El sábado fuimos a pasear por el Parque del Ebro. Un pulmón verde, como se suele decir ahora..., que yo bautizaría como un pulmón muy bucólico.
Normalmente no me gustan las pintadas, aunque me recuerden la poesía de Miguel D´Ors, ("ni la menor pintada en ningún muro")... pero hay algunas que merece la pena contemplar.
Y, de vuelta a casa, encontramos esto debajo de un puente:
Por una vez, la tiza hacía juego con los árboles que le rodeaban:
Esto sí que es poesía urbana... y no algunos cansautores (Beades dixit) que ladran en la radio farfullando sobre coitos y cañerías.
lunes, marzo 17, 2014
sábado, marzo 08, 2014
Lunes, nueve a m
Las calles azules. Por la mañana se me vienen encima, cortando mis bostezos. Las aceras bailan, todo se va encendiendo poco a poco. Una canción comienza a sonar en mi cabeza y se dispersa por el aire encantado. Los minutos, pocos minutos antes de llegar a la oficina, se agigantan y ruedan ante mí, brillantes.
Si subo a un autobús y te veo, el cielo parece fundirse con el cristal y los árboles se vuelven azules también. Si llueve, las gotas son de nieve, frías y blancas. Radiantes, con otro tipo de fulgor.
Los primeros minutos del lunes son de un azul estrellado en una bola de cristal.
Si subo a un autobús y te veo, el cielo parece fundirse con el cristal y los árboles se vuelven azules también. Si llueve, las gotas son de nieve, frías y blancas. Radiantes, con otro tipo de fulgor.
Los primeros minutos del lunes son de un azul estrellado en una bola de cristal.
domingo, marzo 02, 2014
Ni de ciencias, ni de letras
Dicen que hay un libro que se llama así. Dicen que la distinción entre Humanidades y Ciencias es obsoleta y cansina, por no decir discriminatoria, y que todos deberíamos tener el ideal renacentista en nuestra mente, saber de todo y en profundidad y...
Pero la realidad es más terca y sigue produciendo seres absolutamente humanistas o absolutamente científicos, así, porque sí.
En este fin de semana, entre pincho de patas bravas y pincho de pimiento relleno, mi primo Rodrigo me pregunta:
- Si no hubieras hecho filología... ¿qué habrías elegido?
Me detengo a pensarlo. Yo de pequeña no paraba de elucubrar lo que quería ser de mayor. Y desde los once años quería ser: secretaria de mi padre, escritora porque por aquella época empecé a llenar cuadernos, y profesora de universidad.
Sonreí pensando en lo generosa que ha sido la vida conmigo. Mis sueños de los once y doce años se han cumplido. Pero mi primo seguía esperando.
- Decidí estudiar Filología con catorce años, aunque yo hubiera preferido un poco más de literatura y un poco menos de lengua en la carrera. No están ni al cincuenta por ciento, en los planes que yo hice la lengua ocupaba un sesenta por ciento más o menos.
- ¿Habrías preferido una carrera solo de literatura?
- No, eso no es posible. Necesitamos tener una base sólida en nuestro idioma, pero para mí, las asignaturas de morfosintaxis, lingüística etc, significan solo eso, es como la base de la pizza... yo me quedaría con un 25% de lengua y un 75% de literatura...
- Pero, ¿y si no la hubieras elegido, entonces qué?
- Supongo que Historia del Arte.
- ¿Y si no?
Filosofía en Navarra, dije convencida. Y vi la decepción pintada en el rostro de mi interlocutor:
- Pero pero pero... ¿nunca pensaste en una carrera de ciencias? ¿Ni siquiera un poco?
Pero la realidad es más terca y sigue produciendo seres absolutamente humanistas o absolutamente científicos, así, porque sí.
En este fin de semana, entre pincho de patas bravas y pincho de pimiento relleno, mi primo Rodrigo me pregunta:
- Si no hubieras hecho filología... ¿qué habrías elegido?
Me detengo a pensarlo. Yo de pequeña no paraba de elucubrar lo que quería ser de mayor. Y desde los once años quería ser: secretaria de mi padre, escritora porque por aquella época empecé a llenar cuadernos, y profesora de universidad.
Sonreí pensando en lo generosa que ha sido la vida conmigo. Mis sueños de los once y doce años se han cumplido. Pero mi primo seguía esperando.
- Decidí estudiar Filología con catorce años, aunque yo hubiera preferido un poco más de literatura y un poco menos de lengua en la carrera. No están ni al cincuenta por ciento, en los planes que yo hice la lengua ocupaba un sesenta por ciento más o menos.
- ¿Habrías preferido una carrera solo de literatura?
- No, eso no es posible. Necesitamos tener una base sólida en nuestro idioma, pero para mí, las asignaturas de morfosintaxis, lingüística etc, significan solo eso, es como la base de la pizza... yo me quedaría con un 25% de lengua y un 75% de literatura...
- Pero, ¿y si no la hubieras elegido, entonces qué?
- Supongo que Historia del Arte.
- ¿Y si no?
Filosofía en Navarra, dije convencida. Y vi la decepción pintada en el rostro de mi interlocutor:
- Pero pero pero... ¿nunca pensaste en una carrera de ciencias? ¿Ni siquiera un poco?
viernes, febrero 21, 2014
Tres años en Logroño y en UNIR... y un poema para celebrarlo
21 de febrero de 2011: una doctora en Ciencias del espectáculo algo despistada aterriza en el Norte para trabajar en una universidad que está naciendo, para ver crecer un proyecto impresionante, para llenarse de ilusión y esfuerzo.
Hace tres años que vine a vivir a esta ciudad de piedra y vino.
Y lo voy a celebrar con un poema que no publicaré en mi libro próximo porque es menor pero que escribí en una de esas noches pensando en asuntos de oficina: Oda negra al Turnitin.
El Turnitin es una herramienta de pago que debemos usar los profesores que dirigimos trabajos de fin de grado: dictamina el porcentaje de plagio de cualquier documento que introduzcas, y además "chiva" las fuentes. El turnitin es el terror de los alumnos, pero lo que ellos ni vislumbran es el sudor frío que acomete al pobre director cuando se encuentra con un porcentaje al rojo vivo...
Por eso, y porque mis compañeros de oficina son el noventa por ciento de mi felicidad en la Rioja... aquí dejo el poema.
Hace tres años que vine a vivir a esta ciudad de piedra y vino.
Y lo voy a celebrar con un poema que no publicaré en mi libro próximo porque es menor pero que escribí en una de esas noches pensando en asuntos de oficina: Oda negra al Turnitin.
El Turnitin es una herramienta de pago que debemos usar los profesores que dirigimos trabajos de fin de grado: dictamina el porcentaje de plagio de cualquier documento que introduzcas, y además "chiva" las fuentes. El turnitin es el terror de los alumnos, pero lo que ellos ni vislumbran es el sudor frío que acomete al pobre director cuando se encuentra con un porcentaje al rojo vivo...
Por eso, y porque mis compañeros de oficina son el noventa por ciento de mi felicidad en la Rioja... aquí dejo el poema.
ODA NEGRA AL TURNITIN
(Dedicada a Mónica Clavel
y a todos los profesores de la Universidad Internacional de la Rioja que dirigen TFGs)
y a todos los profesores de la Universidad Internacional de la Rioja que dirigen TFGs)
¡Oh, captador de plagios rutilantes!
Terror de las pantallas enemigas,
cuantitativo, inexorable, gris,
el dedo acusador de todo "paper".
El mundo era más fácil sin tu sombra
pero menos exacto, lo confieso.
Los alumnos te temen, pero menos
que yo, deshojador de margaritas.
Pues abro mi PC tan confiada,
pensando: "será todo blanco, limpio",
y sin piedad me ruges: "treinta y tres
por ciento". Di, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Eres la solución, dicen algunos
y no el problema, pero los sudores
acuden a mi frente por tu culpa,
chivato cejijunto y cibernético.
viernes, febrero 14, 2014
Bajo la lluvia, en la estación de autobús... y sin un solo libro
Las estaciones de autobús son funestas. Te lo digo yo, que me he tragado unas cuantas. Saben mal, a rancio.
Recuerdo la antigua estación de autobuses de Pampaluna: paredes pintadas de amarillo pollo con desconchones. Rincones oscuros y jeringuillas. Señor con boina y nariz larga que me declara su amor infernal. Yo haciéndome la sueca y él, detrás. Y esta conversación:
- ¿Estás casada?
- No. (Pazguata de mí, por responder y por responder la verdad.)
- Entonces, ¡te casas conmigo?
- No.
- Mujer, entonces solo como amigos...
¿Como amigos nos casamos?, pensé. No dije nada más. Pero diez años después, revivo el ambiente de desconchón y decorado color yema de huevo.
Es domingo, salgo zumbada del hotel donde he pasado setenta y dos horas trabajando con breves intervalos de sueño y partidas de Monopoly con mis primos. Salgo pensando: por encima de Carlos Quinto me voy a Algeciras a ver a mi amiga Merl. La ciclo génesis explosiva me estalla en plena cara. El viento se me lleva el paraguas, que vuela volteado y yo agarrada a él. Lágrimas heladas y aparición de un viejecito que me grita:
- ¡De frente, de frente!
Y al cielo con ella, digo con él, mascullo. Pongo el paraguas de frente mientras pienso que aquello también es un símbolo.
Pillo un taxi pero aún así llego a la estación de autobús calada, el abrigo hace chop chop y mis botas que en el Norte son impermeables, en Sevilla se ríen de mí.
Directa a la ventanilla. Compro un billete para Algeciras y veo que tengo nada mas y nada menos que una hora para disfrutar antes de mi viaje. Una deliciosa hora en el infierno. Fuera la lluvia golpea enloquecida. Dentro hay un catálogo de miserias por los rincones.
Hay una gotera, y un hombre que tiene un ojo más grande que otro. Y claro, mira mal.
No sé dónde ir. Al fondo veo un cuartito guarecido bajo el cartel de "cafetería", y no hay casi nadie.
Entro y veo a una camarera joven, una pizarra donde pone "tenemos menudo" y un policía con porra.
- ¿Me puedo sentar aquí?
- ¿Quieres menudo?
- No, solo una botella de agua grande.
Al final pido también un trozo de tarta de manzana de plástico. Sabe a goma con gelatina y una lámina de manzana de verdad pegada, como un espejismo.
La camarera pone la radio. Suena una música de jazz, los cristales están empañados. De pronto me siento en casa, protegida. No tengo nada para leer, el móvil está casi muerto. Solo puedo pensar y escuchar la música para entretenerme.
Pienso en la lluvia, pienso en el viaje. Rezo un poco. Canto canciones de Dani Martín en mi interior cuando se acaba la música de Jazz. Me imagino a la camarera vestida con cofia y delantal almidonado. Y me imagino que el guardia de la porra es su novio cuando se despide de ella diciendo. "adiós, chiqui".
Subo al autobús entre cortinas de agua y mareas de viento. Le pregunto al chauffeur por el cinturón de seguridad, no lo hay. Me siento, tarareo los primeros acordes de Peter Pan de El canto del Loco y susurro: "Dios mío, Tú eres mi cinturón de seguridad". Arrancamos.
Recuerdo la antigua estación de autobuses de Pampaluna: paredes pintadas de amarillo pollo con desconchones. Rincones oscuros y jeringuillas. Señor con boina y nariz larga que me declara su amor infernal. Yo haciéndome la sueca y él, detrás. Y esta conversación:
- ¿Estás casada?
- No. (Pazguata de mí, por responder y por responder la verdad.)
- Entonces, ¡te casas conmigo?
- No.
- Mujer, entonces solo como amigos...
¿Como amigos nos casamos?, pensé. No dije nada más. Pero diez años después, revivo el ambiente de desconchón y decorado color yema de huevo.
Es domingo, salgo zumbada del hotel donde he pasado setenta y dos horas trabajando con breves intervalos de sueño y partidas de Monopoly con mis primos. Salgo pensando: por encima de Carlos Quinto me voy a Algeciras a ver a mi amiga Merl. La ciclo génesis explosiva me estalla en plena cara. El viento se me lleva el paraguas, que vuela volteado y yo agarrada a él. Lágrimas heladas y aparición de un viejecito que me grita:
- ¡De frente, de frente!
Y al cielo con ella, digo con él, mascullo. Pongo el paraguas de frente mientras pienso que aquello también es un símbolo.
Pillo un taxi pero aún así llego a la estación de autobús calada, el abrigo hace chop chop y mis botas que en el Norte son impermeables, en Sevilla se ríen de mí.
Directa a la ventanilla. Compro un billete para Algeciras y veo que tengo nada mas y nada menos que una hora para disfrutar antes de mi viaje. Una deliciosa hora en el infierno. Fuera la lluvia golpea enloquecida. Dentro hay un catálogo de miserias por los rincones.
Hay una gotera, y un hombre que tiene un ojo más grande que otro. Y claro, mira mal.
No sé dónde ir. Al fondo veo un cuartito guarecido bajo el cartel de "cafetería", y no hay casi nadie.
Entro y veo a una camarera joven, una pizarra donde pone "tenemos menudo" y un policía con porra.
- ¿Me puedo sentar aquí?
- ¿Quieres menudo?
- No, solo una botella de agua grande.
Al final pido también un trozo de tarta de manzana de plástico. Sabe a goma con gelatina y una lámina de manzana de verdad pegada, como un espejismo.
La camarera pone la radio. Suena una música de jazz, los cristales están empañados. De pronto me siento en casa, protegida. No tengo nada para leer, el móvil está casi muerto. Solo puedo pensar y escuchar la música para entretenerme.
Pienso en la lluvia, pienso en el viaje. Rezo un poco. Canto canciones de Dani Martín en mi interior cuando se acaba la música de Jazz. Me imagino a la camarera vestida con cofia y delantal almidonado. Y me imagino que el guardia de la porra es su novio cuando se despide de ella diciendo. "adiós, chiqui".
Subo al autobús entre cortinas de agua y mareas de viento. Le pregunto al chauffeur por el cinturón de seguridad, no lo hay. Me siento, tarareo los primeros acordes de Peter Pan de El canto del Loco y susurro: "Dios mío, Tú eres mi cinturón de seguridad". Arrancamos.
viernes, febrero 07, 2014
Cosas que no recordaba de Sevilla... o tal vez sí
En Sevilla los paraguas no se abren: se encienden. Porque la lluvia ataca tan gris y diagonal que debajo del paraguas te sientes a salvo, como en casa. Una casa encendida.
En Sevilla hay taxis por la calle. La luz verde grita puedes, podemos, alegría feroz. Ver un taxi libre es ver mil mundos, mil viajes por hacer. Es ver tu día que comienza, saber que tiene mil pasajeros y luz verde, las puertas infinitas en un solo minuto de trabajo.
En Sevilla hay naranjos que sonríen. Son árboles de sol, bailando siempre.
Los taxis, los naranjos y la lluvia han sido siempre motivos recurrentes en mi poesía. Y ahora me doy cuenta de que mis últimos poemas escritos en Logroño vuelven a reincidir en ellos: son un símbolo de plenitud, han trascendido. Los árboles y taxis sevillanos se mudan al Norte... en unos pocos versos.
En Sevilla hay taxis por la calle. La luz verde grita puedes, podemos, alegría feroz. Ver un taxi libre es ver mil mundos, mil viajes por hacer. Es ver tu día que comienza, saber que tiene mil pasajeros y luz verde, las puertas infinitas en un solo minuto de trabajo.
En Sevilla hay naranjos que sonríen. Son árboles de sol, bailando siempre.
Los taxis, los naranjos y la lluvia han sido siempre motivos recurrentes en mi poesía. Y ahora me doy cuenta de que mis últimos poemas escritos en Logroño vuelven a reincidir en ellos: son un símbolo de plenitud, han trascendido. Los árboles y taxis sevillanos se mudan al Norte... en unos pocos versos.
jueves, enero 30, 2014
Conversaciones en la piscina, I (entrada para Merl)
Éste de los diálogos más o menos surrealistas escuchados en el vestuario de las piscinas es un género literario que va asentándose en la esfera de los blogs, esa isla obsoleta ya según algunos.
Hoy vengo a relatar mi primera experiencia, absolutamente real.
Ocho y media de la tarde. En el vestuario estoy yo, sola, disfrutando de una ducha balsámica. Entran dos chiquillas de unos trece años y se ponen a cotorrear.
- Tía, ¿sabes quién están...?
Me chifla la falta de concordancia tan original, y la creación de suspense propia de toda narración.
- ¿¿Quién??
- Lucía y Valentín.
- ¡Anda! Pero ¿tú sabes que yo estuve con Valen hace mucho, mucho tiempo?
Trece años. Gira la cabeza a ambos lados y dictamina.
- No durarán nada, porque Valentín es de los de tocar... tocar.
- ¡Ah! Y tú...
- Hombre, pues ¿no te digo que no estoy con él? Que una cosas es... y otra... que su casa... ya sabes, que te lleve a su casa... y no esté nadie... da yuyu...
- Claro...
- Y, y pa algo están los portales digo yo...
- Claro...
- Y que fue el año pasao y yo tenía doce años.
Salgo de la ducha porque me da vergüenza escuchar sin ser vista. Ellas siguen a lo suyo.
- Pues ahora me gusto de Hércules.
Toma ya, pienso. La amiga lo piensa también.
- Vaya un nombrecito el Hércules. Sus padres en qué estaban pensando.
- Son padres.
Por lo visto, con eso está dicho todo.
Pues no, me equivocaba:
- Es un nombre judío, sale en la Biblia.
- ¿Tú crees?
- Que sí, que hicieron una peli con la Withney Houston cantando.
- ¡Eso es Moisés!
Me había vestido ya, y les dejé con sus diatribas. Ambos nombres son originales, digo yo.
Al final, (y al principio), va a tener razón el gran Rafa Alvira.
Hoy vengo a relatar mi primera experiencia, absolutamente real.
Ocho y media de la tarde. En el vestuario estoy yo, sola, disfrutando de una ducha balsámica. Entran dos chiquillas de unos trece años y se ponen a cotorrear.
- Tía, ¿sabes quién están...?
Me chifla la falta de concordancia tan original, y la creación de suspense propia de toda narración.
- ¿¿Quién??
- Lucía y Valentín.
- ¡Anda! Pero ¿tú sabes que yo estuve con Valen hace mucho, mucho tiempo?
Trece años. Gira la cabeza a ambos lados y dictamina.
- No durarán nada, porque Valentín es de los de tocar... tocar.
- ¡Ah! Y tú...
- Hombre, pues ¿no te digo que no estoy con él? Que una cosas es... y otra... que su casa... ya sabes, que te lleve a su casa... y no esté nadie... da yuyu...
- Claro...
- Y, y pa algo están los portales digo yo...
- Claro...
- Y que fue el año pasao y yo tenía doce años.
Salgo de la ducha porque me da vergüenza escuchar sin ser vista. Ellas siguen a lo suyo.
- Pues ahora me gusto de Hércules.
Toma ya, pienso. La amiga lo piensa también.
- Vaya un nombrecito el Hércules. Sus padres en qué estaban pensando.
- Son padres.
Por lo visto, con eso está dicho todo.
Pues no, me equivocaba:
- Es un nombre judío, sale en la Biblia.
- ¿Tú crees?
- Que sí, que hicieron una peli con la Withney Houston cantando.
- ¡Eso es Moisés!
Me había vestido ya, y les dejé con sus diatribas. Ambos nombres son originales, digo yo.
Al final, (y al principio), va a tener razón el gran Rafa Alvira.
domingo, enero 26, 2014
Haciendo largos metafísicos: el agua azul y la materia celeste
He vuelto a nadar: año bueno, vida buena.
Es el único deporte que me entusiasma: flotar, fluir bajo el agua. Entrar en el agua y surcarla con los brazos, sentir que se va, que adelanto flotando siempre. Bucear, percibir la magia fría y azul que me sostiene.
El agua azul tiene algo místico que obnubila. Recuerdo que cuando murió mi abuelo una de mis sobrinas pequeñas (tenía no más de cinco años) dijo muy serena: "Papote esta en el Cielo, pero no importa: me ve en la piscina, cuando buceo".
Y yo, que no tengo remedio ninguno, me puse a fantasear con la idea de que el agua azul estuviera fabricada con una sustancia similar a la materia celeste. Eso explicaría ese aura de felicidad y libertad que me envuelve al entrar en cualquier piscina. Y el hecho de que los bienaventurados nos puedan ver mientras buceamos, como en un cine exín acuático.
Una amiga mía puso cara rara cuando le hablé de mis teorías que aúnan mística y cloro, y tuve que advertirle de que yo no hablo en términos científicos sino poéticos. La ciencia es verdad, es la verdad que, como diría Scully, está ahí fuera. Pero la poesía y la fe son también verdad: la verdad que está aquí dentro.
Es el único deporte que me entusiasma: flotar, fluir bajo el agua. Entrar en el agua y surcarla con los brazos, sentir que se va, que adelanto flotando siempre. Bucear, percibir la magia fría y azul que me sostiene.
El agua azul tiene algo místico que obnubila. Recuerdo que cuando murió mi abuelo una de mis sobrinas pequeñas (tenía no más de cinco años) dijo muy serena: "Papote esta en el Cielo, pero no importa: me ve en la piscina, cuando buceo".
Y yo, que no tengo remedio ninguno, me puse a fantasear con la idea de que el agua azul estuviera fabricada con una sustancia similar a la materia celeste. Eso explicaría ese aura de felicidad y libertad que me envuelve al entrar en cualquier piscina. Y el hecho de que los bienaventurados nos puedan ver mientras buceamos, como en un cine exín acuático.
Una amiga mía puso cara rara cuando le hablé de mis teorías que aúnan mística y cloro, y tuve que advertirle de que yo no hablo en términos científicos sino poéticos. La ciencia es verdad, es la verdad que, como diría Scully, está ahí fuera. Pero la poesía y la fe son también verdad: la verdad que está aquí dentro.
miércoles, enero 22, 2014
Por qué vi la primera temporada de Isabel con mucho gusto... y por qué no veré ninguna temporada más
Estoy metiéndome de lleno en el mundo de la series, y ya que no tengo tele sino cañón y me gasto mis dineros (porque no sé bajarme las series de internet y además no me aclaro sobre si es ilegal o inmoral hacerlo...), me doy el gusto de elegir.
Estuve enganchada a Downtown Abbey que me encanta, al Mentalista que me dejó un sabor amargo (de adicción amarga) y al Ala oeste que no defrauda nunca.
Un poco antes de navidad, Alberto Fijo me recomendó El tiempo entre costuras, The Big Bang Theory... e Isabel.
Un día picoteando en una tienda de segunda mano (Cex) encontré la primera temporada de Isabel a doce euros y me la llevé a casa.
La serie la hemos visto religiosamente mis padres y yo en estas navidades y también me ha dejado un regusto amargo, y voy a explicar por qué.
Los personajes se te meten en el corazón. Están tan bien hechos, tan bien construidos, son tan buenos actores que no puedes dejar de ver capítulo tras capítulo. Isabel es un prodigio de mujer: altanera y sensible, orgullosa y capaz de miedos muy humanos, con una piedad delicada... Fernando el Católico está tre-men-do.
Nunca pensé que fuera yo a decir esto de un hombre, sea o no actor: no suele ser mi forma de describirlos, pero es que es el adjetivo que más le cuadra. También tiene manos poderosas y ojos risueños, y es un actor como una catedral.
Hasta aquí lo bueno. Por qué no veré ninguna temporada más. A demás de que se enseñan hasta un nivel impúdico las vergüenzas de los eclesiásticos sin mostrar las luces, que las hubo, porque la serie está salpicada de sexo. No hay problema, dirán algunos, pero es que se trata de un sexo, aviso, que es tan feo que no es ni pecado. Hasta para pecar hay que tener clase, y en esta serie hay mucha batalla y tras la batalla viene, con un realismo atroz, el saqueo... y las violaciones, o lo que no es fuerza pero sí un momento pasional sin ternura ni amor encendido. Imágenes que se me clavan, me perturban y me hacen sufrir.
Ojo, que no digo pecar, ya que no hay nada deseable en ellas... La única escena de la serie que puede constituir una tentación es justamente una escena de amor conyugal: la primera noche de Fernando el Tremendo y de Isabel.
Estuve enganchada a Downtown Abbey que me encanta, al Mentalista que me dejó un sabor amargo (de adicción amarga) y al Ala oeste que no defrauda nunca.
Un poco antes de navidad, Alberto Fijo me recomendó El tiempo entre costuras, The Big Bang Theory... e Isabel.
Un día picoteando en una tienda de segunda mano (Cex) encontré la primera temporada de Isabel a doce euros y me la llevé a casa.
La serie la hemos visto religiosamente mis padres y yo en estas navidades y también me ha dejado un regusto amargo, y voy a explicar por qué.
Los personajes se te meten en el corazón. Están tan bien hechos, tan bien construidos, son tan buenos actores que no puedes dejar de ver capítulo tras capítulo. Isabel es un prodigio de mujer: altanera y sensible, orgullosa y capaz de miedos muy humanos, con una piedad delicada... Fernando el Católico está tre-men-do.
Nunca pensé que fuera yo a decir esto de un hombre, sea o no actor: no suele ser mi forma de describirlos, pero es que es el adjetivo que más le cuadra. También tiene manos poderosas y ojos risueños, y es un actor como una catedral.
Hasta aquí lo bueno. Por qué no veré ninguna temporada más. A demás de que se enseñan hasta un nivel impúdico las vergüenzas de los eclesiásticos sin mostrar las luces, que las hubo, porque la serie está salpicada de sexo. No hay problema, dirán algunos, pero es que se trata de un sexo, aviso, que es tan feo que no es ni pecado. Hasta para pecar hay que tener clase, y en esta serie hay mucha batalla y tras la batalla viene, con un realismo atroz, el saqueo... y las violaciones, o lo que no es fuerza pero sí un momento pasional sin ternura ni amor encendido. Imágenes que se me clavan, me perturban y me hacen sufrir.
Ojo, que no digo pecar, ya que no hay nada deseable en ellas... La única escena de la serie que puede constituir una tentación es justamente una escena de amor conyugal: la primera noche de Fernando el Tremendo y de Isabel.
miércoles, enero 15, 2014
El cuaderno de Iñaki (escuchando a Duncan Dhu)
Tecleo al ordenador mientras en la radio suenan los primeros acordes de una canción de Duncan Dhu. Y caigo en un ensueño, un túnel del tiempo que me lleva al ochenta y nueve, aquel verano en el que mis primas no paraban de poner a todo volumen Cien gaviotas...
Yo tenía once años y me gustaba un niño rubio y pecoso.
Yo tenía once años y me gustaba un niño rubio y pecoso.
Bueno, en realidad no me gustaba, es solo que mi prima había caído presa del primer amor hacia su hermano, y por una especie de lealtad decidí enamorarme por vez primera en mi vida. A mí me parecía algo muy lógico...
Y luego vi que el caso no es tan raro: en las comedias del Siglo de Oro es muy normal que un caballero se enamore de la hermana de la dama de su mejor amigo... Es un poco lío pero incluso los personajes lo mencionan en una de esas alusiones metateatrales de Calderón que tanto me gustan.
Me estoy Duncan Dhu.
Me estoy Duncan Dhu.
Yo me dedicaba a escuchar sus canciones y a pensar qué demonios hace una enamorada... así que salmodiaba en mi interior frases del tipo: "es tan simpático... y tiene unos ojos tan...", y allí se me acababa el cuento. Porque el chaval tenía ocho años (yo tenía once), y unos grandes ojos azules, y con el tiempo descubrí que a mí me atraían los ojos oscuros. Pero tenía una sonrisa preciosa y sobre todo tenía un hermano del cual se había prendado mi prima favorita, así que a mí ese chico me tenía que gustar. A autosugestión no me ganaba nadie...
Y al tercer día decidí comenzar a dibujar, al calor de los primeros acordes de "Una calle de París".
Siempre he pensado que el amor es creativo. Yo no dibujaba bien, pero aún así me armé de cuaderno y lápiz y empecé a retratar a mi amor. Se llamaba Iñaki, así que bauticé el bloc como "El cuaderno de Iñaki". Lo pinté de frente, de perfil, saliendo de su casa, bañándose en el río, jugando al fútbol, en el frontón, montando en bicicleta y, como las situaciones cotidianas se me acababan, lo pinté vestido de romano. Sic. También dibujé las cosas que yo les regalaría, porque el amor consiste en dar, a saber: una pelota, un paquete de chicles Boomer y una escuadra y un cartabón.
Todo esto, regado por la chufla de mis primas y de mi padre, que veían crecer mi pasión pintora, con esas pocas artes que Dios me dio... Mi padre rescató el cuaderno y lo enseñaba a los amigos entre risa y emoción, hasta que yo se lo confisqué y, como soy un pequeño desastre, lo perdí.
Recuerdo el día que Iñaki se marchó de Maestu. Mi prima puso a todo volumen Cien gaviotas y me dijo: "hoy podrás beber y lamentar". Y yo bebí un kas de naranja y me di cuenta de que no estaba triste en absoluto. El chaval era risueño y tenía unos ojos simpáticos, pero nada más. Y, sin embargo, el cuaderno de Iñaki me enseñó que el amor, incluso el juguetón, soñado y ficcionalizado, es activo y creativo. Con el tiempo he sabido derivar hacia la poesía.
Veintidós años después aterricé en La Rioja. Una noche salí con veinte o treinta compañeros del trabajo y fuimos a un pub que me chifla, el Casablanca. Sonaban los primeros acordes de Cien Gaviotas...
Siempre he pensado que el amor es creativo. Yo no dibujaba bien, pero aún así me armé de cuaderno y lápiz y empecé a retratar a mi amor. Se llamaba Iñaki, así que bauticé el bloc como "El cuaderno de Iñaki". Lo pinté de frente, de perfil, saliendo de su casa, bañándose en el río, jugando al fútbol, en el frontón, montando en bicicleta y, como las situaciones cotidianas se me acababan, lo pinté vestido de romano. Sic. También dibujé las cosas que yo les regalaría, porque el amor consiste en dar, a saber: una pelota, un paquete de chicles Boomer y una escuadra y un cartabón.
Todo esto, regado por la chufla de mis primas y de mi padre, que veían crecer mi pasión pintora, con esas pocas artes que Dios me dio... Mi padre rescató el cuaderno y lo enseñaba a los amigos entre risa y emoción, hasta que yo se lo confisqué y, como soy un pequeño desastre, lo perdí.
Recuerdo el día que Iñaki se marchó de Maestu. Mi prima puso a todo volumen Cien gaviotas y me dijo: "hoy podrás beber y lamentar". Y yo bebí un kas de naranja y me di cuenta de que no estaba triste en absoluto. El chaval era risueño y tenía unos ojos simpáticos, pero nada más. Y, sin embargo, el cuaderno de Iñaki me enseñó que el amor, incluso el juguetón, soñado y ficcionalizado, es activo y creativo. Con el tiempo he sabido derivar hacia la poesía.
Veintidós años después aterricé en La Rioja. Una noche salí con veinte o treinta compañeros del trabajo y fuimos a un pub que me chifla, el Casablanca. Sonaban los primeros acordes de Cien Gaviotas...
domingo, enero 12, 2014
Para despedir las navidades... Entrevista imposible a los Reyes Magos
Desde el punto de vista litúrgico, la Navidad termina hoy. He tenido toda una semana para reponerme de la saudade post Navidad, que me ataca todos los años.
Esta vez ha sido aún más poderosa la murria porque... ¡días antes estuve entrevistando a Sus Majestades! (Por cierto, de mis años manejando manuscritos calderonianos me ha quedado la manía de escribir este sustantivo con "g", lo que se dice una falta de ortografía culta)
Como cada mes, colaboré con Aleyendo, la revista de animación a la lectura de la asociación cultural Ayedo: aquí podéis hojear y ojear la publicación que es magnífica, y aquí os ofrezco la entrevista imposible
Esta vez ha sido aún más poderosa la murria porque... ¡días antes estuve entrevistando a Sus Majestades! (Por cierto, de mis años manejando manuscritos calderonianos me ha quedado la manía de escribir este sustantivo con "g", lo que se dice una falta de ortografía culta)
Como cada mes, colaboré con Aleyendo, la revista de animación a la lectura de la asociación cultural Ayedo: aquí podéis hojear y ojear la publicación que es magnífica, y aquí os ofrezco la entrevista imposible
LA ENTREVISTA
IMPOSIBLE...
A LOS REYES MAGOS
En este mes invernal,
han aparecido por la redacción de Aleyendo sus Majestades, Los Reyes Magos de
Oriente. Tras reponernos del asombro y la
emoción, hemos dado comienzo a la entrevista.
ALEYENDO: ¿Qué hacen
ustedes por aquí?
BALTASAR: ¡Señorita!
¿No se alegra de vernos?
MELCHOR: ¿Qué
recibimiento es éste?
ALEYENDO: Perdón,
perdón... Estoy encantada de tenerles ante mí, quizás un poco aturullada... Pero
es que esto es una revista de animación a la lectura, y al no ser ustedes
autores, ni personajes, ni...
GASPAR: ¿Que no somos
personajes? ¿Le parece poco haber protagonizado el viaje más hermoso de la
historia, y salir en La Biblia? ¡Es o no es un libro?
ALEYENDO: Claro,
claro...
BALTASAR: Eso, sin
contar con El auto de los Reyes Magos,
una joya de su literatura...
ALEYENDO: ¿De la mía?
BALTASAR: ¡De la de su
país! Nosotros hemos estrenado el género teatral en la lengua castellana...
ALEYENDO: Les veo muy
cultos.
BALTASAR: Es que a
pesar de lo que digan, aún nos piden los niños de todo el mundo muchos libros,
muchísimos...
GASPAR: Y algún que
otro Kindle...
MELCHOR: Y claro,
entre viaje y viaje...
ALEYENDO: ¿Estrenan
los ebooks?
BALTASAR: (Risas) ¡A
tanto no nos atrevemos! Pero abrimos los libros de papel con cuidado, nos
encanta cómo huele el papel nuevo. Yo voy por el quinto libro de la saga de
Harry Potter.
GASPAR: Yo prefiero
los libros de Alessandro D´Avenia.
ALEYENDO: ¿Y usted,
Melchor?
MELCHOR: Yo soy el más
responsable de los tres y no leo en los viajes, vigilo a los camellos. Si fuera
por este par de frikis que tengo al lado acabamos en el Polo Norte en vez de en
Francia...
BALTASAR: ¡No lo crea!
Lo que hay es que se marea el pobre...
ALEYENDO: Así que son
ustedes muy literarios.
GASPAR: Nosotros
provocamos ilusión, emocionamos, hacemos más placentera la vida...
MELCHOR: ¡Este Gaspar
siempre se lo ha tenido un poco creído!
GASPAR: ¡Pero es
verdad! Y justo eso es lo que hacen también los buenos libros, ¿no?
ALEYENDO: Cierto, muy
cierto. Otra cosita, ¿ustedes reciben regalos en cada seis de enero?
MELCHOR: Bueno... Hacemos
el Amigo Invisible entre los tres.
GASPAR: El año pasado,
Balta me regaló unos calcetines y un Iphone. Y a mi mujer, la Reina, unos
pendientes de swaroski y un botecito de kohl árabe.
ALEYENDO: ¿Están
ustedes casados?
BALTASAR: ¡Toma! No
hay Rey sin Reina... y como ellas tienen mejor gusto y más intuición... nos
ayudan a elegir. Porque hay padres que no escriben carta, y con los adultos es
más difícil...
ALEYENDO: Ajá.
Entonces, no les entretengo más. Ha sido un gran placer hablar con ustedes.
MELCHOR: El placer ha
sido nuestro, bella súbdita.
BALTASAR: ¿Ha sido usted buena durante este año?
domingo, diciembre 29, 2013
El Belén de La Florida (Vitoria): a tamaño natural
Vitoria es la ciudad donde han transcurrido la mitad de mis navidades.
Cuando yo era muy niña, mis tíos y padres eran aquellos aventureros que, desafiando las nieves, nos llevaban a celebrar la Nochebuena a Maestu, pero tras muchos esfuerzos, mucho dinero invertido en leña y algunos sustos en carretera decidieron que la ciudad donde vivían mis abuelos, Vitoria, era perfecta para reunirse.
Y lo era. Vitoria es una ciudad invernal, perfecta con sus árboles desnudos, sus miradores de cristal y madera blanca, sus columpios helados y sus míticas tiendas que recorríamos mis primas y yo: La espejera cuando éramos niñas y For, Ibarrondo, las galerías Ítaca y el primer Sephora que descubrí en España cuando fuimos adolescentes.
Y había dos citas ineludibles: la feria de artesanía y el belén a tamaño natural en el parque de La Florida. Hace unos días cumplí la tradición y visité ambos.
Aquí tenemos la Anunciación a los pastores, con escenario de árboles sobre el fondo de la nueva catedral.
Lavanderas, aprovechando el diminuto canal que recorre el parque.
Los Reyes Magos, llegando no a camello sino a caballo a Belén.
El portal es una gruta verdadera, cubierta de auténtico musgo. Se entra y en el centro se halla este resplandor:
¡Es el origen de todas las alegrías!
Cuando yo era muy niña, mis tíos y padres eran aquellos aventureros que, desafiando las nieves, nos llevaban a celebrar la Nochebuena a Maestu, pero tras muchos esfuerzos, mucho dinero invertido en leña y algunos sustos en carretera decidieron que la ciudad donde vivían mis abuelos, Vitoria, era perfecta para reunirse.
Y lo era. Vitoria es una ciudad invernal, perfecta con sus árboles desnudos, sus miradores de cristal y madera blanca, sus columpios helados y sus míticas tiendas que recorríamos mis primas y yo: La espejera cuando éramos niñas y For, Ibarrondo, las galerías Ítaca y el primer Sephora que descubrí en España cuando fuimos adolescentes.
Y había dos citas ineludibles: la feria de artesanía y el belén a tamaño natural en el parque de La Florida. Hace unos días cumplí la tradición y visité ambos.
Aquí tenemos la Anunciación a los pastores, con escenario de árboles sobre el fondo de la nueva catedral.
Lavanderas, aprovechando el diminuto canal que recorre el parque.
Los Reyes Magos, llegando no a camello sino a caballo a Belén.
El portal es una gruta verdadera, cubierta de auténtico musgo. Se entra y en el centro se halla este resplandor:
¡Es el origen de todas las alegrías!
martes, diciembre 24, 2013
Feliz Navidad
A todos, lectores, comentaristas, anónimos, amigos, curiosos y reincidentes... os deseo feliz Navidad.
Os dejo una foto de mi árbol y una recomendación:
¡¡¡Leed mucho en estas navidades!!!
Yo, por mi parte, voy a releer el poemario Menos la luna y yo de Jesús Cotta, voy a terminar La cultura de la libertad, de Rafáel Gómez Pérez (el primer libro del sello editorial de mi universidad, UNIR Esenciales), voy a comenzar el nuevo poemario de Alejandro Martín Navarro, La fiesta de los vivos, y voy a disfrutar del Teatro para niños de Elena Fortún.
¡Que el Niño Dios os haga felices, y que 2014 sea un año muy poético!
domingo, diciembre 22, 2013
Películas de Adviento: Diez años de Love Actually
Hace Diez años estaba en los cines Love Actually.
Lo recuerdo con nitidez.
Era noviembre y yo estaba en Pampaluna. Hace ya diez años que viví en Pamplona. Qué niña era, con mis veinticino años a punto de ser veintiséis. Tenía tiempo para chiquilladas como entrar sola en el cine, pero no tenía tanta vida como ahora. Ahora no entraría sola en el cine... primero porque no tengo tiempo para ir, y segundo porque cuando voy tengo una legión de tías o amigas que me acompañan.
Bueno, era noviembre y yo, como todos los noviembres de mi vida, soñaba con diciembre. Alguien me dijo que echaban una peli ambientada en navidad, y allá me fui.
Por cierto, voy a hacer spoiler pero poco.
Love Actually es una película coral, es decir una sinfonía de historias, y unas han salido más logradas y otras menos. A mí no me gustó la historia del rockero borde, maldita la gracia. Tampoco la historia del inglés pesado tratando de convencer a su amigo de que las inglesas eran frígidas y que en Eh Eh Uh Uh él sería el dios del sexo. No me llevan a ninguna parte esos dos tramos de la película.
En cambio me fascinó la historia del chico y la chica que son dobladores de porno y se conocen en el plató, precisamente porque su romance está presidido por una timidez casi victoriana y el contraste es precioso.
Y me parece arrasador Colin Firth como escritor solitario que se enamora de una portuguesa que le limpia el apartamento alquilado. Y cómo aprende portugués para decir "Bonita Aurelia". Es tan bonito.
Y la historia del chico que se enamora de la mujer de su mejor amigo es para aplaudir. Ese no enterarse nunca tan admirable que gastan los hombres, cómo el marido cree que su mejor amigo odia a su mujer "porque no es simpático con ella". Y ella tampoco se entera mucho, por eso el enamorado sin esperanza ni planes acaba montando una declaración deliciosa. Ella es Keira, una Keira aún fresca, sin artificio, me recuerda a su actuación en "Quiero ser como Beckham" cuando era aún una cría. Y cómo, al final, él se sincera y ella lo agradece, pero no la cagan. Ya lo he dicho, spoiler total.
Conozco mucha gente que huye cuando salen niños en películas, pero a mí me encanta la historia del crío enamorado que se hace músico por amor. Y la del Primer Ministro y su discurso sobre la grandeza de inglaterra.
Y, por último, me chifla cómo se van entrelazando y resolviendo los distintos nudos en un espacio común a los diversos personajes. Y la banda sonora de esta película es maravillosa.
Yo no sé nada de cine, de planos o de ángulos, puede que esta peli no sea buena, pero en cambio entiendo bastante de emoción. Y estas cuatro historias encadenadas, unidas a la música y a actores como Colin Firth, Hugh Grant o Emma Thompson, a mí me emocionaron hace diez años... y lo siguen haciendo hoy.
Lo recuerdo con nitidez.
Era noviembre y yo estaba en Pampaluna. Hace ya diez años que viví en Pamplona. Qué niña era, con mis veinticino años a punto de ser veintiséis. Tenía tiempo para chiquilladas como entrar sola en el cine, pero no tenía tanta vida como ahora. Ahora no entraría sola en el cine... primero porque no tengo tiempo para ir, y segundo porque cuando voy tengo una legión de tías o amigas que me acompañan.
Bueno, era noviembre y yo, como todos los noviembres de mi vida, soñaba con diciembre. Alguien me dijo que echaban una peli ambientada en navidad, y allá me fui.
Por cierto, voy a hacer spoiler pero poco.
Love Actually es una película coral, es decir una sinfonía de historias, y unas han salido más logradas y otras menos. A mí no me gustó la historia del rockero borde, maldita la gracia. Tampoco la historia del inglés pesado tratando de convencer a su amigo de que las inglesas eran frígidas y que en Eh Eh Uh Uh él sería el dios del sexo. No me llevan a ninguna parte esos dos tramos de la película.
En cambio me fascinó la historia del chico y la chica que son dobladores de porno y se conocen en el plató, precisamente porque su romance está presidido por una timidez casi victoriana y el contraste es precioso.
Y me parece arrasador Colin Firth como escritor solitario que se enamora de una portuguesa que le limpia el apartamento alquilado. Y cómo aprende portugués para decir "Bonita Aurelia". Es tan bonito.
Y la historia del chico que se enamora de la mujer de su mejor amigo es para aplaudir. Ese no enterarse nunca tan admirable que gastan los hombres, cómo el marido cree que su mejor amigo odia a su mujer "porque no es simpático con ella". Y ella tampoco se entera mucho, por eso el enamorado sin esperanza ni planes acaba montando una declaración deliciosa. Ella es Keira, una Keira aún fresca, sin artificio, me recuerda a su actuación en "Quiero ser como Beckham" cuando era aún una cría. Y cómo, al final, él se sincera y ella lo agradece, pero no la cagan. Ya lo he dicho, spoiler total.
Conozco mucha gente que huye cuando salen niños en películas, pero a mí me encanta la historia del crío enamorado que se hace músico por amor. Y la del Primer Ministro y su discurso sobre la grandeza de inglaterra.
Y, por último, me chifla cómo se van entrelazando y resolviendo los distintos nudos en un espacio común a los diversos personajes. Y la banda sonora de esta película es maravillosa.
Yo no sé nada de cine, de planos o de ángulos, puede que esta peli no sea buena, pero en cambio entiendo bastante de emoción. Y estas cuatro historias encadenadas, unidas a la música y a actores como Colin Firth, Hugh Grant o Emma Thompson, a mí me emocionaron hace diez años... y lo siguen haciendo hoy.
viernes, diciembre 20, 2013
La Navidad será lo que tú quieras que sea..., no lo que decida el Corte Inglés
Hace unos días, hablaba con una compañera sobre las tres culturas.
Habíamos salido a fumar (ella) y a tomar un poco el aire (yo), a una deliciosa terracita urbana desde la que se venían las azoteas de Madrid.
Nos hallábamos inmersas en un seminario sobre Literatura digital y globalización que impartía la profesora Míriam Llamas a todo nuestro grupo de Investigación, UNIRDigitales, de la Universidad Internacional de La Rioja.
Estaba resultando apasionante. Había críticos, afirmó Llamas, que hablaban ya de una "McDonalización" de la cultura, y otros en cambio ya empezaban a decir aquello de que aunque un español y un chino beban la misma Coca Cola, las sensaciones nunca serán iguales... Esto es Heráclito puro, comenté yo. Ningún hombre puede beber dos veces una Cocacola. A mis compañeros les hizo gracia la idea y
yo lancé un túit:
En el descanso para fumar, hacíamos resumen de todo lo dicho. María entonces afirmó:
- Nosotros tenemos la Navidad... que es como su Ramadán pero al revés.
Yo no entendí la frase, pero ella explicó que ellos ayunan... y nosotros venga a comer y a comprar.
-¡No! ¡Eso no es la Navidad, no solo! Eso es lo que ellos quieren que pensemos, les molesta la Navidad y la disfrazan de consumismo, así se queda calladita y sin hacer ruido, o al menos haciendo el ruido que ellos desean...
Ay Dios mío, pienso, ya estoy hablando en plural y no suele ser mi discurso para nada. Me cansa la gente que todo el día anda con eso de que estamos en manos de las multinacionales, pero es que...
-¿Entonces qué es?, me pregunta mi amiga, sacándome de mis cavilaciones.
Una vez nos preguntaron en clase qué villancicos sabíamos, y mis compañeros rompieron a cantar aquello de "Cortilandia, Cortilandia, vamos todos a jugar..." Pero estas fechas serán lo que tú quieras, no lo que quiera el Corte Inglés. Si deseamos que todo sea distinto, podemos comenzar enseñando a nuestros hijos aquel villancico divertido y bullicioso que decía: "ya vienen corriendo por las escaleras..."
La Navidad es volver a ser niño, es que Dios vuelve a ser Niño y te quiere, y tú puedes volver a quererlo también... seas español o chino.
Habíamos salido a fumar (ella) y a tomar un poco el aire (yo), a una deliciosa terracita urbana desde la que se venían las azoteas de Madrid.
Nos hallábamos inmersas en un seminario sobre Literatura digital y globalización que impartía la profesora Míriam Llamas a todo nuestro grupo de Investigación, UNIRDigitales, de la Universidad Internacional de La Rioja.
Estaba resultando apasionante. Había críticos, afirmó Llamas, que hablaban ya de una "McDonalización" de la cultura, y otros en cambio ya empezaban a decir aquello de que aunque un español y un chino beban la misma Coca Cola, las sensaciones nunca serán iguales... Esto es Heráclito puro, comenté yo. Ningún hombre puede beber dos veces una Cocacola. A mis compañeros les hizo gracia la idea y
yo lancé un túit:
#UNIRDigitales nadie puede beber 2 veces una Cocacola: hago variaciones a Heráclito en el seminario de globalización. pic.twitter.com/DNtxoiwu4v
— Rocío Arana (@Adaldrida) diciembre 18, 2013
En el descanso para fumar, hacíamos resumen de todo lo dicho. María entonces afirmó:
- Nosotros tenemos la Navidad... que es como su Ramadán pero al revés.
Yo no entendí la frase, pero ella explicó que ellos ayunan... y nosotros venga a comer y a comprar.
-¡No! ¡Eso no es la Navidad, no solo! Eso es lo que ellos quieren que pensemos, les molesta la Navidad y la disfrazan de consumismo, así se queda calladita y sin hacer ruido, o al menos haciendo el ruido que ellos desean...
Ay Dios mío, pienso, ya estoy hablando en plural y no suele ser mi discurso para nada. Me cansa la gente que todo el día anda con eso de que estamos en manos de las multinacionales, pero es que...
-¿Entonces qué es?, me pregunta mi amiga, sacándome de mis cavilaciones.
Una vez nos preguntaron en clase qué villancicos sabíamos, y mis compañeros rompieron a cantar aquello de "Cortilandia, Cortilandia, vamos todos a jugar..." Pero estas fechas serán lo que tú quieras, no lo que quiera el Corte Inglés. Si deseamos que todo sea distinto, podemos comenzar enseñando a nuestros hijos aquel villancico divertido y bullicioso que decía: "ya vienen corriendo por las escaleras..."
La Navidad es volver a ser niño, es que Dios vuelve a ser Niño y te quiere, y tú puedes volver a quererlo también... seas español o chino.
miércoles, diciembre 11, 2013
11- 12- 13
Dedico este post a Jesús, Josu, Marisa, María, Myriam, Mariano, Jesús, Arantxa, Manuel, Vicky, Marian, Fermín y Mónica.
"Hoy es once del doce del trece", me advierte Jesús. "Sabía que te iba a interesar". "Tienes que escribir algo", añade Mariano. En la sala nadie da puntada sin hilo pero se oye alguna carcajada furtiva de vez en cuando. Me quedan por corregir quince actividades, y ando a medias con las notas a pie de página de un artículo. Justo en este momento, Mónica vuelve de dar su clase.
LLego a casa y me pongo a pensar en escribir algo en este día, once del doce del trece. Algo especial. Pero todos los días son especiales. Repaso mis actos en este miércoles cualquiera buscando una grieta misteriosa que lo haga único.
Me ha despertado la encuesta absurda de Cadena 100, arrancándome la primera risa del día. He salido a las calles azules, muerta de frío pero respirando belleza. Me han saludado los dueños de panaderías y perfumerías. He entrado en calor en la oficina. He contestado mails. He preparado reuniones. He construido un par de power points. Casi me choco con el abeto verde. He recuperado un pintalabios que perdí en plena sesión online. Me ha llamado por teléfono Enrique García- Máiquez. Me ha llamado por teléfono mi padre. Me han sonreído casi todos mis compañeros y yo les he sonreído también. He comido ensalada y salchichas con mostaza y he regresado casi media hora antes a la oficina porque estaba enfrascada en mi artículo.
Tras salir del trabajo, me he comprado una máscara de pestañas de Nyx. He vuelto a mirar mis catorce poemas con ojo crítico, pero también con ilusión. He disfrutado la penumbra litúrgica. He llegado a casa y he tendido una lavadora, recordando el poema "El gobierno de diez ciudades", de Beades. He puesto el árbol y el Belén en el cuarto de estar. He estrenado el disco de villancicos de los Fantastic Boney M, tras años de ausencia. Los encontré de nuevo en El Corte Inglés por once euros. Me chifla la música de navidad norteamericana.
Probablemente me enfrascaré en un capítulo de Downtown Abbey. Y terminaré el día leyendo el nuevo libro del poeta Jesús Cotta. A las doce y media me dormiré. La magia del once del doce del trece va a durar mucho , mucho tiempo, pues cerraré los ojos rezando esa oración de conformidad con la Divina Providencia que me enseñó mi abuela Cecilia:
"Dios mío, como hoy, siempre. Mejor, cuando quieras. Peor... ¡ni se te ocurra!" Y la recitaba así, tan seria.
sábado, diciembre 07, 2013
Magnolio y niñez
Voy por las calles de Sevilla como un fantasma, como en un sueño. Por el día, sol; por la noche, luces encendidas. Y magnolios.
Los magnolios tiene raíces poderosas como las manos de un hombre. Las raíces se unen y separan haciendo meandros como un río, dejando charcos de hierba verde entre ellas.
Cuando yo era niña, me sentaba debajo del magnolio a jugar a las casitas. Llevaba clics y pinipones y muebles diminutos, porque las raíces eran los tabiques de la casa y cada hueco era una habitación. Y hacía trajes de papel de plata para mis muñecos, trajes que olían a mandarina o a bollito, ya que el papel galáctico reciclado era, por supuesto, el envoltorio de la merienda.
Tenía siete, ocho, nueve años... Pero en esa mezcla mía de certeza e intuición, en ese soñar que la falda de un árbol era mi casa, me aguardaba radiante mi futuro, los años que vendrían, los veranos en Maestu y los poemas que luego escribiría.
![]() |
| Foto del blog Desde mi magnolio |
Los magnolios tiene raíces poderosas como las manos de un hombre. Las raíces se unen y separan haciendo meandros como un río, dejando charcos de hierba verde entre ellas.
Cuando yo era niña, me sentaba debajo del magnolio a jugar a las casitas. Llevaba clics y pinipones y muebles diminutos, porque las raíces eran los tabiques de la casa y cada hueco era una habitación. Y hacía trajes de papel de plata para mis muñecos, trajes que olían a mandarina o a bollito, ya que el papel galáctico reciclado era, por supuesto, el envoltorio de la merienda.
Tenía siete, ocho, nueve años... Pero en esa mezcla mía de certeza e intuición, en ese soñar que la falda de un árbol era mi casa, me aguardaba radiante mi futuro, los años que vendrían, los veranos en Maestu y los poemas que luego escribiría.
sábado, noviembre 30, 2013
La increíble historia del Niño Jesús de peluche (o diálogo surrealista a lo divino para comenzar el adviento)
Así, con dos espumillones. Porque me gustan los títulos largos.
He escrito este episodio reciente en forma de relato pero es real. Prodigiosa realidad.
Alguien me contó que, pasada la urbanización de las Palmeras, había una tienda que vendía un Niño Jesús de peluche. No tenía más señas pero no hicieron falta: me lancé a la aventura, arrebatada por el síndrome de la víspera de Adviento. Llovía.
El viento destrozó mi paraguas inglés y dejé por el camino su esqueleto metido en una papelera. Entré en una tienda de barrio para conseguir un paraguas decente y continué la búsqueda. En primer lugar encontré una papelería que podía ser, dado que en el escaparate había calendarios de taco del Sagrado Corazón.
Entré.
- Buenas, ¿es aquí donde venden Niños Jesuses de peluche?
Estupefacción en la cara del dependiente.
- Noooo.
Llegó una señora con pinta de abuela de Heidi .
- Eso es un poco más allá, donde empieza el parque.
Cuando llegué a mi destino, vi que la tienda se llamaba "Romeo". El escaparate estaba invadido por figuras relamidas de belén tipo biscuit en malo, y por espeluznantes figuras del Corazón de Jesús. Y en medio, reinando como un oasis naíf pero limpio, estaba el Niño Jesús de peluche que tenía hasta marca y se llama Jesusito de mi vida.
![]() |
| Foto mía |
Entré, vi a un señor de mediana edad y le espeté así, a bocajarro:
- Buenos días, he visto que tienen Jesusitosdemivida, quiero uno.
- ¿Para qué clase de niño lo quiere?, pregunta el buen hombre.
Es una pregunta que tiene su meollo, así analizada en frío, pero es que hay varios tamaños de Jesusitos y no es lo mismo un bebé que un chaval de Primera Comunión.
Yo, por supuesto, me pongo colorada.
(Apunto que voy a pasarme al presente histórico, me siento más cómodo con él ahora que comienza el nudo de la trama.)
- Es para mí, digo con cara de perro flaco y bizco. Y, para acabar de arreglarlo, añado: - Es que como vivo sola... Es para dormir con él.
Bravo, me jaleo por lo bajinis. Creo que fue peor, creo recordar que dije "abrazada a ÉL". De todas formas, el hombre no mueve ni una ceja y responde:
- De acuerdo, pues lo saco y te lo envuelvo.
- ...De regalo, termino yo la frase. Y pienso que efectivamente Jesús es un Regalo, pero no lo digo porque ya he dicho bastante.
Le veo hacer la factura a mano tras el cuidadoso empaquetado y me temo lo peor: no tiene datáfono. Salgo a buscar un cajero, no conozco bien la zona y me alejo. En una esquina que parece el final de la tierra veo a una viejecita y le pregunto por un banco. "Tendrás que atravesar el parque", me dice. Y una porra atravesar el parque, pienso, y vuelvo a buscar por la dirección contraria.
En algún momento encuentro un bazar que se llama, ostentosamente: "Bazar Yokomo. Chino". Yo como chino, rezo en voz alta. Y sigo mi senda, que acaba en una caja rural. Vuelvo a la tienda "Romeo y me llevo a casa al Niño Jesús y una bola de nieve con un nacimiento dentro, así como postre.
domingo, noviembre 24, 2013
Películas de Adviento: Mientras dormías, de J. Turletaub... y con Bill Pullman
Las ganas de Navidad se me desatan, cada año, en algún momento de noviembre, pasado Todos los Santos, cuando una fría noche de sábado decido que no aguanto un minuto más de mi vida sin volver a ver "Mientras dormías", de John Turletaub.
Mis tías me han preguntado por qué me emociona tanto el Adviento. En el centro de Europa se vive muchísimo, aquí parece una estrategia de mercado para adelantar las compras. Es la espera de la Navidad, el aún no pero casi, el momento litúrgico en el que se leen pasajes de Isaías, mi poeta profeta favorito.
Y en el Adviento me dedico a ver películas navideñas, que son mis preferidas después de los clásicos (El hombre tranquilo, Historias de Philadelfia, Vacaciones en Roma, qué bello es vivir..., bueno, ésta última comparte ambas categorías), y después de las pelis basadas en literatura de primera (Mucho ruido y pocas nueces, Enrique V, Sentido y sensibilidad, Emma...)
Tras estos dos grandes bloques, el navideño es mi favorito y por eso comienzo sesión en este blog con reseñas algo sui generis, porque consistirán en pinceladas impresionistas centradas en algún elemento adorable de la peli en cuestión.
Recuerdo perfectamente el momento en el que vi el tráiler de Mientras dormías, en el cine con mis padres. Ya esos pocos fotogramas me emocionaron. Para evitar el siempre desagradable spoiler, simplemente os recomiendo verla, os digo que es una historia romántica en la que una pobre chica solitaria descubre la felicidad de tener una familia aunque solo sea por una semana... y me centro en lo que me interesa: Bill Pullman.
Me gusta Bill Pullman, me gusta Jack. A veces no te enamoras de un actor sino de la unión perfecta que logra con su personaje en la película: Jeremy Northam/Mr Knightley en Emma, o Kenneth Brannagh/Benedicto en Mucho y ruido y pocas nueces.
Bill Pullman: no es muy conocido y ruedan por esta cruel esfera fotos no muy favorecedoras suyas, pero en la época en que rodó Mientras dormías poseía esa magia de fundirse con el personaje, y los dos rasgos físicos que más me encandilan en un hombre, porque no son solo físicos sino que la personalidad asoma en ellos.
Bill Pullman posee una sonrisa cálida, que ilumina y acoge. Y una mirada que acaricia. Bill Pullman y Jack, en esta película, son casa con chimenea encendida. Por eso Sandra Bulloc/Lucy se enamora, porque mirar a alguien y pensar: aunque sea algo imposible tú eres mi verdadera casa... no sucede todos los días.
Mis tías me han preguntado por qué me emociona tanto el Adviento. En el centro de Europa se vive muchísimo, aquí parece una estrategia de mercado para adelantar las compras. Es la espera de la Navidad, el aún no pero casi, el momento litúrgico en el que se leen pasajes de Isaías, mi poeta profeta favorito.
Y en el Adviento me dedico a ver películas navideñas, que son mis preferidas después de los clásicos (El hombre tranquilo, Historias de Philadelfia, Vacaciones en Roma, qué bello es vivir..., bueno, ésta última comparte ambas categorías), y después de las pelis basadas en literatura de primera (Mucho ruido y pocas nueces, Enrique V, Sentido y sensibilidad, Emma...)
Tras estos dos grandes bloques, el navideño es mi favorito y por eso comienzo sesión en este blog con reseñas algo sui generis, porque consistirán en pinceladas impresionistas centradas en algún elemento adorable de la peli en cuestión.
Recuerdo perfectamente el momento en el que vi el tráiler de Mientras dormías, en el cine con mis padres. Ya esos pocos fotogramas me emocionaron. Para evitar el siempre desagradable spoiler, simplemente os recomiendo verla, os digo que es una historia romántica en la que una pobre chica solitaria descubre la felicidad de tener una familia aunque solo sea por una semana... y me centro en lo que me interesa: Bill Pullman.
Me gusta Bill Pullman, me gusta Jack. A veces no te enamoras de un actor sino de la unión perfecta que logra con su personaje en la película: Jeremy Northam/Mr Knightley en Emma, o Kenneth Brannagh/Benedicto en Mucho y ruido y pocas nueces.
Bill Pullman: no es muy conocido y ruedan por esta cruel esfera fotos no muy favorecedoras suyas, pero en la época en que rodó Mientras dormías poseía esa magia de fundirse con el personaje, y los dos rasgos físicos que más me encandilan en un hombre, porque no son solo físicos sino que la personalidad asoma en ellos.
Bill Pullman posee una sonrisa cálida, que ilumina y acoge. Y una mirada que acaricia. Bill Pullman y Jack, en esta película, son casa con chimenea encendida. Por eso Sandra Bulloc/Lucy se enamora, porque mirar a alguien y pensar: aunque sea algo imposible tú eres mi verdadera casa... no sucede todos los días.
sábado, noviembre 16, 2013
Ask me why de Beatles: la felicidad desgarrada
Me doy cuenta de que Los Beatles han estado presentes en toda mi poesía: abren Pampaluna, con aquel verso del primer poema.
La paradoja "tristemente felices" referida a las canciones de mi grupo favorito no es mía, creo que la leí en un artículo donde entrevistaban a María Kodama, y ella contaba cómo había dado a escuchar una canción de los chicos de Liverpool al gran Borges, y cómoél comentó que producían una especie de felicidad triste.
O una tristeza feliz, pienso yo, recordando poemas de D´Ors o de Eloy Sánchez Rosillo que cualquiera definiría como nostálgicos y a mí me llenan de alegría. Como ver los autobuses en las calles de Pampaluna.
El caso es que´últimamente, en cualquier esquina de la calle o de mi oficina me asalta en la mente esta canción:
Yo no canto nada bien de labios para fuera, pero en mi cabeza suena perfecta, rodeada de una nostalgia por mi adolescencia sumida en acción de gracias por lo que ahora vivo.
Es mi tema favorito de los Beatles. Cuando tenía dieciséis años mi tío Morgan me lo grabó en una TDK junto a otras canciones que también me fascinan (Girl, Yes it is, I should have known better...) Voy a cumplir 36, por lo que llevo veinte años sintiéndome cautivada por Ask me why, cautivada por la alegría, (en clave lewisiana). Y son los acordes desgarrados y felices que me han inspirado uno de mis últimos poemas:
La paradoja "tristemente felices" referida a las canciones de mi grupo favorito no es mía, creo que la leí en un artículo donde entrevistaban a María Kodama, y ella contaba cómo había dado a escuchar una canción de los chicos de Liverpool al gran Borges, y cómoél comentó que producían una especie de felicidad triste.
O una tristeza feliz, pienso yo, recordando poemas de D´Ors o de Eloy Sánchez Rosillo que cualquiera definiría como nostálgicos y a mí me llenan de alegría. Como ver los autobuses en las calles de Pampaluna.
El caso es que´últimamente, en cualquier esquina de la calle o de mi oficina me asalta en la mente esta canción:
Yo no canto nada bien de labios para fuera, pero en mi cabeza suena perfecta, rodeada de una nostalgia por mi adolescencia sumida en acción de gracias por lo que ahora vivo.
Es mi tema favorito de los Beatles. Cuando tenía dieciséis años mi tío Morgan me lo grabó en una TDK junto a otras canciones que también me fascinan (Girl, Yes it is, I should have known better...) Voy a cumplir 36, por lo que llevo veinte años sintiéndome cautivada por Ask me why, cautivada por la alegría, (en clave lewisiana). Y son los acordes desgarrados y felices que me han inspirado uno de mis últimos poemas:
LA MISMA CANCIÓN
Del office en el ángulo oscurísimo
refulge la penumbra
con su música
de microondas mítico,
nevera
y final de pasillo
con recodo…
Es la Felicidad
que se viste de lunes
y me silba
una canción antigua
de los Beatles
que nadie más escucha
todavía.
Sí, tengo ya un esqueleto de mi próximo poemario. Probablemente se titulará Para no nombrarte, título que debo, a medias, a Beades y a Enrique García-Máiquez.
No voy a publicar ninguna otra pieza de mi futuro libro aquí, pero me apetecía reflexionar sobre Beatles y poesía... y de paso anunciaros que estoy de nuevo en medio de ese proceso feliz de creación y emoción.
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