Es un hecho demostrado: todos somos frikis. Si no hay algo que te guste, que te encante y te obsesione hasta el delirio, es que no eres humano, colega. Ya pueden ser las camisas con dibujos de calaveras que se llevan ahora, la música de Coldplay, las pecas de Gwynneth Paltrow o el helado de mascarpone en pleno mes de enero. Algo será, digo yo. A ver, confiesa. Y para dar ejemplo, confieso yo primero.
Hace unos días mi padre me llamó bloggadicta y, que quieren que les diga, me sentó mal. Luego lo pensé un poco mejor para acabar diciendo, si fuera eso sólo...
Existen adicciones eternas y adicciones temporales: por ejemplo yo, de mes en mes, me obsesiono de pronto con las hamburguesas del McDonald, es como un brote, es la mezcla de pepinillo, mostaza, carne y queso, que emana endorfinas. Casi siempre lo supero, aunque a veces caigo al abismo de las grasas polisaturadas. Adicciones de siempre, el agua mineral (sic), la poesía, la música de discman en plan ermitaña... Decididamente, las librerías y los libros, pero también otros objetos de consumo menos nobles. Queda muy bien decir aquello de "yo sólo veo los docus de la dos", cuando en verdad te pones morada de ver Cámera café y Hospital central. A mí me enganchan los libros, pero no menos me atraen las barras de labios, las revistas de moda y los anillos de plata, "la señora de los anillos" me llama mi padre.
Y los amigos, poetas y bloggeros... Una pregunta a lo Carrie Bradshow: ¿pueden los seres humanos crear adicción?
sábado, marzo 10, 2007
jueves, marzo 08, 2007
Todas queremos ser...
Siete de marzo del dos mil siete. La tarde comienza con una breve escapada a las tiendas del centro, en busca de vestuario primaveral. Ropa: esa palabra que para algunas supone el paraíso en la tierra y, para otras, un martirio chino. Las cuatro y media y en directo, salimos de la peluquería, (la cita de las tres of course, el horario de una mujer moderna, cariño comes solo, no quemes la cocina, entre clases, conferencias y la tesis de la niña no nos queda otro hueco...)
El jabón te va inundando la cabeza, acariciando tu cuero cabelludo, y un poco antes de alcanzar la quinta esfera del Nirvana te ofrecen un café, en plan local pijo-caro que va a pagar tu madre con la visa. Madre sólo hay una, y en mi caso, cita con el peluquero sólo hay dos: otoño/primavera, suficiente.
Luciendo un buen corte y un brillo especial por cortesía del gloss cristal matizador (¡toma ya!), nos dirigimos al suplicio fashion. Por primera vez, la sesión de compras con mi madre ha sido una fiesta, ¿estaré más delgada? ¡No: tenemos mejor humor! Nos reímos entre probadores mientras van cayéndose las perchas al suelo. Por suerte, C&a no es Mango, el tallaje es alemán y te sube tramposamente el ego haciéndote creer que cabes en una cuarenta, ¡adictas al made in Germany!
Además se llevan los talles altos, estilo imperio, y los escotes en uve, por fin ropa favorecedora para gente normal. Me apunto a la estética de blusón hippy y cazadora ligera con bordados indios. Mi madre mira con ojos críticos una blusa preciosa: el escote es demasiado, dice como buena madre, te lo coseré un poco. Vale, me lo coserás, no quiero ser indecente. Pero quiero que siga siendo un escote en uve, y que siga siendo sexy... Ella me mira con el asombro pintado en su cara. Vale, ya sabes que no suelo utilizar mucho esa palabra, pero toda mujer tiene su corazoncito.
El jabón te va inundando la cabeza, acariciando tu cuero cabelludo, y un poco antes de alcanzar la quinta esfera del Nirvana te ofrecen un café, en plan local pijo-caro que va a pagar tu madre con la visa. Madre sólo hay una, y en mi caso, cita con el peluquero sólo hay dos: otoño/primavera, suficiente.
Luciendo un buen corte y un brillo especial por cortesía del gloss cristal matizador (¡toma ya!), nos dirigimos al suplicio fashion. Por primera vez, la sesión de compras con mi madre ha sido una fiesta, ¿estaré más delgada? ¡No: tenemos mejor humor! Nos reímos entre probadores mientras van cayéndose las perchas al suelo. Por suerte, C&a no es Mango, el tallaje es alemán y te sube tramposamente el ego haciéndote creer que cabes en una cuarenta, ¡adictas al made in Germany!
Además se llevan los talles altos, estilo imperio, y los escotes en uve, por fin ropa favorecedora para gente normal. Me apunto a la estética de blusón hippy y cazadora ligera con bordados indios. Mi madre mira con ojos críticos una blusa preciosa: el escote es demasiado, dice como buena madre, te lo coseré un poco. Vale, me lo coserás, no quiero ser indecente. Pero quiero que siga siendo un escote en uve, y que siga siendo sexy... Ella me mira con el asombro pintado en su cara. Vale, ya sabes que no suelo utilizar mucho esa palabra, pero toda mujer tiene su corazoncito.
martes, marzo 06, 2007
Mi vida con Inés
Inés es mi hermana. El único problema es que no llegó a nacer nunca. Mi madre ya tuvo bastantes dificultades conmigo, (esta niña es un milagro dice mi abuela), y cuando el predictor dio de nuevo señales de vida no quiso ilusionarse mucho, pues lo probable era que el bebé acabara perdiéndose. Pero lo que existió, existe. Inés está en el Cielo, quizás algo enfurruñada por esta licencia poética mía de adjudicarle nombre y sexo. Inés habría sido, calculo, dos años menor que yo, y me habría hecho la vida imposible. Imagino las barbies descabezadas y mi diario cerrado con llave, para que no lo lea la entrometida de Inés. Mamá, Inés ha pintado con rotulador las mejillas de mi muñeca Maite. Mamá, Inés me coge los cuadernos y los destroza, mamá, Inés se ha puesto la camiseta de Naf Naf, la que es ¡mía!
Imagino mi vida con Inés, pero también imagino su vida. A lo mejor nos hubiera salido rebelde: antigloba, hippie perdida y con el pelo pintado de azul. O monja, acaso: una de las cuarenta jóvenes clarisas que han escrito ese libro alucinante, Clara ayer y hoy. O feliz madre de cuatro hijos... ¿Dónde estás, Inés? Por tu culpa no tengo sobrinos yo. Aunque, ahora caigo, también a mis no sobrinos les puedo poner nombres: Ángel, Marina, Miguel y Paula. El marido de Inés es uno de mis amigos poetas, de hecho hice yo las presentaciones. Gracias, me susurra mi hermana. De nada, respondo.
A lo mejor ahora sería una de esas niñas superdotados, o un regalo bello y difícil, una chica con problemas. Entonces, a finales de los setenta, no había pruebas que dictaminaran sentencia de muerte. Inés sería entonces esa hermana especial que tendría yo que arropar todas las noches.
sábado, marzo 03, 2007
Oh Jeremy...

Me tienen cautivada las películas de época, quizás porque se suelen basar en los libros que más me gustan. Estas pelis se cuentan entre mis preferidas, y sus actores se cuentan también entre mis preferidos, por qué será...
Sentido y sensibilidad y Mucho ruido y pocas nueces, con la deliciosa Emma Tompson invadiéndolo todo. Emma, con el atracativo Jeremy Northam, "my Mr. Knightley". Northam no se prodiga por los saraos internacionales porque es actor de teatro en Inglaterra. Un hurra por él. Lo vi en El caso Winslow, en Enigma y en el breve papel que hizo en Amistad, de Spielberg. Arrollador, pero nada supera al Mr. Knightley que me volvió loca en Emma. Debo anotar que ya me fascinaba el personaje en la novela, tan íntegro y caballero, afable y serio a la vez... Pero es que verlo en el cine fue como una revelación de lo ya revelado. Nada que ver con el Aragorn pálido y desleído de Viggo Mortensen.
Pero sigo con mis películas inolvidables. Onegin, (peliculón), Miss Potter (la recomendada del mes), Orgullo y prejuicio... Ay, esa mirada de McFadyen... mi mundo por una mirada así, ya rezo yo todas las noches, Dios mío, no quiero despedirme de esta vida terrenal sin que me hayan mirado como Darcy miró a Eliza antes de pedirla en matrimonio a su padre. A ver si me hace caso. A good woman ( la Hunt está insuperable), y La importancia de llamarse Ernesto, donde Colin Firth... ¿alguien tiene un cleenex?
Sentido y sensibilidad y Mucho ruido y pocas nueces, con la deliciosa Emma Tompson invadiéndolo todo. Emma, con el atracativo Jeremy Northam, "my Mr. Knightley". Northam no se prodiga por los saraos internacionales porque es actor de teatro en Inglaterra. Un hurra por él. Lo vi en El caso Winslow, en Enigma y en el breve papel que hizo en Amistad, de Spielberg. Arrollador, pero nada supera al Mr. Knightley que me volvió loca en Emma. Debo anotar que ya me fascinaba el personaje en la novela, tan íntegro y caballero, afable y serio a la vez... Pero es que verlo en el cine fue como una revelación de lo ya revelado. Nada que ver con el Aragorn pálido y desleído de Viggo Mortensen.
Pero sigo con mis películas inolvidables. Onegin, (peliculón), Miss Potter (la recomendada del mes), Orgullo y prejuicio... Ay, esa mirada de McFadyen... mi mundo por una mirada así, ya rezo yo todas las noches, Dios mío, no quiero despedirme de esta vida terrenal sin que me hayan mirado como Darcy miró a Eliza antes de pedirla en matrimonio a su padre. A ver si me hace caso. A good woman ( la Hunt está insuperable), y La importancia de llamarse Ernesto, donde Colin Firth... ¿alguien tiene un cleenex?
No tengo yo la culpa si Northam y Colin Firth son mis hombres, y Di Caprio, Brad Pitt y Orli me dejan fría... Las quinceañeras me miran con cara de "¡volada en el horizonte!", y las treintañeras me preguntan cómo es que no me derriderriderrito con George Clooney... Menos mal que con alguna de mis tías más sensatas comparto mi desmedido amor por John Wayne.
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Cine a todas horas,
hombres y mitos
Y tú desde una isla...
SUEÑO
Feliz bajo la sombra de los sauces
que llueven sobre mí, voy demorándome.
Y tú desde una isla me sonríes,
de ventana a ventana, de vagón
a vagón en un tren de luces rojas.
Feliz bajo la sombra de los sauces
que llueven sobre mí, voy demorándome.
Y tú desde una isla me sonríes,
de ventana a ventana, de vagón
a vagón en un tren de luces rojas.
viernes, marzo 02, 2007
dosdemarzodeldosmiluno
Hace exactamente seis años que soy una fanática seguidora de don Miguel dÓrs. Yo había oído su nombre en conversaciones telefónicas, como un vago recuerdo de familia, ya que es amigo íntimo de mi tía Maite Arana y lo es desde allá por el año sesentaycuatro, pues ambos formaban parte de esa mítica primera generación de filólogos en la universidad de navarra. Haciendo gala de mi proverbial despiste nunca había abierto un libro suyo, porque a mí la palabra poeta me venía grande, y en primero de carrera estuve a punto de suspender un examen al ser incapaz de encontrar los acentos en una serie de endecasílabos... Verídico. Alguien susurraba detrás de mí, "canta", pero yo ni cantando lo lograba, y decía, los endecasílabos para Garcilaso. Y me pusieron un cinco por purita compasión: así se cuenta la historia.
Ah, pero el mágico 2000 lo cambió todo. Era el año del jubileo y yo estaba más que harta de no tener plan nunca y vagar por los rincones en plan niña triste. Y Dios me puso al lado a una panda de locos poetas, y el nombre de Miguel dÓrs se puso de moda en mis oídos... En marzo del dos mil uno fui a Pampaluna por vez primera, y mi padre, que ya estaba instalado, me dijo: mañana hay un recital poético en el central. Así sin anestesia se enfrentaron mis pobres oídos a la maravilla, en voz baja que no impone nada, que se abre paso por sí sola. Al flechazo que había sentido por Pamplona se unió un segundo flechazo, fuerte, deslumbrante: en esa hora se decidió mi vocación poética.
Al salir del aula, totalmente hechizada, mis ojos se encontraron con los ojos oscuros de un hombre oscuro que pasaba por allí. Y esa mirada enigmática y acogedora fue para mí como una confirmación, el tercer dardo: una especie de nostalgia festiva se había enseñoreado de todo mi ser.
Ah, pero el mágico 2000 lo cambió todo. Era el año del jubileo y yo estaba más que harta de no tener plan nunca y vagar por los rincones en plan niña triste. Y Dios me puso al lado a una panda de locos poetas, y el nombre de Miguel dÓrs se puso de moda en mis oídos... En marzo del dos mil uno fui a Pampaluna por vez primera, y mi padre, que ya estaba instalado, me dijo: mañana hay un recital poético en el central. Así sin anestesia se enfrentaron mis pobres oídos a la maravilla, en voz baja que no impone nada, que se abre paso por sí sola. Al flechazo que había sentido por Pamplona se unió un segundo flechazo, fuerte, deslumbrante: en esa hora se decidió mi vocación poética.
Al salir del aula, totalmente hechizada, mis ojos se encontraron con los ojos oscuros de un hombre oscuro que pasaba por allí. Y esa mirada enigmática y acogedora fue para mí como una confirmación, el tercer dardo: una especie de nostalgia festiva se había enseñoreado de todo mi ser.
jueves, marzo 01, 2007
Comienzo hipotético de novela (i)
UN DOMINGO EN MI CASA
El viernes aprendimos en el colegio la palabra “sinuoso”. Algo sinuoso es algo que tiene muchos recovecos y vueltas. Como un laberinto, no sé explicarlo mejor. En casa hay una escalera larga y sinuosa, de peldaños muy bonitos de mármol negro. A Siro y a mí nos gusta saltar de hueco en hueco, a la pata coja, mientras mi madre se tapa los ojos, se desmaya y dice muy bajito: bruto... Es como estar en el teatro. Lo de bruto se lo dice a Siro, a mí no, porque con los ojos cerrados no me ve. Cuando llegamos abajo, se quita los dedos de la frente y castiga a mi hermano.
El castigo es estarse quieto durante quince minutos en el cuarto oscuro, que no es oscuro ni nada porque la luz se cuela por una rendija. Además del techo cuelga una bombilla, eso sí, una bombilla pelada que nunca se enciende. Siro y yo lo hemos comentado a veces, que cuando nos encierran nos entra la risa porque hay un botón, y podríamos darle y se encendería el cuarto, pero mamá y papá no deben saberlo y por eso dejamos en paz el botón, porque para algo le llaman cuarto oscuro. Sólo nos quedamos mirándolo, para que sepa que sabemos que está allí, y no nos tome por tontos.
Durante el castigo yo me aburro mortalmente, y me dedico a caminar por las baldosas del salón jugando al ajedrez, voy comiéndome peones, alfiles y al final, ya cerca de la terraza, grito ¡jaque mate!, y mi padre se asoma a través del periódico para decir: “Esta niña está loca”. Encima es domingo y llevo puesto un vestido horrible, con la falda rosa llena de volantes, parece una tarta de varios pisos y los amigotes de mi hermano chillan cuando me ven: “¡Allí llega el pastel de boda!”
Esto es por la mañana, cuando vamos al parque en bicicleta, y no sé por qué mi bici tiene que ser rosa, encima me la regalaron cuando cumplí siete años y tiene pegatinas de Barbie, así que podéis imaginar el pitorreo. El otro día Yeni me dijo que si quería, ella las quitaba, y sacó un cuchillo y se puso a raspar, o sea que hoy he tenido que poner otra pegatina, pero, eso sí, ésta es del capitán Trueno. ¡Menos mal...!
* ...Y aquí se acaba. Podríamos llamarle "Comienzo hipotético de una novela naif", en plan versión femenina de Manolito Gafotas...
El viernes aprendimos en el colegio la palabra “sinuoso”. Algo sinuoso es algo que tiene muchos recovecos y vueltas. Como un laberinto, no sé explicarlo mejor. En casa hay una escalera larga y sinuosa, de peldaños muy bonitos de mármol negro. A Siro y a mí nos gusta saltar de hueco en hueco, a la pata coja, mientras mi madre se tapa los ojos, se desmaya y dice muy bajito: bruto... Es como estar en el teatro. Lo de bruto se lo dice a Siro, a mí no, porque con los ojos cerrados no me ve. Cuando llegamos abajo, se quita los dedos de la frente y castiga a mi hermano.
El castigo es estarse quieto durante quince minutos en el cuarto oscuro, que no es oscuro ni nada porque la luz se cuela por una rendija. Además del techo cuelga una bombilla, eso sí, una bombilla pelada que nunca se enciende. Siro y yo lo hemos comentado a veces, que cuando nos encierran nos entra la risa porque hay un botón, y podríamos darle y se encendería el cuarto, pero mamá y papá no deben saberlo y por eso dejamos en paz el botón, porque para algo le llaman cuarto oscuro. Sólo nos quedamos mirándolo, para que sepa que sabemos que está allí, y no nos tome por tontos.
Durante el castigo yo me aburro mortalmente, y me dedico a caminar por las baldosas del salón jugando al ajedrez, voy comiéndome peones, alfiles y al final, ya cerca de la terraza, grito ¡jaque mate!, y mi padre se asoma a través del periódico para decir: “Esta niña está loca”. Encima es domingo y llevo puesto un vestido horrible, con la falda rosa llena de volantes, parece una tarta de varios pisos y los amigotes de mi hermano chillan cuando me ven: “¡Allí llega el pastel de boda!”
Esto es por la mañana, cuando vamos al parque en bicicleta, y no sé por qué mi bici tiene que ser rosa, encima me la regalaron cuando cumplí siete años y tiene pegatinas de Barbie, así que podéis imaginar el pitorreo. El otro día Yeni me dijo que si quería, ella las quitaba, y sacó un cuchillo y se puso a raspar, o sea que hoy he tenido que poner otra pegatina, pero, eso sí, ésta es del capitán Trueno. ¡Menos mal...!
* ...Y aquí se acaba. Podríamos llamarle "Comienzo hipotético de una novela naif", en plan versión femenina de Manolito Gafotas...
martes, febrero 27, 2007
Martes y no llueve...

Podría escribir los versos más tristes esta noche. O los más alegres, pero no escribo ninguno. ¿Por qué, por qué? Oh musas, oh ninfas, oh diosas del apolíneo sacro, concedédme un segundo de luz para poder ver todo, todo claro como entonces, como siempre pero ahora no. Escribir es ver, del mismo modo que el amor es la mejor forma de conocimiento: Como dicen mis amigos (copio de no sé quién), omnia tua mecum porto.
La visión profética, los ojos de loco errabundo, el fulgor de un momento, lo que yo deseo esta noche... ¿es algo intangible o concreto? ¿De qué sirven los recuerdos, si no es para echar hilo a la cometa y ayudarte a volar? Entro en la caverna que todos costruimos y me digo, fuera telarañas... Y el deseo de cosas imposibles se acaba convirtiendo en una súplica a Dios: que yo vea con tus ojos, la poesía no es más que éso, y no hacen ninguna falta los fuegos artificiales de quita y pon que a veces ambicionamos, nosotros los tontorrones.
domingo, febrero 25, 2007
Aviso
Me estaba hartando un poco del color rosa... Éste me gusta más. Y ¡he logrado poner enlaces! Yuju!!!
Fdo: Rocío/Llir/Adaldrida.
P.S.: He inaugurado una nueva sección del blog: "Este mes toca..." Iré cambiando las cuatro propuestas: libros, pelis, revistas y caprichos terrenales.
Fdo: Rocío/Llir/Adaldrida.
P.S.: He inaugurado una nueva sección del blog: "Este mes toca..." Iré cambiando las cuatro propuestas: libros, pelis, revistas y caprichos terrenales.
jueves, febrero 22, 2007
Henos aquí inmersos en el siglo XXI

El maravilloso mundo de los emoticons. Debo reconocer que me encantan,
si tuviera la suerte de casarme con un alemán bautizaría a una hija mía con el nombre de Karen: contundente y sonoro. Todo esto, claro, si viviera en Alemania, porque aquí es impensable. Imaginaos a la típica criatura adorable, tres años y dos coletas, y de nombre, Karen María Rodríguez Osorio.Henos akí, inmersos en el siglo XXI. Y los bachilleres del siglo XXI adoran la letra K, y las zapatillas Converse, y el messanger
y los emoticons. Algo tiene el agua cuando se la bendice, es un dicho popular. A mí las Converse All Star me chiflan, sobre todo en colores primaverales, y las caritas expresivas han acabado convenciéndome. Ay.
y los emoticons. Algo tiene el agua cuando se la bendice, es un dicho popular. A mí las Converse All Star me chiflan, sobre todo en colores primaverales, y las caritas expresivas han acabado convenciéndome. Ay.Pesquisas
Ayer me quedé hasta altas horas delante del ordenador. En plan acampada, sin pestañear y cayéndome de sueño, pero con adrenalina en la sangre. Mis padres, al principio, me creían inmersa en el blogg y, al llegar las doce, me reprendieron con tacto y cariño ("¿no te acuestas?") Entonces supieron la cruel y emocionante verdad: ¡estaba trabajando en mi tesis! Así que me dejaron a mi bola, con muchísimo respeto...
Para alguien como yo resulta alucinante la cantidad de miga calderoniana que ofrece la pantalla del PC. No soy muy experta, pero puse las palabras "comedias caballerescas Calderón" en el buscador de Google y ¡abracadabra! Hasta la una estuve leyendo y apuntando en cuartillas rayadas tipo Celia lo que dice. Y yo que me deshojaba en antiguos archiveros por encontrar alguna referencia. El nuevo método es menos romántico, pero funciona. Y la lírica de los megabytes también existe.
La joya de la corona: un portal italiano llamado Casa di Lope, tiene tooodo tipo de bibliografía, y no sólo libros, sino ponencias recónditas de esas que interesan y no encuentras nunca, porque los buscadores de Fama.us.es sólo van a títulos de libros (o eso creo, ¡ñaaang!).
El descubrimiento: La comedias de caballerías, actas de una de las jornadas de Almagro, contiene artículos maravillosos y ¡está en nuestra biblioteca! También tienen buena pinta las actas de Giornate calderoniane Calderón 2000, pero encontrarla no va a ser tan fácil...
A veces la tesis te regala horas preciosas, intensas, horas en las que te sientes como una versión femenina y algo torpe del señor Holmes.
Para alguien como yo resulta alucinante la cantidad de miga calderoniana que ofrece la pantalla del PC. No soy muy experta, pero puse las palabras "comedias caballerescas Calderón" en el buscador de Google y ¡abracadabra! Hasta la una estuve leyendo y apuntando en cuartillas rayadas tipo Celia lo que dice. Y yo que me deshojaba en antiguos archiveros por encontrar alguna referencia. El nuevo método es menos romántico, pero funciona. Y la lírica de los megabytes también existe.
La joya de la corona: un portal italiano llamado Casa di Lope, tiene tooodo tipo de bibliografía, y no sólo libros, sino ponencias recónditas de esas que interesan y no encuentras nunca, porque los buscadores de Fama.us.es sólo van a títulos de libros (o eso creo, ¡ñaaang!).
El descubrimiento: La comedias de caballerías, actas de una de las jornadas de Almagro, contiene artículos maravillosos y ¡está en nuestra biblioteca! También tienen buena pinta las actas de Giornate calderoniane Calderón 2000, pero encontrarla no va a ser tan fácil...
A veces la tesis te regala horas preciosas, intensas, horas en las que te sientes como una versión femenina y algo torpe del señor Holmes.
martes, febrero 20, 2007
Mis aventuras con el ordenador
El ordenador es un ser complejo, caprichoso y categórico. El ordenador no es nada listo, a pesar de lo que diga mi padre. Mi padre siempre dice que los ordenadores son lógicos, que las que no somos lógicas somos mi madre y yo... Gracias, gracias. ¡Por supuesto que somos ilógicas, somos mujeres! Pero tenemos un mínimo sentido común que nos ha regalado la naturaleza, para poder llevar una casa adelante y apretar el botón correcto de la lavadora. (Como me oiga una fan de Simone de Beauvoir, me la cargo.)
El ordenador es como un niño pequeño: hay que contemplarlo minuto a minuto. Como algunos amores: estaba bien y dos minutos más tarde sucede el cataclismo. En fin, el ordenador comete la mayor de las osadías: cuando se va la luz, ¡muere! Que es lo que hoy me ha ocurrido: y, ¿cual ha sido mi respuesta? Pues la reacción de una persona razonable. Galletas (cinco o seis) y libros (seis o siete.) Ahora estoy un poco más gorda y mis bolsillos un poco más vacíos, pero ¡oh, la sabiduría! No hay pena que la despensa de mi casa y la librería de mi calle no puedan ahuyentar.
*
Redondeo la sublime mañana con una encuesta, cómo no, sobre libros. Esta es la pregunta:
Un libro para regalar, un libro para divertirse y un libro para disfrutar.
Y ésta, mi elección: Requiem, de Tabucchi; No hay burlas con el amor, de Calderón de la Barca ( o Las joyas de la Castafiore, de Hérgé), y Emma, de Jane Austen.
domingo, febrero 18, 2007
Rome sweet home
De repente me han entrado unas ganas enormes de viajar a Roma. Los libros avivan el amor y los recuerdos, y yo acabo de leer uno de Peter Seewald donde cuenta su conversión al catolicismo. Él no utiliza la palabra conversión sino una simpática perífrasis: "cuando empecé a pensar en Dios". Desde que cayó en mis manos Perder y ganar, del cardenal Newman, me bebo todas las autobiografías, biografías noveladas y libros de memorias que voy encontrando, quizás con el gusto secreto de mascullar: "To lose and to gain era aún mejor". Con Seewald me ha ocurrido lo que con todos, pero hay un párrafo que no cambio por nada: ése en que cuenta su viaje a Roma. Podéis imaginar al hombre, antiguo comunista, en pleno proceso de amor-horror ante ese mismo amor, cuando de pronto la balanza cae del buen lado y de pura alegría se pone a bailar en la plaza del Vaticano, hasta que llegan los carabinieri.
Y es que "bajo esos adoquines palpitaba la piel del mundo".
Y es que "bajo esos adoquines palpitaba la piel del mundo".
miércoles, febrero 14, 2007
Flechazo

No sé porqué, pero Kristen Dunst me recuerda a las caras dulces y llenas de energía de Modigliani: mejillas rojas, sonrisa enigmática, ojos oblícuos... Sucede que a veces las mujeres nos obsesionamos con la belleza de alguna que otra fémina, y eso nos inquieta un poco, aunque no debería. La belleza de Kristen Dust es comparable a la belleza de un naranjo o una catedral gótica. La belleza nos despierta, y a veces despertar es algo doloroso (ocho de la mañana, lunes.) Sucede, puede suceder que yo sea un poco platónica, y vea en todos los objetos que despiden un fulgor a mi paso una vía ascendente... Señales tras cada esquina, dolor de esquina, gozo de esquina. Y, como soy platónica, me gusta pensar que Dios juega al escondite, "que aparece, un relámpago, y que desaparece", tris tras, siempre Miguel dÓrs de fondo. Contemplar un bosque de hayas mojado y translúcido, contemplar a Modigliani o a Kristen Dust sería entonces como leer fragmentos de un manual de uso que Dios nos ha dejado para sacar partido a este mundo taaan mundanal. The quiet man

Hace un par de días vi con mis padres "El hombre tranquilo", de John Ford. Aunque parezca mentira, era mi primera vez, y ya se sabe lo que ocurre con las primeras veces... ¡despiertan envidia! Todavía recuerdo las palabras de Merl, cuando le dije, allá por febrero del dos mil, que aún no había leído El señor de los anillos... ¡puso cara de envidia!
Ay, esa frescura de la primera vez. El hombre tranquilo ha pasado a engrosar la lista de mis películas favoritas, ya saben, cine a todas horas. ¿Será el paisaje irlandés? ¿Será la música, la historia de amor antiguo? ¿Serán los diálogos chispeantes? Todo eso es, y no me explico... ¡Es John Wayne! Esos ojillos melancólicos, mmmm (unos minutos para reponerme. Ya está.) Esa media sonrisa, ese aspecto de hombría de bien, esa fuerrrza de varón maduro... (esto tendré que borrarlo, ¡qué vergüenza! Como cuando dije que los poemas de Cabanillas estaban escritos, indudablemente, por un hombre.)
Cuando yo tenía quince años, me gustaba Paul Newman. Ahora me parece demasiado guapo: como para ponerlo en una vitrina y mirarlo y remirarlo. A Paul le diría yo lo que Beatriz le dijo al príncipe de Messina en Mucho ruido y pocas nueces: "Su alteza es demasiado lujosa para los días de labor." Con John Wayne una chica puede vivir a gusto en lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.
Cuando yo tenía quince años, me gustaba Paul Newman. Ahora me parece demasiado guapo: como para ponerlo en una vitrina y mirarlo y remirarlo. A Paul le diría yo lo que Beatriz le dijo al príncipe de Messina en Mucho ruido y pocas nueces: "Su alteza es demasiado lujosa para los días de labor." Con John Wayne una chica puede vivir a gusto en lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.
martes, febrero 13, 2007
Tripartitos
Siguen las encuestas. El tres es un número mágico, ya saben, la Trinidad, la triada, la tierra, el hombre y yo; Tolkien, Lewis y Chesterton... Hay momentos en la vida en que un ser humano debe tomar partido entre tres opciones, por ejemplo: ¿leche entera, desnatada o semi?
Y así con todo. El tripartito gobierna los gustos a la hora del postre, pues ya se sabe que los seres humanos se dividen en tres: los amantes de la nata, los adoradores del merengue y los fanáticos de la crema pastelera. Y a la hora de encarar el trabajo existen la mente de funcionario, la mente de empresario y la de bohemio. Estas tres opciones se mezclan y se reducen a una, por ejemplo la mía: no tengo nada de empresaria, pero a la hora de pensar el futuro, cada vez más presente, oscilo entre la primera mentalidad y la última, tan contradictorias...
Luego están los de raya en medio, raya a un lado o nada de raya, y los de tortilla, huevos fritos u horror a la salmonela (verbigracia, mi padre.) O tener un hijo, dos hijos o tres hijos, (a partir del número mágico comienza la aventura...)
A los españoles nos han acostumbrado al binomio, al dualismo y al bipartidismo, pero hay muchos asuntos importantes, grandes problemas de la humanidad, que se resuelven mediante el número tres.
Y así con todo. El tripartito gobierna los gustos a la hora del postre, pues ya se sabe que los seres humanos se dividen en tres: los amantes de la nata, los adoradores del merengue y los fanáticos de la crema pastelera. Y a la hora de encarar el trabajo existen la mente de funcionario, la mente de empresario y la de bohemio. Estas tres opciones se mezclan y se reducen a una, por ejemplo la mía: no tengo nada de empresaria, pero a la hora de pensar el futuro, cada vez más presente, oscilo entre la primera mentalidad y la última, tan contradictorias...
Luego están los de raya en medio, raya a un lado o nada de raya, y los de tortilla, huevos fritos u horror a la salmonela (verbigracia, mi padre.) O tener un hijo, dos hijos o tres hijos, (a partir del número mágico comienza la aventura...)
A los españoles nos han acostumbrado al binomio, al dualismo y al bipartidismo, pero hay muchos asuntos importantes, grandes problemas de la humanidad, que se resuelven mediante el número tres.
miércoles, febrero 07, 2007
Ácido rosa fucsia

Parece que vuelve la moda acid: colonia smiley (de venta en Sephora), colores fosforitos (aaargh), charol en bolsos, chaquetas y cinturones... Estamos en pleno revival de los ochenta. Primero fueron los recopilatorios de Los secretos y Nacha pop, luego la evocación de la movida (el rayo que no cesa), después llegaron los leggins, y con ellos la polémica (leggins sí/ leggins no...)
Ignoro hasta dónde nos llevará la marea. ¿Volverán los cardados imposibles en el pelo? ¿Volverán las sombras pastel de mi infancia, en amarillo y azul clarito, icono de la marca Don Algodón? ¿Volverá Snoopy?
Yo no pertenezco a la generación Acid, nací en el 77. Pero recuerdo un verano radiante de finales de los ochenta, piscina y sol, once años y un niño con pecas y ojos acuáticos. Y los éxitos de Duncan Dhu. Y Madonna en la tele, con pinturas de guerra y sujetador galáctico de neopreno.
Lo cierto es que las actrices y modelos sienten un escalofrío al recordar los excesivos ochenta, pero también una nostalgia mal disimulada. No me extraña: en 1988 calzaban quince años menos, los vídeos musicales eran puro ingenio pop y no una basura, y en la radio sonaban los hits de Wet wet wet y los de una Kylie Minoghe adolescente. ¿Se le puede pedir más a la vida?
Bituminosos armados
Estoy haciendo un parón de semana y media en mi tesis, muy bueno por cierto, ya que lo aborrecible se convierte en materia de nostalgia. Me ha salido un trabajillo de tres al cuarto, que consiste en corregir (no sólo erratas, sino sintaxis, ortografía y TODO en general), un libro de materiales para la construcción.
Mi trabajo no es divertido ni edificante, lo único que edifica un poco es mi cuenta bancaria. Con la venia, debo decir que los arquitectos escriben algo mal. Se comen los verbos (y las uñas, a lo mejor) y lo ponen todo en plan esquema. Y de las comas ni hablo, quiero decir, ni me extiendo en ese capítulo... Tienen querencia al gerundio y a separar sujeto y predicado por medio de punto y coma. Con los acentos uso de benevolencia porque a mí también se me escapan y se me resisten, y ha sido así desde siempre. Ni cinco años de carrera han conseguido disipar alguna de mis dudas.
Y, sin embargo, me divierto. ¿Y por qué? Me divierto mucho con los nombres disparatados que voy encontrándome. Abundan los apellidos polacos que bautizan leyes físicas, abundan las ecuaciones de segundo grado (no crean, el libro es una mina de sabiduría, así como de incorrección gramatical, y esto último, no tanto...) Por el libro campan a sus anchas los bituminosos armados, el clorocaucho y los monómeros que polimerizan.
Algunos epígrafes parecen un listado de componentes químicos, y entonces al leerlos imagino fluídos exóticos, fluorescentes, esfervescentes, evanescentes... Mi madre dice que la única parte divertida del trabajo la pongo yo, con mi imaginación. Pero es que ya de tanto leer la palabra resina epoxiemulsionable he montado un taller de alquimia en mi cabeza.
Mi trabajo no es divertido ni edificante, lo único que edifica un poco es mi cuenta bancaria. Con la venia, debo decir que los arquitectos escriben algo mal. Se comen los verbos (y las uñas, a lo mejor) y lo ponen todo en plan esquema. Y de las comas ni hablo, quiero decir, ni me extiendo en ese capítulo... Tienen querencia al gerundio y a separar sujeto y predicado por medio de punto y coma. Con los acentos uso de benevolencia porque a mí también se me escapan y se me resisten, y ha sido así desde siempre. Ni cinco años de carrera han conseguido disipar alguna de mis dudas.
Y, sin embargo, me divierto. ¿Y por qué? Me divierto mucho con los nombres disparatados que voy encontrándome. Abundan los apellidos polacos que bautizan leyes físicas, abundan las ecuaciones de segundo grado (no crean, el libro es una mina de sabiduría, así como de incorrección gramatical, y esto último, no tanto...) Por el libro campan a sus anchas los bituminosos armados, el clorocaucho y los monómeros que polimerizan.
Algunos epígrafes parecen un listado de componentes químicos, y entonces al leerlos imagino fluídos exóticos, fluorescentes, esfervescentes, evanescentes... Mi madre dice que la única parte divertida del trabajo la pongo yo, con mi imaginación. Pero es que ya de tanto leer la palabra resina epoxiemulsionable he montado un taller de alquimia en mi cabeza.
lunes, febrero 05, 2007
Deja vú. (Fin de semana en Algeciras.)
Llegué a Algeciras el sábado por la mañana. Llovía. Caía una medio bruma sobre la ciudad acuática, donde casas y grúas y palmeras parecían flotar a la deriva. Se habían formado un sinfín de charcos marrones y la gente en el autobús susurraba, "sí que ha llovido, sí..."
Por la tarde, mi amiga me llevó a dar un paseo por una calle ancha y llena de comercios. Me fijé en el nombre de las tiendas, Claire´s, In faradis, y me parecieron tiendas del norte, al menos en Logroño hay un Claire´s y en Pampaluna la antigua perfumería Donna se ha convertido en una gran superficie de la cadena If. Todo esto unido a la lluvia menuda, el tono gris y a la vez alegre, esa extraña alegría que brota del vaho de la calle, y las cuestas mojadas y las verjas verdes me sumieron en un intenso ambiente de irrealidad, "me parece que estoy en Pamplona", dije, "si no fuera por las palmeras..."
El domingo amaneció radiante, y las palmeras se veían mucho más, y la calle ancha del comercio me recordó a la calle o´Daly en Santa Cruz de La Palma. "Oye, hoy me parece que estoy en la Isla de La Palma, ¿sabes...?" Íbamos a misa. Llegamos a una iglesia pintoresca y local: sólo entonces mi amiga sonrió con una medio sonrisita para decirme su nombre: la Virgen de La Palma que, por lo visto, es la patrona de Algeciras.
Por la tarde, mi amiga me llevó a dar un paseo por una calle ancha y llena de comercios. Me fijé en el nombre de las tiendas, Claire´s, In faradis, y me parecieron tiendas del norte, al menos en Logroño hay un Claire´s y en Pampaluna la antigua perfumería Donna se ha convertido en una gran superficie de la cadena If. Todo esto unido a la lluvia menuda, el tono gris y a la vez alegre, esa extraña alegría que brota del vaho de la calle, y las cuestas mojadas y las verjas verdes me sumieron en un intenso ambiente de irrealidad, "me parece que estoy en Pamplona", dije, "si no fuera por las palmeras..."
El domingo amaneció radiante, y las palmeras se veían mucho más, y la calle ancha del comercio me recordó a la calle o´Daly en Santa Cruz de La Palma. "Oye, hoy me parece que estoy en la Isla de La Palma, ¿sabes...?" Íbamos a misa. Llegamos a una iglesia pintoresca y local: sólo entonces mi amiga sonrió con una medio sonrisita para decirme su nombre: la Virgen de La Palma que, por lo visto, es la patrona de Algeciras.
martes, enero 30, 2007
Hoy cumplo 1.016. (Me repito.)

Este bloggg ha traspasado ya la meta de las mil visitas, ¡gracias!
Teniendo en cuenta que se trata de un blogg poético, a veces calderoniano, casi nunca trasgresor, con escasas alusiones políticas y abundantes incursiones en el mundo femenino del maquillaje, creo que no está mal. (Autobombo y platillo.)
Cada uno tiene sus fantasmas, sus mitos y sus dioses profundos, que diría Rafa Téllez... En definitiva, cada persona tiene un discurso interior, un monólogo. El público podrá divertirse con mis ocurrencias, pero corre el riesgo de terminar conociéndose al dedillo mis temas recurrentes, y eso siempre cansa un poco.
Teniendo en cuenta que se trata de un blogg poético, a veces calderoniano, casi nunca trasgresor, con escasas alusiones políticas y abundantes incursiones en el mundo femenino del maquillaje, creo que no está mal. (Autobombo y platillo.)
Cada uno tiene sus fantasmas, sus mitos y sus dioses profundos, que diría Rafa Téllez... En definitiva, cada persona tiene un discurso interior, un monólogo. El público podrá divertirse con mis ocurrencias, pero corre el riesgo de terminar conociéndose al dedillo mis temas recurrentes, y eso siempre cansa un poco.
Por si no se habían dado cuenta, me gusta la poesía, los libros, las mañanas de sábado (mucho más que las noches de viernes), los amigos, ciertos poetas, cierta lírica de chimenea y lluvia, las palmeras, las capillas medievales, Maestu y sus hayedos con vacas, el make up design. En este intercambio, este saltar de una casa a otra, se van mezclando mis discursos, gustos y disgustos con los de mis lectores, autores muchas veces de otros blogs, asentimos, disentimos pero casi siempre nos sentimos acompañados.
Y es que un blog al fin y al cabo no es más que un monólogo compartido. Un blog puede ser una casa con vistas al mar, pero también un cuarto de estar lleno de gente, con brasero y lluvia fina en la ventana.*
(* ) De nuevo abusando de la lírica invernal...
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