Hace algunos años venía con mucha frecuencia a mi mente la imagen de un hombre con traje impecable, manos implacables y "mirar de fuego detenido". Sus ojos tenían un poder terrible, sonreían con seriedad. Con el tiempo se convirtió en un tema literario, lo que no tuve nunca ni tengo ni tendré. La imagen palidecía.
Ahora, ese hombre es para mí una prueba evidente de que la tentación se puede superar. Con tentación no me refiero a algún trato carnal que no fue nunca posible, sino a dejar de ser dueña de mis pensamientos. Un mundo paralelo en el que él y yo... Y la imaginación deja vía libre a los puntos suspensivos, y qué dulce es la cuesta por la que rodamos sin remedio.
Ante eso sólo vale la humildad de saberse frágil, de ejercitarse en movimientos de despego, maniobras de distracción. En ocasiones la única estrategia es olvidar que hay algo que olvidar. Lo dice Mai Meneses: "Si supieras cuánto tiempo gasto al día para no pensar en ti..." Ahora, cuando alguna amiga me confiesa que "no pudo evitarlo", sin juzgar a nadie soy yo la que no puedo evitar preguntarme, "¿de veras no pudiste?"
miércoles, noviembre 28, 2007
jueves, noviembre 22, 2007
La abuela María
Ahora que llega Diciembre y el Corte Inglés se apresura a forrar sus pasillos de alfombra roja, se levantan las voces de quienes aborrecen la Navidad. Tienen todo el derecho. Hablan de hipocresía, de consumismo. Yo no reniego del consumismo, precisamente porque no soy hipócrita. Si me entusiasma regalar y que me regalen, ¿para qué entonar lamentos jeremíacos? Y comprar, con moderación, pues también. Por lo que no paso es por el momento fúnebre de quienes dicen: "cuando se ha perdido a alguien ya no es lo mismo..." Es como si sólo ellos hubieran sufrido ese tipo de pérdidas. A mí se me murieron de niña mi abuelo y mi bisabuelo, pero la infancia suele borrar esas heridas. Recuerdo a mis tías llorando. De mis dos abuelos recuerdo que eran perfectos caballeros. Mi abuelo se convertía en niño durante el mes de Diciembre, porque le volvían loco los niños y la Navidad. A mi bisabuelo le entusiasmaban los Álvarez Quintero y los musicales de Fred Astaire, como a mí.
Lo que sí ha sido una pérdida en toda regla, y duele, es lo de mi bisabuela. Murió hace dos años, tenía cien. Era dulce y firme, tenaz y muy lista. Le gustaba la política y la Bolsa. Le gustaba Rajoy y no le gustaba Arzallus. Se santiguaba antes de encender la tele, pero no dejaba de ver el telediario. Ni de leer el ABC, "doña María, que no es la Biblia", solía decirle el cura. Le gustaba rezar. Era ecléctica rezando. Fue de las Marías de los Sagrarios y de las Conferencias de San Vicente, y asistió a los círculos que imparte el Opus Dei. Todo le servía...
Le gustaba hablar conmigo. Se le encendían los ojos. Y a mí. Y también me decía aquello de "qué bien que siendo tan jovencita vayas a Misa todos los días, qué alegría me das" Y al oírlo, si llevaba yo digamos un tiempo despistada, decidía espabilarme. Sólo por verla sonreír.
miércoles, noviembre 21, 2007
El día D
¡Acabo de depositar la tesis! He depositado mi tesis, he terminado de leer la autobiografía de Chesterton y he comprado la barra Kisskiss de Guerlain en tono Cuivre ardent, y para celebrerlo todo, os cuelgo la lista D[e cosmética] ¡¡¡Viva la frivolité!!!
Los mejores productos de La Roche Posay:
Esta marca me encanta, tienen talco líquido (“Talcofluid”), tónicos hidratantes y cremas para todo tipo de pieles. Si dais con una farmacia que lo venda todo, mirar el expositor es una fiesta. Yo me lo paso casi tan bien como con Guerlain, Mac o Bourjois, mis otras marcas favoritas.
Me entusiasman sus productos de maquillaje, sobre todo el Fond de teint Unifiance fluid “alisado óptico”, y el corrector en tarrito (Unifiance Touch pro) que lo tapa todo, todo y todo. Es mágico, se funde con la piel por lo que puedes llevarlo en zonas estratégicas sin tener que añadir más pote encima, y está probado en pieles atópiocas y acneicas.
De cremitas me gusta sobre todo la Toleriane: hidratante, calmante, rica en agua termal, sin alcohol ni aceites, y los protectores solares. El agua termal de LRP es buenísimas, y cuentan maravillas de sus desmaquillantes.
Los mejores productos de La Roche Posay:
Esta marca me encanta, tienen talco líquido (“Talcofluid”), tónicos hidratantes y cremas para todo tipo de pieles. Si dais con una farmacia que lo venda todo, mirar el expositor es una fiesta. Yo me lo paso casi tan bien como con Guerlain, Mac o Bourjois, mis otras marcas favoritas.
Me entusiasman sus productos de maquillaje, sobre todo el Fond de teint Unifiance fluid “alisado óptico”, y el corrector en tarrito (Unifiance Touch pro) que lo tapa todo, todo y todo. Es mágico, se funde con la piel por lo que puedes llevarlo en zonas estratégicas sin tener que añadir más pote encima, y está probado en pieles atópiocas y acneicas.
De cremitas me gusta sobre todo la Toleriane: hidratante, calmante, rica en agua termal, sin alcohol ni aceites, y los protectores solares. El agua termal de LRP es buenísimas, y cuentan maravillas de sus desmaquillantes.
domingo, noviembre 18, 2007
Conocerse
Hoy toca teología. O filosofía de la religión, no lo sé. El caso es que he pensado de pronto en cuánta gente fue educada en la fe católica y perdió esa fe a los dieciocho, veinte años. O dejaron de ir a Misa, sin más. Este domingo no, el siguiente tampoco.
Dejaron de creer por culpa de las monjas del colegio, que daban coscorrones, o por la dictadura franquista o por la parroquia más aburrida del mundo, o por pura pereza. O se enamoraron y de repente embarazo y boda de penalti. Y ese runrún de mesa camilla en sotto voce, de sacristía rancia, con prisas y el padre diciendo "la niña tiene que casarse". Y la murmuración. Todo culpa de los demás, todo culpa nuestra. Por esas rendijas se perdieron. Pero ahora, con cuarenta o cincuenta, recuerdan sus ocho años de rezos a la Virgen y mes de mayo en el colegio.
Pienso en mi caso, que es una historia al revés. Pienso en cómo antes de los catorce la Religión no era nada para mí. Es que no tenía conciencia de mí misma, y me creía buenísima e incapaz de toda maldad. Y esa incapacidad anulaba cualquier inquietud religiosa. Dios era para mí eso que mi madre me decía al pie de la cama, jesusito de qué sueño. Era la media hora más triste del domingo, cuando todo acababa. No había razón para oponerse, ni tampoco para pensar en ello más de dos minutos seguidos.
Tuve que meterme en un lío gordo para empezar a ver la realidad. Tuve que sacar cinco cates y congelarme de miedo y falsificar la firma de mis padres para, cuando todo fue descubierto, descubrir a mi vez que yo no "era" buena, que no lo sería nunca sin Dios a mi lado. Conocerse es saber lo que no tienes, lo que Dios te puede dar.
Dejaron de creer por culpa de las monjas del colegio, que daban coscorrones, o por la dictadura franquista o por la parroquia más aburrida del mundo, o por pura pereza. O se enamoraron y de repente embarazo y boda de penalti. Y ese runrún de mesa camilla en sotto voce, de sacristía rancia, con prisas y el padre diciendo "la niña tiene que casarse". Y la murmuración. Todo culpa de los demás, todo culpa nuestra. Por esas rendijas se perdieron. Pero ahora, con cuarenta o cincuenta, recuerdan sus ocho años de rezos a la Virgen y mes de mayo en el colegio.
Pienso en mi caso, que es una historia al revés. Pienso en cómo antes de los catorce la Religión no era nada para mí. Es que no tenía conciencia de mí misma, y me creía buenísima e incapaz de toda maldad. Y esa incapacidad anulaba cualquier inquietud religiosa. Dios era para mí eso que mi madre me decía al pie de la cama, jesusito de qué sueño. Era la media hora más triste del domingo, cuando todo acababa. No había razón para oponerse, ni tampoco para pensar en ello más de dos minutos seguidos.
Tuve que meterme en un lío gordo para empezar a ver la realidad. Tuve que sacar cinco cates y congelarme de miedo y falsificar la firma de mis padres para, cuando todo fue descubierto, descubrir a mi vez que yo no "era" buena, que no lo sería nunca sin Dios a mi lado. Conocerse es saber lo que no tienes, lo que Dios te puede dar.
viernes, noviembre 16, 2007
Númenor reedita la obra poética de Carmelo Guillén Acosta
Menuda noche la de ayer. No estaba preparada yo para el ciclón emocional que se me venía encima. Ya dijo Beades que tras escuchar a Carmelo a uno le entraban ganas de hacer cosas buenas, qué peligro. Qué feliz propósito para un poeta, levantar los mejores deseos en el ánimo del oyente, y qué éxito si los cuentos de la lechera casan por una vez y le sale bien el invento, como aquí ocurre...
Carmelo ayer en el parque de Maria Luisa, en un pabellón iluminado entre palmeras nocturnas. Hablando del amor con ritmo insobornable, actuando con miradas y gestos y esas manos grandes que acompañan a la poesía, ¿por qué todos los poetas tienen manos bonitas? Manos de hombre. Hablando de ríos y cafeteras, y peines y móviles, y amigos y montañas.
Esto es poesía, y ayer nadie quedó incólume. Al principio del recital nos nombró a todos, como una lista poética interminable de amigos congregados al calor de sus palabras. Luego fueron saliendo los poemas de su boca, con el timbre de voz justo, propio de quien se mueve ante el público con toda naturalidad, de quien nombra las cosas con sencillez y certeza. La poesía, dice él, es cuestión de ritmo y amor. De las dos cosas hubo en esta noche, y ambas eran palpables, tangibles, reconocibles. Todos salimos con la misma herida. Ya nada volverá a ser lo mismo.
P. S.: Otro día cuelgo aquí un poema suyo, cuando obtenga su permiso.
Carmelo ayer en el parque de Maria Luisa, en un pabellón iluminado entre palmeras nocturnas. Hablando del amor con ritmo insobornable, actuando con miradas y gestos y esas manos grandes que acompañan a la poesía, ¿por qué todos los poetas tienen manos bonitas? Manos de hombre. Hablando de ríos y cafeteras, y peines y móviles, y amigos y montañas.
Esto es poesía, y ayer nadie quedó incólume. Al principio del recital nos nombró a todos, como una lista poética interminable de amigos congregados al calor de sus palabras. Luego fueron saliendo los poemas de su boca, con el timbre de voz justo, propio de quien se mueve ante el público con toda naturalidad, de quien nombra las cosas con sencillez y certeza. La poesía, dice él, es cuestión de ritmo y amor. De las dos cosas hubo en esta noche, y ambas eran palpables, tangibles, reconocibles. Todos salimos con la misma herida. Ya nada volverá a ser lo mismo.
P. S.: Otro día cuelgo aquí un poema suyo, cuando obtenga su permiso.
lunes, noviembre 12, 2007
amenaza surmenage
La ciudad me parece que está hecha de espejismos. El paraíso está en la otra esquina, una esquina que se escapa. Cuando era niña creía llegar al paraíso cuando entraba en la tienda de juguetes más próxima: "si no os hacéis como niños..." Yo ahora no pido un otoño explendente, un calor dorado y atardecido ni una boina en los días de lluvia. Sólo pido que no se esconda el tiempo pintándome puertas de trampa y cartón: si dije esta semana, esta semana debe ser. Y de vez en cuando esconderme en este cuarto con chimenea, para poder decir tonterías hermosas sin rigor alguno.
jueves, noviembre 08, 2007
Sueños inocentes...

Hoy he soñado con la guardería a la que fui de niña: espacio imposible, porque lo derribaron hace tiempo. En el sueño se había convertido en una dependencia de la Junta, y caminaba yo por aburridas salas de funcionarios que sellaban carnets, diciendo "aquí me manché un dedo con pintura azul". El funcionario con cara de ratón y gafas redondas levantaba la vista, sorprendido. "Y aquí había un columpio blanco, porque ésto era el jardín".
De ese columpio nos caímos una vez. Era grande y de metal blanco forjado, con remates dorados en las esquina, y cabían unas cuatro personas. Pero nosotros éramos cuarenta, todos en tropel. Buscando cochinillas por el suelo lleno de barro. Olía a una mezcla de barro, vida submarina y pastelitos de la Pantera Rosa.
Y había también una escalera negra, de mármol: la teníamos que bajar a las cinco de la tarde para merendar tres onzas de chocolate con pan. Había carreras y tropezones, yo bailé por aquellos peldaños en sentido inverso. Dolían. Pero luego el chocolate sabía a cielo después del purgatorio. Con nueve años pensé en aquella tarde y me dije que el purgatorio era una escalera negra que había que bajar rodando, si luego querías chocolate: el purgatorio o la vida.
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Enemigo a la vista huyamos despavoridos
viernes, noviembre 02, 2007
Invierno
La música del reloj en la cocina es la música del invierno, de todos los inviernos.
En la cocina hay una mesa redonda con mantel de limones estampados, y una lámpara flota sobre la mesa, con una bombilla grande que refleja mi cara. Siempre que leo aquel poema de d´Ors que empieza diciendo “qué dicha no ser Basho” pienso en la bombilla grande de mi cocina, e imagino una escena de amor cotidiana entre fogones. Con las mejillas rojas por el humo.
En mi cocina hay también un radiador, que la convierte en el cuarto más apetecible del invierno. Allí traslado a veces mi PC y los folios en cuarto creciente de la tesis, y al oír el tic tac pienso en Machado y en el invierno. Pienso también en mis días de colegio, cuando llegaba a las seis y media con los deberes sin hacer. A las seis caía la noche a plomo sobre la cocina, sobre la taza de cola-cao y el libro de matemáticas esperando. Siempre era de noche cuando batallaba con los números, el sudor frío y la ausencia de sol.
De niña nunca escuchaba la música del reloj en las largas mañanas de verano, y el tiempo me parecía algo que sólo pertenecía al invierno.
En la cocina hay una mesa redonda con mantel de limones estampados, y una lámpara flota sobre la mesa, con una bombilla grande que refleja mi cara. Siempre que leo aquel poema de d´Ors que empieza diciendo “qué dicha no ser Basho” pienso en la bombilla grande de mi cocina, e imagino una escena de amor cotidiana entre fogones. Con las mejillas rojas por el humo.
En mi cocina hay también un radiador, que la convierte en el cuarto más apetecible del invierno. Allí traslado a veces mi PC y los folios en cuarto creciente de la tesis, y al oír el tic tac pienso en Machado y en el invierno. Pienso también en mis días de colegio, cuando llegaba a las seis y media con los deberes sin hacer. A las seis caía la noche a plomo sobre la cocina, sobre la taza de cola-cao y el libro de matemáticas esperando. Siempre era de noche cuando batallaba con los números, el sudor frío y la ausencia de sol.
De niña nunca escuchaba la música del reloj en las largas mañanas de verano, y el tiempo me parecía algo que sólo pertenecía al invierno.
martes, octubre 30, 2007
Mataharis
Ayer fui al cine Alameda para ver Mataharis, la nueva peli de Icíar Bollaín. Reconozco que no tuve estómago para tragarme su anterior trabajo, "te doy mis ojos", y que "flores de otro mundo" me dejó un poco fría. Sí, a mí me va el happy end, no puedo remediarlo. Que por lo menos nos engañe el cine. Lo mío es Shirley Maclaine, John Wayne y James Stewart. Los musicales de Fred Astaire. Y esas deliciosas comedias que recrean novelas de Jane Austen.
Pero algo está cambiando: ya me gustó bastante La vida secreta de las palabras, de Coixet, que es bien durita... Mataharis me ha entusiasmado. No había nadie en la sala, y mi madre dijo claro, es que la gente quiere evadirse, no verse retratada. No nos gusta que nos retraten, que pongan altavoz a nuestras caras tristes o a nuestros problemas. Pero ayer, viendo Mataharis, le di la razón a Alberto Fijo: el dolor es el que hace contraste, por él sabemos dónde están el placer y la alegría. También podemos pensar, como Amalia Bautista, que el dolor no cura nada. Pero eso sería en la realidad, en el cine al menos sirve de catársis.
Sorprende la naturalidad de las tres actrices, la ausencia de maniqueísmo, la cercanía. Bollaín respira frescura y buen hacer. Puede ocurrir (como a mí me sucede) que Diego Martín nos caiga en gracia, pero ésta no es una peli para lucir cuerpazo, para morirse por Colin Firth ni para arrellanarse cómodamente en el sillón esperando besos y surf en California. Y qué. Creo que la sesión de las seis de este sencillo lunes me ha hecho madurar, cinematográficamente hablando. Nunca es tarde...
Pero algo está cambiando: ya me gustó bastante La vida secreta de las palabras, de Coixet, que es bien durita... Mataharis me ha entusiasmado. No había nadie en la sala, y mi madre dijo claro, es que la gente quiere evadirse, no verse retratada. No nos gusta que nos retraten, que pongan altavoz a nuestras caras tristes o a nuestros problemas. Pero ayer, viendo Mataharis, le di la razón a Alberto Fijo: el dolor es el que hace contraste, por él sabemos dónde están el placer y la alegría. También podemos pensar, como Amalia Bautista, que el dolor no cura nada. Pero eso sería en la realidad, en el cine al menos sirve de catársis.
Sorprende la naturalidad de las tres actrices, la ausencia de maniqueísmo, la cercanía. Bollaín respira frescura y buen hacer. Puede ocurrir (como a mí me sucede) que Diego Martín nos caiga en gracia, pero ésta no es una peli para lucir cuerpazo, para morirse por Colin Firth ni para arrellanarse cómodamente en el sillón esperando besos y surf en California. Y qué. Creo que la sesión de las seis de este sencillo lunes me ha hecho madurar, cinematográficamente hablando. Nunca es tarde...
sábado, octubre 27, 2007
La crónica

Todo empezó el viernes diecinueve de octubre. Otoño y Sevilla. Julio Martínez Mesanza y Miguel d´Ors llegaban a Santa Justa a la misma hora, catorce treinta. En la estación, Julio me dijo: "cuéntame cosas", y es el saludo más original que he recibido en mi vida. Ya en el coche Miguel desbarraba lúcidamente con sus sátiras, en plan tiro con arco. La comida tardía en mi casa fue una piñata rellena de fuegos artificiales, y para mí tuvo el aliciente de saber, paladear que tan sólo era el principio.
Leyó primero Miguel, poemas nuevos y poemas célebres. Le he oído en varias ocasiones y creo que no soy injusta si digo que no fue su mejor recital. Yo disfruté, cómo no hacerlo con tan grandísimo poeta, pero hubiera preferido escuchar otras piezas, tal vez...
Mesanza arrasó. Deben ser hechizos de la poesía épica. Pensé que crecía en cada poema hasta convertirse en un gigante que iba a destrozar mi corazón a fuerza de belleza. Supongo que con lo que acabo de decir no aclaro nada, porque lo he expuesto de manera muy subjetiva. Pero el Paraninfo estaba lleno, Toi disparaba flashes a traición y el indecible silencio avalaba mi pobre descripción de los hechos. Al bajar del estrado, Joaquín me dijo "tengo que devolverte el libro de Calderón... y los calcetines de tu padre".
Al día siguiente estaba hecha trizas. "I go to pieces..." Y me costó recuperarme. El viernes veintiséis recogí, a las seis y media de la tarde, a Amalia Bautista, luego vi en el hotel a Enrique. Leyó primero Amalia, poemas tristísimos y hermosos como enigmas. Con Amalia me ocurre algo singular: leyéndola me siento acongojada, y hablando con ella ¡me divierto tanto...! Me emocionó "El puente", y yo estaba a su derecha, sentada en el sillón rojo como de Reyes Magos, "musa de los cafetines", dijo Beades, y no podía llorar.
Por último Enrique volvió a cautivarme con poemas de droga dura. Porque en Casa propia hay droga dura. Le descabalé pidiéndole que recitase "las moradas", destruyendo un orden difícilmente construído, ya me perdonará. El poeta tiene que hacer que los oyentes perdamos pie, y si él lo pierde también en el viaje, mucho mejor.
Llevaba una corbata con vacas diminutas estampadas, en mi honor. Y en el de Carlos, y en el de Nodisparenalpianista, le recordé.
Ahora ha terminado todo, pero todo comienza. Pronto llegará noviembre.
P.S.: La fotografía es de Toi.
viernes, octubre 26, 2007
El milagro

Una vez subí al castelo de Säo Jorge. Recuerdo mi cansancio, y que pensé que Lisboa era una ciudad de piedra. Y que me gustaban los castillos, pero eso ya lo sabía antes de ir. También pensé que la lluvia fina era la mejor banda sonora del mundo. Al bajar, la lluvia había fermentado la tierra que olía a primer día de la creación, pero sentí vértigo. Y no había ninguna mano amiga a la que acogerme. En el bolsillo tenía un rosario que había comprado en Fátima: apreté el puño muy fuerte mientras decía: "Madre, voy de tu mano". Y me di cuenta de que nunca, nunca hasta entonces había rezado a la Virgen. Y supe que no me caería, porque el primer deseo siempre se cumple.
lunes, octubre 22, 2007
Solución: alquimia
A veces pienso que el mundo de la cosmética no es práctico. Los cosmetólogos deben creer que toda piel sensible es además seca, o que para combatir granitos necesitan usar una fórmula agresiva... Todo está muy bien ordenado en los expositores de Lancome, Clinique, los tarritos de cristal brillando, tentadores; todo impoluto, sí. Pero cuántas mujeres no encuentran lo que buscaban. Quizás es que queremos en un solo frasco todo, y las marcas no hacen otra cosa que sacar al mercado sérums, prebases y precorrectores.
La buena noticia es que la poca flexibilidad de la cosmética excita nuestra imaginación. ¿Has encontrado la hidratante ideal pero no tiene spf? Pues, en vez de embadurnarte la cara dos veces por mañana puedes mezclar en el dorso de la mano una gotita de ésto con un poco de lo otro, trabajarlo, crear una buena textura y voilâ! ha nacido una estrella. Si tienes rojeces y granitos a la par, te sugiero que combines una nuez de gel de aloe vera de Fridda Dorch con un botón de Pura A de Garnier.
Así, lo primero que una madre debería decirle a su hija nada más cumplir los dieciséis es: "hija mía, la crema perfecta no existe. Mezcla, inventa, explota tu imaginación". Y uno de los deberes de cualquier chica debería ser convertir su cuarto de baño en un laboratorio, un lugar para la alquimia.
La buena noticia es que la poca flexibilidad de la cosmética excita nuestra imaginación. ¿Has encontrado la hidratante ideal pero no tiene spf? Pues, en vez de embadurnarte la cara dos veces por mañana puedes mezclar en el dorso de la mano una gotita de ésto con un poco de lo otro, trabajarlo, crear una buena textura y voilâ! ha nacido una estrella. Si tienes rojeces y granitos a la par, te sugiero que combines una nuez de gel de aloe vera de Fridda Dorch con un botón de Pura A de Garnier.
Así, lo primero que una madre debería decirle a su hija nada más cumplir los dieciséis es: "hija mía, la crema perfecta no existe. Mezcla, inventa, explota tu imaginación". Y uno de los deberes de cualquier chica debería ser convertir su cuarto de baño en un laboratorio, un lugar para la alquimia.
martes, octubre 16, 2007
El ataque de los CBRs
En mi época, el mundo se dividía en dos: pijos y canis.
Eras lo uno o eras lo otro, y si no eras nada de eso te tenían por raro, mucho más que ahora, si dices que vas a misa. En aquellos años todas íbamos a misa, a remolque de nuestros padres, aunque unas se quejaban más que otras. Se veía bastante claro quién "lo dejaría" antes de llegar a Cou, y luego estaban todos esos debates de si besar era pecado y hasta qué punto y hasta dónde podían llegar las manos para poder comulgar tranquilas el domingo. Eso las que querían comulgar.
Las pijas compraban en Globe y en Benneton y criticaban duramente los almacenes C&a. Y gritaban de horror si veían un chico en chándal y calcetines blancos: lo de los calcetines era definitivo. Algunas llamaban a sus portadores CBR, "calcetín blanco reluciente", y huían o se mofaban de ellos. O las dos cosas a la vez: un CBR, por el solo hecho de serlo, quedaba descalificado como candidato a novio.
Creo que lo que separa mi adolescencia de mi primera juventud es el hecho de que, si en aquélla escuché mil diatribas contra los canis, en ésta tuve que soportar dos mil diatribas contra los pijos. Comenzó con la facultad: cambió el mundo que me rodeaba y cambiaron las claves para transitarlo. Me vi invadida por los cebeerres y vi que no era tan trágico. Eso durante la primera semana, porque ya en la segunda descubrí que sus prejuicios eran aún más feroces que los de las compradoras de polos Ralph Laurent.
Yo nunca conseguí llegar a la categoría de pija, quizás porque la ropa me importaba bien poco. Desde luego no era cani, por mucho que en verano coqueteara con los vestidos hippies y los collares largos. Que luego se convirtieron en icono pijo. Yo no era nada, como me dijo alguna. Y me sentía bastante a gusto flotando en mi ingravidez, mezclando ropa de Naf Naf con pañuelos de mercadillo.
Eras lo uno o eras lo otro, y si no eras nada de eso te tenían por raro, mucho más que ahora, si dices que vas a misa. En aquellos años todas íbamos a misa, a remolque de nuestros padres, aunque unas se quejaban más que otras. Se veía bastante claro quién "lo dejaría" antes de llegar a Cou, y luego estaban todos esos debates de si besar era pecado y hasta qué punto y hasta dónde podían llegar las manos para poder comulgar tranquilas el domingo. Eso las que querían comulgar.
Las pijas compraban en Globe y en Benneton y criticaban duramente los almacenes C&a. Y gritaban de horror si veían un chico en chándal y calcetines blancos: lo de los calcetines era definitivo. Algunas llamaban a sus portadores CBR, "calcetín blanco reluciente", y huían o se mofaban de ellos. O las dos cosas a la vez: un CBR, por el solo hecho de serlo, quedaba descalificado como candidato a novio.
Creo que lo que separa mi adolescencia de mi primera juventud es el hecho de que, si en aquélla escuché mil diatribas contra los canis, en ésta tuve que soportar dos mil diatribas contra los pijos. Comenzó con la facultad: cambió el mundo que me rodeaba y cambiaron las claves para transitarlo. Me vi invadida por los cebeerres y vi que no era tan trágico. Eso durante la primera semana, porque ya en la segunda descubrí que sus prejuicios eran aún más feroces que los de las compradoras de polos Ralph Laurent.
Yo nunca conseguí llegar a la categoría de pija, quizás porque la ropa me importaba bien poco. Desde luego no era cani, por mucho que en verano coqueteara con los vestidos hippies y los collares largos. Que luego se convirtieron en icono pijo. Yo no era nada, como me dijo alguna. Y me sentía bastante a gusto flotando en mi ingravidez, mezclando ropa de Naf Naf con pañuelos de mercadillo.
L´Oreal
Hace algún tiempo Benita me preguntó en un comentario por la marca L´Oreal. Entonces me callé, porque mi historia con esta firma es una larga película de encuentros y desencuentros. Ahora que estoy realmente fascinada por lo último que ha sacado al mercado, vuelvo sobre el tema.Yo suelo juzgar una marca de cosmética por sus bases de maquillaje, no puedo evitarlo: me es muy difícil pasar por alto un pote indeseable, por mucho que la modelo de turno sonría en la tele y diga "porque yo lo valgo"... ¿Porque tú lo vales te salen granos en las mejillas cuando usas el producto milagro? ¡Pues vaya gaita! Un producto no es bueno porque haga salir estrellas de tu piel, si los resultados no se mantienen a medio o largo plazo. Y, sinceramente, ninguno de los fonds de teint de esta casa me convencen mucho. Para eso Biotherm: me lo dijo Sonsoles y no lo creí, pero ahora lo creo.
Pero no sólo de base vivimos las mujeres, y LÓreal tiene muy buenas barras de labios, coloretes increíbles (probad el blush delicieux en tono apricot rose...) y sombras que funcionan bastante bien. Y ha salido toda una gama de desmaquillantes que, cuando la pruebas, te das cuenta de que lo que usabas antes era pura agua; agua irritante, que es lo peor.
¿Cuál es el balance final? A mí me escama tanto marketing, cuando las pestañas que llevaba Penélope en el anuncio de la super máscara eran postizas, ¡qué bochorno! Para el precio de la marca (que ya no es tan económico) yo tiro sin contemplaciones para el stan de Bourjois, que tiene envases originales de aire vintage. Para darme un capricho caro, Guerlain. Y para comprar una base de maquillaje, daré tres opciones: Colorstay de Revlon (¡esta marca es calidad!), Cool matte de Rimmel (barato y efectivo), y mi preferida, Sense matte Biotherm, que se acerca peligrosamente a la perfección...
miércoles, octubre 10, 2007
TODO DEBERÍA SER AZUL

Todo debería ser azul. Ni el agua ni el cielo son azules, nos lo imaginamos azules. El color azul es entonces una entelequia, una quimera, una sombra que todos perseguimos... El agua es transparente, el cielo es negro. Y, sin embargo, todo es verdad: en algunas ilustraciones de cuento, la luna es azul.
Hay muchas clases de azul. Está el brillante casi malva de las farolas en verano, a las diez y media de la noche. La noche soleada de julio. La luz de la tarde noche, que siempre es misterio. Está el azul raro y lechoso del dénim lavado, el oscuro de uniforme y todos los matices de turquesas y verdes mar. El verde mar es azul. Hay el azul agua, el azul lavanda, el añil, el cobalto. El lapislázuli. El príncipe azul. El "baby, why are you blue?" Y el true blue de Madonna, que es un grito de alegría. Y Rubén Darío. Y José Pérez Olivares. Y uno de los libros que más me gustan de Miguel dÓrs es azul. Y, por supuesto, el carmín que mejor sienta a las pieles claras es el que tiene una base de azul.
viernes, octubre 05, 2007
Lo que no me gusta nada
Benita me pasa un meme, y me pide que proteste. Así, protestar, en cuatro o cinco puntos que no me gustan nada. Esto es todo un privilegio, aunque normalmente no me guste nada protestar. Vamos a ver:
1. No me gusta que ninguna marca de cosmética, barata o cara, haya dado con la clave de la base de maquillaje ideal, aquella que sea oil free, libre de alcohol y perfume, ligera pero cubriente, que no me haga brillar como una bombilla y que tenga un color bonito, ni muy claro ni muy oscuro.
2. No me gusta que el colorete de Sisley sea tan caro, y las barras Kisskiss superen los veinte euros... ¡Y tampoco que Bourjois haya retirado sus lápices de labios "pour la vie"! (Concretamente el tono "peche juteuse".)
3. Sigue sin gustarme el aborto ni el clantaje terrorista, pero cada vez me gusta más el color rojo.
4. No me gustan los que van en contra de algo como un todo: en contra, por ejemplo, de los pijos, de los rojos, del Opus Dei. No me gusta el pensamiento anti, ni las críticas masivas o los deprimidos forever.
Paso el meme a Carlos RM, a Nodisparenalpianista y a Batiscafo. (Y a Toi, y a EGM, y al gran Beades...)
1. No me gusta que ninguna marca de cosmética, barata o cara, haya dado con la clave de la base de maquillaje ideal, aquella que sea oil free, libre de alcohol y perfume, ligera pero cubriente, que no me haga brillar como una bombilla y que tenga un color bonito, ni muy claro ni muy oscuro.
2. No me gusta que el colorete de Sisley sea tan caro, y las barras Kisskiss superen los veinte euros... ¡Y tampoco que Bourjois haya retirado sus lápices de labios "pour la vie"! (Concretamente el tono "peche juteuse".)
3. Sigue sin gustarme el aborto ni el clantaje terrorista, pero cada vez me gusta más el color rojo.
4. No me gustan los que van en contra de algo como un todo: en contra, por ejemplo, de los pijos, de los rojos, del Opus Dei. No me gusta el pensamiento anti, ni las críticas masivas o los deprimidos forever.
Paso el meme a Carlos RM, a Nodisparenalpianista y a Batiscafo. (Y a Toi, y a EGM, y al gran Beades...)
domingo, septiembre 30, 2007
Bombay Sapphire

Mañana me voy de Pampaluna. Hemos celebrado la tristeza con Bombay Sapphire: la botella más bonita del mundo. Yo pensaba que la ginebra era azul, y me he llevado una desilusión: ¡es el cristal el que tiene ese color de zafiro! La una y media: no estoy borracha, sólo floto. Y digo ay, en plan flamenco. Hoy he conseguido terminar las correcciones de mi tesis: sólo me queda medio capítulo para cerrar todo este tema. Por eso he bebido y he viajado al Corte Inglés, a comprarme un litro de colonia Álvarez Gómez para niños. 14 euros, y huele muy bien. La recomiendo. Y empiezo a ver el final, el principio del final, mientras suenan Simon & Garfunkel. Ellos también dicen ay, sólo que de un modo más artístico.
lunes, septiembre 24, 2007
La piedra que decía dors
... en "pues vaya con la divina providencia", ha caído sobre mí. Bueno, es una piedra de colores, como todas las que me llueven encima. Pesa pero poco, y aun así me hace callar. Adaldrida está callada, ¿qué tendrá Adaldrida...? Mi padre diría que tengo mustio el lirio que llevo conmigo siempre. La tesis me agobia, es un dolor tan feliz que llueve soleadamente. Aquí puedo decir tonterías sin ningún rigor, decir por ejemplo que Calderón gusta de las damas atrevidas, dignas, valientes y enamoradas, y no preocuparme de buscar la cita. Lo digo porque sí. Pfxxxxktgt! Uf, qué alivio!
jueves, septiembre 20, 2007
Banda sonora

Tu nombre me sabe a yerba, de Serrat, cantado por Marisol. "Porque te quiero a ti, porque te quiero... mi voz se rompe como el cielo al clarear". Y sí que se rompe contra el cielo azul de Pampaluna, por la mañana, dividido en dos mientras bajamos al campus a paso ligero y compartiendo el ipod. Maria Dolores Pradera, Coldplay, Van Morrison. Carlos Vives. Volviendo a casa con el frío azul destiñendo nuestra ropa. Con un poco más de calma. Música matutina y vespertina suena en nuestros oídos y marca el paso que late en mi muñeca: potros salvajes de alegría o niña romántica que llora. Tú eliges, yo sugiero. Otra vez aquella que pregunta, ¿sabes de qué tengo ganas...?
lunes, septiembre 17, 2007
Sábado por la tarde, domingo por la mañana
Sábado por la tarde, domingo por la mañana. Dos días, dos momentos, dos largos paseos hacia el centro de la ciudad. Tarde de sábado en el casco viejo de Pamplona, sentadas en un banco y pintándonos las uñas de azul flúor, después de la expedición al Corte Inglés. Primera parada: el stan de Guerlain, en el que contemplamos la belleza y educamos el gusto. Nos pasmamos ante un khol blanco permanente, ante las polveras art decó y lo bien que huele todo. Hay un colorete en mousse que no compraremos, pero nos embadurnamos las mejillas en nuestro momento teenager. Y yo me pruebo en los labios una de las barras kisskiss, por supuesto. Es de color cobre. Segunda parada, el stan de Bourjois. Ahí sí compramos un tímido lápiz verde, un gloss transparente y el frasquito de laca azul. Y nos dirigimos al banco de piedra, para pintarnos las uñas en una semipenumbra azul.
Domingo por la mañana. Hay una droguería en la calle San Miguel que vende productos de L´Occitane. Escudriñamos el escaparate, con tubos de óleo y cremas para la cara, y pisamos la hierba de la Ciudadela. Descalzas. Y por la noche, picnic en Yamaguchi bajo las estrellas, cena de otoño benévolo brillando sobre nosotras.
Domingo por la mañana. Hay una droguería en la calle San Miguel que vende productos de L´Occitane. Escudriñamos el escaparate, con tubos de óleo y cremas para la cara, y pisamos la hierba de la Ciudadela. Descalzas. Y por la noche, picnic en Yamaguchi bajo las estrellas, cena de otoño benévolo brillando sobre nosotras.
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