de ojos profundos y nariz barroca, se nos quedó mirando y dijo, como para sí, con gesto soñador:
- Y van bien vestidas...

martes, mayo 13, 2008

Gustos y disgustos son no más que imaginación


El título de este post coincide con el título de una comedia calderoniana, y parte del "Gustos y disgustos" de Sonsoles, que me parece un titulazo. Y me parece bien eso de decir siete cosas que me gustan y cinco que no me gustan, porque los gustos siempre deberían sobrepasar a los disgustos: allí voy.

Lo que me vuelve loca:

1) El maquillaje. -¿De verdad, chica? -Mmmm... Bueno, voy a decir algo que no sepáis. Me entusiasma revolver y encontrar cosas nuevas, o cosas perdidas que de pronto vuelven. Que mis amigos pongan cara de marciano diciendo ¿Mac... no es lo de los ordenadores? (Y mientras, mi colección de sombras crece... To be continued.)
2) Los recitales poéticos. Me gustan los meses de Noviembre y Mayo, porque vuelve la poesía. Me encanta ver las novedades en el stand de novedades... y comprar tres o cuatro poemarios y asistir a tres o cuatro recitales, como el de Pablo Moreno hoy (miércoles 14) en la Casa del Libro de Sevilla.
3) Los bebés. Entre tres meses y dos años, la edad mágica. Me encandila hablar con ellos en su lenguaje de alegría porque sí... y me encantaría enfurruñarme como ellos.
4) Los amigos. Queda moñas decirlo pero... adoro verlos, hablar con ellos por teléfono y etcétera etcétera.
5) Viajar a Algeciras un fin de semana. Y caminar por la calle ancha con María Eugenia mientras digo... ¡esta ciudad tiene un encanto oculto!
6) Viajar a Pampaluna. Sé que siempre hay una botella azul esperándome.
7) Las piscinas. Sueño con ellas...

Lo que me produce urticaria:

1) El alcohol. Nodisparenalpianista me está levantando fama de borrachuza, pero en realidad soy medioabstemia. Odio el descontrol y el desfase, los comas etílicos...
2) Los abstemios totales: son unos sosos. El vino se hizo para celebrar el mundo.
3) Las críticas y polémicas. No puedo con ellas.
4) Los que van de guais dejando tirado a medio mundo por el camino.
5) El aborto. El chantaje terrorista. Los insultos indiscriminados a la iglesia católica. Esto me suena de algo, lo he dicho ya...

Nomino a todos. Poned lo que queráis...

viernes, mayo 09, 2008

Siempre llueve cuando compro un poemario

En la feria del libro de Sevilla sólo busco una cosa: la caseta de la librería Renacimiento. Y, en ella, el cajoncito de cartón repleto de poemarios que compro por cuatro cincuenta, cinco o seis euros, no más. Me siento como un mendigo revolviendo en un contenedor, pero lo que yo me llevo a casa son auténticos tesoros. Así conseguí hace años las Canciones del alba.
Este año se me fueron los ojos a las portadas con rombos de colores. No sé por qué, pero me alegran la vida. La felicidad es algo extraño, y a veces se concentra en un vaso de cocacola, con los hielos cantando su canción. En Pampaluna la vista de los autobuses urbanos me llenaban de una felicidad intensa e inexplicable. Y la lluvia puede producir tristeza o júbilo dependiendo de qué. Nadie lo sabe.
Compré la antología de Rudyard Kipling traducida por Benítez Ariza: es importante el detalle de quién traduce, porque leyendo Lepanto, una puede disfrutar alternativamente (páginas pares o impares) de Chesterton o de las versiones en español. "La novedad", por ejemplo, tiene el toque Máiquez, de alegría con sol, mientras que "El último disfraz" tiene el toque Cabanillas, de alegría reflexiva, noche y embrujo.
Ayer decidí buscar en el baúl de cartón el poemario de Salvago, Volver-lo a intentar. Y me puse a leerlo en el tranvía, acordándome de Girondo. En la calle abrí el libro de nuevo. Llovía. Un par de gotas salpicaron el verso "y me la fue vistiendo de hermosura". Llovía como en navidad, como en las páginas de Para siempre.

domingo, mayo 04, 2008

Roma bien vale un poema

EN UNA IGLESIA DE ROMA

En el claro zaguán
el frescor de las calles siempre en sombra,
el fuego de tus ojos aguardando,
el silencio de siglos esperándome.