En Madrid, cerca de la plaza de Oriente, mi tía Ana y yo nos detuvimos en el escaparate de una juguetería antigua, de esas que venden globos de papel maché, y caravanas con toldo de tela como la que había por casa cuando mis tíos eran pequeños. Tras el cristal se podía oler la infancia de aquellos que nacieron por los años cuarenta, cincuenta e incluso sesenta. Ahora nos suena a chino, pero es que entonces, como dijo José Julio Cabanillas, no había tele, había que llenar las tardes infinitas con indios y vaqueros.
En mi época sí que había tele, pero en casa nunca le hicimos mucho caso. Un ratito para ver Heidi o Los gnomos... luego fueron Padres forzosos, todas mis amigas estaban locas por el tío Jessie y a mí me gustaba Danny, el padre viudo, tan responsable, con esa nariz larga y debajo la sonrisa abierta...
En la tienda de juguetes había también un teatro de cartón. Me fascinaban los teatros de cartulina, pero nunca tuve uno. Nunca se lo pedí a los Reyes porque ya entonces intuía que los sueños, sueños son. Mi tía Ana me mira de soslayo.
- Siempre me gustaron, sabes.
- El qué, ¿los recortables?
No, los teatros, le digo. Y me quedo pensando. Los recorables también, yo tenía muñecas de cartón. No para vestirlas, eso no me interesaba nada, sino para ponerles nombre y edad. Gloria, siete años. Teresa, seis años. Ana levanta al aire las sílabas de una carcajada. Y es que para mí jugar era inventar historias. Y contar historias era poner nombres y descifrar misterios.
jueves, noviembre 23, 2006
domingo, noviembre 19, 2006
"Te pagaré con oro lo no sido"
Estoy apunto de llegar a la página cien de mi tesis: todavía no me lo creo. Sueño dormida y despierta con Calderón de la Barca, me bailan las bes y las uves, escribo aora, estrivo... Desatiendo el blog, leo endecasílabos barrocos en El País y me está entrando una tentación gordísima de llamar a mi no hija Auristela. Pero no, no seré tan mala. Sin embargo no me digan, reconozcan que el nombre es sonoro, bonito, caballeresco, a medio camino entre el oro y la estrella...
Mi imaginación calderoniana se limitará a llamar a mis tres no hijas Inés, Beatriz y Leonor. También puedo ser un poco más moderna pero clásica aún y llamarlas Paula, Sofía y Claudia. O no; puedo ser clásica del todo: Ana, Marta y María.
Las mujeres pensamos mucho en nombres, antes incluso de casarnos, antes de buscar candidato a padre. Por alguna razón extraña yo siempre pienso en tres niñas. Muy seguidas por cierto, lo cual es bueno y es malo. Es malo porque me vuelve potencialmente loca, y es bueno porque comparten los uniformes del colegio. Y así se pelean entre ellas, no necesitan pelearse con las hijas del vecino. Mis niñas serán muy despiertas: novio a los dieciséis, ya lo verán, es el efecto péndulo. Se pondrán piercing en el ombligo pero no dejarán la misa dominical nunca, a Dios gracias.
Ya ven, en un segundo he perfilado mi prole, ahora necesito marido. Es la parte más árdua, porque metida aquí en mi tesis el listón no para de subir. La culpa la tienen los caballeros andantes de las comedias, son tan leales, pundonorosos, contemplativos de la belleza, son taaaan... En definitiva, tipo Aragorn. Ahora recuerdo un día que hablé de Aragorn en público y una chavala me dijo ah, te gusta Viggo Mortensen, como a mí.
Qué juventud tan triste.
Mi imaginación calderoniana se limitará a llamar a mis tres no hijas Inés, Beatriz y Leonor. También puedo ser un poco más moderna pero clásica aún y llamarlas Paula, Sofía y Claudia. O no; puedo ser clásica del todo: Ana, Marta y María.
Las mujeres pensamos mucho en nombres, antes incluso de casarnos, antes de buscar candidato a padre. Por alguna razón extraña yo siempre pienso en tres niñas. Muy seguidas por cierto, lo cual es bueno y es malo. Es malo porque me vuelve potencialmente loca, y es bueno porque comparten los uniformes del colegio. Y así se pelean entre ellas, no necesitan pelearse con las hijas del vecino. Mis niñas serán muy despiertas: novio a los dieciséis, ya lo verán, es el efecto péndulo. Se pondrán piercing en el ombligo pero no dejarán la misa dominical nunca, a Dios gracias.
Ya ven, en un segundo he perfilado mi prole, ahora necesito marido. Es la parte más árdua, porque metida aquí en mi tesis el listón no para de subir. La culpa la tienen los caballeros andantes de las comedias, son tan leales, pundonorosos, contemplativos de la belleza, son taaaan... En definitiva, tipo Aragorn. Ahora recuerdo un día que hablé de Aragorn en público y una chavala me dijo ah, te gusta Viggo Mortensen, como a mí.
Qué juventud tan triste.
martes, noviembre 14, 2006
Ah, la moral...
Los americanos tienen doble moral.
Me lo dijo alguien, no sé quién. Típica frase de cafetería de facultad a la una y media de la tarde. ¡Dos de donuts bombón! Como diría Lord Scutum: jiji, jaja, que tal, ya ves, tú ves... Ventiladores y humo, vasos de crital, ruido ambiente, gafas ahumadas...
-Por desgracia, doble moral la tenemos casi todos, o sino, que me lo digan a mí...
Lo descubrí el miércoles. En el cine, con mi padre. La primera vez que la pareja protagonista comparte cama (una cama sugerida), a mi padre se le pone cara de crío y me susurra, esta chica es una fresca. Sale a flote el feminismo latente (horreur!) y le digo ah, ¿y él no...? No, no, él es un asesino, ella es una fresca.
No, no es una fresca, es que está enamorada, contesto antes de volver a horrorizarme. Y él como quien ya ha ganado, ¿qué, tú lo harías igual que ella?
Pero, ¿por quién me tomas, papá?
Me lo dijo alguien, no sé quién. Típica frase de cafetería de facultad a la una y media de la tarde. ¡Dos de donuts bombón! Como diría Lord Scutum: jiji, jaja, que tal, ya ves, tú ves... Ventiladores y humo, vasos de crital, ruido ambiente, gafas ahumadas...
-Por desgracia, doble moral la tenemos casi todos, o sino, que me lo digan a mí...
Lo descubrí el miércoles. En el cine, con mi padre. La primera vez que la pareja protagonista comparte cama (una cama sugerida), a mi padre se le pone cara de crío y me susurra, esta chica es una fresca. Sale a flote el feminismo latente (horreur!) y le digo ah, ¿y él no...? No, no, él es un asesino, ella es una fresca.
No, no es una fresca, es que está enamorada, contesto antes de volver a horrorizarme. Y él como quien ya ha ganado, ¿qué, tú lo harías igual que ella?
Pero, ¿por quién me tomas, papá?
miércoles, noviembre 08, 2006
Calles

Los sueños se me llenan de casas, de calles, nubes de hace tiempo: caminos imposibles, sendas frías de invierno, placitas con sol y bancos, periferias.
Se cruzan las calles invasoras, como las flores con herrumbe de la Avenida Dato, donde crecen naranjos salvajes en medio del olvido. Así son las calles que uno recuerda: provocan poemas, libros enteros. Cada uno tiene sus dioses profundos: estrechas, polvorientas, con nombres en azulejos. De la niñez o de ahora.
Contando así, al pronto, yo tengo cinco. La primera que se me ocurre es la Rue Côtenet en París, pequeña y destartalada, ¡qué frío tan chic soportábamos mi madre y yo camino del autobús! Luego está la Calle Mayor en Maestu, con su fuente y su olor a sol de campo. Íñigo Arista en Pampaluna, la calle que ya nunca será mía. La Avenida Dato en Sevilla, con sauces a medio llover, y la Calle de la Vega en Haro, con fondo de parque, de orquestina, de campanas. Una calle de domingo.
A lo último se me ha metido en la cabeza la calle de la foto, en La Palma, con nombre de uno de mis antepasados. La cruzábamos en furgoneta, con mi abuela como fiero estandarte, de aquí no nos vamos sin ver la calle del tío Pedro. Y una tarde entramos en la Cosmológica, había olor de papeles, libros de mi bisabuelo, y una escalera antigua que subimos mi madre y yo, mirando por las ventanitas la plaza y la iglesia, ya estamos más cerca de la luna, ya estamos más cerca del Sagrario.
lunes, noviembre 06, 2006
Otoño en Madrid
Fin de semana en Madrid: oigo todo tipo de comentarios. "¡Qué suerte!", o "Tenemos que visitar a la tía Mirufi" (¿suerte?)
Pero no. Esta vez no hay compromisos de mesa camilla raída, ni olor a gato y ganchillo. Será un fin de semana de familia, de poetas, de libros y paseos por los hippies de Goya. De exposiciones. Sueño con el cielo de Madrid, duro, frío y claro, como una evidencia.
En el AVE me vuelvo un poco niña a la vista de unas servilletas gigantes del vagón bar. Son cuadradas y de papel estraza, ideales para hacer un barquito. Y luego un avión. Lo echo a volar sobre la mesa mientras me lamento de no saber hacer un pío-pío. Mi madre mira con reservas mi vaso de coca-cola.
El cielo de Madrid es lo único que me defrauda: lluvia coral. Detesto mojarme los pies, pero me fascinan las calles mojadas... El primer golpe es de música, en cada esquina un violín. Acordeones y olor a bollitos, a cigarrillos y a ajo. Donde estuvo California hay un Zara, vaya por Dios. Mi madre me compra una boina de terciopelo color grosella que milagrosamente me sienta bien.
Sábado por la tarde... con Amalia Bautista y sus hijas. Se vuelven locas conmigo, me hacen juegos disparatados. Me voy a casar con Orlando Bloom en una bañera, tendremos tres hijos y seremos desastrosamente pobres, algo no concuerda. Superpaupérrimos, dice Ana. Y Amalia por detrás, "que no querrá volver a esta casa..." Se equivoca. Las niñas saben hacer pío-píos, y me enseñan. Vamos dando color a cada triángulo y por debajo, con boli rojo, anotamos las respuestas. Si eliges el morado: Meiga, bujita, sorgiñe. Lo digo en tres idiomas, ellas se ríen. Si eliges el verde bosque: eres idílico/a.
Mi madre me recoge a eso de las ocho: llueve. Saluda a Amalia, y luego me dice: Qué dulce parece. Y yo respondo que sí. Es dulce y mágica, como una manzana roja, pero sin veneno.
Pero no. Esta vez no hay compromisos de mesa camilla raída, ni olor a gato y ganchillo. Será un fin de semana de familia, de poetas, de libros y paseos por los hippies de Goya. De exposiciones. Sueño con el cielo de Madrid, duro, frío y claro, como una evidencia.
En el AVE me vuelvo un poco niña a la vista de unas servilletas gigantes del vagón bar. Son cuadradas y de papel estraza, ideales para hacer un barquito. Y luego un avión. Lo echo a volar sobre la mesa mientras me lamento de no saber hacer un pío-pío. Mi madre mira con reservas mi vaso de coca-cola.
El cielo de Madrid es lo único que me defrauda: lluvia coral. Detesto mojarme los pies, pero me fascinan las calles mojadas... El primer golpe es de música, en cada esquina un violín. Acordeones y olor a bollitos, a cigarrillos y a ajo. Donde estuvo California hay un Zara, vaya por Dios. Mi madre me compra una boina de terciopelo color grosella que milagrosamente me sienta bien.
Sábado por la tarde... con Amalia Bautista y sus hijas. Se vuelven locas conmigo, me hacen juegos disparatados. Me voy a casar con Orlando Bloom en una bañera, tendremos tres hijos y seremos desastrosamente pobres, algo no concuerda. Superpaupérrimos, dice Ana. Y Amalia por detrás, "que no querrá volver a esta casa..." Se equivoca. Las niñas saben hacer pío-píos, y me enseñan. Vamos dando color a cada triángulo y por debajo, con boli rojo, anotamos las respuestas. Si eliges el morado: Meiga, bujita, sorgiñe. Lo digo en tres idiomas, ellas se ríen. Si eliges el verde bosque: eres idílico/a.
Mi madre me recoge a eso de las ocho: llueve. Saluda a Amalia, y luego me dice: Qué dulce parece. Y yo respondo que sí. Es dulce y mágica, como una manzana roja, pero sin veneno.
jueves, noviembre 02, 2006
El juego de los animales

Me gustan las ardillas, los gatos y los delfines. Por ese orden.
Una vez me hicieron uno de esos juegos psicológicos (o psicópatas) que consistía en preguntarme cuáles eran mis tres animales preferidos, y por qué. La idea era que mis respuestas responderían a mis más hondos conceptos ancestrales acerca del sexo, el amor y la vida, pero yo no lo sabía, claro. Así que dije:
Primero, las ardillas, porque son idílicas, jugetonas y dan saltitos (uuuuh!)
Segundo, los gatos, porque son limpios, curiosos y de fina estampa. (Curiosa definición de amor la mía.)
Y tercero, los delfines, porque son ligeros, azules y acuáticos. (¿Qué se puede sacar de eso...? La vie en bleu.)
martes, octubre 31, 2006
Tongo
Hace un par de días fui al teatro con mis padres, a ver "El príncipe tirano", de Juan de la Cueva. El montaje lo firmaba el CAT, lo cual ya tendría que haberme dado algo de recelo. LLegamos al Lope de Vega, mi padre trajeado, yo guapa y mi madre guapísima, y nos ofrecieron un libreto que se abría con un discurso rompedor, del tipo "qué malos son los poderosos", y que acababa diciendo "nadie es más puta que la suerte". Ayayay. El libreto-joya incluía un par de críticas que alababan el decorado frío y minimalista. Lagarto, les dije a mis papás, y no me equivocaba.
Reconozco que soy una cría sencilla. Leo autor del siglo XVI y espero música renacentista, vestuario renacentista, maquillaje renacentista y un poco de respeto por el texto. Lo de la música fue lo que más dolió. Me las prometía muy felices escuchando deliciosas baladas populares y fondos de cítaras tristemente felices, pero no.
Lo que hubo fue un chacachaca, frotamientpo de cuerpos en plan reloj mecánico, nada erótico festivo, qué va, ¡ojalá! Y entre estridencia y golpe tecno, un verso atragantado por ladrillos de prosa libre.
Mis ojos procesaban los segundos como un ordenador apunto de apagarse, y yo iba pensando en el cine, ¡con las ganas que tengo de ver Scoop...!
Reconozco que soy una cría sencilla. Leo autor del siglo XVI y espero música renacentista, vestuario renacentista, maquillaje renacentista y un poco de respeto por el texto. Lo de la música fue lo que más dolió. Me las prometía muy felices escuchando deliciosas baladas populares y fondos de cítaras tristemente felices, pero no.
Lo que hubo fue un chacachaca, frotamientpo de cuerpos en plan reloj mecánico, nada erótico festivo, qué va, ¡ojalá! Y entre estridencia y golpe tecno, un verso atragantado por ladrillos de prosa libre.
Mis ojos procesaban los segundos como un ordenador apunto de apagarse, y yo iba pensando en el cine, ¡con las ganas que tengo de ver Scoop...!
viernes, octubre 27, 2006
Palabras
Hay versos que se clavan y te rondan en momentos importunos. En la cola del cine, en la mercería. Deberías decir "tome, diez con ochenta", pero te salen enredadas las palabras, como cantando: "mirándote, mirándote, mirándote" o "amor se llama fuego". Te muerdes los labios, a ver qué le explicas a la mercera. Durante años me venía continuamente a la imaginación un verso de Lope de Vega. Por extraños silogismos que sólo Freud desvelaría (o no), yo no hacía otra cosa que repetir: "que aún tienen sal las manos de tu dueño".
No sé qué magia antigua enciende las palabras esta noche, pero sí sé deciros que los versos se rezan, se desnudan. Como una oración. "En las manos de Dios está la vida", de Julio Martínez Mesanza. Este verso me ha acompañado en las noches más negras de hospital, y estoy por decir que ha salvado a un hombre. "La triste acometida de las horas". Un verso de mi amigo Paco Gallardo que me hacía reír durante aquel disparatado curso de luminotecnia, cuando el hombrecillo ése hablaba de la acometida de la luz. "Y entonces dijo Dios, ¡hoy, diversión!", de Chesterton, cómo no repetirlo una y mil veces como si fuera un caramelo de naranja... Y un Calderón que parece Garcilaso: "Fuentes perennes llorarán mis ojos". Y Juan del Encina: "Remediad, señora mía/ pues podéis".
Qué raros los poetas. Que unas palabras sirvan de conjuro. Lápices de colores, caramelos. Y cómo quema todo cuando no las encuentras. Dónde está la salida. Y palpas la pared, y das con el botón. Y todo se ilumina para siempre.
No sé qué magia antigua enciende las palabras esta noche, pero sí sé deciros que los versos se rezan, se desnudan. Como una oración. "En las manos de Dios está la vida", de Julio Martínez Mesanza. Este verso me ha acompañado en las noches más negras de hospital, y estoy por decir que ha salvado a un hombre. "La triste acometida de las horas". Un verso de mi amigo Paco Gallardo que me hacía reír durante aquel disparatado curso de luminotecnia, cuando el hombrecillo ése hablaba de la acometida de la luz. "Y entonces dijo Dios, ¡hoy, diversión!", de Chesterton, cómo no repetirlo una y mil veces como si fuera un caramelo de naranja... Y un Calderón que parece Garcilaso: "Fuentes perennes llorarán mis ojos". Y Juan del Encina: "Remediad, señora mía/ pues podéis".
Qué raros los poetas. Que unas palabras sirvan de conjuro. Lápices de colores, caramelos. Y cómo quema todo cuando no las encuentras. Dónde está la salida. Y palpas la pared, y das con el botón. Y todo se ilumina para siempre.
jueves, octubre 19, 2006
Rincón
Una entrada de Enrique García Máiquez me ha recordado la pasión que desencadenó el haiku en la boggosfera, allá por el mes de abril. Incluso yo hice experimentos y lo que salió más o menos fue esto:
Tarde en Madrid:
este sol que florece
sobre tu pelo.
(En Madrid, con mi madre. Sí, el pelo era el de mi madre, no el de un dulce amado.) Luego, jugando con mis primos, me nació otro haiku:
Niños jugando
con barro en las rodillas
y piruletas.
Hasta ahí nuestra historia. La entrada de E. G-M volvió a desatar el gusanillo, aunque un poco menos porque el genial Fernando do Vale sigue en su forzoso retiro, y él es el especialista. Ayer paseaba yo por Sevilla: lluvia, atascos y boquetes. De pronto, un sauce y dos palmeras. Y de pronto, la inspiración, en forma de haiku endecasílabo y alejandrino, o sea, de no haiku.
RINCÓN
Por fuera todo es fango, ruido, prisas.
Aquí, mi sauce y yo bailamos lentamente,
las palmeras se abrazan a la lluvia.
Tarde en Madrid:
este sol que florece
sobre tu pelo.
(En Madrid, con mi madre. Sí, el pelo era el de mi madre, no el de un dulce amado.) Luego, jugando con mis primos, me nació otro haiku:
Niños jugando
con barro en las rodillas
y piruletas.
Hasta ahí nuestra historia. La entrada de E. G-M volvió a desatar el gusanillo, aunque un poco menos porque el genial Fernando do Vale sigue en su forzoso retiro, y él es el especialista. Ayer paseaba yo por Sevilla: lluvia, atascos y boquetes. De pronto, un sauce y dos palmeras. Y de pronto, la inspiración, en forma de haiku endecasílabo y alejandrino, o sea, de no haiku.
RINCÓN
Por fuera todo es fango, ruido, prisas.
Aquí, mi sauce y yo bailamos lentamente,
las palmeras se abrazan a la lluvia.
lunes, octubre 16, 2006
Don´t touch my make-up

Que me gustaba el maquillaje, lo avisé al sufrido público, y quien avisa no es traidor. Pintarse la cara es como pintar un cuadro con la yema de los dedos. Como todo lienzo, hay que prepararlo con antelación. Y el colorido se adapta a la caída de las hojas en los parques o a las piruetas que se le ocurren a una señora como Bobbi Brown.
Hoy en día hay pinceles para ahumar los ojos, nuestras bocas parecen ciruelas maduras y podemos oler a agua de lluvia debajo de los árboles. Existe el gloss efecto piruleta, vienen las nuevas texturas: gel, mousse. Todo se funde en la piel y se consiguen diversos acabados: luminoso, mate, fresco... El look natural es, por descontado, el que lleva más trabajo escondido.
Hay días en que quieres salir a la calle sin nada, sólo la sempiterna barrita de labios. ¿Necesitas algo más para comprar dos litros de leche? Nooo. Te recoges el pelo en una coleta zarrapastosa, te enfundas en tus pantalones más cómodos y cháaaaan! En el barrio se congregan todas las vecinas que conoces, los chicos que quisite alguna vez. Sonríen diabólicamente. Tu también sonríes en plan "soy gótica y grunge, ¿qué pasa...?", mientras subes las escaleras mascullando "nunca mais, nunca mais".
Una amiga mía apareció un día en la facultad sin haberse regalado los brochazos de última hora que toda mujer se dedica ante el retrovisor del coche. Tenía la carita pálida y sonriente, de media luna. Se le acercó un chico muy galán a preguntarle si le pasaba algo. "El problema es justamente que no me pasa nada, ¡es que soy así!". Deberías ir acostumbrándote, le dijo con buen humor al chico. Con buen humor y puntería, porque dos años más tarde se casaba con él.
En tiempos de Felipe II, tengo entendido pero carezco de documentos, se prohibió enamorar a un hombre por medio de afeites. Y es que el maquillaje engaña, eso es lo bueno. El maquillaje es como el buen teatro, trampa y cartón. Sombras como tizas que se diluyen en el párpado y zas!, la dama cansada se convierte en princesa. Benditas armas de colores, si se saben utilizar bien, claro.
Lunes
Es lunes. Es lunes, y llueve. La ventana de mi cuarto se parece a la cara de un chaval que acaba de recibir las notas: supenso en matemáticas, churretes por las mejillas.
Es lunes, y llueve, y he adelgazado un kilo, y he escrito un par de folios en el ordenador, y todo es hermoso.
¿Por qué no? Todos los lunes me repito que la palabra lunes es pura convención. Podría ser miércoles o jueves. Que un lunes tenga que ser gris y pesar como un fardo, también es un tópico. Carmen Martín Gaite dijo que la sorpresa es una liebre, y Jostein Gaarder dijo que el tiempo no corre, somos nosotros quienes corremos por el tiempo. Yo prefiero decir que nadamos por el tiempo. Nadamos por el tiempo como por un túnel de parque acuático, y está en nuestra mano pegar bien los brazos al cuerpo para que las esquinas no nos rocen. El túnel está ahí. Fluímos como en un cuadro del Bosco, fluímos como fluyen las cosas mágicas, porque nosotros somos mágicos. Somos obra de un Mago.
Es lunes, y llueve, y he adelgazado un kilo, y he escrito un par de folios en el ordenador, y todo es hermoso.
¿Por qué no? Todos los lunes me repito que la palabra lunes es pura convención. Podría ser miércoles o jueves. Que un lunes tenga que ser gris y pesar como un fardo, también es un tópico. Carmen Martín Gaite dijo que la sorpresa es una liebre, y Jostein Gaarder dijo que el tiempo no corre, somos nosotros quienes corremos por el tiempo. Yo prefiero decir que nadamos por el tiempo. Nadamos por el tiempo como por un túnel de parque acuático, y está en nuestra mano pegar bien los brazos al cuerpo para que las esquinas no nos rocen. El túnel está ahí. Fluímos como en un cuadro del Bosco, fluímos como fluyen las cosas mágicas, porque nosotros somos mágicos. Somos obra de un Mago.
sábado, octubre 14, 2006
Poemas caídos en combate
Que las musas, Apolo, Baco, Jakobson...
Así comienza un poema, de d´Ors, por supuesto, y así comienzo yo y retomo este blogg, invocando a todos los santos de la corte celestial para que cese la sequía en España y en mi pobre ser... Carlos me reprocha, con razón infinita, mi abandono y desatención para con vos amado público. Comienzo diciendo hola, esto no se acaba, quedan muchas tardes y muchas estrellas. Queda conocernos, mirarnos a los ojos, y ciber-hablar, que es lo que importa.
Por el momento hago una proposición en pro de la ciudadanía, atendiendo mis deberes civiles a la par que mis deberes bloggísiticos. Propongo instaurar una fiesta más en nuestro calendario. Existen ya días para el obrero, el padre, el cáncer, los discapacitados, los enamorados...
Existe, gracias a Dios, el día del libro. Debería existir el día de las rosas amarillas, el día de las palmeras, pero yo propongo algo más factible. Sugiero el día del poema fallido. El poema tirado a la papelera, en un momento de lucided o arrebato. El poema que ni siquiera llegó a ser, apenas unas sílabas que nos encendieron un minuto, pero luego...
Así comienza un poema, de d´Ors, por supuesto, y así comienzo yo y retomo este blogg, invocando a todos los santos de la corte celestial para que cese la sequía en España y en mi pobre ser... Carlos me reprocha, con razón infinita, mi abandono y desatención para con vos amado público. Comienzo diciendo hola, esto no se acaba, quedan muchas tardes y muchas estrellas. Queda conocernos, mirarnos a los ojos, y ciber-hablar, que es lo que importa.
Por el momento hago una proposición en pro de la ciudadanía, atendiendo mis deberes civiles a la par que mis deberes bloggísiticos. Propongo instaurar una fiesta más en nuestro calendario. Existen ya días para el obrero, el padre, el cáncer, los discapacitados, los enamorados...
Existe, gracias a Dios, el día del libro. Debería existir el día de las rosas amarillas, el día de las palmeras, pero yo propongo algo más factible. Sugiero el día del poema fallido. El poema tirado a la papelera, en un momento de lucided o arrebato. El poema que ni siquiera llegó a ser, apenas unas sílabas que nos encendieron un minuto, pero luego...
domingo, octubre 08, 2006
Cosas que me gustan demasiado

El zumo de piña, los columpios, Chesterton. El agua mineral, las piscinas, Calderón de la Barca. Los plátanos de La Palma, los violines callejeros, la antología de Bousoño que acabo de comprarme. El chocolate, los mercadillos medievales, Miguel dÓrs. El pan, los bosques élficos, el mudejarillo de José Jiménes Lozano.
Cuando te preguntan qué es lo que te gusta, o qué lo que te gusta demasiado, puedes responder a un grito primario en el hombre, que le hace deleitarse con la comida. Un segundo escalón sería responder con algo de la belleza sensible, algo creado por Dios o por la mano del hombre: las hayas de un bosque de cuento o el colorido de otoño en el maquillaje.
Pero cuando realmente me preguntan por lo que me fascina, lo que me hace perder pie, el escalón último que más se asemeja al Paraíso sería una recital de José Julio Cabamillas, una tarde en Madrid con Fernando López de Artieta, unas horas perdidas en los pliegues de uno de esos libros que nunca se terminan de leer.
miércoles, octubre 04, 2006
sábado, septiembre 30, 2006
Todo cambia
Hoy me he despertado pensando que todo en esta vida fluye más o menos dulcemente. A veces como un río, a veces como una cloaca y otras veces como el castillo de Lindabridis, que aparece y desaparece ante nuestra vista como el relámpago orsiano. Fermosa me pareceis, doncella, mas encantamiento puede ser.
Hace cosa de siete años conocí a Lord Scutum gracias a un programa de radio que él dirigía. Se llamaba "La Cueva" y era tosco y hermoso como un cuenco de barro. Se veía que ni Lord Scutum ni su compañero eran periodistas, y sin embargo creaban todo un mundo cada jueves por la noche. El programa terminó de pronto, del mismo modo que mi compañera de piso en Pampaluna ya no vive en Íñigo Arista, donde a golpe de maullidos de gatos y fondo de violines, radio de cocina, vim clorex, nos fuimos acercando cada tarde. Ella me hablaba de Mozart y del arte barroco, los patronatos en Navarra, y yo le hablaba de Calderón y los poetas vivos como fuerzas vivas. Me llevó por las piedras mojadas, me enseñó Pampaluna. Y ya no vive ahí. Punto y aparte.
Van a cerrar el supermercado donde yo compraba el pan. Mora Fandos cierra su bog. Por no hablar de un chico que de pronto decidió separarnos de su vida.
A veces una piensa que ser valiente es decir de una vez la vida es una mierda. Pero es que no lo es. Sólo la felicidad y la nostalgia se asemejan tanto una a otra, sólo para el placer y el dolor merece la pena vivir. Ayer, con banda sonora de Mamas & Papas celebré en mi casa el banquete de otoño.
Hace cosa de siete años conocí a Lord Scutum gracias a un programa de radio que él dirigía. Se llamaba "La Cueva" y era tosco y hermoso como un cuenco de barro. Se veía que ni Lord Scutum ni su compañero eran periodistas, y sin embargo creaban todo un mundo cada jueves por la noche. El programa terminó de pronto, del mismo modo que mi compañera de piso en Pampaluna ya no vive en Íñigo Arista, donde a golpe de maullidos de gatos y fondo de violines, radio de cocina, vim clorex, nos fuimos acercando cada tarde. Ella me hablaba de Mozart y del arte barroco, los patronatos en Navarra, y yo le hablaba de Calderón y los poetas vivos como fuerzas vivas. Me llevó por las piedras mojadas, me enseñó Pampaluna. Y ya no vive ahí. Punto y aparte.
Van a cerrar el supermercado donde yo compraba el pan. Mora Fandos cierra su bog. Por no hablar de un chico que de pronto decidió separarnos de su vida.
A veces una piensa que ser valiente es decir de una vez la vida es una mierda. Pero es que no lo es. Sólo la felicidad y la nostalgia se asemejan tanto una a otra, sólo para el placer y el dolor merece la pena vivir. Ayer, con banda sonora de Mamas & Papas celebré en mi casa el banquete de otoño.
miércoles, septiembre 27, 2006
La moda y la desesperación
Cada vez me desespera más la moda. Vale, de acuerdo, a todos nos gusta ir a la moda, sobre todo si ésta coincide con nuestros gustos. De pronto un día ves que para el otoño se llevará el color chocolate y que vuelven los vestidos de talle alto, corte imperio, tan bonitos y fáciles de usar, y te vuelves loca de alegría. Poco importa que también se estilen las botas altas, los labios rojos y las transparencias, porque como eso no te gusta, lo dejas a un lado y punto.
El problema llega cuando borran el color melocotón de los muestrarios de maquillaje, "¡lo que mejor me iba...!" Peor aun, cuando en tienda ninguna de todo lo visible e invisible encuentras unos pantalones con la cintura en su sitio. Es para mí un misterio, qué tendrá el lomo de excitante, si hasta los gatos lo enseñan. Me dicen los hombros, redondos y morenos en septiembre, las piernas, la garganta, lo puedo entender, pero ¿esto...? Y más cuando al final de la espalda hay que colocarse un dragoncito verde, un símbolo celta o una estrella de mar de quita y pon.
Una alumna mía norteamericana me hizo una redacción en la que veía la moda europea con ojos de estraterreste, que son los ojos más lúcidos. Como en Sueños en el umbral, ese libro-joya de Fátima Mernissi, dónde una niña cuenta con sus ojos de niña el mundo que le rodea, así mi alumna, Amanda, de larga melena rubia y mirada radiante, decía que los pantalones bajos son como pañales y que por el ombligo entra el frío en el cuerpo, mira, lo creo. También decía en su trabajo posterior que Don Álvaro, (el de don Álvaro o la fuerza del sino) era el personaje más heterodoxo dl Romanticismo español, a pesar de que en la obra se muestre tan creyente él, porque al final desconfía de su salvación y se desespera. Desesperarse es lo último para un católico, dijo Amanda, y me deslumbró. Ella, protestante, lo tenía claro: no sé si llegó sola al meollo o sacaría la frase de D. Enrique Baltanás, pero aún así le puse un nueve, sin preguntar mucho. Por original, intuitiva y profunda o por discípula aplicada y con capacidad de síntesis, daba lo mismo.
El problema llega cuando borran el color melocotón de los muestrarios de maquillaje, "¡lo que mejor me iba...!" Peor aun, cuando en tienda ninguna de todo lo visible e invisible encuentras unos pantalones con la cintura en su sitio. Es para mí un misterio, qué tendrá el lomo de excitante, si hasta los gatos lo enseñan. Me dicen los hombros, redondos y morenos en septiembre, las piernas, la garganta, lo puedo entender, pero ¿esto...? Y más cuando al final de la espalda hay que colocarse un dragoncito verde, un símbolo celta o una estrella de mar de quita y pon.
Una alumna mía norteamericana me hizo una redacción en la que veía la moda europea con ojos de estraterreste, que son los ojos más lúcidos. Como en Sueños en el umbral, ese libro-joya de Fátima Mernissi, dónde una niña cuenta con sus ojos de niña el mundo que le rodea, así mi alumna, Amanda, de larga melena rubia y mirada radiante, decía que los pantalones bajos son como pañales y que por el ombligo entra el frío en el cuerpo, mira, lo creo. También decía en su trabajo posterior que Don Álvaro, (el de don Álvaro o la fuerza del sino) era el personaje más heterodoxo dl Romanticismo español, a pesar de que en la obra se muestre tan creyente él, porque al final desconfía de su salvación y se desespera. Desesperarse es lo último para un católico, dijo Amanda, y me deslumbró. Ella, protestante, lo tenía claro: no sé si llegó sola al meollo o sacaría la frase de D. Enrique Baltanás, pero aún así le puse un nueve, sin preguntar mucho. Por original, intuitiva y profunda o por discípula aplicada y con capacidad de síntesis, daba lo mismo.
lunes, septiembre 25, 2006
Me explico
Que no se me enfade el personal. Lo de no necesitar las veladas en mi casa no iba en serio; era una hipérbole malograda. ¿Cómo no necesitar las pipas ardiendo y las jarras de cerveza bien enfriadas en el congelador, y Joaquín que me dice, "eres un encanto", y earth angel & the blues, el piano eléctrico, el tequila (¿ya voy por el quinto?), los poemas con lluvia incluida, o más bien diluvio, los cine fórums con el Suscribo durmiéndose, ¿os acordáis...? Hombre, "huesos que han gloriosamente ardido", ¿cómo van a olvidarse de tamaña maravilla?
El banquete de otoño tendrá lugar el viernes veintinueve, o sea, este viernes. Están invitados amigos y enemigos, en particular Pablo Buentes, Iván García y Enrique García Máiquez (al desayuno del sábado, si gusta).
A Breo Tosar, que me dice que le gusta mi prosa, (¡¡¡gracias!!!), y me pregunta si he escrito algún libro. Dos he publicado (el inefable Beades me proponía un link, pero es que yo "debo ser de pueblo".) Los dos libros en cuestión son poemarios. Con la prosa siempre me he llevado mal, no deja de decepcionarme ni de atraerme. Como un amor imposible. He comenzado al menos tres novelas, todas las he suprimido en algún momento de arrebato. Y mira que luego me arrepiento, las cosas del querer (y del ordenador...)
El banquete de otoño tendrá lugar el viernes veintinueve, o sea, este viernes. Están invitados amigos y enemigos, en particular Pablo Buentes, Iván García y Enrique García Máiquez (al desayuno del sábado, si gusta).
A Breo Tosar, que me dice que le gusta mi prosa, (¡¡¡gracias!!!), y me pregunta si he escrito algún libro. Dos he publicado (el inefable Beades me proponía un link, pero es que yo "debo ser de pueblo".) Los dos libros en cuestión son poemarios. Con la prosa siempre me he llevado mal, no deja de decepcionarme ni de atraerme. Como un amor imposible. He comenzado al menos tres novelas, todas las he suprimido en algún momento de arrebato. Y mira que luego me arrepiento, las cosas del querer (y del ordenador...)
domingo, septiembre 17, 2006
He vuelto de La Palma (con mayúsculas, no sólo en la ortografía sino en todo lo demás.) Fui buscando unos nombres: mi tatarabuelo, mi tío tatarabuelo, glorias locales. Durante el viaje en avión iba recordando una vieja canción que cantaba mi bisabuelo cuando yo era niña...
Palmero, sube a La Palma
y dile a la Palmerita
que se asome a la ventana
que mi amor la necesita.
¿...era necesita o solicita? Da lo mismo, a mí me parece más propio del amor necesitar que solicitar (podéis rebatirme, sobre todo los que estéis casados o en capilla.)
Y he encontrado "un reino de palmeras sobre el mar". Un mundo tranquilo de balcones y zaguanes, de hablar pausado, iglesias blancas y sacerdotes que parecen salidos del siglo XVI, de "Mucho ruido y pocas nueces". Una isla anclada entre el dieciséis español y la América que vi hace apenas medio año. Un reino de callejas, de piedras mojadas, de mar... La isla entera parecía una ventana con vistas al mar.
Palmero, sube a La Palma
y dile a la Palmerita
que se asome a la ventana
que mi amor la necesita.
¿...era necesita o solicita? Da lo mismo, a mí me parece más propio del amor necesitar que solicitar (podéis rebatirme, sobre todo los que estéis casados o en capilla.)
Y he encontrado "un reino de palmeras sobre el mar". Un mundo tranquilo de balcones y zaguanes, de hablar pausado, iglesias blancas y sacerdotes que parecen salidos del siglo XVI, de "Mucho ruido y pocas nueces". Una isla anclada entre el dieciséis español y la América que vi hace apenas medio año. Un reino de callejas, de piedras mojadas, de mar... La isla entera parecía una ventana con vistas al mar.
jueves, septiembre 14, 2006
Isla de la Palma, Canarias
He visto un arcoiris en el agua,
un reino de palmeras sobre el mar.
Vi desvanes, tejados, campanarios.
Piedras negras y rojas encendían el mar.
un reino de palmeras sobre el mar.
Vi desvanes, tejados, campanarios.
Piedras negras y rojas encendían el mar.
viernes, septiembre 08, 2006
La Virgen de la Vega
Hoy se celebra en Haro la Virgen de la Vega. La Iglesia de la Vega está al fondo de la calle de la Vega, donde mis bisabuelos compraron un pisito. Allí vamos en verano lo menos un par de días, y desde el verano pasado una semana completa. Paralelos a la calle de la Vega están los jardines de la Vega, que son como la celebración plástica de las bodas de Caná, con columpios, mazos de flores, orquestina los domingos y fila de plátanos. La fila de plátanos es lo que se ve desde la terraza de nuestro piso, así que parece que estamos clavados en un bosque, que sirve de telón en plan locus amoenus a nuestras partidas de cartas, lecturas de libros y siestas en mecedora.
Mi abuela siempre va a Haro por la Virgen, pero como este año nos vamos a Canarias a conocer nuestros ancestros, tendrá que conformarse. Yo también me voy a Canarias, lo aviso, por una semana. Esta es la vida: en el momento en que comenzaba a estar un poco lúcida, tengo que despedirme de nuevo. Hasta pronto.
Mi abuela siempre va a Haro por la Virgen, pero como este año nos vamos a Canarias a conocer nuestros ancestros, tendrá que conformarse. Yo también me voy a Canarias, lo aviso, por una semana. Esta es la vida: en el momento en que comenzaba a estar un poco lúcida, tengo que despedirme de nuevo. Hasta pronto.
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