miércoles, julio 20, 2011

Crónicas de Patachula, I

Patachula soy yo, porque me he roto el tobillo. Dolía el suelo duro y lleno de chispas de sol. Dolía.
Ahora tengo mucho tiempo para leer y jugar a las cartas. En busca del tiempo perdido, de Proust, novelas de Agatha Christie, escaleras y tríos y el Golpe del Escorial...
Y mucha, mucha paciencia...

martes, julio 05, 2011

Elogio de las Rebajas

Yo nunca me he detenido en las rebajas de julio, y menos en las de enero: era una cuestión de principios.
En mi niñez, mis padres me inculcaron la sana idea de que no había ninguna obligación de salir en estampida y beberse la ciudad de un trago sólo porque todo estuviese un poco, o un mucho, más barato. No me gustan las mareas humanas ni las obligaciones, las fechas con caducidad. Hay personas que no le encuentran gusto a eso de estar felices porque sí en las navidades, lo ven como una imposición foránea. Y yo, que sigo aún soñando con los Reyes Magos... en medio del sofocante calor, me rebelo contra ese afán corporativista que nos sacude en los primeros días de julio porque... ¡comienzan las rebajas! Y hay que quemar suela y lanzarse a la calle con un letrero luminoso ardiendo en nuestra frente que grita: "lo quiero...¡todo!"

No piensen ni por un momento que soy contraria el consumismo: ojalá me ocurriera algo así. Me confieso pecadora, y como lo he querido todo durante todo el año, llego al borde del verano con los bolsillos vacíos y el alma libre.

Hasta ahora. En este año, el mes de julio me ha pillado mileurista... ¡por fin! Y si el dinero me impone respeto porque sé lo mucho que cuesta ganarlo, también me provoca una chispa de gozo invertirlo sabiamente, porque sé muy bien que no estoy gastando la paga de mis padres, ni el ocasional fruto de un trabajillo como correctora de pruebas o unas mal pagadas clases de literatura a extranjeros... No. Ya no.
Cuando compro un poemario o un tarro de crema, puedo ver plasmadas mis ocho horas de trabajo diario, mi placentera rutina, los bostezos de la primera hora y la luz que brilla en la última.
Y si es verdad que el tiempo es oro, por una mágica ecuación el tiempo se convierte en vestidos veraniegos, bolsitos de rafia, lujosas barras de labios... cuando llega el mes de julio.

martes, junio 21, 2011

Prohibido hacer "bordillito"

Tenía doce años y mezclaba muñecas con barritas de carmín. Patrick Swayze y columpios,, polveras de rubor y bastoncillos de rojo regaliz.
El verano era un túnel de sol y de agua azul. La piscina es el túnel del tiempo siempre azul. Era pisar la hierba, los efluvios del cloro que albergaban un paraíso azul, y zambullirse en olas turquesas dando saltos.
Había flotadores, burbujas, corcho rosa, pero yo era mayor. Y como era mayor, me fascinaban los chicos del bordillo. De pie sobre un poyete, con sus trajes de baño de colores y sus ojos verdosos y su voz dulce y áspera. Era una voz de estreno, oliendo a primer día. Yo quería nadar como era siempre, bucear hacia el fondo, dejar de respirar esa felicidad extraña y torpe. Y debajo del agua las voces se escuchaban como en eco.

Subidos al poyete, presumían. Querían sumergirse en la piscina como un raro delfín, desde la altura, pero estaba prohibido. A realizar el salto tan valiente lo llamaban así: "hacer un bordillito", prohibido y deseado.

Pero él conseguía realizar la proeza y mis ojos bailaban, la alegría veloz se zambullía. Pero estaba prohibido. Luego en casa, jugando con muñecas, pensaba en esos ojos: el gesto decidido, las briznas de agua azul. Mirar como miraba también era peligro: debería prohibirse, me decía.

jueves, junio 02, 2011

Lauda, por fin... ¡y yo a mil kilómetros!



A mil kilómetros..., así comenzaba una canción del cantautor Fernando Arduán. Tenía ritmo pegadizo, tenía voz rota, de susurro y luz de vela, y tenía una música inolvidable.
No supe al escucharla que algún día entonaría yo esos primeros acordes con auténtica tristeza... y con orgullo.

A mil kilómetros de mí, dentro de una hora, se presenta en la Casa del Libro de Sevilla el último libro del gran poeta Pablo Moreno, Lauda. Sólo él y yo sabemos lo mucho que he luchado por esos grandiosos poemas, cómo batallé para que no terminasen cerrados en un cajón. La Belleza sirve para celebrar el mundo, para iluminarlo.

No se hizo la luz para esconderla: yo vi esa luz en sus comienzos y la reconocí. Poco a poco, con el permiso del autor, irée desgranando aquí algunos poemas.

Por eso Pablo escribe en las dedicatorias que soy la madrina de esta nueva obra, la mejor de su trayectoria. Y yo alzo mi copa desde el Norte, con nostalgia y con orgullo... un orgullo que raya en alegría.

miércoles, mayo 25, 2011

Carta a los Reyes Magos



Al leer un poema precioso de Luis Alberto de Cuenca titulado así, Carta a los Reyes magos (en El reino blanco), he recordado una carta surrealista que escribí en estas navidades y no llegué a publicar. Es ésta:

Queridos Gaspar, baltasar y Melochor:


Este año he sido buena y he aprendido a poner la lavadora sin que se me caiga la tapa sobre la cabeza al recoger la ropa, con la consiguiente melopea lírica que se me viene encima cada vez que acontece tal desastre.

También he aprendido a planchar pero... que no cunda el pánico: sólo servilletas, paños de fregar y pañuelos blancos de dama. Todavía los puños de camisas masculinas se me resisten, por lo que la cohabitación y torpe concubinato con un hombre es algo que me está angélicamente vedado. Item más he dedicado menos de un segundo coma dos al día en fatigar el sexo mandamiento, y me he cortado el pelo como una chica buena: con la nuca despejada, que luego hay corriente.



Por todo eso y por varios puntos incógnitos que irán desvalándose vengo a pediros algunas cositas.



Primero quiero que me hagáis saber si gaspar es castaño o pelirrojo porque la duda me corroe. Y ya que he hablado de aquello, no me vendría nada mal despertarme un día y descubrir que me he vuelto pelirroja. No, no os estoy pidiendo un cheque regalo en cualquier peluquería, os pido un cambio sobrenatural en el color de mi pelo. Que lo solucione gaspar si es que al fin resulta que es pelirrojo, y si no, que parezca un accidente.


Quiero que de los grifos de mi casa mane agua Evian. Ni más ni menos. Tengo entendido que en lanjarón, el pueblo, el agua que beben los lugareños es agua lanjarón. Siento un enorme agravio comparativo.

También quiero un lazo rosa, una foca de peluche forrada con piel de foca, un delfín de peluche forrado con piel de delfín, y una ardilla verdadera (con piel de ardilla.) Por cierto, aseguráos que la foca y el delfín que prestaron sus pieles murieron de muerte natural.
Os dejo alpiste. Cuidado con comerlo todo, los camellos también vendrán con hambre.

Vuestra,

Adaldrida.

sábado, mayo 21, 2011

Encontrar un tesoro






Encontrar un tesoro requiere mucho tiempo, paciencia, y sobre todo amor. Y tener la mañana del sábado vacía, y llenarla de libros.

En la calle San Juan, el sol baña las piedras. Hay un farol y una vidriera antigua, que esconde un almacén de tatuajes. Y souvenirs, navajas, lencería... Y al fondo, Castroviejo. La luz renacentista, la madera con sol antiguo, enrojecido.

La música de jazz, el tiempo respirando sin reloj y la mesa con libros aguardándome.



martes, mayo 17, 2011

Corina Dávalos, el Paraíso de un poeta

Tuve la inmensa suerte de presentar el primer libro de Corina Dávalos en Madrid, el sábado 2 de abril. La emoción que siento repasando sus páginas se puede explicar tan sólo a la luz de sus impecables poemas, pero en mi caso hay mucho más: si se me permite la inmodestia, diré que yo vi cómo se hacía este libro, vi nacer a Corina como poeta. Vi cómo crecía desde aquel primer y breve poema “Tenacidad” que apareció en su blog aquel miércoles, 28 de junio del 2006:



Todo el santo día
aporreando las teclas
y el verso que no abre
ni por educación.





Y al final, sí que abrió el verso. En poco tiempo, toda una explosión de poesía invadió el PC de esta filósofa, periodista y poeta ecuatoriana, como una esperanzada ventana al mágico mundo de las sílabas contadas.

Un hombre vale lo que valen sus amores, y del mismo modo puedo decir que un poeta primerizo vale lo que valen sus maestros. En esto, como en tantos otros detalles, Corina muestra una voz que no titubea: sus referentes tienen el peso y la talla de Miguel d´Ors, Anna Ajmatova, Enrique García-Máiquez o Wislawa Szymborska. Como bien afirma Javier de Navascués, con semejantes maestros no nos sorprende la maestría de esta nueva poeta.

Los rasgos más sobresalientes de este primer libro son la transparencia, la delicadeza, el pudor, un optimismo reflexivo y cierto colorismo local que recuerda a su tierra en poemas como “Niñez”.


Recuerdo ahora mi infancia, los días
siempre llenos
de abejas y cometas de carrizo,
la luz en estampida de mañana
y el coro discordante de pájaros indianos.


El centro del libro es un solo verso: ¿Qué es la esperanza, sino memoria del Paraíso? Lo percibimos como una vuelta de tuerca al mítico “se canta lo que se pierde” machadiano. Pérdida y esperanza se dan la mano en este poemario de recuerdos hermosos y tranquilos: se evoca un pasado feliz y se sueña con un futuro que parte del presente actual y que se augura también feliz gracias a la esperanza. Toda esta ópera prima está repleta de paraíso: un milagro cotidiano que fue y que se aguarda.

El mundo “baila” ante los ojos asombrados del poeta. Un velo mágico envuelve las palabras, ya que Corina Dávalos habla del amor con pudor.


[…] Y yo prefiero en cambio aquella esquina
concreta que dibuja mi memoria,
allí donde bien lejos de los flashes
hablaba el corazón sin defenderse.

El banco con astillas de aquel parque,
el sol de un día azul de entre semana,
las hojas primerizas de septiembre
y el rostro que de pronto se sonroja,
pues sabe que no dejo de mirarle.


Versos en endecasílabo, con una musicalidad tranquila y gran fuerza interior. A veces despunta la ironía, un humor sutil que se vislumbra sobre todo en los títulos: un pota se descubre en cómo titula sus poemas, tenemos un gran ejemplo en el llamado “Geometría descriptiva”.) Este humor se deja ver también en los haikus de la autora, imágenes condensadas con maestría:

“Cuidado, muerde”.
Junto a la casa en ruinas,
dormita el perro.

Abunda la metáfora que contrapone sombra y luz, pero una vez más trascendida: en varios poemas del libro la luz nace de la sombra. De igual modo, la auténtica fuerza de la autora se expresa en estas páginas en voz baja, y la alegría de los cuadros verdes que lucen en la portada se atempera con la hondura de muchos de sus versos.



(Publicado en Esmirna. La fotografía pertenece también a ese blog. Quiero agradecer a Javier Sánchez Menéndez que me enviara el libro, a Corina que me ´regalara otro ejemplar dedicado, y a Juan Meseguer que me invitara a la tertulia de Esmirna donde tanto disfruté.)

lunes, mayo 09, 2011

Maldita poesía

En este mayo florido el polen flota por toda la ciudad, en forma de voladoras plumas blancas. Flota también una legión de narices rojas lamentándose por el terrible hecho.
Y yo tengo que esconder mi alegría: el polen me parece hermosísimo y poético. Hubo un día de la semana pasada en que fui peculiarmente feliz, el cielo estaba recién pintado de azul y las calles parecían invadidas de pompas de jabón, o de esas diminutas flores que estallan en el aire de Sevilla...
Ni lo uno ni lo otro, respondes. Es el maldito polen.
Y yo tengo que esconder mi alegría, como si de un extraño delito se tratara.

martes, mayo 03, 2011

Historia de la anodina y el hombre cañón

He tenido un sueño.
Un sueño como de película, rodado en blanco y negro.
Yo vivía en París, y quería alquilar uno de esos apartamentos ultramodernos que se ocultan tras una fachada antigua de piedra gris, portón con arco de medio punto y tejado de pizarra, en pleno barrio diplomático. Iba a visitar la casa que pretendía poseer y me la enseñaba un matrimonio, conduciéndome a lo largo de pasillos blancos, con techos entelados y cortinas inmensas. Pero yo sólo tenía ojos para mis anfitriones.
Ella me cayó mal desde el principio. Se parecía a Andie McDowell y era completamente anodina. Mi opinión, de todas maneras, era muy poco objetiva, porque me gustaba él.
Era todo lo que debe ser un hombre: elegante, alto, con manos poderosas y cierto aire intelectual. Olía a tierra húmeda. Sonreía poco y muy bien, con ráfagas de luz que iluminaban lo oscuro. Su mirada era también oscura y luminosa, de lluvia con sol deshilachado.
Me encandilaba abriendo puertas con sus manos de pianista victorioso. Sus ojos ejercían sobre mí la atracción de la piedra imán.
Terminé de ver el apartamento y bajé al zaguán por las estrechas escaleras con él acompañándome, porque debía abrir la puerta con su llave dorada. Al trasluz me giré para mirarle, con la puerta ya entreabierta, y bajando los ojos le dije que sentía hacia él la atracción de la piedra imán. Él se inclinó sobre mí sonriendo y me dio las gracias. Se alejó para subir las escaleras y yo me quedé en el ángulo de sombra, en el zaguán, esperándole. Se detuvo en el rellano, con el pelo alborotado por un rayo de luz.
Volvió hacia mí para besarme. Fue lluvia, fue viento. Sus manos caminaban por mi pelo hacia su patria última.
Nos fuimos de la mano hacia un lugar que ignoro. Sonaban los acordes de jazz de un disco antiguo, pero tras un segundo, ya despierta, supe que lo que sonaba en mi cabeza era los acordes de mi despertador.

jueves, abril 28, 2011

Escritura autómata

Harta de no tener inspiración, aporreo las teclas. Recuerdo atardeceres. Y me digo a mí misma: la Fanta de Naranja nada vale, mejor la Cocacola, lo dije (sí, lo dije), en este mes de abril que se termina.

La calle es gris y hay sombras de sol en los portales. Casi las nueve y media (la hora del trabajo), y batallan escobas y porteras cantando. Yo salgo del bar Génesis con un vaso de plástico de color Cocacola. La dueña del café ya me conoce, "lo quieres con dos hielos y un limón, en un vaso de plástico, ¿verdad?" Y sí, lo quiero así, subir las escaleras con el vaso bailando de alegría, y ser bebido a sorbos dulcemente junto al PC que truena.

Las horas de trabajo me parecen de ámbar. Calladas y con luz. Luego voces a coro y luego, más trabajo. La cocacola tiene sabor de medicina y de película, de metal de frambuesa, de cine de verano.

El trabajo es la chispa de la vida, ay no, la cocacola, ¿o no me equivoqué? Una risa cansada llena el tiempo. Cansados de la guerra hemos caído junto a tantos papeles cristalinos. Recuerdo los poemas ingenuos de mi libro, del primero. Era feliz entonces. Ahora lo soy más, con nubes encendidas. Como quien ha llegado de un desierto, doy gracias con temblor. Que dure mucho.

Me comprometo a escribir una vez por semana en este blog, con musa o sin musa.
Los pocos lectores que me queden son testigos.

jueves, abril 14, 2011

La pantera rosa, la pantera naranja

Eran insoportablemente rosas. Sabían a calor, química dulce. Sabían a sábado por la tarde, a parque y a columpios. Te manchabas el traje de lazos, no importaba, manchas rosas y sombras por el suelo. Había un gran dragón detrás de cada árbol. Pinceladas de sol, se deshacía la tarde y los bocados eran lentos y rosas. Era rosa también la voz que te llamaba, y las sábanas limpias y el hilo de soñar.


Los domingos cambiaban de color: el parque era naranja, como los toboganes y el refresco. Bailaban escarchados los vasos de cristal. Y la misa también era naranja, ardían los ladrillos y el altar cuando cerrabas los ojos y era el sol furibundo. Fuegos artificiales en los bancos solemnes,en silencio. Naranja era la cruz y el tirachinas, en un mismo bolsillo. Y podéis ir en paz.

La paz era naranja, pues salíamos al sol de piedra y musgo. Toda la claridad venía a nuestros ojos. Tras cada misa el mundo parecía más nuevo. Más naranja.

viernes, abril 01, 2011

Vuelve la Poesía

LLega Abril, vuelve la Poesía. Ya está subida, en Poesía Digital, mi reseña sobre el deslumbrante libro de Baltanás.

jueves, marzo 24, 2011

Encontrarás dragones




Mañana estrenan la película. Tengo amigos que la han visto en pre estrenos y pases especiales y salieron entusiasmados.

La rueda de prensa, en este link.
Y aquí, una preciosa aunque breve reseña de ARP. Aquí, otra un poco más larga de Batiscafo.
P.S.: Marinero, no te quejarás: estoy siguiendo al pie de la letra tu consejo...

viernes, marzo 18, 2011

Árboles rosas


Disparé esta foto somnolienta, deslizándome por las baldosas llenas de sol. Era sábado. Caminaba por el centro de la que ahora es mi ciudad, como hacía en Sevilla, demorándome en árboles y libros. En Castroviejo sonaba un antiguo disco de violines.
En la calle Portales había llegado la primavera.

martes, marzo 08, 2011

Dándome un respiro

No me gustan nada los blogs que no actualizan. Pasa una semana, pasan dos, y el triste post de final de febrero sigue allí, colgado y solitario. No me gusta carecer de inspiración para otra cosa que no sean mis amadas pinturas de guerra, pero hoy por hoy es precisamente eso lo que me sucede. Y no lo puedo evitar.


No me apetece mantener un blog en silencio o semipenumbra sin daros ninguna clase de explicación.

No, no voy a cerrarlo, sólo voy a dejar la puerta entrecerrada... esperando el furor poético.

Sigo en mi otro blog delirante. Allí me encontraréis siempre.


Pero no me despido, os dejo con un esperanzado "hasta luego".


Adaldrida.

jueves, febrero 24, 2011

Logroño


Estoy en Logroño, trabajando en la Universidad Internacional de La Rioja.. Para todo el cuatrimestre.

Hoy comenzaba a sentir saudade, tan pronto, de los recitales que organiza Rafa Organvídez en la Casa del Libro y luego las tapitas que ofrece Siltolá en la bodeguita Barbiana, y de las tardes con café en el centro con Marie Christine del Castillo y de Toi mirándome con ojos de fotógrafo, y de Ramón Simón en blanco y negro, y de Merl en un fin de semana cualquiera y de Cabanillas en la perdida Nova Roma. Y de Beades tocando con su flamante grupo en la cafetería Bravo. Y de Pablo, Nico, Paco y yo en mi casa con música de jazz.

Y por eso he visitado la librería Castroviejo, y luego me he metido en el locutorio más cutre de La Rioja para escuchar una vez más Las chicas son guerreras, versioneadas por Los Walkman. Más que guerreras, me han parecido brutales.

martes, febrero 15, 2011

Una aproximación a Baltanás

Estoy leyendo de nuevo el último poemario de Enrique Baltanás, Trece elegías y ninguna muerte, porque me han pedido una reseña para Poesía Digital. Es un libro poderoso. Los anteriores libros de Baltanás no me parecieron tan poderosos, incluso este no me lo pareció tanto en una primera visión. Es un libro que se abre y crece y crece a medida que lo lees, como un bosque, igual que un laberinto. Comienzas a leer con los pies en la tierra: sabes muy bien a dónde vas, nada puede sorprenderte: ahí te encuentras el estoicismo bien medido y la frialdad exacta.
Pero no. Tras volver algunas páginas estás abriéndote a otros mundos. Gigantescos. Como una sinfonía coral que nunca cesa.

Existen muchas formas de reseñar un libro. La mía es desesperante pero funciona: me leo los poemas uno a uno, muy despacio, a sorbos, de manera cansiiiina. Y escribo con un lápiz un sinfín de anotaciones. Y flechas hacia arriba y hacia abajo. Luego leo muy rápido los poemas, y las anotaciones de los márgenes. Cotejo lo que hay de sorpresa, lo que coincide en todos ellos. Me meto en internet para ver lo que otros han dicho, pero eso más tarde.

Comencé a leer despacio el viernes, en mi último día de trabajo en Sevilla, durante una hora de guardia. Mi última hora de guardia.
El que no es ni ha sido maestro no sabe lo que es una hora de guardia en un colegio. Es el infierno en la tierra. A una colega tuya se le ha roto una uña o se le ha calado el coche, y te deja a sus deliciosos monstruos para que los cuides y les mandes callar hasta el infinito.

En esta ocasión los monstruos eran deliciosos de veras y me dejaron leer tranquilamente, con un millón de post its rodeando mi cabeza metida en el libro. Estaba escribiendo algo sobre las anáforas cuando me interrumpieron. Las anáforas, como en este poema mesanciano, son un dardo que sumerge al lector en un círculo obsesivo de belleza, pura y rotunda belleza.
Una niña que no trabajaba pero al menos guardaba silencio me estaba contemplando.

- Profesora... ¿qué lee?

- Un libro...

- ¿De poemas? ¿Suyo?

- Nooo. De un poeta profesor de la Universidad de Sevilla...

La niña me mira, muerde el extremo de su boli, se ruboriza y calla. Al ir a consultar la hora, veo de reojo mis mejillas rojas en los dorados antiguos de mi nuevo reloj. Yo también me había sonrojado. Qué secreto, recóndito, el acto de leer un poemario.

viernes, enero 21, 2011

La (Buena) Vida Literaria

Qué noche de magia poética nos han ofrecido Javier Sánchez Menéndez y la Casa del Libro de Sevilla. Qué breve el tiempo real y qué largo el futuro en el que todo se recuerda. Qué rápida transcurre una tarde, pero luego qué lentamente se contempla y saborea.

El autor de dieciocho puntos incendiarios sobre la vida literaria nos ofrece un auténtico disfrute poético, recital tras recital. Antonio Rivero Taravillo aplaude, como no podía ser menos, su tarea, y se le nombra Quijote en estos tiempos de extravío. Pero él tiene una explicación más sencilla y rotunda: mientras otros gastan su dinero comiendo langosta a diario, él prefiere publicar la poesía que le gusta. Y ofrecérnosla.




El día 19 de enero se presentó en La Casa del libro el poemario Poesía para niños de 4 a 120 años, publicado por el propio Sánchez Menéndez, José María Jurado y Jesús Cotta en la Isla de Siltolá. El libro, del que por cierto se habla hoy en el diario ABC, recoge poemas de los mejores poetas vivos del momento, aunque con alguna laguna (la ausencia de Carmelo Guillén Acosta es la más honda). Si quieren leer dos o tres joyas que atesora este libro-joya, les recomiendo visitar el blog de Ramón Simón, que ofrece fragmentos y hermosísimas fotografías salidas de sus manos en un mágico blanco y negro.




Lo importante de este recital fue el público: no había sillas, sino globos. Una impresionante marea blanca de globos, piruletas y libros. Niños jugando sobre una alfombra que susutituía al tradicional patio de butacas. Cuando la poesía comenzó, abrieron mucho los ojos, se sentaron en los brazos de sus padres o en el suelo, entre globos que iban estallando. Fue un recital con música de petardos, pero sin un solo grito, sin una llantina. La poesía amansando a las fieras. Una niña de dos años miraba fijamente los gorros y sombreros de los antólogos, mientras Jose Julio Cabanillas hablaba en voz queda de su gata Jueves, o Elías Moro recitaba una espléndida lista de objetos convertidos en poesía.



Toda esta magia es posible en la fabulosa isla de Siltolá.

sábado, enero 15, 2011

Yo Ya Lo Sé Todo... Porque Soy Mayor

En el autobús colegial, los niños saltan apaciblemente sobre los asientos utilizando sus cinturones como camas elásticas, cantando a grito pelado la balada de Pito Pito Gorgorito cuando...

- ¡¡¡Papá Noel no existe!!!

Una científica voz de niña de siete años rasga el aire lleno de juegos. Don Melitón tenía tres gatos, que los hacía bailar en un plato. Y por la noche les daba turrón, que vivan los ga...

- ¡Papá Noel no existe! Papa Noel es un cuento, me lo ha dicho mi madre...

Las profesoras clavamos nuestra más intimidatoria mirada en la niña, que alza contra nosotras unos ojos clarividentes de duende verde y burlón. Los niños se han quedado mirándola, y llueve sobre ella dinamita verbal:

-¡Mentira!
-¡Sí, hombre! Y entonces, entonces... ¿quien te deja todo ese mogollón de regalos?

Arde la tensión en nuestros cuerpos... son siete segundos en los que se juega toda la magia de una docena de niños, hecha añicos por culpa de una sabihonda con gafas y descaro.

La niña exacta levanta la barbilla retadora y responde:

Pues quién va a ser... ¡Los Reyes Magos!

jueves, enero 13, 2011

La laaaarga cuesta de Enero...

Encontré esta viñeta en el blog de Morgan, "No sin mis labiales"... Ella la colgó a la vuelta del verano, pero a mí me cuesta mucho más volver de las Navidades.

Diréis que estoy muy silenciosa... y tendréis razón. Durante la primera semana de enero disfruté en silencio de mi felicidad navideña, y en la segunda semana del mismo mes estoy reponiéndome, en silencio también, del desierto emocional que supone el fin de las vacaciones... ayayay.

Sin embargo hay luces que brillan y me consuelan: el conjunto de tres relatos de Edith Wharton que compré en Castroviejo, y cuya lectura me llena de una alegría soleada. El precioso librito de Irene Nemirovsky que me regalaron los Reyes Magos, y cuya lectura me llena de una rara alegría oscura. Y este post de Enrique García-Máiquez que no puedo dejar de leer, y cuya lectura me llena de una alegría... épica.