jueves, marzo 11, 2010
Islas
EL SOL DEL UNICORNIO
Este sol de diciembre,
de plata, casi a oscuras como el ojo
de un único unicornio que aún queda en el planeta
y busca su refugio mientras vive ¿hasta cuándo?
Y cuándo la Doncella que le aplacó la sed,
cuándo el árbol hermoso,
cuándo la rama verde en que vibró la luz.
Este sol de diciembre que mira un unicornio,
este sol de diciembre que miro mientras viene
Ella, hermosa, a llevarme.
II
Sentí pasos del viento que venía
de lejos y muy lejos me llevaba.
Muerte, pues has entrado, ¿ya es la hora?
Y su voz sonó a plata cuando oí:
- La Muerte no; soy el Amor que aguardas.
Luego comienzo por la primera página, y encuentro dos poemas nuevecitos de Miguel d´Ors, ¡qué maravilla! Uno de ellos, llamado 1938, habla de su padre, supongo, en plena guerra y en el frente de los que Rafael Alberti llama enemigos. Se lo leo a mis padres por la mañana, en el desayuno, en medio de un racimo de plátanos y una tostada de jamón dulce. Y entonces me cuenta mi padre una anécdota gloriosa: relata Laín Entralgo en sus memorias que, al filo de la contienda española, se encontró con Eugenio d´Ors y con su hijo. El que años después llegaría a ser Don Álvaro contaba con unos veinte años y se iba a la guerra, pero antes su padre quería nada menos que armarle caballero. Y lo tuvo toda una noche en la catedral de Pamplona velando armas, y a la mañana siguiento lo armó caballero y lo mandó al frente.
Por toda la cocina suenan los chisporroteos de mis carcajadas. Me bailan los ojos. ¡¡¡Eso es una familia verdaderamente genial!!!
p.s.: He estado hablando con Miguel d´Ors y me ha dicho que el qe veló armas era su abuelo, Eugenio d´Ors. No sé cómo rehacer la entrada para no faltar a la verdad, así que lo añado aquói como posdata.
lunes, marzo 08, 2010
La Crónica
"Yo he venido a hablar de mi libro, no del libro de este petimetre, y llevamos un montón de líneas y todavía no se ha hablado de mi libro."Me siento un poco como Paco Umbral hablando de mi libro, pero a petición de Carmen, Arp y Espinelete voy a ofrecer una pequeña reseña de la presentación. ¿Qué puedo decir? La sala estaba llena de buenos amigos y de amables desconocidos (Juan Antonio González Romano ha hecho una buena crónica social.) Estaba casi todo Númenor en la primera fila, junto a Toi y Ramón Simón que disparaban flashes magistrales (las fotografías que acompañan esta entrada salieron de las manos de Ramón.) Añoré muchísimo a Carmelo Guillén Acosta, que estaba en Madrid leyendo sus poemas a un maravillado público, y a Enrique Gracía Máiquez, que temblaba en El Puerto ante la misteriosa luz de una ecografía. La ausencia de Fidel Villegas fue por mi culpa: hubo un malentendido.
- Francisco Umbral, escritor y hablador de su libro.

Jose Julio Cabanillas dijo cosas increíbles, citó un poema de Gastón Baquero, habló de la inocencia, de lo que debe ser un poeta. Hablaba de mí con voz pausada y con largos silencios, y yo le miraba de reojo (en la foto se puede ver) pensando ¿ésa soy yo? Y luego recité.

Terminamos bebiendo champán en la azotea, en medio de una marea azul de libros por firmar. Se terminaron. Y nos fuimos a El Aguador, en la calle Alvareda, a beber fanta de naranja y a comer roscas campesinas. Luz de fiesta, ráfagas de voces encendidas. Abrigos y felicitaciones. Despedidas. Gotas de lluvia sobre el pelo. Me llevaron a casa. No quería que se terminara la noche y, sin embargo, omnia mea mecum porto. Tenía razón Pablo Moreno, en su ya famoso poema: nunca estaremos solos.
lunes, marzo 01, 2010
Volviendo
Y cerca, había un despacho de abogados con un cuarto para fumar con Teresa. En ese gesto raro de las mujeres, que vuelan desde Zara a Chile y a Haití, mi amiga me decía que su padre fue un señor. "El alzheimer no le borró la sonrisa. Quería tanto a mi madre que nunca la olvidó del todo."
En Madrid había calles repletas de tiendas encendidas. Había mascarillas de avena para la cara, que olían a desayuno irlandés. Había amigas que querían comprar bailarinas en Esfera. Había tiendas que se llamaban Azul de Mar, y en ella neceseres de algodón forrado con tonos tropicales, turquesa, chocolate y fucsia, que costaban cinco euros con cincuenta. Y bolsas ideales con dibujos naif de la torre Eiffel. Había barras de labios color fresa y color miel en Nars, y había también una tarde llena de diálogos efervescentes con la poeta Amalia Bautista.
Había, por último, tardes de lluvia para leer en casa, y había un manuscrito de una de mis amigas de Pampaluna, y el libro de Goethe que tenía que estudiar, brutalmente delicado. Había un coche que me traía de vuelta. Había que dormir y recordar mañana.
lunes, febrero 22, 2010
Miraremos el fuego

viernes, febrero 19, 2010
Bueno conocido
Será que soy una rancia y una pequeño burguesa con mis costumbres de lectura reposada, y en el fondo me sacan de Jane Austen, Chesterton y Wilkie Collins y ya no estoy a gusto, y si es posible leerme hasta la saciedad un viejo conocido, lo hago con el máximo deleite... Perder y Ganar, de J.H. Newman, por ejemplo. Los libros son para mí como una prenda cómoda que usamos, y volvemos a ella una y otra vez hasta dejarla inservible... Y, del mismo modo que se rompen las costuras, al lomo de cartón le van saliendo astillas, y buscamos el papel celo y empezamos a hacer labores de carpintería.
Me lo dijo mi padre, al ver en mi mesa llena de papelotes el trajinado ejemplar de La luz apacible. Yo lo había escogido como parte del taller de lectura para mis alumnas, pero no tuve cuidado y lo presenté como "una apasionante novela sobre Santo Tomás de Aquino"... y las niñas, que ya sufren al santo en clase de filosofía, me hicieron saber que no deseaban una segunda entrega. Lo dejé en mi mesa, como al descuido, y una noche de cansancio se deslizó por mis manos y quedé enganchada de nuevo, como esos viejos esposos que se dejan seducir por sus mujeres sólo porque un día la ven bajo una luz antigua y nueva.
- ¿Cuántas veces has leído ese libro?
- Mmmmm... Lo descubrí cuando tenía doce años...
Aquel verano. Logroño. Calor sofocante y uñas postizas. El cuarto de jugar. El telediario. La lámpara con su luz derrochando sombras alrededor. Y yo leyendo un libro que me había regalado mi padre.
- Me lo compraste tú... Y bueno, desde entonces, una vez por año, como una cita de amor.
Tengo treinta y dos años. He leído el libro veinte veces. Y todavía me apetece volver a leerlo: lo malo es que ayer alcancé la última página. Y no puedo volver a La edad de la inocencia porque lo regalé en la noche de Reyes.
Es otro de mis vicios raros: regalar libros ya leídos por mí, algo rugosos, que el destinatario sepa que fueron arrancados de mi librería "como la uña de la carne". Y, además, en este fin de semana tengo que leerme Las penas del joven Werther, de Goethe. Me pregunto si sonará en mis oídos la marcha nupcial cuando cruce sus primeras páginas.
sábado, febrero 13, 2010
Conversaciones con La Otra
- Mmmmm. ¿En que un poquito gusta, pero mucho empalaga?
- Nooo. Nunca me he cansado del pudding, y me temo que tampoco me hartaría George.
- Pero si acabas de descubrirlo...
- Pero esas cosas se saben. Lo intuyo.
- Vale. ¿En qué se parecen...? ¿En que ambos gustan mucho pero suben el colesterol?
- En sentido espiritual, sí, es una metáfora... Yo quería decir que ambos me atraen poderosamente, pero en el fondo me caen mal.
- ¿Te caen mal?
- Sí, bueno... El pudding me cae mal al estómego, o me lo acrecienta que es peor. Y George me cae mal todo él. Así que esta atracción súbita me está cayendo como un tiro...
Esta es una conversación inconsciente entre yo y "la otra". De pequeña le llamaba "la gemela transparente" y hablaba con ella sin parar. Y ahora ha vuelto. El runrún empezó con la película: que salía George Clooney vestido con traje de chaqueta despidiendo al personal, y yo pensando, "será cerdo..." Que te crees tú eso, ruge La Otra dentro de mí. Sí, mira es idiota, respondo yo sin ser aún consciente de la balumba que me caía encima. El amor de su vida es un cerdo, dicho por él. Que va y se le muere. Me cae mal, no puedo evitarlo.
Pero se puso a sonreír. Gorge Clooney, digo. LLenaba la pantalla su sonrisa. Soy débil. Y encima cuando sonreía en primer plano me recordaba mucho un chico que me gustó. "Sonríe como X", le dije a La Otra. La Otra, renacida después de tantos años y disfrazada de Gollum, me repuso: mi tesoro, nos ciega el amor retrospectivo. Amenaza flashback. Puede ser, concedí, porque hay antecedentes, me temo. Yo era la que pensaba que Tom Cruise era clavadito a un X anterior.
Vale, no me negarás que a quien se parece es al pudding del cortinglés que nos zampamos los tres, o sea tú, Chinto Chabola y yo hace un ratito. Vale, dijo La Otra, plantéamelo como una adivinanza.
(Para una entrada taaaan surrealista lo mejor es un vídeo de Esclarecidos.)
jueves, febrero 11, 2010
Mirar el fuego
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| Foto hecha por mí en la Avenida de la palmera, Sevilla |
Ya tengo en mis manos mi tercer poemario, Mirar el fuego, publicado en Pre-Textos y largamente esperado... ¡Laus Deo!
Ayer me llamaron para decirme que ya estaba, recién sacado a la luz, y que me lo mandaban. Lo celebramos, mi madre y yo, en un recóndito bar gallego de barrio que nos encanta. Pedimos pulpo a feira, empanada y vino de Rybeiro, que nos lo sirvieron en una jarra de barro cocido y dos cuencos de loza blanca. LLené mi cuenco, pese a que bebo muy poco alcohol normalmente, y el vino de color dorado me obnubiló.
Hoy lo tengo físicamente aquí, y he comido en mi casa con Chinto Chabola, mano a mano, un arroz con guacamole de mi invención que sabía a cielo infinito. Y luego, pudding de frutas del Cortinglés, que es el paraíso glucémico. Acto seguido he maquillado a una serie de señoras de una asociación cultural y he llegado a los cines a tiempo para ver, con mi madre, Up in the air. Madre mía qué pedazo de George Clooney. Qué ciega he estado. Cuando sonríe creo que hasta los ángeles dejan de respirar.
Termino el día recitando la oración de mi abuela para expresar conformidad con la Voluntad Divina: Señor, como hoy siempre. Mejor cuando quieras. Peor, ¡ni se te ocurra!
lunes, febrero 08, 2010
Desfile de modelos
Consiste en que por una hora a la semana se enfrasquen en la atmósfera de un libro elegido por ellas y por mí, al alimón. Tiene que ser una lectura activa, en la que pongan atención a unas pautas marcadas de antemano, haz un análisis de personajes, descubre el mensaje oculto etcétera... El invento terminará en una reseña-exposición-libro fórum, donde el corazón les lleve, lo mínimo es una crítica de dos páginas y lo máximo un debate en la pizarra con argumentos poderosos para enganchar al público en la lectura del libro preferido. Lo ideal es que cada obra tenga dos lectoras y podamos hacer una verdadera serie de "duelos en la cumbre" durante el tercer trimestre.
Hoy era el momento de colocar la primera piedra, de que cada una escogiera el libro en cuestión. He llevado nueve o diez en mi portafolios color topo-falso guatiné, y los iba presentando en plan desfile de modelos, pregonando sus virtudes y generando una pintoresca puja con valores al alza y a la baja.
Decía yo:
- La Pobre señorita Finch, de Wilkie Collins. Siglo Diecinueve, romántico perdido, amor, suspense, dama ciega que recupera la vista y ve que su enamorado tiene un hermano gemelo y entre los dos han armado un buen barullo...
El grosor las había amilanado, pero les atraía el argumento. Allí estaban, debatiéndose entre el corazón y el pragmatismo. Vale, lo leeré yo, dijo una mano solitaria. Adjudicado.
- Persuasión de Jane Austen. Austen, no tengo más que decir. Costumbrismo, ligera ironía, amor y personajes masculinos altamente atractivos y perfectamente perfilados...
Hubo dos o tres posibles lectoras y comenzó la rifa. Y también estuvo muy disputado el libro que Miguel Aranguren publicó en Belacqua y que yo había presentado como "un canto a la amistad, historia de dos amigos que se encuentran al cabo de los años y..." El padre Brown de Chesterton quedó desierto (lo intentaré mañana con el otro Primero), y les divirtió bastante un ejemplar algo raído de Celia lo que dice de Elena Fortún. "Una niña con rizos rubios que salía en la tele, mi madre lo leía", comentó una espontánea. Y varias alzaron ambos brazos a la vez.
La clase terminó con "el cuarto de hora poético", una especie de premio que me he sacado de la manga: si trabajan bien, en los últimos diez minutos les leo un par de poemas de un autor actual que me guste, algo bonito y sencillo que se entienda, que haga reír o llorar. Les encanta. La poesía amansa a las fieras.
viernes, enero 29, 2010
Con una pierna vengo
Dedico este post a Merl, hojimerl, elfa gatuna.Hoy cobré la nómina. Era bastante flaca y encima había que reservar billetes en un sobre para distintas gaitas del mes, y regalos, y viajes. Por eso decidí que la visita a L´Occitane me la iba a ahorrar y que por Benefit algo así como que no pasaba, y que Mac de reojo y...¿qué me quedaba? ¡¡¡Casa Saluita!!!
Es una droguería de la plaza Ponce de León que sabe a perfumería de barrio, con cremas de aloe vera y jalea real y secadores de pelo rodando por las vitrinas. Lo que me gusta de Casa Saluita es que vende Essence, marca alemana increíblemente barata y aceptablemente buena, con ediciones limitadas y un expositor que es un mundo abreviado.
Lo que no me gusta es que ese expositor se encuentra detrás de un mostrador de cristal y que hay catorce mil cachivaches encima, y el vendedor te tiene que ir enseñando los coloretes uno a uno. Mal, muy mal. El dueño no sabe que disponer de media hora para pintarrajearse la mano con churretes de "angel deluxe" es el paraíso de la femme fatale, y le niega su insana fantasía. Nada de tocar sin control en plan desmadre y despelote, tú me dices lo que quieres y yo te lo doy. ¿Eso qué es?
Bueno, pues tragaremos con lo que hay. Que me lo enseñen todo: aquí salta la saña sibilina de la mujer. En cuando llego veo que hay una nueva modalidad: delante de la odiosa mesa de cristal han puesto una fila de piernas de plástico, cada una embutida en una media de nailon y colgada de una percha metálica a la mesa ya mencionada. Toma ya. Avanzo un poco y una de las piernas me cae encima. la tomo entre mis brazos y me voy hasta el fondo de la tienda.
- Oiga. ¡Oiga!
- Señora puede dejar la pierna aquí.
- ¿Tienen medias de piel de gato?, pregunta un hombre que ha entrado. Se le ve cariacontecido, en plan "mi mujer me ha dicho vete abajo a por un sostén rosa con lacito y ahora yo debo entrar en este antro de perdición". Me mira raro, será por la pierna, y yo le sostengo la mirada altiva. ¡No va a darme lecciones magistrales de normalidad un tío que entra preguntando por sedas gatunas!
LLega el dependiente a poner paz.
- Aquí tiene la perchita. Eso de la piel de gato no hay, si acaso mire al fondo. No, no, no puede pasar a ver Essence, yo le enseño. ¿Qué quiere ver?
- ¡¡¡Todo!!!
Me doy cuenta de que está dispuesto a ser paciente y, lo peor, de que disfruta. Me llevo una sombra de ojos color azul hielo de la colección "Go snow"; un esmalte de uñas de color verde manzana como el de Chanel y un iluminador rosa preciosísimo de la colección de los años cincuenta. Mis ojos tropiezan con unas mascarillas de la Ligne Spa de Gisèle Denis: me llevo una de chocolate antioxidante y anti estrés. Y cuando va a cobrarme, la cuenta no pasa de los veinte euros. Y, como remate, me regala una barra de labios de Essence color rosa pastel, muy dulce. Es también de la colección del los 50s, o sea restos mortales, pero aún así me parece un gran detalle.
Me dan ganas de darle un beso a la pierna. Y de maullar como un gato.
jueves, enero 28, 2010
Amistad
A la chica ciega le picaba todo el cuerpo. Estábamos en Florencia y la llevamos a una especie de ambulatorio que había en un palazzo. Íbamos las tres por la calle pintando las letras de colores, y ella era la maestra de ceremonias. Los ciegos son sabios e intuitivos: eso desde Homero. Tú eres amarilla, me decía, pero un poco blanca también. Y, cuando nos tocó dormir en un saco tricolor, nos reíamos: "esto parece una de tus palabras surrealistas".
Y la llevamos a la Fontana de Trevi, y me empeñé en que tocara el agua. El agua es de un celeste tan claro, tan claro, le dije... Y las estatuas, y la gente, y los japoneses. Todo.
Después Pamplona, caminando juntas por Fuente del Hierro. Las tres. Arriba y abajo. A veces muertas de risa triste y a veces serias y con sol. Cuando estoy triste, rezo, nos dijo un día. Y Dios siempre me contesta: deja de quejarte y empieza a darme las gracias.
martes, enero 26, 2010
Momento friki
Había también en la casa de mi amigo un bebé de unos seis meses: su hija Julia, con grandes ojos oscuros y piel recién hecha. Miraba fijamente un loro de peluche montado sobre una peana. Este loro repite lo que tú le digas, me comentó Fernando. Tiene una grabadora y te suelta dos veces seguidas la frase que tú quieras. Y, pulsando un botón, recitó con voz muy seria: "Hay espadas que empuña el entusiasmo." El loro, tras brujulear el verso en su mente electrónica, repitió: "¡Hay espadas que empuña el entusiasmo! ¡Hay espadas que empuña el entusiasmo!" Yo me quedé muda. No sé qué me asombraba más, si el artilugio en sí o las palabras que habían sido elegidas. Sonriendo volvió a declamar: "Y jinetes de luz en la hora oscura." Y el loro: "¡Y jinetes de luz en la hora oscura! ¡Y jinetes de luz en la hora oscura!"
¡Es el loro Mesanza!, acabó de exclamar, muerto de risa. ¡Es el loro Mesanza!, respondió el loro por dos veces. Y los dos comenzamos a sentirnos avergonzados, ¿cómo podemos ser taaaaaan frikis...?
viernes, enero 22, 2010
Amo a Kenneth Branagh

Ahora están emocionadas porque acabamos de ver la película "Mucho ruido y pocas nueces", de Kenneth Branagh. Hemos invertido tres horas enteras, lo que ha supuesto un relax para ellas y para mí: pero había un brillo en sus ojos que iba más allá del destello holgazán de quien se ve libre de un par de lecciones. Se han dejado fascinar por Branagh, que es un actor soleado y un director vitamínico, como un buen zumo de naranjas: basta ver "En lo más crudo del crudo invierno" para caer de rodillas y adorarlo. Bueno, pues a mis alumnas también les ha gustado, y me siento orgullosa. El ¿tú también? lewisiano bullía entre nosotras cuando nos vimos entusiasmadas a la par en la misma escena, esa en la que los protagonistas "crean" el amor de Benedicto y Beatriz.

Y cuando les descubrí tarareando la preciosa música de Patrick Doyle, supe que no me había equivocado: en una semana han aprendido más sobre Shakespeare y sobre el Renacimiento que si me hubiera empeñado en "adelantar materia", ofreciéndoles una sarta de datos empíricos que se difuminan una vez aprobado el examen de rigor.
miércoles, enero 20, 2010
Hannah en el Círculo de Bellas Artes
Por la mañana estuve en Nars, practicando el virtuoso ejercicio de mirar sin comprar. Comí con la poeta Amalia Bautista, que me regaló una pulsera de perlas de río. Y a media tarde tomé el metro hacia Banco de España.
Teresuca estaba radiante, la misma sonrisa morena de siempre lucía en su cara, y dijo que no le apetecía nada la típica presentación rollo autobombo por lo que se marcó toda una mesa redonda con dos catedráticos discutiendo acerca de Hannah Arendt, que era la segunda protagonista del día y pasó a primer plano gracias a la modestia de su biógrafa.
Los dos vates eran Alejandro Llano, Catedrático de Metafísica, de la UNAV, y Agustín Serrano de Haro, del CSIC. Se lanzaban entre sí conceptos ingeniosos y cortesías irónicas, y protagonizaron, para gozo nuestro, un tiroteo verbal digno de metralletas de rayos láser. Entre ellos refulgía Teresuca, sonriendo siempre. Se armó un buen debate en torno a la supuesta colaboración de algunos consejos de judíos con los nazis durante la guerra. Unos decían que no, otros que sí, otros que sí pero menos. Hubo cierto revuelo a causa de los términos: a Agustín le escandalizaba el sustantivo "complicidad" y Alejandro se ofreció a retirarlo, pero apuntó que eso no borrará el hecho de que, por miedo o inercia, algunos judíos "trabajaron" con algunos alemanes en momentos verdaderamente trágicos. Mi amiga salió encantadoramente del paso afirmando que la maldad no distingue de razas.
Me quedé con la idea de que colaboración, como las meigas, "haberla hubo", y de que la polémica no había dejado que Hannah ni Teresuca brillaran todo lo que podían y debían brillar.
Me quedé con ganas de más. Me quedé pegada al libro. Y conocí al Manuel Oriol, el director de Encuentro. Adoro esa editorial desde que publicaron en ella Perder y Ganar, de John Henry Newman. En el tren, cansada, pensaba en Louis Armstrong. Qué mundo tan maravilloso.
domingo, enero 17, 2010
El mar frío y oscuro
En el muro hay una mujer sentada, con la espalda recta, el cabello recogido en la nuca y los brazos doblados sobre un jersey amarillo. En ese gesto exacto de los brazos hay una paciencia infinita. Estoy llegando hacia ella, sólo veo la mancha amarilla y el corte de la nuca: limpio, elegante. Ha llegado antes que yo, es más rápida que yo. Contempla la torre y el mar como si escuchara música. Como si leyera un libro.
sábado, enero 09, 2010
La Vida Chula en Sevilla
Restaurantes:
Mi preferido es el San Marcos, un italiano con mucho encanto que sirve unas ensaladas, carpaccios, crepes salados y postres buenísimos… Hay uno en la calle Betis, pero mi preferido es el de la calle Mesón del Moro, en pleno Barrio de Santa Cruz y en unos antiguos baños árabes. Allí he comido muchas veces con Lord Scutum, con mi amiga Merl, con mis padres... Es mi Sitio-para-todo. Mis platos favoritos son: Ensalada de Tomate y Mozarella, Crespelle della Nonna, la poularda con crema de pasas y los profiteroles con salsa de chocolate. Se puede comer por veinticinco euros/persona.
Me gusta mucho La Raza, en el Parque de María Luisa, que tiene un gran jardín y está muy bien situado y sirve comida sevillana y pescaitos. En él he organizado alguna de las cenas informales que suelen seguir a los recitales poéticos, y en él han celebrado su boda algunos amgos míos. Son buenísimas sus croquetas, su salmorejo y su bacalao ahumado. Cuesta también en torno a los veinticinco euros/persona.
En la Calle Betis, con vistas al río, está el restaurante Río Grande, con pescaítos también, aunque es más caro. No sé cuánto costará comer porque, sinceramente, siempre que he disfrutado de una "noche de río" he sido invitada. La comida no está nada mal, pero lo mejor son las vistas a la Torre del Oro. Allí celebré la defensa de mi tesis: los cinco miembros del tribunal, mis padres y yo saboreamos el cum laude frente al Guadalquivir.
Bares:
Me chifla El Patio de San Eloy, en la Calle San Eloy (junto al Corte Inglés del Duque): tiene el mejor jamón ibérico que yo haya probado en un bar, un gran salmorejo y una carta muy larga de "montaditos". Tiene mucho sabor, es popular, los asientos son gradas cubiertas de azulejo...
En una de las callecitas perpendiculares a la Avenida de la Constitución, al lado de Hacienda, estaba un bar chulísimo que se llamaba La Moneda, popular y muy muy barato donde se comía de vicio, pero ahora está en obras. Siempre nos quedará Casablanca, que es mucho más pijo y de tapas "elaboradas", aunque también les salen buenas las croquetas y las tortillas de camarones.
La Antigua Abacería de San Lorenzo: no os la podéis perder. Está en la calle Santa Rosa (perpendicular a Felipe II, cerca del Parque de Maria Luisa.) Está deliciosamente decorada como un colmado antigo: madera, sillas desiguales, estanterías con juguetes de posguerra... El dueño es amigo mío y en general amigo de la clientela, se respira un ambiente familiar. Y sobre todo sirve los mejores chacinas de Sevilla: patés artesanos, chichgharrones... y salmorejo.
Salir por la Tarde:
Nhube: es la cafetería del hotel NH Convenciones (Avenida Avión Cuatro Vientos.) La firma Ferrán Adriá. Muy tranquila y llena de periódicos y revistas para leer.
Casa de la Memoria: En la Calle Ximénez de Enciso (Barrio de Santa Cruz.) Hay recitales de música sefardita, y flamenco.
Trinity: En la Plaza Nueva (junto al Hotel Inglaterra.) Es una taberna irlandesa genial. Sirven tartas caseras. He estado muchísimas veces en ella, y siempre en buena compañía.
Europa: Cervecería internacional en LuisMontoto, junto al Corte Inglés de Nervión. Tiene mucho sabor y todas las cervezas clásicas.
Flaherty: en la Calle Alemanes. Otro irlandés: otro de los nuestros. Sirven desayuno irlandés todo el día.Salir por la Noche:
Picalagartos: este es uno de los pubs más bohemios, ahí voy (o iba, snif...) mucho con mis amigos (junto al Trinity y al Mariscal.) Está en el Barrio de Santa Cruz, en la calle Hernando Colón. Van muchos guiris. Sirven buena cerveza.
Terraza del hotel Doña María: Junto a la Catedral. Sirven copas mientras ves la Giralda iluminada, es una maravilla aunque me temo que se abre ya en primavera.
Mariscal, en el Barrio de Santa Cruz: Ahí han tocado muchas veces mis amigos. Tiene estructura de patio sevillano por lo que hay muchos "reservados" para ir en plan tranquilo yuna sala central muy animada.
Pub Urbano: en la calle Matahacas. Un pub para los que quieren marcha marcha... Huele un poquito a hierba, pero está muy bien decorado, como si aún estuvieras en la calle, con suelo de baldosines y farolas. Tiene billar. Y buena música de grupos sevillanos...
La Carbonería: En el Barrio de Santa Cruz, muy cerca de la Plaza de las Mercedarias: ¡tampoco os la podéis perder! En invierno tiene chimenea y en verano patio con buganvillas, y siempre cantautores, flamenco, recitales... Ahí recité mis poemas por vez primera...
domingo, diciembre 20, 2009
Regalos
Me regalan, por ejemplo, un billetero artesano hecho de hojas del otoño, que misteriosamente desaparece y vuelve a aparecer, o me compran entre todos una guitarra cuando saben que no la toco, que quizás no aprenderé a tocarla nunca, pero por si acaso la acompañan con una cejilla que hará que suene "muy medieval".
Lo primero que recibí al cumplir veintitrés años, cuando comenzaba nuestra amistad, fueron dos poemarios finitos, con tapas de cartón claro muy incómodo: Europa de Mesanza y Cárcel de amor de Amalia Bautista. Dos libros que junto a los recitales de Miguel d´Ors me impulsaron a escribir los primeros poemas de La búsqueda y la espera...
Este año los regalos comenzaron el sábado doce de diciembre, en Madrid. Kitty sacó de su bolso uno de los maravillosos bolígrafos en forma de barra de labios, de Marc Jacobs, y me dijo: "¿te gusta? Para ti. Yo tengo otro en casa."
Mis amigos poetas dicen que este regalo es un símbolo de mi blog, por eso se me ha ocurrido escribir esta entrada tan friki y exhibicionista. "El maquillador de versos", lo bautizó en seguida Beades. Y Conchi le hizo una serie de fotos de las que he rescatado esta: las dos fotografías que siguen son también suyas. (¡Gracias!)
El mismo día de mi cumpleaños Neat, mi alumno norteamericano, me grabó un disco repleto de lo que yo llamo "música de invierno": baladas a ritmo de swing que hablan de amor y parecen escritas en torno al fuego de una chimenea. No pudo elegir mejor la música.
El viernes, mi amiga Merl vino a mi casa para disfrutar de una de esas viejas "fiestas de pijama" en las que dos o varias amigas cenan, se ponen el pijama y parlotean hasta bien entrada la noche, en que saltan a sus respectivas camas para seguir parloteando sin descanso. A eso de las doce me dio sus regalos, escondiéndolos por el dormitorio y muriéndose de risa mientras me veía hacer el ridículo. Se lo perdoné todo en cuando descubrí la mariposa.
Comprada en la Feria Medieval de Algeciras, de tul con purpurina y cristalitos dorados y con mi nombre pintado, es una auténtica maravilla sólo comparable a lo que me está haciendo disfrutar su segundo regalo: la edición de Siruela de De profundis, mi libro preferido de Oscar Wilde. Lo leí durante un par de veranos en Maestu, pero el libro pertenecía a mis primo Eduardo y no me lo puede traer a mi casa de Sevilla. Ahora ya lo tengo. El último detalle fueron unos pendientes de madera, de la misma feria, en forma de triángulos y pintados en mis dos colores favoritos: dorado y azul agua.
Ayer se reunieron los poetas en mi casa. Joaquín me traía un collar de cuentas de cerámica, piedra y ámbar, con aros de metal y hojitas de cristal verde colgando. Tanta diversidad en las materias hizo que el mismo Joaquín le diera un nombre: El Collar de Todo. Nico llegó con un colgante de Tous de rosas labradas en plata a juego con el anillo y los pendientes que me había regalado en los años anteriores. Beades y la Señora de Beades me entregaron un cuaderno de Paperblanks, en tonos dorados y miel. Para el cuaderno en blanco traían un soneto de Juan Luis de Soria en el que me consolaban por la nula inspiración poética que gobierna últimamente mi vida. Y el bolígrafo más pequeño del mundo, apto sólo para haikus dijo Beades. Por último, Pablo y Conchi me habían comprado en el mercadillo de artesanía un anillo de cerámica color azul noche, otro de mis tonos preferidos, y pendientes a juego.
Este año han caído en el exceso, pero la verdad es que recibir tantos regalos fue una auténtica fiesta. Sobre todo porque todos fueron pensados, cada uno era un símbolo perfecto de estos casi diez años juntos, desde que un día lluvioso de enero del dos mil nos reunió.
viernes, diciembre 04, 2009
Escuchando la luz
Hace un par de semanas, Ángel me mandó un email con un enlace musical y poético. Como sé que eres amalióloga, decía... Y en un click mágico allí estaba la poeta Amalia Bautista, dulce como una manzana sin veneno. Y desde entonces ando fascinada, cautiva en un bucle laberíntico y bendiciendo la prisión.
Porque no sólo es su voz, que ya de por sí es hipnótica, sino es que esa voz selecciona varias canciones de una belleza absoluta. Y yo, que ando neoplatónica perdida últimamente, qué otra cosa quiero. Algunos de los temas escogidos eran grandes obsesiones mías y otros están adquiriendo el rango de pasión obsesiva a pasos agigantados. Comienza Amalia con música renacentista y Juan del Encina, qué nostalgia tan luminosa. "Más vale trocar placer por dolores que estar sin amores". Y tienes ante tus ojos los primeros acordes de aquella novena de la Inmaculada, de hace tantísimos años, bajo los arcos góticos y un coro que cantaba esta canción. De nuevo la máquina del tiempo.
Luego llega una de esas largas palinodias de Leonard Cohen que ni mis padres ni yo hemos soportado nunca, y oh incoherente maravilla, resulta que me vuelve del revés. Porque el hombre del monólogo eterno está cantando un poema de Federico García Lorca. Que tampoco es mi poeta favorito, la verdad. Pero nada más comenzar me quedo prendida en la salmodia del pequeño vals vienés. Y esa música de vals como juego de lunas.
De pronto, Amalia recita su poema "Dream a little dream of me", al hilo de Ella Fiztgerald. Pero lo más bonito de la velada llega con una canción de David Bowie en la que se pone música a este poema terriblemente hermoso de Bertold Brecht:
Fue un día del azul septiembre cuando,
bajo la sombra de un ciruelo joven,
tuve a mi pálido amor entre los brazos,
como se tiene a un sueño calmo y dulce.
Y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla, ya no estaba.
Pasaron, desde entonces, muchas lunas
navegando despacio por el cielo.
A los ciruelos les llegó la tala.
Me preguntas: «¿Qué fue de aquel amor?»
Debo decirte que ya no lo recuerdo,
y, sin embargo, entiendo lo que dices.
Pero ya no me acuerdo de su cara
y sólo sé que, un día, la besé.
Y hasta el beso lo habría ya olvidado
de no haber sido por aquella nube.
No la he olvidado. No la olvidaré:
era muy blanca y alta, y descendía.
Acaso aún florezcan los ciruelos
y mi amor tenga ahora siete hijos.
Pero la nube sólo floreció un instante:
cuando volví a mirar, ya se había hecho viento.
No lo conocía. Ahora tengo otra belleza para contemplar, y asegurar así mi neoplatonismo.
martes, noviembre 17, 2009
¿Qué estás leyendo últimamente?
Me pregunto en qué convulso frente estaré perdida yo, tan ansiosa por leer de nuevo lo que otros llaman visión edulcorada de Andalucía... Tengo por disculpa que mis bisabuelos sentían esta misma pasión que a mi me envuelve, y ahora que pienso en las inmensas ganas que tengo de releer La divina inventora, Ventolera o Los restos, la imagen caballerosa del abuelo Félix, con su traje impecable y su afición por la historia, viene a redimir esta ligereza mía. ¡Ay, esas deliciosas comedias que no tengo en casa y que fui devorando, una por una, de tres a cuatro y media de la tarde en la biblioteca blanca de la Universidad de Navarra, los días en que me quedaba a comer...! A engullir, diría yo, capítulos de mi tesis y obritas de los Álvarez Quintero en los tiempos muertos.
Sin casi proponérmelo, y desechado ya todo pudor, he descubierto el primer regalo que voy a pedir a los Reyes en estas navidades. Ellos lo pueden todo, así que podrán desempolvar de alguna librería de viejo el tomo IV de esa colección prodigiosa.
Este fin de semana rescaté del estudio de mi madre el Diario de Adán y Eva, de Mark Twain. Lo había comprado yo en Castroviejo la pasada navidad, y con no sé qué pretextos ha aparecido en un estante de la otra punta de mi casa. Recuerdo que cuando era pequeña no podía sufrir tanta historia de negros remando por el río, y odiaba con toda mi alma a Huckleberry Finn. Si me compré este librito fue porque la edición me pareció preciosa: es de la colección El club Diógenes, de Valdemar, con el famoso cuadro de Lucas Cranach en la portada.

(En realidad este no es el cuadro que aparece en la portada de mi libro, pero es uno de los cuadros más bonitos de Cranach, ¡mirad qué maravilla de manzano...!)
El libro me lo he leído de un tirón, en este fin de semana. Es breve y muy irónico, pero con esa ironía que yo conocí por vez primera en Miguel d´Ors, que no hace daño sino todo lo contrario: crea un ambiente agradable en torno a la lectura. No es nada correcto según los cánones de nuestra política actual: en el discurso de Adán queda intacta la extrañeza, la gran diferencia que existe entre nosotras y ellos, los tópicos rigurosamente verdaderos que circulan desde siempre sobre las mujeres. Es clarividente la forma en que relata la primera consecuencia de la Caída, la pérdida de la inocencia: en ella, primero y en él, después.
LLegó envuelta en ramas y ramilletes de hojas, y cuando le pregunté qué significaba tamaña tontería y se las quité y las tiré al suelo le dio la risa y se ruborizó [...] Dijo que pronto sabría por mí mismo lo que era. Estaba en lo cierto. Hambriento como estaba dejé la manzana a medio comer [...] y me atavié con las ramas y los ramilletes tirados y luego le hablé con cierta severidad y le ordené que fuera por más y no diera el espectáculo.
He disfrutado a mares en la tarde de domingo, incluso añoré un poco de lluvia para acompañar mi lectura tras la ventana. El Adán de Mark Twain es tan comodón, incoherente y huraño que tiene todo el encanto de un hombre. Y está muy bien trazada Eva cuando, al final de la obra, se pregunta repetidamente por qué lo ama con tanta pasión... y al final sólo quedan dos virtudes absolutas: "es varón y es mío". Y eso basta.
viernes, noviembre 13, 2009
Y de repente, zas, la inspiración
Era un río tu brazo, con sus venas
caudalosas fluyendo hacia mis ojos,
y un diminuto fuego tus palabras
disponiendo, certeras, mi derrota.
Y tus manos abriéndome otro mundo
fugitivo y feliz, igual que un río,
y hubo sólo un minuto
de maravilla rota para siempre.
miércoles, noviembre 04, 2009
Yo quería escribir un blogg y me salió esto
Y en general yo sigo aquí gracias a él, que de repente un día me mandó, a mi dirección vieja de yahoo, un enlace de su nuevo blog. Y yo que andaba en crisis por la tesis, bordeando el veneno de la tele, fíjate que nunca fui aficionada, pues catapúm de cabeza. Han pasado tres años y medio, conocí a Carlos en un recital, viví en casa de Sonsoles un mes de septiembre, participé en La bulla durante un tiempo y luego abrí un blog de maquillaje con Benita, aunque esté tan callada qe asusta un poco. Como diría mi madre, cuánta vida en una vida.
Bueno, pues puse el contador el día dos, el de los fieles difuntos, que creo que no tengo ninguno porque todos los que se me fueron son santos, o sea del día uno, para eso se fueron pronto y no para estar esperando en la antesala (diz que montaña de siete peldaños), digo que lo puse pensando "bah, esto está más muerto que vivo", y al día siguiente, o sea tres, veo que hay 319 visitas. Oye tú, me digo, no sé si es algo o nada, pero será cuestión de no poner muchas tonterías en este sitio que lo ve tanta gente, o hay alguien con el dedo tonto dándole ru ru ruuuuú. Acto seguido, me entran unas ganas inmensas de meter una entrada gamberra, diciendo chocolinabo por ejemplo, hala, chocolinabo. Como el día que inventé lo de chupitanga: a day in the life.
*
Vale, lo de arriba no sirve, tendré que borrarlo. Me acuerdo de pronto, en esta espiral de nostalgia festiva (así quiero que sea siempre la nostalgia), de algunos blogs memorables. El de Peter, que entraba en el mío poco antes de nacer. Y el de Arp, cuando se llamaba Arp, que colgaba cosas del tipo "qué dice el folleto: la exposición habla de la eternidad vista desde el subconsciente de la lateralidad de los cuerpos celestes y el puro azar deconstruido. Qué digo yo, después de haber pagado la entrada: una santísima mierda". No son palabras textuales, sólo una recreación. Dios le bendiga.
Y también recuerdo blogs surrealistas, delirantes. Por ejemplo, en el mes de septiembre de 2007 viví en Pampaluna con Sons, ya lo he dicho, y ella, Gemmitú-Pegamoide y yo nos hicimos adictas a los vídeos del Youtube (Martes y Trece, empanadilla de Móstoles) y a un blog catastrófico, Me zampo la zambomba, que no tenía desperdicio. Ni sentido alguno. Eran días de tesis y estrés, (estrés feliz, ahora que lo recuerdo), y aquel brillante blog de Jota nos hizo reír hasta dejarnos atrancadas. Ahora sige aquí.
Cuánta vida en una vida... ¿virtual?
