viernes, marzo 06, 2026

Viajes en autobús

Últimamente viajo mucho en autobús. 

Trayectos breves, rurales, de carreteritas de cuento entre árboles o viñas.  O viajes largos, interminables, de seis horas con veinte minutos libres entre medias en una zona de servicios con burger King en Bailén. Donde pido unas patatas fritas pequeñas y fanta zero de limón, porque es viernes de cuaresma, y a la abstinencia he unido el ayuno... Tengo dos tristes zanahorias en el bolso, envueltas en papel albal. 

Mirando por la ventana, pienso en un viaje de Pamplona a Logroño que hice hace una semana, con unas ganas increíbles de llegar a casa y un cansancio de siglos, y diecisiete por ciento de batería en el móvil. Y me lancé a la loca aventura de escribir un poema. 




Por último, recuerdo un viaje inmenso, infinito, nada menos que de Cádiz a Irún iba el autobús aunque nosotras, mi madre y yo, lo cogimos en Sevilla. Íbamos a viajar toda la noche y hacía frío aunque ya era primavera. Dijimos, vamos a dormir. Y mi madre desplegó su abrigo, que era de esos de plumas, ligero pero caliente y color chocolate, sobre nuestros dos cuerpos acurrucados. Y supe que mientras ella viviera en este mundo yo nunca pasaría frío, ni me sentiría sola.

1 comentario:

Angelo dijo...

Entro directo, que es como suelo comentar cuando algo me llega.Hoy sería incapaz de hacer un viaje de seis horas en autobús. Ya no tengo ese cuerpo para eso. Pero reconozco que cuando los hacía los disfrutaba mucho. Horas mirando por la ventana y la cabeza funcionando de otra manera. En esos viajes salen pensamientos que en la vida ordinaria no aparecen.El poema me ha parecido precioso. Y la anécdota de tu madre me ha emocionado de verdad. Quizá también porque la mía se fue hace un año y ese tipo de recuerdos ahora se sienten de otra manera.He disfrutado mucho el post. Gracias por compartirlo.