He leído en alguna parte que algunas estrellas de Hollywood han puesto de moda la dieta del zapato. Este régimen consiste en adelgazar unos kilos, llegar a la meta deseada y, como recompensa, regalarse unos imponentes manolos. No vale hacer trampas, autoengañarse o trucar el maldito peso ingobernable.
Para mí, subirme a doce cemtímetros del suelo sería más bien un castigo, pero aprovechando que ¡por fin! he bajado dos kilos de golpe tras las navidades, y que en veinte días viajo a Madrid, he decidido que si no adelgazo otros tres kilos no hay excursión al corner de Nars en Pozuelo ni tímida visita a la calle Fuencarral.
La clave está en que no pienso hacer dieta, sino una nueva forma de vivir que supone guerra total a las grasas y no tanto al azúcar, que es necesaria o al menos yo la necesito. Este es mi plan, el plan que me ha hecho perder ya dos kilos:
- Cenar muy, muy poco. La cena es lo único que no quemamos, y si es abundante nos hace pasar una mala noche. Tortilla o fruta y yogourt.
- Comer razonablemente verdura y ensalada, sin amargarse la existencia tampoco. Dos días en semana, arroz, que me chifla.
- Evitar el abuso de carne. Comer mejillones al vapor que me encantan, no engordan y tienen mucha proteína. Y sepia a la plancha. Y peras al vino.
- Desayunar algo muy potente para no picar entre horas: Dos tostadas de pan integral con jamón york libre de grasa y una cucharadita de azúcar por encima (jamón dulce, ya hablaré de esto otro día).
-Comprar barritas de cereales Optivita y llevar siempre en el bolso para media mañana, cuando la cafetería ofrece sólo cañas revenidas y horribles galletas industriales.
-No picar, y si pico, hacerlo con elegancia. Hasta para pecar hay que tener clase, dice Lord Scutum, y tiene más razón que un teólogo. Nada de bollería industrial. Nada de hamburguesas: comprar un bote de pepinillos y otro de mostaza para simular un big mac con pechuga de pavo. No: si voy a pecar, ¡chocolate negro Lindt o flan casero!
Pongo estas medidas por escrito, como un contrato en este espacio público, porque esta vez va en serio. Si alguno de mis amigos me ve entrar en un MacDonalds o en un Starbucks, tiene derecho a abofetearme, flojito, por favor.
P.S.: Edito, ¡se me olvidaban los tres días a la semana de ejercicio en el Curves!
Un Belén romano
Hace 1 hora.
