sábado, junio 20, 2026

El nombre

Descubres de pronto lo mucho que estás empezando a querer a una persona porque sientes deseos irrefrenables de rezar pensando en su nombre.

Delante del Sagrario lo murmuras, lo deletreas. Paladeas el nombre delante de Dios y ya sólo decirlo es una oración, es incluso un chiste secreto. Porque sientes que Dios te responde: ya, ya, ya te conozco, no hace falta que me digas más. 

Y sabes que diciendo el nombre delante de Él no vas a equivocarte, no vas a caer, porque será Él quien guíe tu corazón.

2 comentarios:

  1. Rocío, yo creo, de corazón, que Dios tiene que estar encantado contigo

    ResponderEliminar
  2. Encantado y en primera fila. Del poema y de la oración.

    ResponderEliminar

habla ahora o calla para siempre