lunes, enero 30, 2012

Música y literatura


Dedico este post a Naiara, que me enseñó a amar la música, y a Merl, que hoy cumple años.

En Logroño hay otra librería que me gusta, y no es Castroviejo. Se llama Quevedo, y en ella compro revistas de belleza y moda.
Está situada en frente del parque del Espolón, algo que empieza ya a sumarle magia al lugar: sobre todo en invierno, con los árboles desnudos. No tiene puertas, abre al mediodía y es un espacio diáfano, sin barreras, lleno de luz.
Venden best sellers de categoría, bien escritos, como El haiku de las palabras perdidas, de Andrés Pascual, o Mientras ella sea clara, de Carlos Villar.
Estuve en la presentación de ambas novelas. A la primera, celebrada en el Riojafórum, me invitó el rector de mi universidad, y en el precioso acto repleto de reverberaciones japonesas me regalaron una grulla de papel pintado. A la segunda me invitó el propio autor: el centro cultural Ibercaja estaba repleto y las palabras flotaban en el aire hechizado.

Lo que diferencia a una librería de un supermercado de libros, al menos uno de los síntomas, es la música. Entras en Castroviejo y te envuelve el jazz. En Quevedo también hay música, un tañido de campanas renacentistas que me hace cerrar los ojos para aspirar la melodía.

Le pregunto al librero si es Radio Clásica lo que suena. Él se sorprende. No a todo el mundo le gusta, me dice. Y me recuerdo años atrás, comentando que Mozart me aburría de muerte. Y cómo domesticaste mi corazón, diciéndome que un poeta no debía ignorar la belleza de la música clásica. Y cómo brillaban tus ojos, con indecible triunfo, la primera vez que yo cerré los míos para disfrutar de Mozart.

sábado, enero 28, 2012

La pura contemplación

Recuerdo un debate que hubo en la Universidad de Sevilla hace muchos, muchos años, en mis tiempos de estudiante, sobre los amores imposibles.
Fue en clase de latín. Teníamos un magnífico profesor, inolvidable, que tras cada traducción traía un libro para leer, un tema para discutir, un poema de Catulo para recitar... Un palpitante trozo de vida con el que la lengua muerta que enseñaba se llenase de luz y de color.
Recuerdo que nos costó mucho hablar, soltarnos, decir algo aunque fuera por el simple placer de abrir la boca y sentir el sonrojo en las mejillas.
Ayer, recordando, pensaba que se puede ser feliz incluso acometida por los hervores de un amor imposible. Lo que mata toda posibilidad de dicha es la esperanza. Pero cuando cierras los ojos y sabes que no hay esperanza, es más, que ni siquiera deseas que exista, tu amor se convierte en pura contemplación de la Belleza.
Y la contemplación te hace vencerte a ti mismo. Y la comtemplación te convierte en un ser feliz, envuelto en una felicidad que nace de la fatiga diaria.

sábado, enero 21, 2012

Siguiendo a Navascués...

...enlazo (o "linkeo"), esta fantástica historia de una conversión... inaudita. La poeta atea que quiso preguntar a una monja por su vagina.

Siempre me han enamorado las historias de conversiones, en especial, de conversos ingleses o americanos. Esta pasión comenzó con el Beato Newman y ahora termina con una historia surrealista... en el mejor sentido de la palabra, aunque ya saben mis lectores que para mí este término carece de malos sentidos.

P.S.: Prometo regresar pronto.

lunes, enero 09, 2012

El Primer Regalo de Reyes

Porque un libro es un regalo...

Este año, los Reyes Magos hicieron su entrada en mi vida el cinco de enero, y no en el salón de mi casa familiar sino en una librería que, por supuesto, era la librería Castroviejo. Repleta de música clásica, madera y sol.

Entré por casualidad, después de ver a Sus Majestades bajando del helicóptero amarillo en las Gaunas. Así es La Rioja: un campo de fútbol repleto de niños agitando pañuelos, villancicos tronando por megafonía y el alcalde (hoy alcaldesa) recibiendo la embajada real. Siempre se me eriza la piel, mitad por el frío mitad por la magia. Vuelvo a creer.

Pero los Reyes magos a veces se despistan, olvidan un último regalo y tengo que acercarme a mi rincón favorito para comprar la novela Grandes esperanzas de Dickens. Y, de paso, Lo que ha llovido de Enrique García-Máiquez.
El mejor librero del mundo envuelve sus libros cuidadosamente. Se detiene. Me mira. Y musita: "espera un momento..." Con el corazón en vilo y cantando, espero.
Y regresa con un librito de los años setenta, de uno de mis poetas más queridos ¿Lo tienes? No, no lo tengo, y es uno de los pocos que me faltan.

El librero es Gaspar. Me ha engañado. Y, con una sencillez regia, me tiende el precioso cuadernillo diciendo: "pues para ti".

sábado, diciembre 24, 2011

El Niño Jesús del Microondas

El Niño del Microondas...

Hace muchos, muchos años compré esta pequeña figura de escayola con la intención de pintarla, porque en mi colegio me habían enseñado a aplicar pátinas que imitaban el marfil, la madera envejecida y hasta el bronce.
Como muchos otros propósitos, éste quedó aparcado, perdiendo su sentido con el pasar del tiempo.
Hace unos pocos años, en uno de mis intentos por ordenar mi vida y mi dormitorio, apareció la figurita al fondo de un cajón, como había aparecido antes el refulgente corazón de ámbar que mis padres me trajeron de Praga y que estuvo perdido y fue hallado.
El Niño Jesús desprendía una luz más íntima y escondida, más verdadera. El tiempo, más cuidadoso que yo, había dejado su pátina en él, y era esa suciedad que ya no podía borrarse la que lo hacía aún más adorable, comestible.
Lo pusimos al lado del Microondas, para verlo al desayunar. Él es humilde y huye de espumillones y mesas de caoba. Sólo quiere que comencemos nuestro desayuno con Él, como reza aquel poema tremendamente humano de Luis Alberto de Cuenca:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

martes, diciembre 20, 2011

Días de Cine

...Y no hablo de la tarde poética que disfruté en Salamanca, esa ciudad de piedra y viento (Sara Merghut lo retuitea aquí), ni a lo maravillosamente bien que me trató Elena, del servicio de actividades de la universidad, ni siquiera al divertido susto que me pegué en la bañera del hotel, que resultó ser de hidromasaje y se llenó de espuma... ¡hasta el techo!

...Tampoco hablo de la preciosa casita con chimenea y vistas al mar de mi amiga merl en Algeciras, con aquel olor a miel y leña, y el sol de diciembre dorando nuestras caras mientras ondeaba la bufanda al viento...

Los días de cine están por llegar: la cartelera se nos presenta en estas navidades de lo más golosa. Me perdí El árbol de la vida, por lo que a Dios pongo por testigo de que no me perderé el Tintín de Spielberg (aquí una magnífica reseña de navascués), el Gato con botas (una amante de los gatos no puede faltar a la cita), Jane Eyre (amo la novela inglesa y las pelis de época... Fukunawa está gritando mi nombre con letras de neón) y Un dios salvaje.

He visto, de una sentada, la serie de la BBC Daniel Deronda que me regaló mi amiga Ana Marco. Mi padre la ha encontrado infumable (por si acaso, no se retiró hasta el final.) Mi madre la califica como "un folletín de altura" (pero no despegó los ojos a lo largo de las tres horas y media, al igual que yo.)
Yo pienso que no es fácil superar la mejor, la invencible serie de la BBC Orgullo y prejuicio, pero he disfrutado de la fotografía y de la genial actuación de Romola Garai. El actor en cambio me ha parecido un niño, incapaz de despertar una pasión tan delicada y salvaje. Claro que Darcy es un rival imbatible, y Colin Firth será siempre Colin Firth.
Siempre nos quedará Colin Firth.

viernes, diciembre 09, 2011

Quiero ser surrealista

Decimos que algo es surrealista, frunciendo los labios... y, por mucho que nuestra voz quiera mostrar desprecio siempre flota al fondo un deje de envidia.
Ojalá todos pudiéramos pintar nuestros sueños. Los relojes derretidos del cuadro de Dalí me han recordado hoy a las pizzas de casa tarradellas. Surrealista, ¿no?
Y cuando decimos que una persona tiene salidas surrealistas, en realidad lo que queremos decir es que brilla por encima de lo cotidiano, con un fulgor de sorpresa, de relámpago azul.
El amor es siempre surrealista. Duele con destellos, como una joya de puntas afiladas.
Quiero ser surrealista.

jueves, diciembre 01, 2011

La Felicidad...

Una felicidad de andar por casa, con bata y zapatillas.
Una felicidad a mi medida, una felicidad que no perdura... y que regresa siempre.

Enciendo el ordenador. La chica de audiovisuales está allí, con su sonrisa que no acaba y su melena rubia. Y me va a ayudar a ajustar el altavoz, subir el documento y mantener la conexión. Esas cosas tontas que yo no sé hacer.
Se ilumina la pantalla con el power point, mi imagen y la casilla donde ellos, mis alumnos, chatean.  Ya comienzan a saludar, buenos días, y yo escribo algo completamente estúpido: en dos minutos empezamos. Aún no pueden verme.
Tengo que hablar de la fantasía. O de los géneros literarios. Tengo que hablar de lo que más me apasiona en este mundo y transmitir por medio de ondas magnéticas esta misma pasión. Una llama se enciende, mi deber es no apagarla.
La clase fluye, minuto a minuto. Preguntan, contesto, sugiero, responden, se ríen, me río. Muerta de risa delante de la pantalla, ante la avalancha de jajajajajas en mayúsculas que se me viene encima pienso, "esto no es serio". Pero es lo más serio del mundo.

Hoy hablábamos del Mito. El paso del mito al logos. Decía yo que la filosofía nace del asombro, y recordé a Jostein Gaarder, que decía lo mismo. La poesía también nace del asombro, al final el mito y el logos se parecen. Solo que el poeta se asombra ante la belleza, y el filósofo, ante el conocimiento, supongo.
De pronto, en el chat, alguien comenta que todo esto le recuerda a El mundo de Sofía.
Y otra alumna dice que lleva todas estas semanas viendo las clases en diferido y que sentía envida "¡qué bien lo pasáis!".
Es la felicidad... silenciosa y cotidiana.

sábado, noviembre 26, 2011

Alcohol, Tomás de Aquino y eye liner

Mi amiga M. es una fuente de inspiración continua. Contemplando juntas un cuadro de Zurbarán me hizo percibir el bolsito tan cool que lleva Santa Margarita por alforja en pleno siglo XVII.
La semana pasada, desayunando en el bar Génesis, tuvo que tomarse uno de esos diabólicos sobrecitos de Frenadol y descubrió entre sus ingredientes un colorante llamado... ¡amarillo ocaso! Comenzamos el lento yermo de la mañana laboral hablando de poesía farmacéutica.
Este viernes yo tenía que impartir una sesión sobre maquillaje en una asociación cultural. Y me habían pedido que, antes de la práctica, fundamentara la necesidad de afeites cosméticos con argumentos filosóficos. En mi vida me he visto en tal aprieto.
Decidí recurrir a Santo Tomás, todo un clásico. Uno de sus famosos remedios contra la tristeza es un baño de burbujas.
...Bueno, recogí velas ante sus ojos atónitos, el santo habla de un baño, las burbujas, sales e incluso velitas las pongo yo.
De pronto, mi amiga se acuerda de un poema renacentista en el que el trovador alaba a su dama, que entra en cierta iglesia de sevilla y los monaguillos y hasta el cura se confunden y

"por decir amén, amén
decían amor, amor"

Es interesante, apunta, porque al describir a su señora habla de que en su boca había dulzor, en sus mejillas arrebol y en sus ojos... alcohol, o sea, una sustancia cosmética.
Estuvimos buscando la cita exacta en Google durante un buen rato, porque, decía ella entre risas, si juntas las palabras "Poema" y "Alcohol" en el buscador famoso, te dirige directamente a...¡Joaquín Sabina!

sábado, noviembre 19, 2011

Votar o no votar

Hoy, que todos callan, voy a hablar de política... y de Correos.
Enciendo la radio y escucho alternativamente: súmate al cambio, pelea por lo que quieres... si puedes, añado yo en voz baja.
Noventa mil personas se van a quedar sin votar por correo, y yo estoy entre ellas.
LLegó un sobre grande y resultó ser de HO, plataforma que me revienta, aunque "pelea por lo que quiero". No me gustan sus métodos, pero por una vez estuvieron muy acertados editando una especie de folleto en el que dicen qué dicen de los temas candentes (aborto, educación, libertad religiosa...) los grandes padres patrios que nos quieren desgobernar. De lo leído saco en conclusión que no quiero empadronarme en Logroño ni en Sevilla sino en pampaluna, para votar a UPN. Pero eso es imposible. No puedo votar a UPN... ni a ningún otro partido.
Ayer dije en el trabajo: si lo llego a saber, me meto el sábado en un autobús y amanezco el domingo en mi ciudad natal, para acudir al colegio de mi barrio y "complir con la democracia"... Grandes risotadas, ¿de verdad lo harías?
Pues sí. Y es que soy una politiquera. Y una ingenua.

lunes, octubre 31, 2011

Aurora

Por supuesto, dedico la entrada a ARP

Azul brillante, con burbujas de charol en el fondo. Así era el día esta mañana, muy de mañana.
He visto amanecer.
La aurora no era rosa, ni cursi, ni lenta: era rápida y azul. Vertiginosa. soleada. Y la tierra parecía exhalar humo. Crecía el humo blanco en espiral, formando una interrogación sobre el campo azul.
Lo veíamos desde el coche gris, camino del trabajo. Un grito de alegría iba inundando silenciosamente la tierra: una alegría que, como todas, tenía también su secreto escondido, su pregunta repleta de veneno, su pequeña sombra. Una alegría misteriosa.
Y decidí llenar del todo mi vaso: si me das esta mañana tan azul y este lunes en el que nada quiero sino llegar a la oficina... ¿qué otra cosa puedo temer?

miércoles, octubre 26, 2011

Irse de casa (I) La Radio

Me he ido de casa.
Ya no vivo en Sevilla, con mis padres. Tampoco vivo en Logroño, en casa de mi abuela. Vivo en Logroño, sola. En una casa que he amueblado yo, con ayuda de toda mi familia.

Mi padre arregló el tema de la electricidad: al fin y al cabo las mujeres, o ciertas mujeres, seguimos siendo machistas. Los enchufes y bombillas... ¡¡¡ellos!!!
Mi madre me hizo unos visillos preciosos y me acompañó a comprar muebles. la base de la cama se llama "tapiflex". Las sillas de madera son muy caras, si quieres que sean buenas.
Me fascina mi casa: tiene una mecedora y un tocador vintage. Está situada en medio de todo, en el epicentro de la ciudad, en una calle repleta de farolas y gente paseando. Volver a casa a las diez de la noche es como organizar un camping en una tarde de verano... con luna en el cielo.

Y no tengo televisor. No estoy en contra, conste... es que supuse que con el ordenador encendido, los libros por leer y las visitas me bastaría.
-Pero, pero, pero... ¡¡¡si vives sola!!!
Sí, es cierto: se agradece escuchar un run run acogedor cuando llegue a casa, un gato que me pregunte con bigotes y cabriolas: ¿cómo te fue?
Y, precisamente por eso... me he comprado una radio, y la enciendo nada más llegar a casa, tras dejar las llaves en una bandejita de vidrio azul en forma de botella que me regaló Merl.
No es una radio cualquiera... Es radio despertador. Me despierta a las ocho de la mañana de lunes a viernes, con música o noticias, lo elijo dependiendo de mi estado de ánimo en la noche anterior.
Y claro, tengo que escoger cadena.
Por ahora, mi casa es una mezcla de Onda Cero, Kiss FM, Los Cuarenta, Radio Clásica y... ¡Cadena Cien!
Esta última es la que suele endulzar mis primeros minutos: levantarme con Javi Nieves por la mañana es encontrar, entre las sábanas aún revueltas, una llamarada de alegría.

sábado, octubre 15, 2011

Feria del Libro Antiguo en Logroño

Mañana dorada de septiembre... El reflexivo septiembre, lo llamó Lord Scutum: risueño, somnoliento, suspendido entre dos tiempos distintos... En La Rioja, este año, su clemencia se ha ido alargando suavemente, y ahora es Octubre.
En el parque de El Espolón han colocado una hilera de casetas y lo llaman Feria del Libro Antiguo..., y como mi voraz pasión por el maquillaje sólo se ve eclipsada por mi violento amor por la lectura, he acudido, en la dorada mañana del día del Pilar.
En casi todas las casetas había un revoltijo de cosas nuevas y viejas, mucho esoterismo, muchos ejemplares del Principito y de Juan Salvador Gaviota y mucho libro de cocina. Había un stand repleto de libros de los Hollister, Ester y Torres de Mallory, lecturas juveniles de mi infancia, y tebeos amarillos ya del capitán Trueno.



En cambio, en el puesto de la librería Al Tossal, encontré por solo diez euros  nada menos que los Diálogos de Platón, encuadernados en dorado y rojo. Tenían muchísimos libros encuadernados así, o con los lomos en verde esmeralda y plata, y tras la combinación de pasta, cartón y papel rancio se vislumbraba un amor inquebrantable. Me llevé también un fascímil de barajas antiguas, inglesas del año 1689. Y un compendio de cuentos de hadas de la Condesa de Segur (qué buenos ratos pasé, con trece y catorce años, leyendo Juan el alegre y Juan el gruñón...)




Un poco después encontré la caseta de la librería Prim, de Valencia. Tenía apilados en grandes montones cenicientos un sinfín de cuadernillos de La Novela Teatral, y me entretuve buscando por más de media hora algo de mis adorados y perdidos Álvarez Quintero... No encontré nada. No están de moda. En lo que llevo de vida en Logroño (un semestre largo) he tenido ocasión de ver dos comedias de Jardiel Poncela en el teatro, pero Serafín y Joaquín... no aparecen por ningún lado.
Por puro consuelo me llevé dos folletos de carlos Arniches, uno del año 1917 y otro de 1922. Se me rompen entre las manos de puro amarillo y antiguo, ¡qué gran emoción!

( P.S.: La primera imagen la he sacado del blog de la Librería Praga, y la segunda, de la página web Todocolección. Hubiera querido ilustrar el post con fotos mías, pero mi móvil se ha declarado en huelga y no envía por email las imágenes que disparo...)

miércoles, septiembre 28, 2011

La edad dorada

Cuando yo tenía doce años andaba por el campo en verano, entre fresas silvestres y nogales, con mi melena rubia al viento y un peto vaquero que me permitía triscar por la pradera como un cervatillo. Mi prima iba conmigo: ella era más princesa que yo, y envidiaba mi pelo rubio... pero yo admiraba, ya por entonces, su figura esbelta y sus piernas larguísimas, de princesa.

Mis piernas eran cortas, y las piernas cortas siempre fueron un obstáculo. Porque la falda que en otras vecinitas era una monada a medio muslo, en mí quedaba tan minifaldísima que no se podía permitir.
El pelo de mi prima era liso y no se enredaba jamás. Yo hubiera dado mi brazo izquierdo porque mi cabellera se volviese castaña pero tranquila, sin esos enredos que jugaban al escondite con el peine y parecían carcajearse de mi pobre ser ante el espejo. Estaba mal visto gritar de dolor, para algo tenía ya doce años, por lo que la única vía de escape era enfurecerse recónditamente, con una ira tan concentrada que pareciera una taza de café negro del que bebían los adultos.

Los doce años son una edad mágica, lástima que una no lo sepa entonces y no lo pueda apreciar en su justo valor.
Eres todavía un niño, pero ya te enteras de casi todo, ya sabes cómo son en realidad las cosas pero aún percibes ese halo de maravilla que las rodea, y que durante tu adolescencia se eclipsará.
Quieres ser mayor, por supuesto, pero no sabes a ciencia exacta en qué consiste eso que tanto deseas, y por lo tanto no sientes miedo sino un delicioso vértigo, el veneno de la libertad recién saboreada, en monodosis, como debe ser.
Te empiezan a inquietar los chicos, pero aún no sabes sufrir por amor. Sólo sientes el pellizco de la belleza en el estómago. Y eres tan de verdad que te crees a pies juntillas que los Trascendentales van unidos siempre, siempre siempre, y que si un niño es guapo con avaricia también será soberbiamente bueno y verdadero.

Luego llegan los catorce años con su saco de malicia a cuestas: has aprendido a no estudiar, a mentir a tus padres y a saberte el patito feo que nunca será mirado con arrobado éxtasis por ningún miembro del sexo contrario. Has aprendido a no hacerte ilusiones, que es la peor enseñanza que la vida te puede endilgar.

Pero con doce años todo es dorado todavía, y siempre, siempre siempre que vuelves la vista atrás, será verano en Maestu, el eterno, feliz y último verano antes de que los hormonas iniciaran su baile, es decir, antes del comienzo del final.

lunes, septiembre 26, 2011

Motivos para retomar el blog

He vuelto.

Regreso tras una larga ausencia, un periodo de descanso o de poca inspiración.

Abrí este blog hace ya cinco años, y lo hice porque me encontraba aislada del mundo, embebida en mi casa mientras redactaba una tesis doctoral que parecía no tener fin.

Ahora las razones son muy distintas. Defendí mi tesis, tuve un par de trabajos intermitentes en Sevilla, viajé a La Rioja. Ahora no estoy aislada del mundo sino disfrutando de él, en el más puro centro, un centro bullicioso y enigmático. Trabajo en un proyecto emocionante, porque ver cómo crece día a día una universidad joven lo es.

Pero poco a poco he ido dejando de escribir, y ya casi no me siento poeta.
Me siento profesora de literatura, dueña de un blog de maquillaje, dueña de un pie que se rompió y que se está forjando de nuevo, dueña de una familia de tíos y primos que juegan a naipes...
Pero no poeta.

Y por eso, vuelvo.

Hablaré de mi infancia, que por lo visto se me da bien. Repetiré temas y argumentos que dieron sus frutos antaño, si es necesario me repetiré.
Quiero volver a tener lo que antes era mío.

domingo, agosto 28, 2011

Un poema, ¡por fin!

MAGIA

En el monte vivimos una noche
cuando éramos niños, y vimos un fantasma.
Era un castillo verde y ojival
con ventanas abiertas y una hoja en el aire.
Volando sobre el aire, sola se mantenía
por pura magia, o eran nuestros ojos
quienes la sostenían. No había viento alguno
y un sol naranja sombras medievales
dibujaba en la tierra, ya penumbra.
De nuestros ojos un incandescente
amor mecía aquella hoja sola.
Era la prueba de que el mundo existe,
con su destello único, su fuego de Merlín:
¡No podía caer al suelo aquella hoja!





P.S.: ¡Por fin sale un poema de mi dormida musa! El último que escribí fue el de la tortilla francesa, que generó un bonito debate. Con éste espero otro tanto, y ya ha comenzado (ver P.S.3...)

P.S2.: Mi padre es el inmediato culpable de que las musas hayan vuelto a mi pobre ser: me llevó de paseo hacia el palacio de Narros, en Zarauz, me dijo que había allí un fantasma y que había una hoja suspendida en el aire (yo no la vi), y terminó diciendo: "si después de esto no escribes un poema, ¡renuncio" Luego yo se lo tuve que hacer...

P.S3.: Mi admirado E.G-M, poeta más experimentado y luminoso que yo, sugiere que elimine la primera alusión a los ojos que mantienen la hoja, porque luego se repite, y según él adquiriría más fuerza la imagen dicha una sola vez.

A mí me parece que la repetición es parte del poema, porque es elnúcleo de él, pero a lo mejor no es necesaria. ¿Qué opinan ustedes?

miércoles, agosto 24, 2011

El mismo mar, la misma lluvia




Foto tomada hoy en Zarauz: ¡se veranea!




Y mira que Zarauz es bonito: hay un mar celeste, gris plata, azul marino y azul noche, con una franja clara en el horizonte bajo la capa plomiza de nubes, y con olas enfurecidas llenando la orilla de riachuelos blancos.
Es un mar entre montañas, un azul entre verdes. Y las señoras de postín todavía recuerdan y te narran con una épica emocionante la época en que la primera línea de playa estaba señorialmente tomada por principescas villas ajardinadas y hermosísimas, en lugar de estos edificios con fachadas cubiertas de pequeños azulejos.
Y está el restaurante de Arguiñano donde, según leyenda familiar, puedes tomar un aperitivo, y el Aiteneche que sirve pequeñas croquetas deliciosas, pero siete escalones la guardan contra mi gula. Y a los calamares se les llama Rabas, que es un nombre como muy norteño, de color azul marino también.
Y aquí no hay chiringuitos sino terrazas, porque es una playa con señorío, y el paseo marítimo se llama malecón y está lleno de mujeres bien vestidas, y las terrazas tienen nombres impronunciables.
Y hay también camareros guapísimos, que sirven unas banderillas picantes y muy sabrosas que se llaman "gildas", en una cuchara de plata doblada y una nube de esquirlas de cebolla.
Y en la parroquia antigua, con rejas y piedra y verde, la liturgia es tan serena y cantan tan bien los feligreses que hasta se te olvida que la misa es en vasco y que es un funeral de córpore insepulto.
Y la casa donde vivo es blanca, con paredes blancas y visillos blancos y ventanas blancas, y esa claridad salada frente al mar me llena de una tranquilidad azul.
Y todo, todo todo tendría un brillo inaudito y vibrante de alegría... si no lloviera tanto.


domingo, agosto 07, 2011

La receta de guacamole





Creo que en algún momento prometí ofreceros una receta de Guacamole, tal y como yo lo hago. Me lo suelen pedir mi madre y mis tías en fiestas familiares y en cenas con invitados de alto copete.
Preguntaréis qué tiene que ver el guacamole con una mecedora. No es una mecedora cualquiera, sino un mueble comprado con mi última nómina, y el primer mueble de la que en octubre será, D.m., mi primera casa. Colocarla en el salón vacío y lleno de luz fue como un aldabonazo, destello de mi nueva vida..., y unos minutos después llegó Ana con una vieja minipimer que ya no utiliza, "te vendrá bien".
Mi amor por los platos que no requieren fuego, aperitivos, ensaladas, canapés o cremas es conocido ya entre mis conocidos, y mi gran pasión por la Minipimer es mundialmente famosa.

El aguacate engorda, pero está lleno de energía, vitamina y grasa de la buena, que haberla hayla. Yo necesito dos, y que sean maduros. Los pelo y los troceo sobre un vaso alto y ancho de plástico blanco, y los riego con el zumo de un limón. Después pelo y troceo un tomate rojo, pequeño y también maduro, y media cebolla. Añado unas gotas de tabasco, dos puñaditos de sal gruesa, un chorretón de aceite de oliva y unas hojas de hierbabuena fresca.

Este es el toque exótico de la receta, mi toque personal, ya que tradicionalmente se adereza este plato con cilantro. Pero yo amo la hierbabuena, le da un matiz fresco al guacamole. Otro truco: al rectificar el punto de sal, si nos hemos quedado cortos ponemos más, pero si nos hemos pasado..., agregamos otro trozo de aguacate.
Pasamos por la minipimer hasta que quede una crema fina, que decoramos con otras dos gotas de tabasco. Si tenemos que añadir aguacate mucho mejor, porque lo cortaremos en dados pequeños y lo mezclaremos con la crema para que resulte algo más rústica.
Y en vez de servir con nachos, que aportan calorías vacías al plato, lo sacamos rodeados de palitos de zanahoria cruda, y lo acompañamos de Fanta zero de limón en vasos altos, a los que añadimos muchos cubitos de hielo, unas rodajas de lima fresca, unas hojas de la hierbabuena sobrante y una gota muy gota de ginebra Bombay Sapphire.

Et voilà! Listo para regar una cena, un aperitivo... o la inauguración de una nueva casa.

domingo, julio 31, 2011

Crónicas de Patachula, III

Estuve aparcada en mi silla de ruedas en un rincón, en una tienda de sillas y mecedoras. Mi madre iba y venía por los recodos sinuosos de la tienda, en penumbra, mientras yo esperaba pacientemente en mi rincón viendo una mecedora antigua de rejilla y madera modernista. Esta me la compro, catapúm, pensaba. Es como las que tienen mis abuelos en Maestu. Sueño con un suave balanceo frente al balcón lleno de luz, con una comedia de los Álvarez Quintero en mis rodillas.

De pronto una madre joven aparca junto a mí una silleta de metal rosa y lona azulada. La aparca y se va. De la silla emerge una niña como de tres años, mejillas rojas y coletas. Que trepa por su asiento para salir o caerse o jugar al eterno balancín.


- Cuidado que te caes, le digo con angustia. Y no podré ayudarte, pienso. Ella me mira. Mira mi pierna.

- ¿Por qué no tienes un zapato?

- Porque me caí... mira, tengo una escayola.

A ella no le interesa la escayola. Gira la cabeza, mira mi silla, me sonríe gorjeando y musita:

- ... Y tienes cuatro ruedas, como yo.

Toda mi condición ontológica expresada en una sola frase, y con un clarividente dedo manchado de nocilla, señalándome.

lunes, julio 25, 2011

Crónicas de Patachula, II

Cuando ves la vida desde una silla de ruedas, comprendes muchas cosas.
Los niños y adolescentes, que no saben disimular, te miran raro. Algo hay en la silla negra y en el que va en ella, sin poder moverse, que impone respeto y temor, el temor a lo extraño y lo feo, el indecible horror a lo grotesco.
Queremos ver la calle rebosando de vida, niños jugando al sol, chicas con su rabioso piercing incitando, ojos azules y melenas rubias. Las piezas del puzzle que no encajan deberían amontonarse al otro lado de la acera, pensamos inconscientemente, sin pensar.
Del otro lado, las adorables viejecitas te saludan con una sonrisa sobre sus cuatro ruedas y un hilo de solidaridad, invisible y luminoso al mismo tiempo.


P.S.: Y a mí se me termina en unas semanas...